Así cambió la historia de los Estados Unidos este desconocido naranjo

Son pocos los que conocen el aspecto de la fruta con forma de cerebro (y tamaño de balón de fútbol) que produce el naranjo de Osage. Son menos aun los que saben que este árbol muy importante en el pasado de EE UU.

Por Douglas Main
fotografías de Anne Farrar
Varias manzanas de seto procedentes de un naranjo de Osage

Los frutos del naranjo de Osage, conocidos extrañamente como manzanas de seto, son del tamaño de una pelota de fútbol y poco apetecibles para la mayoría de los animales. Pero el árbol ha tenido un gran impacto en la historia de Estados Unidos.

Fotografía de Anne Farrar, National Geographic

Cuando los frutos del naranjo de Osage caen al suelo en otoño, llaman la atención. Por un lado, tienen el doble de tamaño que una pelota de tenis, lo que le convierte en el mayor fruto de cualquier árbol nativo de Norteamérica. Por otro, son de color verde brillante. Además, tienen una extraña historia que poca gente conoce.

Los naranjos de Osage (un árbol también denominado maclura o naranjo de Luisiana) no están emparentados con las naranjas, sino con las moras. Y lo que es más confuso, el nombre más común de su fruto es manzana de seto. Si nos vamos a la lengua inglesa, la originalidad de las posibles denominaciones no defrauda, con nombres tan singulares como manzanas de caballo, bolas de nieve irlandesas o cerebros de mono.

No son muchos los animales ni los seres humanos que comen estas manzanas y naranjas. Aunque un par de animales, sobre todo ardillas, se alimentan a veces de las semillas que encierra en su pulpa verde, no las dispersan mucho. Algunos investigadores creen que el árbol fue propagado en su día por megafauna extinguida, tal vez perezosos terrestres gigantes o mastodontes, y que estos frutos evolucionaron hasta su imponente tamaño actual para atraer a estos gigantes desaparecidos.

Más recientemente, el naranjo de Osage ha conseguido extenderse atrayendo a los humanos. Por ejemplo, por su madera: arde más que cualquier otra en América del Norte, resiste la descomposición mejor que cualquier otra en el mundo, y es a la vez flexible e increíblemente fuerte. Esta rara combinación la convierte en la mejor madera del mundo para fabricar arcos.

El árbol también forma setos casi impenetrables, lo que lo convirtió en una herramienta primordial para la colonización del Medio Oeste y las Grandes Llanuras de Estados Unidos. La naranja de Osage ha sido objeto de manías nacionales, discusiones presidenciales y controversias científicas. Se dice que la reina Victoria probó uno de estos frutos verdes y brillantes. Al parecer, no le gustó mucho. Pero es posible que no conociera su increíble historia.

Un naranjo de Osage en Ohio (Estados Unidos). Estos árboles crecen de 3 a 15 metros de altura y producen una madera muy fuerte y a la vez flexible de color amarillo anaranjado que se busca para hacer arcos de tiro.

Un extraño milagro

Hoy en día, los naranjos de Osage tienden a estar escasamente distribuidos, y ver uno es una delicia. O eso es lo que sentí cuando crecí en Champaign, Illinois (Estados Unidos), al encontrarme con un notable naranjo de Osage con enormes ramas bajas, perfectas para trepar, en un parque de la ciudad. Al igual que la mayoría de los niños, me sentí atraído por sus extraños frutos de color verde helecho. Son divertidos de sostener, inusitadamente grandes, con una textura parecida a la del cerebro, y divertidos de lanzar. También huelen bien, con matices florales y notas de azahar, peras, manzanas y clavo.

Antes de la última Edad de Hielo, el naranjo Osage tenía una amplia distribución, desde Florida, al sur de Estados Unidos, hasta Ontario, en Canadá. Pero entonces, desde hace unos 125 000 años, los glaciares avanzaron hacia el sur para cubrir gran parte de Norteamérica. Una vez que los glaciares desaparecieron hace unos 12 000 años, el naranjo de Osage no volvió a expandirse rápidamente hacia el norte como muchas otras especies de árboles, y de hecho puede que redujera su área de distribución.

Antes de la llegada de los europeos, las grandes poblaciones de este árbol se limitaban principalmente a partes de Arkansas, Oklahoma y Texas, y posiblemente a pequeñas partes de Kansas, Luisiana y Missouri, estados de la parte central de Estados Unidos. También se han encontrado árboles anteriores a la llegada de los europeos en Kentucky, Tennessee y Virginia, dice Tom Kimmerer, científico forestal independiente, consultor y autor con sede en Lexington, Kentucky.

Los nativos americanos valoraban mucho esta planta y la utilizaban para fabricar arcos y mazos de guerra. Y no les faltaba razón: como señala el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, el naranjo de Osage presenta el valor más alto de resistencia en carga máxima de trabajo de cualquier madera, lo que significa que tiene la rara combinación de fuerza y flexibilidad. Según un relato de principios del siglo XIX, un arco de este material costaría un caballo y una manta.

