¿Es buena idea incinerar los residuos plásticos?

Dentro de la industria de la gestión de residuos, hay muchos que piensan que sí. Pero la incineración y otros proyectos de aprovechamiento energético de residuos podrían ser perjudiciales para el medio ambiente.miércoles, 13 de marzo de 2019

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Artículo creado en colaboración con la National Geographic Society.

¿Qué podemos hacer con el enorme torrente de residuos plásticos si no queremos verlos colgando de los árboles, flotando en giros oceánicos o atascando los estómagos de aves marinas y ballenas?

según un informe del Foro Económico Mundial, se prevé que la producción de plástico se duplicará en los próximos 20 años. Las tasas de reciclaje de plástico, por su parte, se encuentran en torno al 30 por ciento en Europa, en el nueve por ciento en Estados Unidos y en cero o cerca de cero en gran parte de los países en vías de desarrollo.

El pasado enero, un consorcio de empresas petroquímicas y de bienes de consumo llamado Alliance to End Plastic Waste —que incluye a Exxon, Dow, Total, Shell, Chevron Phillips y Procter & Gamble— se comprometió a destinar 1.500 millones de dólares a lo largo de cinco años para abordar el problema. Su objetivo es apoyar materiales y sistemas de entrega alternativos, fortalecer los programas de reciclaje y —lo más polémico— fomentar las tecnologías que conviertan los plásticos en combustible o energía.

Los incineradores sofisticados que queman plástico y otras basuras municipales pueden producir calor y vapor suficientes para hacer que giren las turbinas y generar electricidad en la red local. La Unión Europea, que restringe la acumulación de residuos orgánicos en vertederos, ya quema casi el 42 por ciento de sus residuos. Estados Unidos quema el 12,5 por ciento. Según el Consejo Mundial de la Energía, una red acreditada por al ONU que representa una serie de tecnologías y fuentes de energía, es probable que el sector del aprovechamiento energético de residuos experimente un cambio constante en los próximos años, sobre todo en la región Asia-Pacífico. China ya tiene 300 plantas operativas de aprovechamiento energético de residuos y varios cientos más en trámite.

«Conforme países como China cierran sus puertas a los residuos extranjeros y una industria del reciclaje sobrecargada no logra seguirle el ritmo a la crisis de la contaminación por plástico, la incineración será una alternativa fácil cada vez más utilizada», explica John Hocevar de Greenpeace.

¿Es buena idea?

Incinerar residuos plásticos para generar energía parece algo sensato. Al fin y al cabo, el plástico está compuesto de hidrocarburos, como el petróleo, y tiene más densidad energética que el carbón. Pero hay varios obstáculos que acechan la expansión de la incineración de residuos.

Para empezar, decidir dónde colocar plantas de aprovechamiento energético de residuos resulta difícil, como con los vertederos: nadie quiere vivir cerca de una plantas a la que llegan cientos de camiones llenos de basura cada día. Normalmente, estas plantas acaban situándose cerca de comunidades de bajos ingresos. En Estados Unidos solo se ha abierto una nueva planta de incineración desde 1997.

La construcción y operación de plantas de aprovechamiento energético de residuos son tan caras que, en general, cobran más que los vertederos a cambio de verter cargas de basura. Y, como las plantas funcionan con más eficiencia con flujos constantes de residuos, sus dueños suelen verse obligados a importar material desde lugares lejanos.

Las plantas generan electricidad suficiente para abastecer decenas de miles de hogares. Pero los estudios han demostrado que el reciclaje del plástico ahorra más energía —al reducir la necesidad de extraer combustible fósil y procesarlo para crear plástico nuevo— de la que genera su incineración junto a otros residuos domésticos.

Finalmente, las plantas de aprovechamiento energético de residuos tienen el potencial de emitir bajos niveles de contaminantes tóxicos como dioxinas, gases ácidos y metales pesados. Las plantas modernas emplean lavadores, precipitadores y filtros sofisticados para capturar estos compuestos, pero como advierte el Consejo Mundial de la Energía en un informe de 2017, «estas tecnologías son útiles siempre y cuando las plantas de combustión funcionen de forma adecuada y se controlen las emisiones».

A algunos expertos les preocupa que los países sin legislación medioambiental o sin un cumplimiento estricto de la ley intenten ahorrarse dinero en la parte del control de emisiones. Y también está la producción constante de gases de efecto invernadero por la incineración. En 2016, los incineradores de residuos estadounidenses emitieron el equivalente a 12 millones de toneladas de dióxido de carbono, más de la mitad procedente de plásticos.

