La falta de lluvias provoca un despertar prematuro de la primavera en el hemisferio norte

El adelanto de la primavera está relacionado de forma directa con la sequía, según ha desvelado un equipo científico con participación de investigadores españoles del CREAF.

Por Cristina Crespo Garay
Publicado 16 feb 2022, 12:54 CET
Sequía en España
Imagen de 2016 de la presa de Valmayor, cerca de Madrid.
Fotografía de Antonio Quinzan Bueno, National Geographic Your Shot

La sequía amenaza España con cifras que reclaman un fuerte cambio en la gestión hídrica con gran parte de los embalses de nuestro territorio rozando cifras de entre un 30 por ciento y un 39 por ciento de su capacidad. En un escenario en el que más de 250 millones de personas sufrirán escasez de agua en 20 años, según la ONU, el cambio climático continúa sumando cambios a la larga lista de consecuencias.

Según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el pasado mes de enero de 2022 ha sido el décimo enero más cálido y el segundo más seco de este siglo en España, solo por detrás de 2005, y el quinto más seco en 61 años, desde que comenzó la serie en 1961.

Además del aumento de las temperaturas, un invierno sin apenas lluvias está exacerbando los efectos del cambio climático y la sequía. “Hay varias regiones en nuestro país, como la cuenca hidrográfica del Guadalquivir, que están ya en alerta y otras han activado pre alertas por sequía, como la costa de Galicia y la región de Barcelona”, alerta Julio Barea Luchena, responsable de campaña de la organización Greenpeace.

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“Si continúa sin llover la situación podría empeorar y agravarse. Las reservas de aguas embalsadas apenas alcanzan un 44 por ciento de media. Y las previsiones de la AEMET son que seguiremos con lluvias por debajo de lo normal y que esto podría continuar en el trimestre de marzo, abril y mayo”. Tras la situación en España se esconde una crisis hídrica a nivel global, como señalan dos nuevos estudios publicados en la revista Nature Climate Change.

El cambio climático y las mega sequías

El primero de estos estudios muestra que el clima cálido de la Tierra ha provocado una “mega sequía” en la zona más occidental de América del Norte un 40 por ciento más severa, lo que la convierte en el tramo más seco de la región desde el año 800 d. C. Según el estudio, hay grandes posibilidades de que esta sequía continúe hasta 2030.

“Esta sequía no solo continúa avanzando, sino que avanza a toda velocidad como siempre”, afirma a National Geographic Park Williams, científico climático de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) de Estados Unidos y autor de la nueva investigación.

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Durante milenios, la variabilidad climática de esta zona ha pasado constantemente de exuberantes verdes a fuertes sequías. Para comprender esta variabilidad y sus causas, Williams y su grupo de investigadores estudió la situación actual comparada con eventos climatológicos pasados.

Para ello, en 2020 publicaron un estudio que examinó 1200 años de sequía regional registrados por los patrones de crecimiento de los árboles, que rastrean el clima a través de sus anillos, depositando capas más gruesas de madera nueva en los años en que la humedad abunda.

Tras sus análisis, el equipo descubrió que el cambio climático causado por las actividades del hombre está convirtiendo los procesos naturales de sequía natural en algo mucho peor. Según el estudio de Williams, sin la sobrecarga del cambio climático sobre las últimas sequías, estas habrían seguido un proceso normal. Sin embargo, la aceleración de la pérdida de humedad del suelo ha provocado que solo 2021 sea un 20 por ciento más seco de lo que hubiera sido sin el calentamiento global.

El Informe especial sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante alertó sobre las consecuencias del avance de las temperaturas: sequías, clima extremo, hambruna, migraciones climáticas, pérdida de biodiversidad y riesgo de salud pública son tan solo algunas de las consecuencias directas del clima.

Dos días más de primavera por década

El otro estudio publicado este martes en la revista Nature Climate Change, liderado por Jian Wang, de la Ohio State University de EEUU, y por Josep Peñuelas, profesor de investigación del CSIC en el CREAF, relaciona por primera vez la falta de lluvia y el despertar prematuro de la naturaleza.

