Medio Ambiente

¿Cómo alimenta el calor del agua marina huracanes como Dorian?

Es complicado vincular una tormenta al cambio climático, pero las tendencias de calentamiento preocupan a los científicos.jueves, 5 de septiembre de 2019

Por Sarah Gibbens
El ojo del huracán Dorian visto desde la Estación Espacial Internacional.

Las mismas aguas perpetuamente calientes que atraen a los turistas a las Bahamas también han contribuido a mantener una de las tormentas más destructoras en la región hasta la fecha.

Durante más 24 horas, el huracán Dorian ha asolado las Bahamas, descargando vientos de casi 300 kilómetros por hora en su punto culminante, provocando intensas precipitaciones e inundando hogares con marejadas.

La que el viernes era una tormenta de categoría 3 enseguida se intensificó a una de categoría 5 el domingo. Mientras atravesaba las Bahamas la tarde del lunes, el mismo sistema atmosférico que conducía la tormenta hacia Florida se interrumpió y dejó la tormenta sin vientos que la propulsaran.

Este rápido crecimiento fue alimentado por lo que la NASA describió como «aguas que alimentan huracanes» en torno al sur de Florida y las Bahamas.

Fue «muy mala suerte», afirma Philip Klotzbach, meteorólogo de la Universidad del Estado de Colorado. «Resulta que hay un patrón de orientación insólito al mismo tiempo que un gran huracán».

El vínculo con el cambio climático

Las tormentas desastrosas que rompen récords suelen dar pie a debates sobre hasta qué punto está implicado el cambio climático.

Tanto Klotzbach como Brian McNoldy, meteorólogo de la Universidad de Miami, afirman que vincular una tormenta a un cambio a escala global es complicado, igual que vincular el huracán Dorian al cambio climático.

Los científicos analizan patrones para evaluar cómo cambian las tormentas con el paso del tiempo.

La Cuarta Evaluación Nacional del Clima ha pronosticado que los huracanes se intensificarán y se volverán más destructivos conforme el clima se caliente. Algunos estudios sugieren que el calentamiento de la atmósfera podría ralentizar los vientos y cada vez más investigaciones demuestran que las condiciones más cálidas generan huracanes más lentos y húmedos.

Para comprender por qué, es importante entender el vínculo entre el agua caliente y los huracanes.

Más cálidos y fuertes

Normalmente, cuando una tormenta se estanca en tierra, como ocurrió con el huracán Harvey en Houston en 2017 y el huracán Florence en las Carolinas en 2018, se debilita deprisa porque carece de agua caliente que lo alimente.

«Esa zona sobre las Bahamas se cuece en esta época del año», afirma McNoldy. «Los huracanes la adoran».

Explica que tanto la temperatura en la superficie del mar como la profundidad del agua caliente contribuyen a la intensidad de los huracanes.

«La intensidad de un huracán depende de lo caliente que esté», afirma McNoldy.

Un huracán comienza como un cúmulo de tormentas eléctricas sobre el océano. Muchos se forman en la costa oeste de África cuando una corriente en chorro en dirección oeste denominada chorro africano del este sopla sobre el Atlántico oriental. Los cambios de temperatura estacionales alteran la latitud de la corriente en chorro, que provoca vientos de bajas presiones que se desplazan por el aire en forma de ondas.

Los vientos soplan sobre el mar y provocan que el agua se evapore y ascienda a la atmósfera, donde se enfría, se condensa y forma nubes de tormenta. Se estima que el 85 por ciento de los grandes huracanes atlánticos nacen en la costa africana.

Cuando dichas tormentas se exponen a suficiente agua cálida y vientos en dirección oeste, pueden formar una depresión tropical, en la que un área de aire más seco y frío llena el vacío que deja el aire cálido ascendente.

En el hemisferio norte, las tormentas giran en el sentido contrario a las agujas del reloj debido al efecto Coriolis, un término que se refiere al movimiento de los objetos a lo largo de nuestra Tierra rotatoria.

Sobre el agua caliente, la depresión tropical absorbe más vapor de agua caliente como una pajita, lo que fortalece el sistema y condensa la baja presión de aire seco en el centro. En este momento, se forma una tormenta tropical. Conforme la tormenta absorbe vapor de agua, empuja más viento hacia los límites exteriores del frente tormentoso y hace que el viento absorba más humedad, creando un ciclo de retroalimentación. Si se mantiene, el centro de baja presión de una tormenta tropical forma el ojo de un huracán.

Según la NASA, la temperatura de la superficie del océano debe ser de unos 26 grados Celsius para que se forme un huracán y una depresión tropical solo se eleva a la categoría de huracán cuando alcanza vientos de 120 kilómetros por hora.

Como hemos observado con Dorian en las Bahamas, el calor influye en lo estrechamente que gira el huracán, pero son los vientos atmosféricos los que determinan la velocidad a la que se desplaza el huracán por el océano. Las tormentas más cálidas también son capaces de descargar más lluvia porque las temperaturas cálidas transportan más vapor de agua.

Algunas de las tormentas más intensas que han afectado a la costa este estadounidense se han originado en la costa oeste de África y han viajado por el Atlántico. Si la tormenta se topa con una franja de agua marina fría, la formación natural del huracán puede ralentizarse y flaquear hasta que la tormenta se disipa.

Como si echara más leña al fuego, el agua caliente (ya la calienten las temperaturas estivales o los gases de efecto invernadero) intensifica los huracanes.

La Cruz Roja estima que Dorian ha destruido o dañado hasta 13 000 hogares en las Bahamas. Las marejadas, de entre 5,5 y 7 metros, han inundado pozos, por lo que muchos residentes tendrán dificultades para acceder al agua potable ahora que la tormenta se ha desplazado al norte.

Los meteorólogos siguen vigilando cómo afectan las condiciones del viento y el agua marina caliente a Dorian conforme el huracán se desplaza más allá de las Bahamas y la costa este de Estados Unidos.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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