Cinco historias de personas que utilizaron árboles para cambiar el mundo

Estas personas han recurrido a los árboles para luchar contra el cambio climático, contribuir a la diplomacia y salvar su isla.jueves, 31 de mayo de 2018

Por Heather Brady - National Geographic

En honor al Día Mundial del Medio Ambiente, en National Geographic recopilamos algunas de nuestras historias favoritas sobre personas que generan un gran impacto por el mundo a través de los árboles: plantándolos, escalándolos y defendiéndolos.

Os presentamos cinco historias que celebran a los árboles y a las personas que los aman.

El adolescente que ha plantado más de 14.000 millones de árboles

Felix Finkbeiner lleva trabajando sin descanso desde niño, plantando árboles para combatir los efectos del cambio climático. Con solo nueve años, habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas acerca de la inacción que observaba en algunos adultos que deberían estar conservando en planeta para las generaciones futuras.

Al darse cuenta de que sus compañeros y él vivirían las consecuencias de su pasividad, Finkbeiner fundó el grupo medioambiental Plant-for-the-Planet, que se asoció con la campaña de los «mil millones de árboles» de la ONU. Juntos, han marcado un nuevo objetivo de un billón de árboles, o unos 150 árboles por cada persona en la Tierra.

El hombre que plantó un bosque más grande que Central Park en la India

 

Jadav Payeng lleva trabajando desde 1979 para plantar cientos de árboles y salvar su isla, amenazada por la erosión.

La isla Majuli, al noreste de la India, es la isla fluvial más grande del mundo y se estaba convirtiendo en un páramo estéril debido al cambio climático. El río Brahmaputra, que fluye a su alrededor, estaba erosionando sus orillas a un ritmo cada vez mayor.

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La isla, hogar de 150.000 personas, ha perdido más de la mitad de su masa terrestre por la erosión desde 1917. Pero Payeng la está protegiendo convirtiéndola en un oasis con un bosque más grande que Central Park. Ahora, el bosque es el hogar de elefantes, rinocerontes y tigres, entre otros animales, y Payeng debe protegerlo de una nueva amenaza: los humanos que quieren usarlo para su beneficio económico.

El hombre que trajo cerezos en flor a Washington, D.C.

David Fairchild, explorador alimenticio que trabajaba para el gobierno estadounidense a principios del silo XX, traía plantas y frutas a los Estados Unidos en una época en el que el país temía a las especies foráneas. Introdujo melocotones, aguacates y mangos, y propuso la idea de traer los cerezos japoneses a los Estados Unidos.

Tras ver los árboles en Japón y quedar cautivado por su belleza, Fairchild pidió algunos para su casa cerca de Chevy Chase, Maryland. Al año siguiente, acudió tanta gente a ver la primera floración de los árboles que donó 300 a la ciudad de Chevy Chase.

Mientras el Congreso intentaba embellecer Washington, D.C., que por aquel entonces no se consideraba una ciudad atractiva, Fairchild (junto con personas como Eliza Scidmore) apoyó la idea de que podrían plantarse cerezos alrededor de la Cuenca Tidal de la ciudad. Con el apoyo del presidente William Howard Taft y de Helen Herron Taft, que acababan de entrar en la Casa Blanca y buscaban una forma de establecer relaciones diplomáticas con Japón, se pidieron miles de cerezos.

El primer intento de trasladarlos fracasó, ya que los empaquetaron mal y estaban llenos de plagas. Pero lo lograron en el segundo intento y los cerezos todavía florecen cada primavera en Washington, más de cien años después.

Los aldeanos de Georgia que arriesgan sus vidas por árboles de Navidad

Los abetos del Cáucaso, los árboles de Navidad preferidos en Europa, crecen en los valles forestados de Racha, una región montañosa de Georgia. Pero el proceso de recolectar sus semillas tiene más en común con el Salvaje Oeste que con una tradición festiva.

Los habitantes de las aldeas cercanas trepan a las copas de los abetos sin protección, arriesgando sus vidas durante la rápida cosecha, para conseguir las piñas. A continuación, las piñas, que contienen las semillas del abeto, se envían en grandes lotes a empresas que cultivan nuevos árboles para la temporada navideña.

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Aunque los trepadores aprovechan la oportunidad para ganar un poco de dinero, los críticos dicen que la seguridad de quienes cosechan las semillas tiene que ser una prioridad mayor.

«Si piensas que [la Navidad] tiene que ver con el nacimiento de Jesucristo y que hay gente que muere para conseguirte el árbol de Navidad de tu salón, es una locura», añade Michael Kraus, coordinador alemán de seguridad y director de cosechas de Fair Trees.

El hombre que planea transformar Londres en un parque enorme

El explorador de National Geographic y autoproclamado «fotógrafo de la guerrilla» Daniel Raven-Ellison no está plantando árboles. Sin embargo, sí ha visto los millones de árboles que crecen por su ciudad, Londres, y los usa como parte de su argumento para redefinir la ciudad como parque nacional.

Al replantearse la definición de un parque nacional, Raven-Ellison espera que se creen más parques y se integren en las vidas diarias de la gente en todo el mundo. Según él, Londres ya tiene un 47 por ciento de espacios verdes y es muy biodiverso. Alentando a que el país valore y proteja oficialmente sus espacios salvajes, Raven-Ellison espera que la gente se beneficie de tener la naturaleza —árboles incluidos— justo frente a sus casas.

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