Medio Ambiente

Ante el deshielo, los inuits luchan por mantener viva su cultura

En un clima que se calienta y con la desaparición de la sabiduría tradicional, las comunidades inuits del Ártico canadiense luchan por adaptarse.miércoles, 24 de julio de 2019

Por Acacia Johnson
Fotografías de Acacia Johnson
Cuando la banquisa envejece, la sal se hunde al océano y deja sobre ella agua dulce y potable. Charlotte Naqitaqvik recoge una tetera de agua en el campamento de caza de su familia en Nuvukutaak, cerca de la comunidad de Arctic Bay, en el norte de Canadá.

En primavera, cuando los animales migran al norte y el sol no se pone, los niños inuits emprenden con sus familias viajes de acampada durante semanas por el Ártico canadiense. Les enseñan habilidades de caza y valores culturales transmitidos durante más de 5000 años. En las tres últimas décadas, el año plurianual, el tipo más grueso (y antiguo) que sustenta el ecosistema marino del Ártico, ha descendido un 95 por ciento. Los ancianos ya no pueden diseñar rutas de viaje seguras en este hielo mermado y los patrones de migración animal están cambiando. El futuro del hielo —y de quienes viven en él— es incierto.

Con una parca tejida por su madre, Ashley Hughes pasó su décimo cumpleaños de acampada con sus amigos y su familia en la bahía Ikpikittuarjuk. Hughes formó parte en la competición anual de pesca en hielo de salvelino o trucha ártica de la comunidad inuit.
La caza de focas es una parte fundamental de la vida de los inuits. Las pieles, como esta de una presa reciente, se convertirán en abrigos. Transmitir las habilidades de caza y procura de alimentos ayuda a las comunidades a sobrevivir en un clima cambiante.
Una grieta en la banquisa implica un cruce planificado cuidadosamente para Olayuk Naqitarvik, que tira de su nieto en un "qamutik", o trineo, lleno de suministros para una acampada familiar. Pese a estar enferma y débil, Martha, la mujer de Naqitarvik, insistió en participar para transmitir a las siguientes generaciones sus conocimientos sobre cómo vivir de la tierra.
Logan y Edmond Willie, gemelos de 15 años, cazan ánsares nivales a la luz del sol de medianoche en su campamento de Nuvukutaak.
Envuelto en un "amauti" —una parca con un portabebés incluido—, Spencer participa con su madre, Clara Itturiligaq, en una expedición de pesca.

“En las tres últimas décadas, el hielo más grueso (y antiguo) que sustenta el ecosistema marino ártico ha descendido un 95 por ciento.”

Tagoonak Qavavauq, una anciana inuit, enseña a los niños a elaborar un pan llamado "bannock" en una excursión escolar. La sabiduría ancestral para sobrevivir en esta tierra gélida está desapareciendo con los ancianos. Muchos están decididos a transmitir las tradiciones, sobre todo a niños cuyas familias ya no cazan ni acampan. Aprender a vivir con recursos limitados es fundamental para sobrevivir en una época en la que aumentan problemas como la inseguridad alimentaria y la mala nutrición en las comunidades inuits.
Lloyd Willie descansa de una cacería en la tienda familiar en Nuvukutaak, un antiguo puesto avanzado al borde de la banquisa.
Tootalik Ejangiaq entra en su tienda en el campamento primaveral anual, donde ayuda a los jóvenes a aprender destrezas inuits tradicionales.

“Transmitir las habilidades ancestrales de caza y supervivencia se considera fundamental en una época en la que dicho saber está desapareciendo.”

Un rastro de sangre lleva hasta la familia Naqitarvik, que celebra la primera vez que una joven ha capturado una foca ocelada.
Marie Naqitarvik, de 30 años, no a cazar y acampar de niña. Aprendió tras casarse con un cazador profesional. Ahora cazan con sus hijos en los terrenos ancestrales en primavera.
Darcy Enoogoo, de 36 años, y su mujer Susan, se toman vacaciones cada año para llevar a sus hijos a cazar focas. La foca ocelada tiene una carne rica en vitaminas, grasa que se quema bien y piel que pueden convertir en ropa caliente.
Darcy Enoogoo tira de una moto de nieve de juguete junto a su hija, Alana, durante un descanso de su viaje de nueve horas a un lago pesquero.

“La idea de las acampadas es garantizar que las tradiciones inuits sobrevivan aunque el hielo no lo consiga.”

Owen Willie, de 18 años, caza ánsares nivales en el remoto campamento de su familia en el Ártico canadiense. Willie participó en la acampada poco después de graduarse del instituto y pasó la primavera rastreando la migración de los ánsares.
La ropa de invierno hecha de piel de caribú mantiene calientes a Valerie y Michael Qaunaq mientras que su hijo de tres años, Joshua, está envuelto en un traje hecho de foca pía.
Antes de la acampada, una tienda casera se seca sobre la banquisa en Nunavut.
Acacia Johnson es una fotógrafa de Alaska centrada en las relaciones humanas en las regiones polares del planeta. Ha participado en más de 55 expediciones a estas regiones como fotógrafa y guía.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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