Mariúpol, la ciudad ucraniana quebrada por la guerra y la contaminación del aire

La ciudad portuaria, uno de los escenarios principales la invasión de Rusia a Ucrania, también lucha contra la contaminación de unas plantas siderúrgicas medioambientalmente obsoletas desde hace años.

Por Beth Gardiner
fotografías de Serhii Korovainyi
Publicado 1 dic 2021, 11:44 CET, Actualizado 21 abr 2022, 12:12 CEST
Una vista matinal del alto horno de la planta siderúrgica de Azovstal en Mariúpol, Ucrania.

Una vista matinal del alto horno de la planta siderúrgica de Azovstal en Mariúpol, Ucrania.

Fotografía de Serhii Korovainyi

La ciudad portuaria de Mariúpol, en el este de Ucrania, es uno de los enclaves más castigados por las tropas rusas por su ubicación geográfica. Tras casi dos meses de ataques,  con la ciudad completamente sitiada por el ejército ruso, y sin luz, agua, cobertura ni internet, el ejercito ruso anunció el 21 de marzo de 2022 que consideraba tomada la plaza.

Los disparos constantes, los supermercados vacíos y las colas para conseguir algo de comida, arriesgando la vida, retratan en las calles de Mariúpol uno de los objetivos prioritarios de Rusia en su invasión de Ucrania, que empezó el pasado 24 de febrero. 

Los corredores humanitarios para salir de la ciudad fracasaron entre nuevos bombardeos y los civiles tratan de esconderse en los sótanos, bebiendo el agua de la lluvia y de la nieve y racionando su comida. Ya no existe normalidad alguna en sus calles. 

Situada a orillas del mar de Azov, antes del estallido de la guerra, Mariúpol ya estaba a menos de 16 kilómetros de la línea del frente de un prolongado conflicto con Rusia, y en los años transcurridos desde 2014, sus residentes han sufrido bombardeos, disparos de cohetes y una incesante ansiedad fruto de vivir en una zona de guerra.

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Pero los problemas de la ciudad portuaria vienen de lejos. Además de convivir con la tensión del conflicto, la ciudad ucraniana sufre también una amenaza menos tangible y también peligrosa: la contaminación de las dos antiguas e imponentes plantas siderúrgicas que impulsan la economía de la ciudad.

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Mariúpol es una de las ciudades más contaminadas de una nación cuyo aire se encuentra entre los más sucios de Europa. Sumida en la guerra con su poderoso vecino, acosada por la corrupción y dominada por un pequeño número de oligarcas muy adinerados que ejercen una enorme influencia política, Ucrania ha permitido que sus anticuadas fábricas bombeen contaminación tóxica a niveles muy superiores a los permitidos en otros lugares del continente.

"Puedes ver el humo: a veces es naranja, a veces es gris. Hay un olor agrio", dice Viktoriia Pikuz, una profesora que vive a unos 800 metros de la fábrica de hierro y acero de Ilyich, inaugurada en 1897. Azovstal, la otra gran planta siderúrgica de la ciudad, comenzó a producir en la década de 1930. El hollín y la ceniza oscurecen la ropa y las superficies, dice Pikuz. "Cuando abres la ventana durante unas horas, tienes el alféizar cubierto".

El equipo de fútbol de Azovstal entrena cerca del escorial de la fábrica. La fábrica ayuda a decenas de niños a entrenar.

Fotografía de Serhii Korovainyi

Aunque la contaminación de Mariúpol es una de las peores del país, las demás grandes ciudades industriales de Ucrania -Krivói Rog, Dnipró, Járkov, Zaporiyia- también tienen graves problemas de calidad del aire. El aire sucio, que está fuertemente relacionado con las enfermedades cardíacas, el cáncer, la demencia y muchas otras enfermedades, acorta la vida de unos 46 000 ucranianos al año, según el informe sobre el estado del aire en el mundo en 2020.

Hasta hace unos años, la normativa ucraniana para los contaminadores apenas se había actualizado desde la época soviética, afirma Martin Skalsky, director de Arnika, un grupo medioambiental checo que ayuda a los activistas ucranianos. Aunque algunas se han endurecido, las empresas han tardado en acometer las costosas revisiones necesarias para cumplirlas.

Los oligarcas son un gran obstáculo, ya que trabajan entre bastidores contra el endurecimiento de los requisitos, afirma Mykhailo Amosov, experto en industria pesada de Ecoaction, un grupo de defensa de los derechos en la capital, Kiev. Los activistas dicen que la corrupción también es un problema.

