Por qué la sobrepesca amenaza los océanos (y cómo esto podría acabar en tragedia)

A pesar de los esfuerzos normativos por reducir el impacto, el delicado equilibrio de los ecosistemas marinos se ha visto alterado por décadas de explotación de los mares.

Por Redacción National Geographic
La sobrepesca también puede ser perjudicial para otras especies marinas.

La sobrepesca también puede perjudicar a otras especies marinas. La pesca de arrastre, un método en el que los barcos tiran de enormes redes tras ellos en el agua, arrastra algo más que camarones y atún rojo: captura casi todo lo que encuentra a su paso. 

Fotografía de Jose Luis Roca / AFP / Getty Images

Este artículo se publicó el 21 de octubre de 2010 y se ha actualizado en febrero de 2022

La comunidad científica lleva mucho tiempo dando la voz de alarma sobre la catástrofe que supone la sobrepesca en los océanos, entendida como la extracción de fauna y flora del mar a un ritmo demasiado elevado para que las especies puedan reponerse. Se da la circunstancia de que, durante dos décadas, los líderes mundiales han estado en un punto muerto en sus esfuerzos por revertir el daño que se ha hecho.

Los científicos marinos saben cuándo comenzó la sobrepesca generalizada de los mares, y también tienen una idea bastante clara de cuándo (si no se hace nada al respecto) acabará mal. A continuación se analizan los problemas críticos de la sobrepesca, desde sus efectos en la biodiversidad hasta los limitados éxitos de los esfuerzos de mitigación.

Por qué se produce la sobrepesca

La primera sobrepesca se produjo a principios del siglo XIX, cuando los seres humanos, en busca de grasa para el aceite de las lámparas, diezmaron la población de ballenas en torno a Stellwegen Bank, frente a la costa de Cape Cod (en Massachusetts, Estados Unidos). Algunos de los peces que se consumen en ese país, como el bacalao del Atlántico, el arenque y las sardinas de California, también fueron capturados hasta el borde de la extinción a mediados del siglo XX. Estos agotamientos aislados y regionales fueron muy perjudiciales para la cadena alimentaria, que se volvió más precaria a finales del siglo XX.

A mediados del siglo XX, los países de todo el mundo se esforzaron por aumentar su capacidad pesquera para garantizar la disponibilidad y asequibilidad de alimentos ricos en proteínas. Las políticas favorables, los préstamos y los subsidios generaron un rápido aumento de las grandes operaciones de pesca industrial, que rápidamente suplantaron a los pescadores locales como la principal fuente de alimentos marinos del mundo.

Estas grandes flotas comerciales eran agresivas, recorrían los océanos del mundo y desarrollaban métodos y tecnologías cada vez más sofisticadas para encontrar, extraer y procesar sus especies objetivo. Los consumidores pronto se acostumbraron a tener acceso a una amplia selección de pescado a precios asequibles.

Pero en 1989, cuando se extrajeron del océano unos 90 millones de toneladas (métricas) de pescado, la industria alcanzó su techo, y desde entonces los rendimientos han disminuido o se han estancado. Las pesquerías de las especies más codiciadas, como el reloj anaranjado, la lubina chilena y el atún rojo, se han colapsado por falta de pescado. En 2003, un informe científico estimó que la pesca industrial había reducido el número de grandes peces oceánicos a sólo el 10% de su población preindustrial.

(Relacionado: La pesca de altura no es sólo destructiva: tampoco es rentable)

Un trabajador emplea una maza para desencajar los atunes congelados en un buque de carga chino en el puerto de General Santos, en las Filipinas.
Fotografía de Adam Dean, Nat Geo Image Collection

Cómo afecta la sobrepesca a la biodiversidad

Ante el colapso de las poblaciones de peces grandes, las flotas comerciales empezaron a adentrarse en el océano y a descender por la cadena alimentaria en busca de capturas viables. Esta llamada "pesca a la baja" ha provocado una reacción en cadena que está alterando el antiguo y delicado equilibrio del sistema biológico del mar.

