¿Podrá la energía del interior de la Tierra ayudar a alimentar el mundo?

En Italia, las centrales geotérmicas generan electricidad y calientan los hogares. Pero esta estrategia tiene dificultades para convertirse en una solución climática generalizada.

Por Agostino Petroni
Publicado 5 feb 2024, 12:57 CET
Torre de refrigeración en un emplazamiento geotérmico de Enel Green Power, Sasso Pisano.

Una torre de refrigeración en un emplazamiento geotérmico de Enel Green Power más allá del pueblo de Sasso Pisano, en Larderello (Italia). Larderello alberga la central geotérmica más antigua del mundo. La fuente de energía se utilizó por primera vez para alimentar bombillas en 1904, y ahora la geotermia genera más del 5% de la producción de energía limpia de Italia.

Fotografía de Clara Vannucci, Bloomberg, Getty Images

En una fría mañana de otoño en la campiña italiana, cerca de Larderello (Toscana), el brumoso paisaje me recordó por qué la zona recibe el sobrenombre de Valle del Diablo. Supuestamente inspirado en el Infierno de Dante Alighieri, el terreno es una red de grietas naturales en la roca que dejan salir a la superficie una mezcla de vapor y gases. Los respiraderos volcánicos, llamados fumarolas y géiseres, rocían nubes blancas en el aire.

A diferencia de las colinas onduladas, los viñedos y las carreteras bordeadas de cipreses de otras partes de la Toscana, aquí el paisaje está salpicado de docenas de torres de refrigeración grises que exhalan vapores blancos. El ensordecedor rugido de una turbina del tamaño de un coche en la central geotérmica de Valle Secolo anula cualquier sensación de tranquilidad, pero su violento giro transforma el vapor que sube desde 1300 metros bajo tierra en energía para 150 000 familias de la región.

"Cuanto más vapor consigamos extraer, menos petroleros viajarán", afirma Geoffrey Giudetti, geólogo de Enel Green Power, el mayor operador geotérmico de Europa, que gestiona Valle Secolo y otras 33 plantas geotérmicas toscanas. Alrededor del 30% de la electricidad de la Toscana procede de esta fuente de energía subterránea. Una vez producida la electricidad, el vapor sobrante calienta el agua de los barrios cercanos.

Esta energía aprovechada del subsuelo ha demostrado recientemente ser un recurso vital. La invasión rusa de Ucrania puso de relieve la dependencia de Italia de los combustibles fósiles rusos y, a medida que la guerra avanzaba, los precios de la electricidad italiana se dispararon. En 2022, los italianos soportaron una de las facturas de electricidad doméstica más altas del mundo. Las fábricas redujeron la producción y los hogares recurrieron a bajar la calefacción.

Pero los habitantes de la zona de Larderello pasaron el invierno en casas cálidas, dice Giudetti, gracias a las plantas geotérmicas locales que aprovechan los vapores hirviendo 24 horas al día, 7 días a la semana.

Bruno Della Vedova, presidente de la Unión Geotérmica Italiana, está convencido de que otras regiones italianas podrían beneficiarse de este recurso. Según un informe del Gobierno italiano de 2015, gran parte del país podría funcionar con energía convertida a partir de fuentes de calor subterráneas.

Mientras el mundo busca la transición a las energías renovables, la historia centenaria de la Toscana en el aprovechamiento de los recursos geotérmicos se erige como un faro de esperanza para la estrategia energética del país.

(Relacionado: ¿Qué es la energía geotérmica?)

Extraer energía de la Tierra

Mientras países como Islandia y Kenia aprovechan sus recursos geotérmicos, el crecimiento del sector se ha estancado en Italia. Los elevados costes de instalación y las dificultades de extracción (que, mal hecha, puede acarrear grandes pérdidas económicas y medioambientales) suponen importantes barreras. Y las nuevas centrales suelen toparse con la oposición de las comunidades cercanas por motivos de salud.

Un trabajador en la central geotérmica Sasso 2 de Enel Green Power en Larderello (Italia).

Fotografía de Clara Vannucci, Bloomberg, Getty Images

Según Della Vedova, Italia se encuentra en un punto geotérmico privilegiado. Situada donde la placa tectónica africana se encuentra con la euroasiática, la península italiana está encima de un complejo sistema geológico donde la roca fundida es empujada hacia la superficie de la Tierra.

Bajo Larderello, explica Giudetti, hay un vasto yacimiento de vapor y agua a una profundidad que oscila entre los 480 y los 1200 metros, atrapado entre el calor interior de la Tierra y una capa de rocas arcillosas que actúan como una tapadera. Las altas temperaturas provocan la formación de vapor directamente en el interior del yacimiento, lo que supone una importante fuente de energía.

Pero aunque el calor del núcleo de la Tierra es prácticamente inagotable, los fluidos que calienta dentro del planeta no lo son.

