La caída del Imperio Azteca 500 años después, un aniversario complicado para México

Cómo valorar la derrota en 1521 de uno de los grandes imperios precolombino frente a los españoles en 1521: ¿Una conquista, una tragedia existencial o, incluso, un genocidio?

Por Andrés Reséndez
Fotografías de Eunice Adorno
Publicado 13 ago 2021 13:58 CEST, Actualizado 16 ago 2021 11:31 CEST
Árbol de la Noche Triste o Árbol de la Noche Victoriosa

Durante generaciones, los escolares mexicanos aprendieron la historia del Árbol de la Noche Triste, donde Hernán Cortés, conquistador español, se dice que lloró después de que sus tropas fueran expulsadas de Tenochtitlan (en el actual México DF). Nueva cartelería también llama al árbol (que casi se quemó en 1980 durante una celebración con fuegos artificiales) el "Árbol de la Noche Victoriosa" y "Árbol de la Noche Victoriosa" y se puede leer "En este árbol lloró Hernán Cortés".

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

Los restos de un enorme ciprés preside el centro de una pequeña plaza de México DF, rodeado por una valle e iluminado por cuatro focos por la noche. El cartel viejo reza: "En este árbol lloró Hernán Cortés después de la derrota ante los defensores aztecas".

Nosotros lo mexicanos lo llamamos El Árbol de la Noche Triste y aprendimos su historia desde el colegio por los libros de historia oficiales. La historia es más o menos así; en marzo de 1519, unos pocos cientos de españoles, guíados por un obstinado pero hábil extremeño  con ciertos conocimientos legales llamado Hernán Cortés, desembarcaron en las costas de lo que hoy es la ciudad mexicana de Veracruz. Contactaron con la autoridad local, el Imperio Azteca y, tras el tradicional intercambio de regalos y obsequios, se adentraron en el Valle de México y la capital azteca de Tenochtitlan (dónde hoy se erige México DF).

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Este mapa collage, hecho por la fotógrafa Eunice Adorno, muestra fotos de archivo de las rutas antiguas más importantes y los monumentos de Tenochtitlan, al igual que los monumentos de la historia de la ciudad. La base del mapa es plástico azul que usan muchos de los comerciantes de México DF y representa el agua que había en Tenochtitlan cuando se inició el asentamiento hace unos 700 años.

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Un retablo de 1556 con un plano de la ciudad de Tenochtitlan.

Fotografía de Collage by Eunice Adorno(Izquierda)(Arriba)
Fotografía de Via The Granger Collection, Alamy(Derecha)(Abajo)

Vista del barrio de Iztapalapa (México DF). Las tropa de Cortés avanzaron por esta zona hace 500 años para alcanzar la capital azteca, Tenochtitlan.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

Cabe destacar que el tlatoani azteca (emperador) Montezuma dio la bienvenida a los extraños. Por ello, los europeos pudieron campar a sus anchas, según los libros de textos, y quedaron maravillados por los prodigiosos edificios y jardines flotantes de una ciudad construida sobre una isla en mitad de la interconexión de cinco lagos. Desde lo alto del mayor templo de la Tenochtitlan, el Templo Mayor, los visitantes pudieron apreciar las docenas de ciudades-estado que se asentaban a lo largo de las costas de los diferentes lagos. Algunas de estas ciudades-estado fueron en su día rivales de los aztecas, pero Tenochtitlan se convirtió en la potencia dominante en torno al 1500.

Pero los recién llegados se quedaron más tiempo del previsto. Sea por desconfianza o falta de entendimiento, el 22 de mayo de 1520, los españoles atacaron, sin aparente provocación, a un grupo de aztecas desarmados que celebraban una ceremonia en el Templo Mayor. Los fieros soldados aztecas contraatacaron expulsando de la isla a los que hasta entonces eran sus invitados y provocando numerosas bajas en el proceso de expulsión. Algunos historiadores creen que, durante la caótica retirada, pudo perecer más de la mitad del contingente español. Ya a cierta distancia de Tenochtitlan, Cortés y sus tropas se tomaron un descanso en una arboleda de cipreses para recuperar el aliento, allí se sentó el derrotado comandante hispano a los píes de un árbol -puede que el famoso Árbol- y lloró, o así lo cuentan los libros de textos y las clases de historia de los colegios mexicanos.