En 2011, Pikuz se enteró en su octavo mes de embarazo de que su bebé había muerto. "Si quieres tener un hijo, tienes que marcharte", dice que le dijo el médico. Pikuz dice que sufre problemas de tiroides, con inflamaciones en la glándula que deben ser controladas regularmente para detectar signos de cáncer. Nunca ha probado el tabaco, pero la primavera pasada su médico le dijo que la tos que había desarrollado sonaba como la de un fumador de toda la vida. Cuando le dijo que tenía una alergia severa, cuenta ella, "le pregunté: '¿A qué?' Y me dijo: 'Mira por la ventana".

Primero, defender el país; luego el aire

Los expertos afirman que faltan datos fiables sobre la contaminación de Mariúpol y las enfermedades relacionadas con ella, un problema en sí mismo. Vaagn Mnatsakanyan, jefe del departamento de energía, trabajo y medio ambiente de Mariúpol, dice que no ha visto ninguna prueba que sugiera que los niveles de enfermedad sean más altos en la ciudad que en el resto de Ucrania. Las autoridades tienen previsto ampliar la vigilancia del aire, añade. 

Mientras tanto, un grupo de Mariúpol ha registrado niveles de PM 2,5 más de 50 veces el máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Estas peligrosas partículas de contaminación atmosférica son tan pequeñas que pueden pasar al torrente sanguíneo, donde pueden causar estragos en muchos de los sistemas críticos del organismo y provocar una plétora de enfermedades.

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Nadya Fedun limpia las ventanas de su casa en el centro de Mariúpol. Como muchos otros vecinos, se queja del omnipresente polvo de grafito procedente de las fábricas de hierro y acero de la ciudad. Mañana, dice, esta ventana volverá a estar sucia.

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En 2018, la salud de Valery Kovalenko se deterioró; él lo atribuye a la contaminación. Creó un grupo en las redes sociales llamado 'Por una Mariúpol respetuosa con el medio ambiente', en el que la gente puede organizar protestas, publicar fotos y vídeos de las excesivas emisiones de las fábricas y compartir preocupaciones e ideas para el cambio.

fotografías de Serhii Korovainyi

Un estudio de 2018 sobre muestras de suelo encontró restos de los metales pesados mercurio, cadmio, zinc, arsénico, plomo y cromo. Maksym Soroka, científico medioambiental de Clean Air for Ukraine y uno de los autores, afirma que esa contaminación del suelo procede de la contaminación del aire. Tanto en el suelo como en el aire, los metales pesados pueden provocar trastornos neurológicos, así como cáncer, enfermedades renales y otros muchos efectos adversos para la salud.

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El conflicto de Ucrania con Rusia se prolonga en las cercanías, y las tensiones vuelven a aumentar a medida que los movimientos de las tropas rusas avivan el temor a una invasión. Pero el impacto directo de los combates sobre Mariúpol ha disminuido desde 2015, cuando un ataque con cohetes mató a 30 personas en una zona residencial, un bombardeo sembró el terror y los rebeldes apoyados por Rusia amenazaron la ciudad. Por ahora, las cosas están tranquilas en la ciudad, pero las minas terrestres salpican sus afueras, Rusia ha restringido el acceso a su puerto, económicamente vital, y el peligro siempre acecha. Hasta 100.000 personas desplazadas por el conflicto ha lastrado su población hasta los 450.000 habitantes.

El presidente ruso Vladimir Putin considera que Ucrania es una parte legítima de Rusia. En 2014, sus tropas se anexionaron Crimea, a unos 250 kilómetros de Mariúpol, y los separatistas respaldados por Rusia se apoderaron del territorio cercano a la ciudad. En cierto modo, la traumática experiencia de Mariúpol ayudó a allanar el camino para un recrudecimiento del activismo medioambiental, afirma Valery Averyanov, administrador sanitario y activista de la contaminación atmosférica.

Buzos militares ucranianos se entrenan en el puerto de Mariúpol. Mariúpol está constantemente amenazada por los ataques marítimos de la flota rusa.

Fotografía de Serhii Korovainyi

Al principio, los habitantes de la ciudad se unieron para ayudar a los militares ucranianos, mal equipados, dice Averyanov. "Regalé mi saco de dormir, mi tienda de campaña y mi televisor a los soldados" y luego conseguí que mis amigos donaran dinero para ropa, botas, herramientas, pilas e incluso papel higiénico, dice.