La madera es también extremadamente resistente a la descomposición y tiene el mayor valor calorífico de todas las especies autóctonas, lo que la convierte en una leña ideal. Es fácil de partir, fragante, forma brasas fácilmente y no expulsa demasiado humo.

Es posible que los nativos americanos hayan contribuido a la difusión del árbol y que hayan comerciado con sus frutos o esquejes, además de con su madera, afirma Kimmerer. Pero otros creen que los nativos americanos que comerciaban con él, especialmente los Osage, que le dan nombre, tenían un incentivo económico para comerciar con la madera, pero no con los frutos: la restringida área de distribución del árbol les daba un acceso más o menos exclusivo.

No obstante, los colonos europeos se fijaron en la planta. Los primeros exploradores franceses la llamaron bois d'arc (madera de arco), que acabó convirtiéndose en bodark. En 1804, al comienzo de su famoso viaje con William Clark, Meriwether Lewis obtuvo esquejes de naranjo de Osage en San Luis y los envió al presidente Thomas Jefferson para su propagación.

Pronto quedó claro que el árbol también es excelente para usarse como cercado. Presenta afiladas espinas en sus extremidades inferiores y su madera es tenaz. Cuando sus ramas se entrelazan, se convierte en un matorral impenetrable.

La primera "locura de los setos" comenzó hacia 1850. En aquella época, las vallas eran caras y difíciles de mantener. Los cerdos asilvestrados eran una plaga aún peor que la actual. Pero los setos de naranjo de Osage -que se decía que eran "altos como un caballo, estrechos como un cerdo y fuertes como un toro", según el dicho- ofrecían una solución. Jonathan Turner, un profesor que promovió el uso de la planta en Illinois y más allá, estaba convencido de que "Dios diseñó el naranjo de Osage especialmente para cercar las praderas". También ayudó a crear la Universidad de Illinois, con sede en Champaign, donde me crié y conocí los frutos del entusiasmo de Turner.

En 1869, se habían plantado casi 10 000 kilómetros de setos de naranja de Osage en el Medio Oeste y el Sur de Estados Unidos. Algunos consideran que el naranjo de Osage es tan importante como el ferrocarril, el arado de acero y el molino de viento para el asentamiento del Medio Oeste por parte de los europeos, según Michael Ferro, un investigador de la Universidad de Clemson (en Carolina del Sur, Estados Unidos) que escribió un artículo científico sobre la biología y la historia del árbol.

Después de que el alambre de espino se generalizara en la década de 1880, el uso de los setos de naranjo de Osage disminuyó, pero el árbol siguió utilizándose por su madera. Su popularidad volvió a aumentar tras el periodo, en 1930, de fuertes tormentas de polvo que azotó el continente desde Nuevo México hasta Canadá (conocido como el Dust Bowl) y la Gran Depresión de la década de los años treinta. El presidente Franklin D. Roosevelt puso en marcha una iniciativa, llamada Great Plains Shelterbelt, para crear cortavientos y proteger las granjas de las Grandes Llanuras. El naranjo de Osage fue el árbol más utilizado.

El árbol también fue popular durante un tiempo como huésped alternativo para los gusanos de seda. A lo largo del siglo XIX y hasta principios del XX, el cultivo de la seda tuvo una serie de auges y caídas en Estados Unidos. A veces se utilizaba el naranjo de Osage para criar los gusanos en lugar del follaje de la morera, aunque la tendencia no duró mucho.

Las manzanas de seto están llenas de una savia lechosa, parecida al látex, que puede manchar las manos. Sus semillas son frágiles y las comen animales como las ardillas.

Izquierda: Arriba:

Los naranjos de Osage producen espinas en sus ramas inferiores, lo que los hace útiles en los setos.

Derecha: Abajo:

La madera de estos árboles es resistente a la putrefacción, y los postes de las vallas hechos con naranjo de Osage pueden durar muchas décadas.

Gigantes y fantasmas

La prehistoria evolutiva de las naranjas de Osage es un poco más turbia.

De los pocos animales que ocasionalmente comen la fruta, ninguno parece dispersar las semillas a grandes distancias. La teoría evolutiva predice que las plantas sólo hacen frutos tan grandes por una buena razón. ¿Qué razón podría ser? Aunque los frutos flotan bien, se encontraban en las afueras de los valles fluviales antes de que los humanos entraran en escena. Por lo que los ríos no podían ser la principal vía de propagación.

Antes y durante la última Edad de Hielo, un sinfín de tipos de herbívoros gigantes, la mayoría de ellos ya extintos, recorrieron toda Norteamérica: mastodontes, perezosos terrestres, mamuts, camellos, caballos. También gliptodontes, una especie que el ecologista Daniel Janzen compara con "un armadillo de dos toneladas".