Pero esta fue una mera victoria temporal para los aztecas, como se demostró más tarde. Al año siguiente, Cortés volvió con un mayor contingente de tropas europeas y decenas de miles de aliados indígenas. Tras un largo sitio en el que se cortó el suministro de agua potable a la ciudad y un ataque total en el que participaron embarcaciones hechas en las orillas del lago y equipadas con piezas de artillería, Tenochtitlan terminó rindiéndose a los españoles y sus aliados el 13 de agosto de 1521, hace hoy 500 años.

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Pintura de la colección de la Embajada Británica en México que ilustra la retirada de Cortés de Tenochtitlan en mayo de 1520. Según la tradición, tras la derrota, Cortés se sentó bajo un ciprés y lloró.

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'La Conquista de Tenochtitlan', por un autor desconocido, es uno de los ocho paneles de la Librería del Congreso que ilustran los eventos de 1521. Pintado 150 años más tarde también muestra cómo se veía a finales del siglo XVI la conquista de México por los españoles.

Fotografía de Photograph of painting by Ann Ronan Pictures, via Hulton Archive/Getty(Izquierda)(Arriba)
Fotografía de Photograph via Smith Archive, Alamy(Derecha)(Abajo)

Este verano, visité el Árbol de la Noche Triste y encontré a operarios municipales preparando el fatídico aniversario. En la plaza, me encontré con una cuadrilla que instalaba una nueva y reluciente placa que identificaba el famoso árbol como el Árbol de la Noche Victoriosa. Se trata de un cambio diametral del punto de vista.

Bajo este nuevo nombre en español, el cartel daba un pasó más y apuntilla en Nahualt, el idioma de los aztecas que todavía hablan más de un millon de personas en centro y sur de México: " “Quautli in Yohualli Paquiliztli, nican ochoca” o "Árbol de la Noche Feliz, aquí lloró".

Encontrando las palabras correctas 

La imagen tradicional que pintaban los libros de texto que muestra a un grupo de valientes europeos derrocando al mayor imperio precolombino puede tener cierto valor teatral pero siempre ha sonado sospechoso, especialmente para un historiador profesional como yo. Los expertos rara vez coinciden, pero aquí hay un amplío consenso al entender que los eventos ocurridos hace 500 años como una simple ecuación binaria de enfrentamiento entre "españoles" y "nativos" es del todo errónea.

Más bien todo lo contrario, la guerra que se desarrolló entre 1519 y 1521 involucró a muchas ciudades-estado mesoamericanas celosas de su independencia como Cempoala, Tlaxcala y Texcoco, que se organizaban en coaliciones cambiantes, una de las cuales incluyó a un puñado de españoles. Cortés y sus conquistadores fueron como mucho el uno o dos por ciento de todas las tropas en el campo de batalla.

Reflexiones como esta están haciendo que muchos políticos actuales y el público en general busquen nuevas formas para entender y referirse a lo que pasó en el verano de 1521. ¿Fue la Conquista de México? ¿Una guerra mesoamericana? ¿Un encuentro entre dos mundo? ¿Un genocidio?

La pandemia de COVID-19 ha golpeado con fuerza México, obligando al cierre de museos y exposiciones que en condiciones normales habrían sido el centro del quinto centenario. Aun así, las autoridades estatales y municipales han organizado eventos conmemorativos. Destaca, la maqueta de más de 13 metros de alto del Templo Mayor con una iluminación de vanguardia que se inagurará en el zócalo de México DF, la plaza principal de la ciudad situada a unos pocos cientos de metros de las ruinas del Templo Mayor original.