"Con el tiempo, [los yacimientos] pierden presión y caudal y, por tanto, capacidad de productividad", explica Della Vedova. Según él, la capacidad energética de Larderello se reduce en 20 megavatios anuales, aunque gran parte del agua extraída se reinyecte bajo tierra. La mayor parte de esa pérdida, dice, se compensa con las mejoras de eficiencia de las centrales más nuevas, pero recuperar las reservas de agua subterránea y utilizarlas de forma sostenible es fundamental para el futuro.

"No podemos explotar un recurso geotérmico", afirma Della Vedova; "tenemos que cultivarlo".

Historia de la geotermia

"Nosotros inventamos la geotermia", dice Giorgio Simoni, un técnico local que trabaja en geotermia desde hace 32 años. En 1904, Pietro Ginori Conti, un aristócrata italiano, encendió en Larderello cinco bombillas con un generador alimentado por el calor que escapaba de la superficie terrestre. Una década después construyó la primera central geotérmica del mundo.

Hoy, Enel Green Power ha perforado 507 pozos de extracción para alimentar sus centrales. La empresa, antes estatal, se privatizó en la década de 1990, y el Gobierno italiano cambió la normativa en 2010 para permitir a otras empresas privadas estudiar y extraer recursos geotérmicos. Pero solo Enel ha construido nuevas centrales.

Saber dónde encontrar este recurso subterráneo y construir una planta es más fácil de decir que de hacer. Buscar un yacimiento geotérmico es como extraer sangre a un paciente, explica Della Vedova: las enfermeras no clavan agujas al azar esperando lo mejor, sino que buscan cuidadosamente venas concretas. Y estudiar un yacimiento para ver si tiene la temperatura y la presión adecuadas para producir suficiente electricidad puede costar millones de dólares, dice Giudetti, con un 50% de posibilidades de que el resultado sea negativo.

Esta barrera económica inicial impide a varios países o empresas privadas iniciar la exploración geotérmica, aunque, según Manzella, los costes a largo plazo sean "comparables o incluso inferiores a los de otras tecnologías renovables".

(Relacionado: ¿Podría el supervolcán de Yellowstone ser una fuente de energía geotérmica?)

Los vapores alimentan las preocupaciones

Los vapores que desprenden las torres de refrigeración geotérmicas de la Toscana también han suscitado preocupación por la salud entre algunos lugareños.

"No tenemos tráfico urbano ni industrias químicas; aun así, tenemos altos índices de cáncer y mortalidad", afirma Velio Arezzini, de 75 años y natural de Abbadia San Salvatore, una aldea situada a pocos kilómetros de dos plantas geotérmicas.

Arezzini, portavoz de NOGESI, la red contra la energía geotérmica especulativa y contaminante, basa sus temores en un estudio de 2012 de la Agencia Regional de Salud que registró anomalías sanitarias locales (un estudio de seguimiento de 2016 descartó cualquier relación entre las torres de refrigeración y un mayor riesgo de mortalidad u hospitalización).

Un trabajador sirve una cerveza de barril en Vapori de Birra, una fábrica de cerveza artesanal que produce cerveza a partir del calor generado por la energía geotérmica en Sasso Pisano, Italia.

Fotografía de Clara Vannucci, Bloomberg, Getty Images

Della Vedova señala una superposición de factores que podrían afectar a la salud de la población, sobre todo el hecho de que estos valles, un punto caliente geotérmico, tienen sustancias químicas como el mercurio incrustadas en el ecosistema de forma natural. Dice que interceptar el vapor bajo tierra podría incluso reducir las emisiones a la superficie, ya que el vapor no se filtra a través de capas de roca donde puede recoger contaminantes.

Enel Green Power ha instalado sistemas de reducción de emisiones en sus instalaciones para reducir las emisiones de sulfuro de hidrógeno y mercurio de las centrales. Aun así, según un estudio de 2019, deben investigarse más a fondo los posibles impactos de las emisiones de las centrales en la zona.

Uso comunitario

Mario Tanda, un agricultor de 56 años, señala una tubería gris que se dirige hacia sus instalaciones de fabricación de queso en Monterotondo Marittimo. A menos de un kilómetro, la central geotérmica de Nuova San Martino que Enel construyó en los terrenos confiscados a su familia escupía nubes de vapor.

"Todo ciclo de producción necesita energía", afirma Tanda. Su padre se opuso a la construcción de las plantas geotérmicas, pero en 2007 Tanda conectó su granja a la planta con un sistema de tuberías para aportar calor barato con el que transformar la leche de sus 800 ovejas en queso pecorino.

A pocos kilómetros, en Sasso Pisano, Edo Volpi, de 71 años, fabrica cerveza, y en Monterotondo Marittimo, Giacomo Anterminelli cultiva calabacines y pepinos en invernaderos. Ambos producen aprovechando el calor sobrante de las plantas cercanas.

"Si no utilizamos esta energía, se desperdiciaría", afirma Tanda. Mientras Italia y otros países se enfrentan a la transición a las energías limpias, las entrañas del planeta pueden ser un salvavidas fundamental.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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