Anne Morrow Lindbergh fue una aviadora que batió récords, pero su marido eclipsó sus logros

Anne Morrow Lindbergh, esposa de Charles Lindbergh, fue piloto, radioperadora, medioambientalista y autora de éxito.

Wednesday, April 1, 2020,
Por Nina Strochlic
Anne Lindbergh
Anne Lindbergh pilota el Tingmissartoq, mientras ella y su marido, Charles Lindbergh, sobrevuelan Suecia. La pareja estaba atravesando el Atlántico norte en 1933.
Fotografía de Charles y Anne Lindbergh, Nat Geo Image Collection
Este artículo forma parte de una serie semanal por el Mes de la Historia de la Mujer en la que contaremos las historias de las mujeres pioneras en National Geographic. Puedes leer más reportajes en el número de marzo de 2020 de la revista.

La primera cita de Anne Morrow con Charles Lindbergh fue en un avión que sobrevolaba Long Island en 1928. Su pretendiente acababa de lograr el primer vuelo trasatlántico sin escalas y en solitario y era posiblemente el hombres más famoso del mundo. Se habían conocido un año antes en Ciudad de México, donde su padre trabajaba como embajador, mientras Lindbergh estaba de paso durante una gira por Latinoamérica. Él le ofreció llevar a su familia en su avión de cinco pasajeros.

Anne y Charles Lindbergh posan en un aeródromo de California antes de disponerse a batir el récord de vuelo transcontinental en 1930. Los recién casados aterrizaron en Nueva York 14 horas, 23 minutos y 32 segundos después de despegar.
Fotografía de Bettmann/Getty

«De repente, tuve una sensación real de estar ascendiendo, una elevación real, como un ave, como cuando sueñas que vuelas, nos elevamos por capas. Esa elevación que te deja sin respiración, ¡ahí estaba otra vez! No seré feliz hasta que vuelva a pasar», escribió en su diario.

Solo tuvieron dos citas más antes de prometerse. Tres meses después de su boda, Anne emprendió su primer vuelo en solitario. En 1930, fue la primera mujer estadounidense que consiguió una licencia de piloto de primera clase para vuelos sin motor.

Aquel año, Anne y Charles volaron desde Los Ángeles a Nueva York en 14 horas y 23 minutos, batiendo el récord de velocidad transcontinental. Anne ejerció de copiloto, operadora de radio y navegadora estando embarazada de siete meses. Aunque los gases del avión le daban náuseas, no podía quejarse: «Eso mostraría que era una mujer débil», contaría más adelante.

Anne y Charles Lindbergh (dcha.), en las cabinas de mando de su monoplano Lockheed Sirius, se preparan para despegar desde Long Island, Nueva York, para empezar su reconocimiento aéreo de seis meses del Atlántico norte en 1933.
Fotografía de Acme Newspictures, Nat Geo Image Collection
Durante sus circunnavegaciones del planeta, los Lindbergh fueron acogidos con tours, desfiles y recepciones a lo grande. En esta foto, visitan la Supermarine Aviation Works de Inglaterra durante un viaje por el Atlántico.
Fotografía de Planet News Ltd., from Acme/Nat Geo Image Collection
Como radioperadora del avión, Anne Lindbergh era responsable de la compleja tecnología que mantenía la comunicación con el mundo exterior. En una base de hidroaviones trasatlánticos en el archipiélago de Cabo Verde, en la costa de África, sonríe tras haber establecido conexión por radio con una estación de Long Island.
Fotografía de Charles y Anne Lindbergh, Nat Geo Image Collection

A continuación, volaron a Japón, donde Anne batió un récord de comunicación por radio a larga distancia. Los medios empezaron a llamarlos «la primera pareja de los cielos». Anne fue reconocida como aviadora y autora por derecho propio y publicó una serie de libros que detallaban las aventuras de la pareja en el aire. En Listen! The Wind narró 10 días de un reconocimiento de seis meses de las rutas de vuelo del Atlántico en 1933, de Nueva York a África, para después emprender un peligroso viaje directo de 16 horas a Sudamérica. El relato «es un registro de logros técnicos, un registro con valor histórico; en manos de Anne Lindbergh se convierte en literatura», escribió el New York Times Book Review.