Hasta ahora, los inviernos suaves provocados por el calentamiento global se consideraban la causa principal de que la primavera dejase ver antes sus brotes. Sin embargo, el estudio añade que la falta de lluvia también provoca que las plantas cambien su estación antes de tiempo en el hemisferio norte, donde las lluvias han disminuido su frecuencia en los últimos 30 años.

“Hemos establecido que un aumento de la temperatura se traduce en un adelanto primaveral, ya lo hemos demostrado en muchísimos trabajos y tiene una repercusión enorme”, alerta Peñuelas.

“Tiene una repercusión enorme, porque alarga el periodo de crecimiento de la vegetación, y por tanto el periodo de captación de dióxido de carbono, haciendo un planeta cada vez más verde y absorbiendo cada vez más más dióxido de carbono, lo que nos ha salvado de que las temperaturas hayan aumentado aún más”.

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Al trabajar en los diferentes factores que inciden en este hecho los investigadores descubrieron un factor que habían pasado por alto ya que una cosa es la temperatura y la disponibilidad de agua y otra la frecuencia con la que se dispone del agua. “Es decir, pone de manifiesto no sólo la cantidad de lluvia, sino cómo se distribuye. Hemos visto que, en los últimos 30 años, la frecuencia de lluvia en invierno, que es la que más afecta a la primavera, ha ido disminuyendo”.

Con este análisis, los investigadores demuestran que la falta de lluvia afecta también al calendario natural de las plantas y prevén un adelanto adicional de la primavera biológica de dos días de adelanto por década, según Peñuelas, como consecuencia sólo de la merma en la frecuencia de las lluvias prevista para este siglo.

Menos lluvia, más luz

“Es una cifra muy alta porque, además, hay que añadir los días avance que genera el aumento de temperatura por sí solo o los que genera la disponibilidad hídrica”. Según explica el experto este fenómeno tiene su origen en la lluvia porque la falta de precipitación implica una mayor cantidad de horas luz, lo que a su vez implica una mayor radiación sobre las plantas, que van acumulando horas de sol y piensan que ya es primavera.

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“Este año es un ejemplo paradigmático, porque hemos tenido muchísimos días sin lluvia y hay un contraste enorme entre la noche y el día. Por tanto, además de las horas de luz, por las noches ha hecho mucho frío, que es otro factor que avanza la salida de las hojas. Las plantas necesitan acumular suficiente frío para saber que ya pueden esperar la primavera”, explica Peñuelas.

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Un trabajo paralelo de este mismo grupo de investigadores ha demostrado que este avance se produce en las zonas húmedas que tienen suficiente agua, pero no en las zonas secas. Por tanto, otro factor que incide en el desarrollo de la primavera es la disponibilidad de agua, que produce que en las zonas más áridas, por la falta de recursos, el efecto sea el contrario y la primavera y la salida de las hojas se retrasen. “En el hemisferio norte, por la disponibilidad de agua, predomina el avance, solo en las zonas que no tienen suficiente agua existe este retraso”.

Por tanto, a las consecuencias de la disponibilidad de agua se añaden las derivadas del aumento de la temperatura. Según el experto, “la previsión de aumento de aridez y de expansión de las zonas áridas sigue aumentando en más de la mitad de las zonas de la Tierra”.

Debido al calentamiento, la primavera ha alargado el periodo de la vegetación y por tanto su capacidad para absorber dióxido de carbono. “Durante los últimos años este proceso se ha dado cada vez más y la Tierra, cada vez más verde, ha evitado que el CO2 salga la atmósfera en concentraciones aún más altas de las que tiene ahora”, explica Peñuelas sobre la acción de mitigación del cambio climático por parte de este proceso de adelanto de la primavera.

“Sin embargo, esta ayuda tiene su límite, ya que llega un momento que, aunque las plantas tengan más temperatura, no tienen agua, sobre todo en las zonas más áridas. Por tanto este proceso tiene un límite y no debemos esperar a agotarlo”.

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