Descubren las primeras evidencias de que la nobleza china jugaba al polo en asno

Los huesos de una tumba de 1150 años demuestran que los animales no eran meras bestias de carga.miércoles, 25 de marzo de 2020

El polo, descrito como «deporte de reyes», es un pasatiempo ecuestre del que los aristócratas han disfrutado durante siglos. Sin embargo, los jugadores de polo no siempre montaron caballos. Una nueva investigación confirma que una antigua noble china jugaba al polo a lomos de asnos y era tan aficionada al deporte que hizo que la enterraran con sus preciadas monturas.

Un equipo de investigadores de China y Estados Unidos ha descrito el hallazgo en el último número de la revista arqueológica Antiquity. Se trata de la primera evidencia física de esta variación específica del deporte conocido como ljvu que, aunque se ha descrito en crónicas contemporáneas y se ha inmortalizado en obras de arte, nunca se había confirmado en el registro arqueológico.

Se cree que el polo ha evolucionado a partir de los deportes ecuestres desarrollados por los nómadas de Asia central. Aunque existen pruebas arqueológicas de la existencia de un predecesor del deporte en China hace aproximadamente 2400 años, la popularidad de este juego, en el que equipos de jinetes montados en caballos golpean una bola para meterla en una portería, se disparó durante la dinastía Tang ( 618-907 d.C.).

Abundan las referencias al polo a caballo en el arte y la literatura de la dinastía Tang y muchas tumbas de esta época incluyen arte y objetos vinculados al polo, como murales y estatuillas de cerámica. Sin embargo, los expertos en este periodo siempre han sentido curiosidad por un subconjunto de representaciones del polo en las que aparentemente hay asnos, no caballos, sobre el campo en un deporte llamado ljvu.

«Hay muchos ejemplos de obras de arte chinas que representan a mujeres, que se podría suponer que pertenecen a una clase social alta, que juegan al polo montando asnos», afirma Brenda Lynn, portavoz del Museo del Polo.

¿Animales de carga?

La primera evidencia arqueológica del polo con asnos de la dinastía Tang se ha hallado en la tumba de Chi Shi, una aristócrata que falleció en el año 878 en Xi’an, en la región central de China. Cuando los arqueólogos abrieron la tumba, descubrieron que la habían saqueado en algún momento en los últimos 1150 años. Los ladrones se llevaron casi todos los objetos de valor, pero dejaron algunos, como un epitafio en piedra, un estribo de plomo y una serie de esqueletos de animales que, en apariencia, carecían de valor. Mediante análisis del ADN mitocondrial, los investigadores determinaron que al menos tres de los animales sepultados con Cui Shi eran asnos.

Para averiguar si los asnos eran animales de carga o monturas de polo, el equipo analizó los huesos. La datación por radiocarbono confirmó que los animales habían sido enterrados al mismo tiempo que Cui Shi y que no los habían dejado los saqueadores. Asimismo, los análisis isotópicos revelaron que alimentaban a los asnos con grandes cantidades de plantas, probablemente mijo.

Finalmente, un análisis biomecánico confirmó que era improbable que los hubieran usado como animales de carga: cuando los investigadores compararon los huesos de los asnos enterrados con los de burros silvestres y burros de carga, determinaron que no amblaban (o caminaban) como sus parientes. Los asnos parecían haber trotado y girado a menudo, tal y como haría una montura de polo.

«Los asnos casi nunca se han usado para exhibiciones y deportes como los caballos. Este hallazgo pone de manifiesto que los asnos también tenían una posición de alto nivel, no de animales de poca categoría», explica Fiona Marshall, arqueóloga y experta en asnos de la Universidad de Washington en San Luis que participó en el estudio de los huesos.

Un deporte arriesgado

¿Pero por qué eligió Cui Shi asnos, animales que no son precisamente famosos por su velocidad y su agilidad? Resulta que los partidos de polo de la dinastía Tang podían ser de alto riesgo y, según sospechan los investigadores, los asnos se consideraban monturas más seguras y estables que los caballos.

El marido de Cui Shi, Bao Gao, aprendió esa lección. Según el Xin Tangshu, la crónica oficial de la dinastía Tang, el súbdito aristócrata del emperador Xizong era un apasionado del polo y consideraba que el deporte era un camino hacia el prestigio militar y una oportunidad de mantener sus destrezas ecuestres. Bao Gao se benefició de ello y obtuvo un codiciado generalato gracias a sus habilidades de polo, no sin antes perder un ojo en un partido.

Lynn, del Museo del Polo, afirma que los historiadores del polo han considerado que las obras de arte eran una indicación fiable de la existencia del deporte, pero ante la ausencia de confirmación arqueológica, «intentar determinar los orígenes exactos y las tradiciones practicadas en épocas antiguas suele ser objeto de especulación».

«Siempre es apasionante conseguir más detalles para confirmar cuándo, cómo y quién jugaba al polo», concluye.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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