Medio Ambiente

Un estudio de limpiezas de playas muestra el alcance global de la contaminación por plástico

Esto es lo que nos desvela la basura recogida en las playas sobre la contaminación.jueves, 11 de octubre de 2018

Por Laura Parker
<p>Children play on the shore of Manila Bay in the Philippines, which is often marred by plastic debris.</p>
En asociación con la National Geographic SocietyEsta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Ayúdanos a evitar que mil millones de objetos de plástico de un solo uso lleguen al mar para finales de 2020. Elige al planeta. Comprométete en www.planetaoplastico.es.

Cada año, decenas de miles de personas de todo el mundo se ofrecen voluntarias para recoger basura de las playas. La mayor labor de limpieza se lleva a cabo en septiembre, organizada por Ocean Conservancy, que en 30 años de limpiezas ha recopilado 136.000 toneladas y más de 350 tipos de objetos.

Pero, inevitablemente, aparece basura nueva. A veces solo en cuestión de minutos. Nicholas Mallos, que dirige el programa Trash Free Seas de Ocean Conservancy, lo ha visto con asombro.

«He estado en playas de Hong Kong, de Santa Elena en el Atlántico sur y de Indonesia, donde puedes observar plásticos y desechos en cada ola que rompe en la playa. La basura se remplaza tan pronto como la recoges, literalmente», afirma.

Entonces ¿para qué molestarse?

La respuesta corta es que es mejor que la alternativa. Y lo que es más importante: lo que encuentran los voluntarios en las playas arroja nueva luz sobre el problema de los plásticos en el mar y las posibles soluciones.

National Geographic también se ha asociado con Wattpad para crear conciencia sobre el problema mundial de los plásticos a través de un reto de narración creativa. Pedimos a la gente que comparta una historia —real o ficticia— inspirada en este problema mundial. Infórmate y comparte tu historia aquí: www.wattpad.com/user/NationalGeographic

«Si el objeto principal que encuentran son neumáticos, estamos hablando de vertidos ilegales», afirma Kara Lavender Law, profesora de investigación oceanográfica en la Sea Education Association de Woods Hole, Massachusetts. «Si son tapones de botellas y colillas de tabaco, es gente que ensucia».

Se estima que el coste de limpiar las playas para los gobiernos de 90 localidades de Washington, Oregón y California fue de más de 500 millones de dólares, según un estudio de 2012. Pero las playas limpias aportan beneficios económicos a las comunidades locales en forma de turismo.

En el sur de California, los investigadores calcularon que solo en el condado de Orange ese potencial podía traducirse en 46 millones de dólares en solo un verano. En una encuesta a californianos para el mismo estudio, se determinó que el 66 por ciento calificaba la ausencia de basura y la buena calidad del agua como «muy importante» a la hora de decidir si visitar o no una playa.

Varios estudios demuestran que las limpiezas de playas crean más conciencia pública sobre la amenaza de los desechos de forma más efectiva que los programas educativos públicos con menor participación. Los voluntarios afirman que las limpiezas hacen que sean más conscientes de su forma de eliminar basura.

Lo que se aprende de la basura

También añaden información al creciente corpus de conocimientos sobre dónde y cómo viajan los plásticos a lo largo de los mares y dónde acaban en mayor abundancia. La documentación de lo que recopilan los voluntarios de limpieza, su densidad de una ubicación a otra y qué elementos son más y menos abundantes ayuda a identificar puntos calientes. Parte de lo que se aprende puede lograr un cambio.

«Añade otra capa de granularidad para identificar estos puntos de fuga en todo el mundo», afirma Mallos.

Galería: Animales en un mundo contaminado por el plástico

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Mallos cuenta que, en la aislada Santa Elena en el Atlántico sur, a medio camino entre Brasil y Namibia, los voluntarios de Ocean Conservancy descubrieron «una cifra exorbitante» de botellas de plástico en una playa. Una verificación de los nombres de las marcas de las botellas desveló que ninguna de ellas se vendía en la isla, sino que procedían de países asiáticos a miles de kilómetros de distancia. Al reconstruir la historia, el grupo concluyó que las botellas desechadas no se habían filtrado por una gestión de desechos deficiente en la isla, sino que era probable que procedieran de flotas pesqueras que trabajaban en aguas cercanas.

Ocean Conservancy lleva años revisando la basura recopilada según cada objeto. Por primera vez en 2017, los diez objetos más recogidos fueron plásticos, desplazando las botellas de vidrio, latas de aluminio y cuerdas que habían sido persistentes en la lista. La lista incluye colillas (con filtros de plástico), envoltorios de comida, botellas, tapones y bolsas de la compra.

«El top ten de Ocean Conservancy ha resultado muy útil porque resalta los objetos principales recogidos a nivel mundial, que en su mayoría no difieren de un país a otro», explica Law. «El hecho de que haya tanta uniformidad con el paso del tiempo en regiones geográficas diferentes ayuda a identificar los objetos que se filtran más habitualmente al medio ambiente, ya sea de forma intencionada o accidental».

