En uno de los lugares más espirituales de Egipto, los beduinos hallan paz y resiliencia

Conectando con mis raíces beduinas en la península del Sinaí de Egipto: «Lo que siempre veo es un amor incondicional por la tierra».

Por REHAB ELDALIL
Publicado 8 jun. 2021 13:23 CEST
Una fotografía bordada de Mahmoud Abdo

Una fotografía bordada de Mahmoud Abdo en su casa en el pueblo de Al Tarfa. Su prima Nora Mohamed bordó la imagen.

Fotografía de Rehab Eldalil

Al conducir por la estrecha carretera hacia las imponentes montañas de la península del Sinaí, el viento es frío, pero el sol es cálido y el aire limpio me llena los pulmones. Saco el carné de conducir antes de llegar a un punto de control militar. «¿A dónde va?», es la pregunta habitual. «Santa Catalina», respondo, refiriéndome al Protectorado de Santa Catalina, un parque nacional egipcio donde viven los beduinos. El agente se muestra escéptico. Casi puedo escuchar lo que piensa, que supongo que será algo así: las mujeres beduinas no conducen ni llevan pantalones.

Llegué a esta región desértica poco poblada, situada entre el mar Rojo y el Mediterráneo, hace 15 años. Era una adolescente que huía de El Cairo, anhelando algo que no podía comprender. No sabía entonces de mi ascendencia beduina, ni que encontraría un hogar en estas montañas. Lo poco que sabía que el Sinaí era gracias a las historias de mi padre sobre la época en que estuvo destinado aquí durante la guerra y la ocupación israelí de principios de los años setenta.

Zeinab Ibrahim, de 27 años, regresa a la aldea de Al Tarfa antes de la puesta de sol con otras tres beduinas después de pasar un día recorriendo las montañas para alimentar al rebaño de la aldea. Al Tarfa es uno de los varios asentamientos ubicados entre las imponentes montañas de la península del Sinaí, Egipto. Zeinab, que está preparándose para convertirse en novia, pidió un «vestido rojo reluciente de El Cairo» para llevarlo en su despedida de soltera, una celebración que se denomina simplemente henna. «Es mucho más importante que el vestido de novia», dice. «La henna es donde pasa lo más divertido».

Fotografía de Rehab Eldalil

Yasmine Oum Mohamed posa para un retrato en la región desértica escasamente poblada de la península del Sinaí, Egipto, donde viven los beduinos. Esta madre de cinco hijos ha participado en una iniciativa comunitaria que utiliza el bordado y la poesía como forma de expresión. Procede de Sheikh Awad, una de las muchas aldeas del Sinaí que aún no tienen electricidad ni agua corriente.

Fotografía de Rehab Eldalil

Las jóvenes beduinas llevan henna en las manos para celebrar el primer día del Eid. Los caros accesorios de oro beduinos se han remplazado por anillos de plástico debido a los problemas económicos de la comunidad.

Fotografía de Rehab Eldalil

Desde entonces, mis vínculos con el Sinaí se han fortalecido más allá de esas historias. En mi primera visita al Protectorado de Santa Catalina, me acogió una familia beduina. Sheikh Ibrahim me trató como a una hija, y Zeinab y Mariam, sus hijas, se convirtieron en mis hermanas. Entonces, en 2018, participé en una iniciativa —en colaboración con los pueblos beduinos de Al Tarfa y Sheikh Awad— para abrir una clínica de voluntarios, que ofrece servicios médicos a una comunidad que ha tenido dificultades para encontrar una atención médica adecuada. Los beduinos procedían de tribus y regiones diferentes del Sinaí. Todos son bien recibidos.

La tribu Jebeliya, la comunidad indígena más antigua, ha vivido en la región durante más de 1400 años. Los miembros de la tribu protegen la tierra sagrada, que alberga el antiguo monasterio de Santa Catalina y el monte Sinaí (conocido en árabe como Jabal Moussa o «la montaña de Moisés»), donde Moisés recibió los Diez Mandamientos, según las enseñanzas judías, musulmanas y cristianas. La comunidad ha sobrevivido a guerras, al traslado forzoso a zonas más profundas de las montañas, a sequías y a pandemias.