En 1934 se convirtió en la primera mujer galardonada con la medalla Hubbard de National Geographic por haber volado un total de más de 64 000 kilómetros. El año siguiente, el presidente del Smith College le concedió un máster honorario, diciendo que había «demostrado a un mundo que la admiraba la compatibilidad de la imaginación y la destreza práctica; de la sensibilidad y la fortaleza; de la modestia y el atrevimiento; el orgullo de su universidad, la gloria de su país».

Para reconocer su papel como navegadora, radioperadora y copiloto, Anne Morrow Lindbergh recibió la medalla Hubbard de la National Geographic Society de manos del presidente Gilbert Grosvenor en 1934. Fue la décima persona y primera mujer que obtuvo este galardón.
Fotografía de Keystone-Underwood, Nat Geo Image Collection

Para entonces, nubes de tormenta se cernían sobre la vida de la pareja. Los medios absorbentes y la obsesión pública alcanzaron un crescendo trágico cuando, en 1932, su hijo fue secuestrado y asesinado siendo solo un bebé. Un fotógrafo que había conseguido sacar una foto del bebé muerto estaba vendiendo copias a cinco dólares. Las amenazas y la extorsión asediaban a los Lindbergh. Desesperados por huir del foco mediático, se mudaron a Inglaterra. Entonces, Charles se quedó prendado de los avances tecnológicos de Alemania. Aceptó una medalla del régimen nazi y se opuso públicamente a que Estados Unidos entrara en la Segunda Guerra Mundial. Anne escribió un libro para apoyar el aislacionismo y describió el fascismo como la imparable «ola del futuro».

El público que antes los adoraba —y hasta la misma madre de Anne— dio la espalda a la pareja. En entrevistas posteriores y en sus diarios publicados, Anne se arrepintió de su postura y explicó que era principalmente la de su marido: «Mi matrimonio me ha sacado de mi mundo, me ha cambiado de tal forma que no es posible volver atrás», escribió.

Halló redención en la escritura. En 1955, publicó Gift From the Sea, una reflexión sobre las vidas de las mujeres que fue aclamado como manifiesto feminista, se convirtió en finalista del Premio Nacional del Libro de Estados Unidos y figuró en las listas de los más vendidos durante 80 semanas. No cabe duda de que su experiencia personal —haber vivido con un hombre controlador, a veces cruel y que tenía tres familias secretas en Europa, según se descubrió más adelante— se reflejó en sus obras.

«El problema no es simplemente de Mujer y Carrera, Mujer y Hogar, Mujer e Independencia», escribió. «Es más básicamente: cómo conservar la entereza en medio de las distracciones de la vida; cómo conservar el equilibrio, sin importar cuánto tiren de una las fuerzas centrífugas; cómo conservar la fortaleza, sin importar las conmociones que aparezcan en la periferia y tiendan a romper el eje de la rueda».

Tras sus logros en el aire, Anne Morrow Lindbergh se convirtió en autora de éxito, medioambientalista y figura feminista. En 1969, la fotografiaron en su casa en Darien, Connecticut. Charles Lindbergh falleció cinco años después; Anne vivió hasta 2001.
Fotografía de New York Times Co., Hulton Archive/Getty

En 1970, cuando volvió al Smith College para recibir un doctorado honorario, Anne declaró su próxima causa: el medio ambiente. Contó al público que había una crisis «invadiéndonos como una colada de lava». Instó a los jóvenes estudiantes a buscar soluciones para la degradación que pronto afectaría al idílico campus que los rodeaba. Para revertir la tendencia «hará falta una revolución», afirmó.

En 1979, cinco años después de la muerte de Charles, Anne fue incluida en el Salón Nacional de la Fama de la Aviación. En una entrevista con el New York Times, una de sus hijas dijo: «Algunas personas creen que mi madre, con sus 40 kilos, es una mujer frágil... Es tan frágil como una barra de acero». Anne sobrevivió a Charles 22 años, y editó y escribió aislada en Connecticut.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
Seguir leyendo