Los arrecifes de coral, por ejemplo, son especialmente vulnerables a la sobrepesca. Los peces que se alimentan de plantas mantienen el equilibrio de estos ecosistemas comiendo algas, manteniendo el coral limpio y sano para que pueda crecer. La pesca de demasiados herbívoros (ya sea intencionada o como captura incidental) puede debilitar los arrecifes y hacerlos más susceptibles de ser devastados por fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático. Los equipos de pesca y los desechos también pueden destruir físicamente los frágiles corales que constituyen los cimientos de los arrecifes.

La sobrepesca también puede perjudicar a otras especies marinas. La pesca de arrastre, un método en el que los barcos tiran de enormes redes tras ellos en el agua, arrastra algo más que camarones y atún rojo: captura casi todo lo que encuentra a su paso. Las tortugas marinas, los delfines, las aves marinas, los tiburones y otros animales se han enfrentado a amenazas existenciales en forma de capturas accidentales.

Esfuerzos para evitar la sobrepesca

A lo largo de los años, a medida que las pesquerías han ido capturando cada vez menos, los seres humanos han empezado a comprender que los océanos, que se suponían interminablemente vastos y ricos, son en realidad muy vulnerables. En 2006, un estudio sobre los datos de las capturas publicado en la revista Science predijo sombríamente que, de continuar con estas tasas de pesca insostenibles, todas las pesquerías del mundo se colapsarán en 2048.

Muchos científicos afirman que la mayoría de las poblaciones de peces podrían recuperarse con una gestión pesquera agresiva y una mejor aplicación de las leyes que regulan las capturas, incluida la institución de límites de captura. Un mayor uso de la acuicultura, la cría de mariscos, también ayudaría. Y en muchas regiones hay motivos para la esperanza.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) (que establece las normas internacionales para la gestión de la pesca) señaló en su informe de 2020 que se ha producido un ligero aumento del porcentaje de poblaciones que producen de forma sostenible la mayor cantidad posible de alimentos, que es el objetivo de la gestión de la pesca.

Sin embargo, siguen existiendo muchos retos. Alrededor de un tercio de las poblaciones de peces del mundo están sobreexplotadas, y la proporción global de las poblaciones de peces en niveles sostenibles ha seguido disminuyendo. El informe de la FAO señala que este deterioro de las poblaciones de peces se observa especialmente "en los lugares donde la gestión de la pesca no existe o es ineficaz". De las zonas que vigila la organización, el Mediterráneo y el Mar Negro tienen el mayor porcentaje de poblaciones de peces (el 62,5 por ciento) que se pescan a niveles insostenibles.

¿Podemos detener la sobrepesca?

Las subvenciones gubernamentales a la industria pesquera siguen siendo un reto importante para revertir esta preocupante tendencia. Un estudio mundial reveló que en 201  los países gastaron casi 20 000 millones de euros en los llamados subsidios perjudiciales que alimentan la sobrepesca, un aumento del 6% desde 2009.

Como informó National Geographic en su momento, las subvenciones perjudiciales son aquellas que financian prácticas que de otro modo no serían rentables, como los costes de combustible de los arrastreros industriales. China, por ejemplo, ha aumentado sus subvenciones perjudiciales en un 105% durante la última década.

Los miembros de la Organización Mundial del Comercio llevan debatiendo cómo limitar estas subvenciones desde 2001, con escasos avances. Y a pesar de que los miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a forjar un acuerdo para 2020, el plazo hace tiempo que expiró y los problemas siguen sin resolverse.

En 2021, la Directora General de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, pidió a los miembros que llegaran a un acuerdo, argumentando que "no hacerlo pondría en peligro la biodiversidad de los océanos y la sostenibilidad de las poblaciones de peces de las que tantas personas dependen para obtener alimentos e ingresos".

No está claro si los países reunirán la voluntad política necesaria para cumplirlo. Pero lo que sí está claro para los científicos es que se trata de una de las muchas medidas fundamentales para salvar los océanos del mundo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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