Los beduinos son los guardianes de la tierra, a pesar de una larga lista de retos: atención médica limitada, expectativas económicas reducidas, la COVID-19 y la falta de infraestructura y acceso a la educación.

Moussa Algebaly, miembro de la tribu Jebeliya, yace bajo una planta con flores tras trabajar en su jardín en la aldea de Al Tarfa. Tras años de sequía, ocurrió una gran inundación a mediados de marzo de 2020, lo que proporcionó una oportunidad agrícola a la comunidad beduina en plena crisis económica por la pandemia de COVID-19.

Fotografía de Rehab Eldalil

Durante años, también han sido víctimas de discriminación, estigma y estereotipos. Durante la ocupación israelí entre 1967 y 1982, los beduinos insistieron en permanecer en su tierra y fueron tachados de traidores por el público general egipcio por hacerlo. Su resistencia a la ocupación —trabajando como guías para ayudar a las fuerzas del ejército egipcio a atravesar las montañas sin ser detectados— se ignoró. A menudo, se los distorsiona como un pueblo cerrado y hostil a las formas de vida modernas.

Los beduinos, aislados por la naturaleza del resto de Egipto con sus asentamientos en altas montañas como el monte Sinaí y Oum Shomar, hallan paz en la soledad. En la actualidad, la tierra que constituye su hogar se considera uno de los lugares más espirituales de Egipto.

Con las pérdidas de puestos de trabajo después de la COVID, muchas personas de la comunidad ya no pueden permitirse sus medicamentos. La clínica se vio obligada a cerrar debido a la pandemia.

Padre e hijo caminan sobre la colina para ver los momentos finales de la puesta de sol. Los padres de la comunidad beduina cuidan de los niños cuando las madres pastorean el rebaño de la comunidad durante horas.

Fotografía de Rehab Eldalil

Formas de autoexpresión 

Antes de la COVID-19, la comunidad había participado en un proyecto de cuatro años que utilizaba los bordados y la poesía junto con algunas de mis fotografías como forma de autoexpresión. Hasta la década de 1990, se prohibía que las mujeres fueran vistas por hombres de otras tribus sin consentimiento. Como parte de esta iniciativa comunitaria, las beduinas añadieron el bordado a autorretratos impresos en tela. De esta forma, controlaban qué revelaban y qué ocultaban.

En esta fotografía bordada, Hajja Oum Mohamed (53) está en su jardín. Hasta la década de 1990, se prohibía a las mujeres fueran vistas por hombres de otras tribus sin consentimiento, incluso en fotografías. Como parte de la iniciativa comunitaria que utiliza el bordado como forma de expresión, las beduinas añaden el bordado a autorretratos impresos en tela. De esta forma, controlan qué revelan y qué ocultan.

Fotografía de Rehab Eldalil

Nora Om Aly, de la aldea de Al Tarfa, utiliza el bordado en una fotografía de sus manos.

Fotografía de Rehab Eldalil

Yasmine Oum Mohamed utilizó el bordado para adornar esta fotografía de una casa beduina tradicional de siglos de antigüedad en Sheikh Awad, construida con rocas de las montañas circundantes.

Fotografía de Rehab Eldalil

Una fotografía bordada por Nora Oum Jamil de su marido Ashraf y su hijo pequeño Jamil en el salón de su casa.

Fotografía de Rehab Eldalil

La poesía también desempeña un papel importante en la cultura beduina. Los hombres organizan círculos de poesía durante las fiestas, las bodas y las noches de los viernes. En este proyecto participativo, algunos miembros de la comunidad escribieron poemas que expresaban los sentimientos suscitados por mis imágenes. Esta colaboración dio lugar a una serie de dípticos. Los poemas que vemos más abajo fueron escritos por Seliman Abdel Rahman Abu Anas.

Mohamed Ghonim (12) se ajusta el pañuelo mientras juega con sus amigos en la península del Sinaí, Egipto.

