Las historias personales de los refugiados ucranianos

Por Eve Conant
Publicado 21 mar 2022, 9:43 CET, Actualizado 21 mar 2022, 12:57 CET

De la noche a la mañana, perdieron sus hogares, y sus familias se rompieron. En busca de seguridad en Polonia, miles de refugiados se enfrentan ahora a lo que viene después.

Fotografías de Anastasia Taylor-Lind | Davide Monteleone
Video de Alice Aedy | Davide Monteleone | Manuel Montesano
Texto de Eve Conant

Los refugiados de Ucrania comparten sus desgarradoras historias

Despertar con explosiones. La lucha por encontrar un pasaporte. Un angustioso viaje en tren envuelto en la oscuridad para evadir a las fuerzas rusas. La esperanza de encontrar un "rincón cálido" donde refugiarse. Las historias de cada refugiado están llenas de dolor y de una sorprendente comunalidad, una angustia compartida que tal vez sea ineludible cuando más de un millón de personas se ven obligadas a huir de sus hogares y a enfrentarse a las duras realidades de las fronteras de Europa del Este en el transcurso de unos pocos días.

Una de las refugiadas, atrapada durante dos de esos días en un silencioso pánico de coches que se acercaban a la ciudad fronteriza polaca de Przemyśl, era Irina Lopuga. Ella y su marido tuvieron mucho tiempo para hablar, ya no de los sueños de comprar su propia casa o de recorrer Egipto, sino de la supervivencia. "Hablamos de que el mundo entero está al revés".

Una vez que llegaron a la frontera, llegó el momento de separarse. Los hombres ucranianos de entre 18 y 60 años han recibido la orden de quedarse en casa y ayudar a la resistencia, flanqueados por mujeres que cogen un arma por primera vez y por pequeños ejércitos de civiles que preparan albóndigas y cócteles molotov. Su marido ayudaba a su iglesia a preparar a los evacuados de Kiev. Justo antes de irse, dice, "se dio la vuelta y rompió a llorar".

Entonces ella, los niños, su perro... todos corrieron.

Ahora son una pequeña parte de una de las mayores oleadas de refugiados en décadas que tratan de encontrar su propio rincón seguro en una Europa indignada y en vilo. Temerosos de su propia seguridad, los europeos han acogido a las personas que componen este éxodo agotador, algunas de ellas visitantes internacionales de Ucrania, otras supervivientes de conflictos de años con los separatistas respaldados por Rusia en el este, y la mayoría de ellas familias rotas con, hasta ahora, el espíritu intacto.

(Relacionado: Guerra y racismo: así discriminan a los migrantes de Ucrania en las fronteras europeas)

La decisión

Voces desde la frontera: Irina Lopuga, Ludmyla Tkachenko, Nelya Tkachenko, Blessing Oyeleke e Iryna Novikova
Es la segunda vez que Lidiya Ivanenko, con su hijo Myron en brazos, huye. La primera fue en 2014, cuando estalló el conflicto con los separatistas apoyados por Rusia cerca de su ciudad natal, Lugansk, en el este de Ucrania. "Después de trasladarnos a la región de Kiev, no pensé que esta guerra me alcanzaría".
Anna Bianova, de 34 años, posa con su hijo Maksym y su sobrino Myhaylo Bianov (ambos de 11 años) mientras su suegra Lyudmyla Shevchuk, de 71 años, sostiene a su perro Archie. Bianova, de Vinnytsia, pensaba que la guerra era algo inimaginable que formaba parte de generaciones anteriores, pero no de la suya. "¿Es posible una guerra así en el siglo XXI?".

“ Es muy difícil que tu marido se quede en casa. Tienes que elegir. Salvar a los niños o quedarte con él.” ”

NELYA TKACHENKO

Refugiados ucranianos intentan encontrar algo de normalidad en su tienda de campaña en el punto de recepción de refugiados de Medyka (Polonia), mientras esperan continuar su paso hacia otros destinos en Europa.

Fotografía de Davide Monteleone
Voces desde la frontera: Anna Bianova e Irina Lopuga

“ Había un millón de personas, la estación estaba tan llena que no podíamos movernos. Fue un gran horror. Llorábamos a moco tendido.” ”

ANNA BIANOVA
Izquierda: Arriba:

Valentyna Turchyn posa para un retrato con su madre (también llamada Valentyna Turchyn) y sus tres hijas: Maya, de cinco años, con un abrigo rosa, Tanya, de siete, y Galyna, de 16. Todas están abrigadas contra el frío en un refugio de Polonia tras huir de su ciudad natal, Cherkasy (Ucrania).

