Un viaje de 64.000 kilómetros no sació el espíritu aventurero de esta exploradora del siglo XIX

Harriet Chalmers Adams atravesó Latinoamérica a caballo, volvió sobre los pasos de Colón y fue la única mujer periodista a quien permitieron entrar en el frente francés en la I Guerra Mundial.martes, 17 de marzo de 2020

Este artículo forma parte de una serie semanal por el Mes de la Historia de la Mujer en la que contaremos las historias de las mujeres pioneras en National Geographic. Puedes leer más reportajes en el número de marzo de 2020 de la revista.

En la década de 1880, mucho antes de convertirse en la mejor exploradora de su época, una Harriet Chalmers de ocho años viajó a caballo por Sierra Nevada, en California, junto a su padre. Unos años después, a los 11 años, impresionó a un periodista de Santa Cruz al nadar 457 metros sin descansar. Ese mismo año abandonó su educación formal para recibir lecciones de su padre y sus tutores.

Con 24 años, Chalmers se casó con Franklin Pierce Adams y unos años después partieron hacia Latinoamérica, donde recorrieron más de 64 000 kilómetros a caballo, en canoa, a pie y en tren.

Cabalgó con Franklin por los Andes, por picos de 7000 metros de altitud. Cruzaron senderos de 30 centímetros de ancho, gatearon sobre puentes de un solo tronco y se quedaron atrapados en una tormenta tan fría que se les congelaron los párpados. Le fue muy bien «sin cosas rosas con lentejuelas», contó Adams al New York Times, salvo por la crema facial y las sales aromáticas que, según descubrió, también funcionaban para reanimar a una mula mareada. Cuando regresaron casi tres años después, dio una charla en National Geographic e inició una carrera de 30 años como colaboradora. También le pusieron un mote: «la Sra. Marco Polo de las Américas».

Aquel viaje no bastó para saciar su espíritu viajero. En 1910, Adams recorrió Haití a caballo. Volvió a Nueva York con el equipaje lleno de almiquíes, un raro roedor venenoso que solo existía en la región, y lo presentó a los zoos de Nueva York y Washington D.C.

Adams convirtió en su misión visitar todos los países que fueran o que hubieran sido una colonia española y siguió el camino de Cristóbal Colón de Europa a las Américas. Atravesó Asia y durante la Primera Guerra Mundial fue la primera mujer periodista a quien permitieron visitar y fotografiar las trincheras francesas. Durante tres meses, recorrió las operaciones del frente.

«No hay motivo por el que una mujer no pueda ir dondequiera que vaya un hombre... y más allá. Si a una mujer le gusta viajar, si siente amor por lo extraño, lo misterioso y lo perdido, no hay nada que la ate a su casa…», contó Adams a un periódico en 1920. Sus ideas no siempre estuvieron tan alineadas con el pensamiento feminista. Cuando un reportero le preguntó una década antes acerca del movimiento sufragista, Adams contestó que no tenía tiempo para pensar en él.

En 1930, con el titular «Mujer planea expedición» en el New York Times, Adams anunció que zarparía a Gibraltar y continuaría hacia España, Francia, Egipto, Abisinia (ahora Etiopía), la Somalia francesa, la Somalia italiana, Irak y el Sudán anglo-egipcio. Su objetivo era asistir a la coronación del nuevo emperador de Etiopía, Haile Selassie. Lo consiguió y estableció tal vínculo que más adelante lo visitó en Europa.

Escribió 21 artículos detallando sus hazañas para National Geographic, más que los que publicó cualquier otra mujer en el primer medio siglo de la revista. En esos reportajes, criticó las injusticias que observó. «¿Qué bendiciones les ha traído la civilización europea de las que no disfrutaran ya?», escribió tras visitar Perú. «¿Qué no han sufrido en nombre de la cruz que se alza sobre la cocina?».

Adams carecía de formación profesional como geógrafa y nunca había asistido a la universidad, pero gracias a sus diapositivas en color y su estilo de viaje aventurero la invitaron a hablar por todo el mundo, normalmente en organizaciones que nunca habían invitado a una mujer hasta entonces.

Conforme su carrera avanzaba, también lo hicieron los derechos de las mujeres en Estados Unidos. Las mujeres consiguieron el derecho al voto, empezaron a asistir a la universidad en cifras de récord y cada vez trabajaban más conforme los hombres marchaban a la guerra. La concienciación de Adams respecto al feminismo también aumentó y empezó a hablar en nombre de las mujeres profesionales, especialmente las activistas y las mujeres trabajadoras con las que se encontró en Sudamérica, quienes, según pensaba, llevaban la delantera a las mujeres estadounidenses.

Fue la tercera mujer estadounidense a quien pidieron que se uniera a la Real Sociedad Geográfica de Inglaterra. Sin embargo, el Club de Exploradores con sede en Nueva York les dio la espalda a ella y a otras aventureras notables. (El Club de Exploradores no permitió que se unieran mujeres hasta 1981.)

Los hombres «siempre han tenido tanto miedo a que algunas mujeres puedan entrar en sus santuarios de debate que ni siquiera permiten que las mujeres entren en sus clubes, ni mucho menos permiten que asistan a cualquier reunión o debate que pudiera ser mutuamente beneficioso», dijo Adams en su día.

Varias exploradoras decidieron fundar su propio club. En 1925, nació la Sociedad de Mujeres Geógrafas con Adams como presidenta. El club reclutó a aventureras de todo el mundo para que impartieran conferencias y compartieran su experiencia con la siguiente generación de exploradoras. Finalmente, Adams consiguió una afiliación que abarcaba 39 países. Dirigió la organización hasta que se mudó a Francia en 1933, donde falleció cuatro años después a los 61 años.

Su marido envió dos de sus posesiones más sagradas, una urna de arcilla y un mantel, a Gilbert Grosvenor, viejo amigo y editor de National Geographic. Adams había pedido que donaran su colección de libros a la biblioteca de su ciudad natal, Stockton, California. Enviaron a la biblioteca cajas de libros que pesaban más de una tonelada. Medio siglo después, un grupo de mujeres fundó la Sociedad Harriet Chalmers Adams para conmemorar su vida extraordinaria. Gracias a su perseverancia, ahora hay un busto de Adams frente a la biblioteca local.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
Seguir leyendo