Aunque pocos se centraron en los peligros de la contaminación mientras su ciudad estaba amenazada militarmente, el mismo núcleo de activistas empezó a exigir un aire más sano cuando la situación se estabilizó, dice. "De la primera línea de guerra pasaron a la primera línea medioambiental".

¿Son suficientes las mejoras?

Las dos fábricas de acero de Mariúpol pertenecen al grupo Metinvest, que por su parte dice estar actualizando sus fábricas. Metinvest está controlada por Rinat Akhmetov, del que se dice que es el hombre más rico de Ucrania. La planta de Azovstal utiliza equipos "totalmente obsoletos y anticuados", dice Skalsky de Arnika.

Las protestas callejeras de 2018 y 2019 centraron la atención en la contaminación, pero Metinvest y su propietario, Akhmetov, son poderosos. El alcalde de Mariúpol es un antiguo ejecutivo de Metinvest, y los activistas dicen que muchos otros funcionarios también tienen estrechos vínculos con la firma. Akhmetov controla gran parte de los medios de comunicación locales, su empresa da empleo a 34 000 personas en Mariúpol y los impuestos de Metinvest cubren más del 30% del presupuesto de la ciudad.

"Es muy difícil mantenerse independiente en la ciudad cuando Akhmetov puede comprar a cualquiera", afirma el concejal y activista contra la contaminación Maksym Borodin.

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La máquina de colada continua de la planta de Iliych moldea el acero líquido de manera ininterrumpida.

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Un trabajador de la planta siderúrgica de Azovstal. Las dos plantas siderúrgicas de Mariúpol ocupan espacios muy amplios.

fotografías de Serhii Korovainyi

Una vista aérea de la planta Azovstal.

Fotografía de Serhii Korovainyi

El jefe de Medio Ambiente, Mnatsakanyan, dice que las plantas deben ser modernizadas, "pero al mismo tiempo estamos hablando de la economía de la ciudad, estamos hablando de salarios, de puestos de trabajo, y tenemos que encontrar algún equilibrio."

Vitaliy Kovalenko, director de gestión medioambiental de Metinvest, afirma que la empresa ha gastado 587 millones de euros en la modernización de las dos plantas desde 2012, y que el 80% de esas mejoras superan los requisitos de contaminación de Ucrania. Los avances han sido lentos, reconoce, en parte porque el conflicto provocó el éxodo de quienes tenían conocimientos de ingeniería y construcción, lo que hizo imposible atraer a trabajadores extranjeros.

Metinvest también ha tenido que invertir dinero en la reparación de las instalaciones fuera de Mariupol que resultaron dañadas por los combates, afirma. Aun así, las emisiones de las plantas de Ilyich y Azovstal han disminuido un 35% desde 2011, y la empresa planea gastarse otros 467 millones de euros en modernización y reducción de la contaminación para 2025, afirma. "Definitivamente debe ser mejor, y ese es nuestro objetivo".

Pero Metinvest quiere más de los siete años que el gobierno ha fijado para que las empresas cumplan con límites de contaminación más estrictos. "Es imposible hacerlo" tan rápido, debido a las limitaciones de financiación y a las listas de espera de los contratistas que pueden hacer el trabajo, dice Kovalenko, y añade que 15 años serían más realistas.

Borodin afirma que las mejoras de Metinvest se han centrado hasta ahora en aumentar la productividad, y que la reducción de la contaminación es sólo un efecto secundario, algo que Kovalenko rechaza.

Aun así, Borodin afirma que la mejora desde 2012 es notable. "No tengo palabras para describir la situación" de entonces, cuando empezó a organizar manifestaciones, recuerda. "El humo era como una sustancia que se podía tocar", con un fuerte olor químico.

Borodin era uno de los pocos en aquellos primeros días de activismo, pero ya no. Desde que un levantamiento popular derrocó al presidente del país, afín a Rusia, en 2014, los ucranianos se han dado cuenta cada vez más de que pueden impulsar el cambio, y las protestas por la contaminación de Mariúpol son parte de ello, dice Skalsky. "Es una especie de ola" de activismo en todo el país. "La gente empezó a entender que tiene derecho a hacer algo, que tiene derecho a una mejor calidad de vida".

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com, en diciembre de 2021 y se ha ido actualizando tras la invasión de Rusia de Ucrania el 24 de febrero de 2022, primero en marzo de 2022 y después en abril de 2022.

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