Recuento del plástico

Greenpeace, en asociación con un consorcio de grupos medioambientales conocido como Break Free From Plastic, ha empezado a catalogar objetos recogidos en limpiezas según el nombre de la marca. Esta idea se puso a prueba en una playa de la bahía de Manila en 2017 y este año se expandió para incluir 236 limpiezas de playas en 42 países en las que se recogieron más de 187.000 fragmentos de restos de plástico. Las limpiezas más recientes se llevaron a cabo en playas oceánicas, pero también se incluyeron orillas de ríos, parques municipales y calles.

Una revisión de los objetos recogidos determinó que las marcas más habituales pertenecen a tres multinacionales: Coca Cola, PepsiCo y Nestlé. Entre las tres, representan el 14 por ciento de los objetos con marca recogidos en todo el mundo. La revisión incluía otras siete multinacionales, aunque se documentaron en menor cantidad. El informe no clasificaba las marcas producidas por empresas locales o regionales.

Law explica que los resultados no son sorprendentes. Coca Cola es la mayor productora mundial de bebidas embotelladas y cada año fabrica 128.000 millones de botellas de refresco y de su agua embotellada, Dasani, según las cifras aportadas por Coca Cola. Nestlé, que opera en 189 países en todo el mundo, es el mayor productor mundial de comida y bebida. PepsiCo, con seis divisiones mundiales, posee alcance mundial.

Law afirma que identificar marcas globales no contribuye necesariamente a los avances científicos. «A no ser que se trate de una empresa geográficamente limitada que puedas rastrear, creo que más bien se trata de una cuestión de intentar que la gente que produce estos objetos se comprometa».

Jane Patton, autora del informe de Greenpeace, afirma que esa es exactamente la cuestión.

«Lo que hacemos es mover la conversación hacia arriba e identificar la responsabilidad, no con la persona que consume Coca Cola, sino tener una conversación sobre quién ha fabricado esa botella y quién es responsable de la botella una vez se consume», afirma. «Instamos urgentemente a que las empresas dejen de sobreempaquetar sus productos de inmediato, que rediseñen sus productos de forma que se puedan eliminar los residuos y acepten la responsabilidad de estos cuando acaben en el medio ambiente».

Las empresas toman medidas

Las tres empresas se han comprometido a reducir los desechos plásticos rediseñando sus productos para hacerlos más reciclables, reduciendo el plástico innecesario y aumentando la cantidad de material reciclado empleado para fabricar sus productos de plástico. Cada compañía ha fijado fechas límite para estos objetivos que van del 2020 al 2030.

«Nestlé se compromete a hacer realidad su visión de que sus envases, plásticos incluidos, nunca acaben en vertederos o en las calles», afirma Rumjhum Gupta, portavoz de la empresa. «El informe de Greenpeace pone de manifiesto los retos a los que nos enfrentamos como sociedad a la hora de hacer frente al problema de los envases de plástico y la basura plástica. Como mayor empresa mundial de comida y bebida, reconocemos el problema y trabajaremos duramente para eliminar los plásticos no reciclables».

Ben Jordan, director de política medioambiental de Coca Cola, explica que Coca Cola «comparte la meta de Greenpeace de eliminar la basura del océano. Creemos que todo nuestro material de envasado tiene ventajas. Lo que debemos hacer es gestionarlo de forma adecuada. Necesitamos una mejor recolección, un mayor uso de contenido reciclable, un reciclaje completo, ya sea una botella de plástico o una lata de aluminio».

Coca Cola se asocia con Ocean Conservancy para financiar las limpiezas de playas anuales del grupo y Jordan afirma que la información documentada en ellas puede contribuir a los esfuerzos para reducir los desechos marinos.

«Si solo te dicen quién vende qué en qué mercados, no resulta tan sorprendente», afirma. Pero si podemos saber cómo acaba nuestra basura en lugares insólitos o cómo los desperdicios suponen un mayor problema en un mercado frente a otro mercado, entonces no cabe duda de que es mejor contar con más información».

En un comunicado, PepsiCo afirma que ha invertido para rediseñar sus productos y trabaja para «llevar al mercado los avances más recientes en envasado sostenible. Todavía no tenemos respuestas y seguiremos colaborando con varios líderes en este campo para aprender y compartir la ciencia más reciente y las soluciones prácticas».

A medida que la crisis de desechos marinos empeora, el número de limpiezas de playas aumenta, ya que otros grupos las organizan. Law explica que no son una solución, pero hacerlas tiene algo de valor.

«Las limpiezas de playas son muy personales. Son muy locales. Son sus playas», afirma. «Satisface decir que has quitado cuatro kilos de basura de tu playa. Aunque solo sean cuatro kilos, son cuatro kilos que no acabarán en el océano».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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