Derecha: Abajo:

Ludmyla Kuchebko, de 72 años, de Yitomir, ha dejado atrás las sirenas antiaéreas, pero se preocupa por su hijo en Kiev. Pidiendo a Dios que "salve no sólo a mi hijo, sino a Ucrania", reza por cada pasajero de cada tren. "Hoy rezamos no sólo por Ucrania: rezamos por Rusia, por nuestros hermanos y hermanas de allí".

fotografías de Anastasia Taylor-Lind

Una cama improvisada al aire libre en un centro de recepción de refugiados cerca del cruce de Medyka, entre las fronteras ucraniana y polaca, en las afueras de Przemyśl (Polonia).

Fotografía de Davide Monteleone

La guerra

Voces desde la frontera: Lidiya Ivanenko, Ludmyla Tkachenko, Nelya Tkachenko y Anna Bianova
Uno de los miles de estudiantes africanos en el país, Blessing Oyeleke, estudiante de medicina de 25 años de Nigeria, huyó de la ciudad de Ternópil. Experimentó el caos y el racismo en la huida, pero de sus cinco años en el país, dice: "Venir a Ucrania fue como un sueño para mí".
Las hermanas Ludmyla y Nelya Tkachenko, de 35 y 41 años, de Kiev, se preocupan por sus hijos, que han cruzado a Polonia con ellas, pero luchan contra las lágrimas pensando en sus compañeros y familias que siguen en Ucrania. Nelya dice que no está ni aquí ni allí. "La mitad de mi corazón la dejé atrás, la otra mitad la traje conmigo".

“ Daba mucho miedo cuando explotaban las primeras bombas.” ”

LUDMYLA TKACHENKO

Una montaña de calzado recogido por voluntarios listo para ser distribuido a los refugiados de Ucrania que entran en Polonia cerca de Przemyśl.

Fotografía de Davide Monteleone

La pérdida

Voces desde la frontera: Ludmyla Kuchebko, Iryna Novikova, Ludmyla Tkachenko y Nelya Tkachenko

“ Nacimos en Ucrania y amamos nuestra patria. Es un país precioso. Dios le dio todo: bosques, campos... mis preciosos campos.” ”

LUDMYLA KUCHEBKO
Izquierda: Arriba:

Iryna Butenko, de 33 años, y su hija Kateryna Falchenko, de ocho, huyeron despavoridas de Járkov. Cuando por fin apareció un tren, dice Iryna, "corrimos mientras disparaban por detrás". No quiere volver, nunca. Katya se siente segura ahora: "Nadie nos dispara ni amenaza. Mi madre está siempre cerca de mí.

Derecha: Abajo:

Iryna Kuzmenko, de 41 años, y su hija, Arianda Shchepina, de 11 años, de la ciudad de Zaporizhzhia, tienen un momento de tranquilidad juntas frente al instituto Juliusza Slowackiego de Przemyśl (Polonia), donde los refugiados han recibido refugio y apoyo.

fotografías de Anastasia Taylor-Lind

Un refugiado agotado se toma un momento de descanso en Medyka (Polonia), cerca de la frontera con Ucrania, por donde ya han pasado unos 100 000 refugiados.

Fotografía de Davide Monteleone

El Futuro

Voces desde la frontera: Iryna Butenko, Ludmyla Tkachenko, Nelya Tkachenko, Blessing Oyeleke, Lidiya Ivanenko e Irina Lopuga

“ No necesitamos mucho. Un rincón cálido es suficiente.” ”

LIDIYA IVANENKO
Izquierda: Arriba:

Iryna Novikova, de 42 años, salió de Kiev con su hija al momento, sin cambiarse de ropa, lavarse los dientes o ducharse. "En un momento así no necesitas nada de eso. No sé cómo corrí; mis piernas me llevaron". Su hija le había dicho que el ataque estaba llegando, "pero simplemente yo no me lo podía creer".

Derecha: Abajo:

Amoakohene Ababio Williams, de 26 años, originario de Ghana, dice que fue separado de su esposa ucraniana, Sattennik Airapetryan, de 27 años, y de su hijo de un año, Kyle Richard, junto con otros hombres negros, justo antes de llegar a la frontera polaca tras huir de Odesa. "Pensé que ya se había acabado todo. Que quizás no les volvería a ver". Lo consiguió.

fotografías de Anastasia Taylor-Lind

Anastasia Taylor-Lind es fotógrafa de National Geographic, becaria de TED y becaria Nieman de Harvard en 2016. Cubre temas relacionados con la mujer, la población y la guerra.

Alice Aedy es una fotógrafa y realizadora de documentales cuyo trabajo se centra en cuestiones de justicia social, como la migración forzada, la justicia climática y las historias de las mujeres.

Davide Monteleone es un fotógrafo, artista visual y explorador de National Geographic con un interés particular en los países postsoviéticos. La National Geographic Society, comprometida con la iluminación y protección de las maravillas de nuestro mundo, ha financiado el trabajo de Monteleone. Descubre más en su sitio web.

Petro Halaburda, estudiante ucraniano de producción cinematográfica afincado en Varsovia (Polonia), proporcionó asistencia sobre el terreno y traducción.

Este artículo se publicó originariamente en inglés en nationalgeographic.com.

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