Maqueta gigante del Templo Mayor erigida en la plaza mayor de México DF para conmemorar el 500 aniversario de la caída de Tenochtitlan. Las ruinas del antiguo Templo Mayor están justo al lado de la plaza.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic
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Un bailarín vestido con plumas frente a la Catedral Metropolitana del siglo XVI en el zócalo de Ciudad de México. Son muchos los que cada año celebran la fundación de Tenochtitlan.

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Jaime y Valeria posan en la  histórica Calle Corregidora de Mexico DF. La pareja participaba en las danzas tradiciones que se hacen en la calles de la capital.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

Esculturas del Templo Mayor cubiertas para protegerlas de la lluvia. Un tormenta en abril de este año dañó el techo protector del yacimiento dejando partes del templo expuestas a la climatología.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

Mientras tanto, los mexicanos de a pie han elegido recordar el aniversario a su manera. Ya sea en el Árbol, en el Templo Mayor o en otras partes de la ciudad, me encuentro con hombres y mujeres ataviados de parafernalia precolombina, bailando y haciendo limpias, para limpieza espiritual. Algunos de estos bailarines simplemente están aquí para ganarse la vida, pidiendo donaciones tras sus bailes y cobrando por las limpias. Pero muchos están comprometidos, en mayor o menor medida, en mantener viva las tradiciones mesoamericanas, en particular la azteca. Algunos estudian Nahualt, leen historia e intentan darle sentido y entender lo que pasó hace siglos.

Una mañana, en el Templo Mayor, mujeres y hombres se reunieron frente a las ruinas después de haber pasado la noche en el exterior, desafiando a una intensa lluvia, para rendir homenaje a Cuitláhuac, el hermano menor de Moctezuma y un reconocido soldado que gobernó Tenochtitlan durante un breve periodo de tiempo tras la muerte de Moctezuma. Como la lluvia continuó durante la mañana, pusieron una lona debajo de la cual encendieron velas y depositaron ofrendas de copal, comida y flores. Unos pocos Xoloitzcuintli, perro calvo mexicano que desciende de las razas precolombinas que casi se extingue con la llegada de los europeos, merodeaban por la zona. En uno de los lados había pancartas con la imagen de Cuitláhuac y más flores. Las danzas empezaron al mediodía, impulsadas por una incesante percusión y atrayendo a espectadores. Durante una breve pausa, un señor mayor se acercó a los curiosos y anunció: "Nunca perdimos una batalla contra los españoles".

Los españoles en esta historia

Cortés murió en España en 1547, pero sus restos mortales se enviaron a México tal y como había estipulado en su última voluntad y en su testamento. Tras varios movimientos, terminaron en una parroquia y hospital del centro de México DF, a unos pocos metros del Templo Mayor. Algunas tradiciones históricas afirman que fue en esa zona donde Cortés y Moctezuma se encontraron por primera vez.

El propio Cortés inauguró el Hospital de Jesús en 1524 y, sorprendentemente, sigue operativo. Pero, este año, está prohibido sus visitas pese a su importancia histórica. "Solo los pacientes pueden entrar por la pandemia", me respondió amablemente la recepcionista cuando la pregunté si podía entrar a ver un busto de Cortés que se erige discretamente en el patio interior.

La Calzada de los Misterios, también conocida como Calzada del Tepeyac,  fue una de las tres grandes carreteras que llevaban al centro de la isla donde estaba Tenochtitlan. El monumento en conmemoración de los Misterios del Rosario es de época colonial.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic
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Visitantes descansando en un monumento a Cortés en el Paso de Amecameca, a unos 60 kilómetros de México DF. Sus tropas pasaron por el alto, a casi 3600 metros de altitud, para llegar a Tenochtitlan.

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Una de las esquinas del antiguo Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya, hoy en día Museo de la Ciudad de México, tiene una serpiente esculpida que en su día estaba en una pirámide azteca.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

El altar de Ehecatl, dios mesoamericano del aire y el viento, se puede ver en la estación de metro de Pino Suárez de México DF, donde fue descubierto. Los comerciantes de cerca de la entrada del metro vende ropa y otros productos.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

Es posiblemente el único busto público del conquistador en todo México. Desde que México se independizara de España a principios del siglo XIX, Cortés ha destacado por su ausencia, aunque ha conseguido que su histórica sombra se siga viendo. tiene muy pocas plazas o calles con su nombre. Hace unos 40 años, se levantó una estatua de Cortés en el barrio de Coyoacán, pero los vecinos protestaron y le tiraron pintura. La estatua no duró mucho.

