La industria pesquera ocupa un tercio del planeta

A partir de datos por satélite que se han hecho públicos recientemente, los conservacionistas podrían ser capaces de gestionar la gigantesca industria.

Publicado 26 feb 2018 11:15 CET
Industria pesquera
La actividad pesquera de los buques que comunican su posición mediante AIS.
Fotografía de Global Fishing Watch

¿Cómo estudiamos al depredador más extendido del mundo? Espiándolo desde el espacio.

Cuando un equipo de investigadores se dispusieron a comprobar lo extendida que estaba la industria pesquera alrededor del mundo —quién estaba pescando, dónde y cuándo— se encontraron con falta de información.

No tenían acceso a los sistemas de seguimiento de buques, guardados celosamente por los gestores pesqueros regionales, según Juan Mayorga, científico de datos marinos del proyecto Pristine Seas de National Geographic. Y dicha información solo habría mostrado algunas piezas del puzle.

Para superar este obstáculo, Mayorga y su equipo de investigación dieron un paso atrás —bastante atrás— y rastrearon los buques desde el espacio, empleando satélites para comprobar dónde y cuándo pescaban.

Descubrieron que la huella que deja la industria era asombrosa.

Determinaron que la industria pesquera cubre más del 55 por ciento de la superficie oceánica. Es más del cuádruple del área que ocupa la agricultura.

El sector pesquero ha sido responsable de impactos medioambientales perjudiciales. La sobrepesca puede agotar los recursos, muchos animales como los delfines o las tortugas marinas sufren captura incidental y los gigantescos buques necesitan grandes cantidades de combustible que produce CO2.

Pero, según los investigadores, ver la industria a escala global puede llevar a un aumento de la transparencia y de la rendición de cuentas para garantizar que la pesca se gestiona de forma más sostenible.

¿Dónde se pesca?

El estudio, publicado en la revista Science, examinó a más de 70.000 buques industriales que miden entre 6 y 146 metros, lo que comprende a más del 75 por ciento de la industria a gran escala.

Entre 2012 y 2016, los investigadores observaron los movimientos de los barcos hora a hora, buscando entre 22.000 millones de señales de los sistemas de identificación automática, conocidos como AIS por sus siglas en inglés.

Los satélites pueden ayudar a determinar la salud del océano desde el espacio
Por primera vez, los científicos son capaces de predecir la biodiversidad del lecho marino a través de imágenes por satélite de la superficie del océano. Las imágenes del color del fitoplancton que flota en la superficie del mar se usan para crear un modelo de la distribución de la vida marina en el lecho marino. El fitoplancton desempeña un papel vital en la cadena trófica del océano, y su disponibilidad indica cuánta vida existe bajo la superficie. El modelo puede emplearse para predecir la biodiversidad del lecho marino en regiones que no se pueden alcanzar físicamente, como la plataforma continental de la Antártida, y ayudar a entender cómo puede afectar el cambio climático a los ecosistemas.

Los AIS se crearon originalmente para evitar las colisiones entre barcos comunicando la identidad, posición, velocidad y ángulo de giro del buque cada pocos segundos.

«Esos mensajes emitidos mediante los AIS están disponibles públicamente vía satélite», afirma Mayorga. «A continuación buscamos entre las señales con medios informáticos sofisticados proporcionados por Google y algoritmos de aprendizaje automático».

A partir de ahí, según explica Mayorga, fue capaz de recavar información sobre las características de cada buque, lo que revelaba el tipo de pesca que realizaba.

Descubrieron que la pesca con palangre, un tipo de pesca que consiste en una línea ramificada con varios anzuelos, era la más extendida. En el mar del Norte y la costa de China se observaban arrastreros con frecuencia.

Los datos también proporcionaron información útil al mostrar la actividad en aguas internacionales. A diferencia de las aguas costeras bajo la jurisdicción de un país, las aguas internacionales están mucho menos supervisadas.

China, España, Taiwán, Japón y Corea del Sur suponían el 85 por ciento de la flota pesquera en aguas internacionales.

¿Cuándo se pesca?

«No puedes meterte en la cabeza de un pescador como lo harías dentro de la cabeza de un pez», explica Douglas McCauley, biólogo marino de la Universidad de California en Santa Bárbara que no participó en el estudio.

A diferencia de los animales marinos, los datos por satélite determinaron que los humanos estaban menos influenciados por los factores medioambientales. Pero eso no significaba que no existieran patrones.

Los investigadores observaron un enorme descenso de la actividad en los buques chinos durante el Año Nuevo chino. Y vieron un gran descenso de actividad en otros buques en las vacaciones de Navidad y Año Nuevo.

Tal y como era de esperar, las regiones que pusieron en marcha moratorias estacionales de pesca también experimentaron un descenso de la actividad en esos periodos.

Cuando los precios del combustible subieron, la pesca también se veía afectada. McCauley sospecha que los subsidios a la pesca, que la Organización Mundial del Comercio trató de contener sin éxito el pasado diciembre, están contribuyendo a la sobrepesca.

Los vigilantes que protegen a los peces

Además de National Geographic, el estudio recibió el apoyo de investigadores de la Universidad de California Santa Barbara, la Universidad de Dalhousie, la Universidad de Stanford y Global Fishing Watch (GFW), una ONG colaboradora respaldada por Oceana, SkyTruth y Google que pretende aumentar la transparencia.

«El GFW introduce una dimensión completamente nueva en la lucha contra la pesca ilegal y a favor de la transparencia en la pesca de altura», explica Daniel Pauly, biólogo marino de la Universidad de la Columbia Británica que no participó en el estudio.

Al poner los datos del estudio a disposición del público, el GFW afirma que pueden crearse reservas marinas de bajo coste más fácilmente.

Las reservas marinas actúan como banco para la industria pesquera, lo que permitiría contar con poblaciones de peces sanas que prosperen en zonas restringidas. Los conservacionistas ya habían dado argumentos a favor de implementar más reservas marinas de mayor tamaño, pero se enfrentan a la oposición por parte de la industria pesquera.

«Este conjunto de datos global hace que cualquier toma de decisiones o negociación sea transparente», afirma Mayorga.

Los conservacionistas afirman que serán capaces de probar que las regiones son menos frecuentadas por los pescadores y que ya están en condiciones perfectas para convertirse en reservas.

Una gestión sostenible

«Mi primer trabajo fue como pescador. Se puede apreciar lo duro que es», afirma McCauley. «Ves cada una de esas historias contenidas en un conjunto de datos. Es una industria cada vez más importante a medida que abordamos la seguridad alimentaria y la falta de nutrientes».

Cree que eliminando los subsidios a la pesca y regulando de forma más estratégica la pesca a escala global, será posible mantener los niveles actuales de pesca sin agotar los recursos.

«Nada de esto era realmente posible hasta que pusimos esta base de datos a disposición del público», añade.

Si se aplican medidas de conservación al sector pesquero, Mayorga considera que se podrían usar las señales de los AIS para que la industria rinda cuentas.

«El mayor problema es la rastreabilidad de los recursos», dice respecto a la puesta en marcha de regulaciones. «Tienes que controlar de dónde vienen los peces cuando llegan a tierra. Es un gran problema para la sostenibilidad».

Su próximo objetivo es monitorizar y rastrear barcos más pequeños.

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