Fotografía de Rehab Eldalil

Como parte de una iniciativa comunitaria de cuatro años, la poesía original escrita por hombres acompaña las fotografías. Poema de Seliman Abdel Rahman Abu Anas: 

Somos los árabes, los auténticos beduinos

Llevamos la lealtad y la amabilidad en el corazón

Caminamos con todos sin odio alguno

Protegemos a nuestros huéspedes y los recibimos

Ningún color sino todos los colores por igual Iguales sin cálculos

Nos damos la mano para formar lazos Nuestros corazones no tienen dudas sino agonía

Fotografía de Rehab Eldalil

Como parte de una iniciativa comunitaria, la poesía original escrita por hombres acompaña las fotografías. Poema de Seliman Abdel Rahman Abu Anas. 

Oh, valle, tu amor es un hogar para la alegría del alma

Cuando te veo, mi corazón se hincha

Vengo a ti con anhelo, lleno de penas

Mi alma regresa a mí cuando me acerco a tus tierras

Fotografía de Rehab Eldalil

Una mujer espera contra el viento a que sea su turno para entrar en una clínica comunitaria local.

Fotografía de Rehab Eldalil

Amor por la tierra 

Regreso al Sinaí cada pocos meses, con medicamentos para aquellos que sufren enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, cardiopatías y cáncer. He regresado cinco veces desde que comenzó la pandemia para entregar material médico. Con cada visita, espero que podamos reabrir la clínica el mes siguiente.

Mi próxima visita a finales de este mes será diferente: asistiré a la boda de Zeinab. Tengo ganas de ver las antiguas tradiciones que siguen intactas: las carreras de camellos en honor a los novios y los festines de la aldea. Algunas tradiciones han desaparecido: el vestido beduino completamente bordado con accesorios de oro puro y las casas construidas con rocas resistentes recogidas de las montañas, camuflando toda la aldea en sus alrededores.

Otras tradiciones como los productos artesanales hechos a mano han evolucionado, impulsados por una generación más joven de beduinos que quieren seguir el ritmo del mundo. Lo que siempre veo es un amor incondicional por la tierra. Esa interconexión me corre por las venas y es lo que me atrajo aquí hace 15 años, para encontrar mis raíces y mi camino de vuelta a casa.

Youssef Ateyya posa para un retrato en el jardín de su familia en el valle de Gharba. Recoge hojas de khodary para molerlas y vendérselas a mercaderes y clientes.

Fotografía de Rehab Eldalil

Los edificios de hormigón de Santa Catalina están vacíos. El gobierno pretendía que las estructuras albergaran a los beduinos y los trabajadores procedentes de todo el país, pero ignoraron las leyes medioambientales y la cultura beduina durante su construcción.

Fotografía de Rehab Eldalil

Una fotografía de una flor que crece de la tierra seca bordada por Om Anas, de la aldea de Al Tarfa, en Santa Catalina (Sinaí del Sur, Egipto).

Fotografía de Rehab Eldalil

Una fotografía de Nadia Mohamed bordada por ella y su prima Mariam Ibrahim, de la aldea de Al Tarfa.

Fotografía de Rehab Eldalil

Una fotografía bordada de Jebel Al Banat, una montaña local, por Yasmine Oum Mohamed de la aldea de Sheikh Awad. Según la leyenda, tres niñas saltaron de la cima en lugar de seguir adelante con sus matrimonios concertados.

Fotografía de Rehab Eldalil

Desde la izquierda: Nora Mohamed, Nadia Mohamed, Hoda Mohamed y Mariam Ibrahim sobre una colina frente a las montañas de Sinaí del Sur, Egipto, en febrero de 2021. Cada día, las mujeres de la aldea de Al Tarfa caminan en grupo del amanecer al atardecer para pastorear un rebaño de cabras y ovejas. Mientras los animales pastan, las mujeres charlan, comparten sus inquietudes, piden consejo y aprenden las unas de las otras.

Fotografía de Rehab Eldalil

Rehab Eldalil es una narradora visual afincada en Egipto. Su trabajo se centra en el amplio tema de la identidad explorado a través de prácticas creativas participativas. 

La National Geographic Society, comprometida con la iluminación y la protección de las maravillas de nuestro mundo, ha financiado el trabajo de Eldalil. Descubre más información sobre el apoyo de la Society a los exploradores que trabajan para inspirar, educar y comprender mejor la historia y las culturas humanas.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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