Recientemente, otros conquistadores españoles ha sufrido un juicio similar. A solo unas pocas manzanas de el Árbol, hay una calle llamada Puente de Alvarado, en honor al conquistador español Pedro de Alvarado quien, según las primeras crónicas, fue el que ordenó el ataque contra los aztecas de Tenochtitlan en 1520 que desembocó en la Noche Triste o Victoriosa. Pero, este año, la alcaldesa de México DF, Claudia Sheinbaum, se preguntó indignada: "¿Cómo puede ser que tengamos una calle nombrada Puente de Alvarado cuando Alvarado fue el principal responsable de la masacre del Templo Mayor?" La vía ahora se llama Calzada México-Tenochtitlan.

Pero, los españoles del siglo XVI eran especialistas en incluirse en la narrativa, especialmente el propio Cortés, un arribista nato. En sus Cartas y Relaciones de Hernán Cortes al Emperador Carlos V, publicadas en toda Europa y citadas por los historiadores, es un monumento a la narrativa selectiva, la exageración y la mentira sin pudor. cuando escribió su carta a finales de octubre de 1520, Cortés y sus tropas todavía se estaban lamiendo las heridas tras su apresurada salida de Tenochtitlan y la "Noche Triste" (ahora "Victoriosa" o "Feliz"). Aun así, el comandante español no tuvo problemas en alardear de que ya había conquistado el gran reino y le dice a Carlos V que "se puede intitular de nuevo emperador de ella".

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El emperador azteca Moctezuma se rinde ante Cortés en este grabado de 1807.

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Plano de Tenochtitlan de 1524 que acompañó las primeras publicaciones europeas de las Cartas y relaciones de Hernán Cortés al Emperador Carlos V.

Fotografía de Via Prisma/Universal Images Group/Getty(Izquierda)(Arriba)
Fotografía de Via Art Collection 2, Alamy(Derecha)(Abajo)

Un punto de inflexión global

En las décadas y siglos que siguieron aquel verano clave de hace 500 años, la monarquía hispánica gobernó lo que hoy es México, América Central y parte de Estados Unidos, y prácticamente todo el hemisferio occidental. El imperio europeo más poderoso del inicio de la Edad Moderna fue capaz de explotar esta vasta región de todas las maneras posibles. Desde la extracción de minerales y el cultivo agrícola hasta la explotación salvaje de sus recursos humanos. Entre 1500 y 1800, cerca del 80 por ciento de la plata producida a nivel mundial procedía de las minas del Nuevo Mundo. Para alcanzar esta prodigiosa extracción, yo calculo que, entre 2,5 y 5 millones de personas de origen precolombino fueron esclavizadas entre la llegada de Colón y principios del siglo XX.

Más allá de estas terribles consecuencias para los americanos, la toma de América por los europeos tuvo repercusiones dramáticas en el resto del mundo. Los recursos extraídos del continente permitieron a los europeos liderar la Revolución Industrial y ganar ascendencia global hasta hace bien poco. En los siglos XVI, XVII y XVIII, algunas partes de China, Japón e India alcanzaron niveles tecnológicos y un desarrollo institucional comparable a los que había en Europa. Pero la explotación de las Américas, que tuvo su pistoletazo de salida con la conquista de México, permitió a algunas partes del Viejo Continente crecer en población y riqueza y tomar ventaja con respecto al resto del mundo.

Bicitaxis esperan clientes en Amecameca, México. La colonización de México por los españoles encendió la mecha para una rápida fase de globalización que llega hasta nuestros días.