¿Una forma mejor de incinerar?

Otra forma de convertir los residuos en energía es mediante la gasificación, un proceso que derrite los plásticos a temperaturas muy altas con una ausencia casi total de oxígeno (lo que significa que no se forman toxinas como dioxinas y furanos). El proceso genera un gas sintético utilizado para alimentar las turbinas. Pero, debido al bajo precio del gas natural, las plantas de gasificación no son competitivas.

Una tecnología más atractiva ahora mismo es la pirólisis, en la que los plásticos se trituran y se derriten a temperaturas más bajas que en la gasificación y con menos oxígeno aún. El calor descompone los polímeros del plástico en pequeños hidrocarburos, que se pueden refinar para convertirlos en diésel y otros productos petroquímicos, como nuevos plásticos. (La Alliance to End Plastic Waste también incluye a empresas de pirólisis.)

Plásticos 101

Actualmente, hay siete plantas de pirólisis relativamente pequeñas operando en Estados Unidos —algunas todavía en fase de prueba— y la tecnología parece estar expandiéndose a nivel mundial, con instalaciones en Europa, China, Indonesia y las Filipinas. El American Chemistry Council estima que los Estados Unidos podría mantener 600 unidades de pirólisis que procesen hasta 30 toneladas de plástico al día, un total de unos 6,5 millones anuales (menos de un quinto de las 34,5 millones de toneladas de residuos plásticos que genera actualmente el país).

Según Priyanka Bakaya, fundadora de la empresa Renewlogy, que convierte plásticos en combustible, la pirólisis puede incluir las películas plásticas, las bolsas y los materiales múltiples que la mayor parte de los recicladores mecánicos no pueden procesar. Y no produce contaminantes dañinos, aparte de «una cantidad mínima de dióxido de carbono», explica.

Por otra parte, los críticos sostienen que la pirólisis una tecnología cara e inmadura, con empresas emergentes que han ido y venido durante años al ser incapaces de cumplir con sus límites de control de contaminación o con sus objetivos técnicos y financieros. Es más barato fabricar diésel a partir de combustible fósil que de residuos plásticos.

Pero ¿es renovable?

¿Es un recurso renovable el combustible elaborado a partir del plástico? La Unión Europea cree que sí: considera que la energía generada por la incineración de cualquier basura municipal basada en carbono es renovable y, por lo tanto, tiene derecho a recibir subsidios. Pero los plásticos no son renovables en el mismo sentido que el papel, la madera o el algodón. Los plásticos no crecen a partir de la luz solar, sino que los fabricamos a partir de combustibles fósiles extraídos del suelo y cada paso de ese proceso puede contaminar.

Además, convertir plásticos en combustible para su incineración parece ser contradictorio para los objetivos de «economía circular», adoptados por la Unión Europea en 2015, cuya meta es seguir utilizando los recursos durante tanto tiempo como sea posible y exigir que los envases de plástico sean reutilizables, reciclables o compostables para 2030.

«Cuando se extraen combustibles fósiles del suelo, se fabrican plásticos con ellos y luego se queman esos plásticos para obtener energía, está claro que no se trata de un círculo, sino de una línea», explica Rob Opsomer, de la Ellen MacArthur Foundation, que fomenta las iniciativas de economía circular. Opsomer añade que la pirólisis puede considerarse parte de la economía circular si su producto se utiliza como materia prima de nuevos materiales de alta calidad, como plásticos duraderos.

A los defensores del movimiento «cero residuos» les preocupa que cualquier intento de convertir los residuos plásticos en energía suponga no hacer nada para reducir la demanda de nuevos productos de plástico y mucho menos para mitigar el cambio climático. «Promover estas iniciativas es distraernos de soluciones reales», afirma Claire Arkin, activista de Global Alliance for Incinerator Alternatives, es decir, de soluciones que permitan a las personas utilizar menos plástico y reutilizar y reciclar más.

Elizabeth Royte es la autora de Garbage Land: On the Secret Trail of Trash.
Esta historia forma parte de ¿Planeta o plástico?, una iniciativa plurianual para crear conciencia sobre la crisis global de desechos plásticos. Aprende cómo reducir el empleo de plásticos de un solo uso y comprométete. #PlanetaOPlástico.
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