Fotografía de Eunice Adorno, National Geographic

La conquista de México por los españoles también sirvió de puente entre el Esta y el Oeste. A penas nueve meses después de la caída de Tenochtitlan, Cortés se lanzó y alcanzó la costa de el Pacífico. "He empezado la construcción de barcos y bergantines para explorar los secretos de la costa", le escribió al emperador en 1522; "y esto, sin duda, revelará cosas maravillosas". Entre 1527 y 1528, Cortés lanzó una expedición de México a Asia. Para 1560, los galeones españoles conectaban anualmente Asia y América, poniendo la primera piedra del mundo global que conocemos hoy.

Narrativa nacional 

Cuando me reuní con mi familia y amigos en México DF, a pocos les interesaba hablar mucho del quinto aniversario. La COVID-19 ha provocado la mayor crisis económica en México desde la década de 1930, por lo que la conversación viró hacía la pérdida de empleos, la inseguridad en las calles y los planes de impulsar la ciudad hacía prados más verdes.

Aun así, algunos se mostraron intrigados por la profusa proliferación de aniversarios durante este fatídico año de pandemia. Aunque parezca que la caída de la magnífica ciudad-estado azteca en 1521 no merece la pena se recordada, los mexicanos también están celebrando el final de sus guerras de independencia frente a los españoles, que se culminaron en septiembre de 1821. Los 500 años de la Conquista coinciden con los 200 años de la Consumación de la Independencia; los primeros, una tragedia conmemorada en agosto, los segundos, una fiesta reservada para septiembre.

Y, por si no fuera suficiente, el presidente de México y las autoridades municipales de México DF han decidido añadir un tercer centenario al calendario: los 700 años desde la fundación del Imperio Azteca en mayo de 1321 (aunque la fecha sigue siendo controvertida ya que las fuentes originales son imprecisas y a veces hablan de 1325 en lugar de 1321).

Códice Mendoza  del siglo XVI en el que se puede ver el escudo de armas de México.

Fotografía de Via The Picture Art Collection, Alamy

Hay una obvia lógica a la agrupación de estos tres grandes centenarios. En la narrativa nacional, México empezó a formarse hace unos 700 años, cuando unos inmigrantes indígenas llegaron al Valle de México y vieron un águila devorando una serpiente en una isla en medio de un lago, una escena inmortalizada en la bandera nacional de México. Aun así, hace 500 años, la nación se vio secuestrada por España y hace 200 años, por fin, restaurada de manera gloriosa.

Nuevas tradiciones y significados

Mientras, en las calles de México, las personas lidian con estos hitos históricos a su manera, creando nueva tradiciones y significados. Este proceso puede ser más evidente en la pequeña plaza del Árbol de la Noche Victoriosa. Pese a que el accidente con los fuegos artificiales de 1980 redujo el ciprés a un tocón quemado, sigue atrayendo a visitantes e invita a reinterpretaciones.

Hace pocas semanas, en unas fiestas celebradas a finales de junio, una activista local llamada Amalia Rosas ofreció un talles de comidas de antes del contacto. En un momento en el que los mexicanos sufren uno de los ratios de obesidad y diabetes más altos del mundo, Rosas exhortó a la gente a renunciar a la comida procesada y retomara a las judías, las calabzas, el maíz y otras comidas saludables que tomaban nuestros ancestros precolombinos.

También se inauguró un nuevo mural en la plaza en el que se ve a los españoles huyendo de la isla-ciudad de Tenochtitlan y haciendo que los porteadores indígenas llevaran sus pesadas cargar mientras los conquistadores intentaban defenderse de los ataques de los soldados aztecas. "Cuitláhuac desató la ofensiva", explica el texto explicativo de al lado, mientras los españoles "huían cargados de oro".

Pero, hay otros mexicano que siguen siendo escépticos. Durante una de mis visitas, vi como una pareja mayor daba vueltas al Árbol. Mientras el señor tomaba fotos del tocón con los miembros carbonizados apuntando al cielo, la mujer leía la nueva placa que señalaba el lugar como un hito de victoria y alegría. Y se lamentó al aire, a nadie en particular: "Se ha manipulado tanto la historia".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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