Janzen y otros investigadores creen que fue uno de esos gigantes el que dispersó la naranja de Osage, con los perezosos de tierra o los mastodontes como candidatos más probables. Y una vez que éstos desaparecieron, hace unos 13 000 años, el área de distribución del árbol quedó como una sombra de lo que fue.

Esta teoría es difícil de comprobar, pero hay algunas pruebas que la respaldan. Por un lado, los investigadores encontraron lo que creen que son semillas de naranjo de Osage en el estiércol fosilizado de un mastodonte, que data de unos 12 000 años en lo que hoy es Florida. Otro estudio encontró un fragmento de ADN en el estiércol de un perezoso terrestre del Pleistoceno que podría proceder de una naranja de Osage.

El naranjo de Osage, Maclura pomifera, tiene frutos mucho más grandes que sus parientes del género Maclura, que se encuentran en todo el mundo. Comenzó a divergir del Maclura brasiliensis, un árbol que ahora se encuentra en América del Sur con una fruta de menos de la mitad del tamaño de una manzana de seto, hace más de 20 millones de años, como se muestra en un estudio de 2017 cuyos autores son un equipo dirigido por el botánico Elliot Gardner. En esa época, los mastodontes, los perezosos terrestres y sus parientes habían aparecido en América del Norte y comenzado a diversificarse.

Izquierda: Arriba:

Las manzanas de seto son el fruto más grande de todos los árboles autóctonos de Estados Unidos.

Derecha: Abajo:

Los frutos del naranjo de Osage no son diseminados ampliamente por ningún animal existente, lo que lleva a algunos investigadores a pensar que en su día fueron distribuidos por gigantes ya extinguidos como los mastodontes o los perezosos terrestres.

"Es razonable suponer que un fruto grande y carnoso evolucionó para ser dispersado por un animal, porque los frutos grandes son costosos de producir para las plantas... y hoy no parece haber ningún animal nativo dispersor del naranjo de Osage", dice Gardner, que ahora trabaja en el Instituto de Medio Ambiente de la Universidad Internacional de Florida.

Uno de los problemas de esta teoría, según Matthew Moran, biólogo del Hendrix College de Conway en Arkansas(Estados Unidos), es que las manzanas de seto son poco apetecibles para la mayoría de los animales, ya que están llenas de un látex lechoso, con semillas sensibles. Cuando alimentó con manzanas de seto a elefantes y caballos asiáticos, las semillas no germinaron tras pasar por el sistema digestivo de los animales. La mayoría de las frutas tienen una composición inversa: la pulpa es sabrosa y las semillas son duraderas y a menudo nocivas, como ocurre con las manzanas, por ejemplo.

En el caso de las manzanas de seto, "parece que las cosas van totalmente al revés", dice Moran.

Su corazonada es que esta "planta tan extraña... se adaptó a alguna especie individual, que era muy especialista, y por eso no podemos encontrar nada parecido hoy". El perezoso de tierra es el principal sospechoso.

Kimmerer es escéptico. El árbol, dice, "se las ha arreglado bastante bien sin animales extintos... No estoy diciendo que no haya habido un papel de la megafauna en la distribución de las plantas; lo que digo es que no nos ayuda a entender nada, porque no se puede probar".

Prestar atención

Últimamente estoy un poco obsesionado con las manzanas de los setos, y con hablar con la gente sobre ellas. Las respuestas son siempre interesantes. Cuando tuiteé sobre ellas el año pasado, algunas personas mencionaron su uso para repeler plagas como cucarachas o ratones. Pero eso es un mito. Ferro pasó muchos meses rastreando la fuente de este cuento chino, y finalmente lo encontró: un único artículo de octubre de 1950 en el Tuscaloosa News titulado "Se encuentra una naranja ahuyentadora de cucarachas en la universidad". No se basaba en ninguna prueba sólida.

Otros me escribieron para decir que comían manzanas de cobertura y que les parecían beneficiosas para la salud en general. "Las hago puré y horneo la pulpa hasta que está crujiente, las muelo y las mezclo en el pan de molde", escribió un hombre llamado Brian Baxter. Los extractos de la fruta han demostrado tener importantes propiedades anticancerígenas, antiinflamatorias y antioxidantes.

Connie Barlow, autora de un libro del año 2000, Ghosts of Evolution, también probó las manzanas de seto. "La fruta tenía un sabor sorprendentemente bueno, pero más parecido al de un ambientador que al de un alimento... deliciosamente limpio, con quizás un toque de pepino", escribió. Pero la savia de látex le manchaba las manos y era difícil de limpiar. Un relato de 1900 que Michael Ferro encontró menciona que la reina Victoria probó un poco de una manzana de seto que le llevó el botánico William Hooker. Al parecer, fue su única degustación.

Y eso es lo extraño de este árbol: no se cría para comer, ni es ornamental ni invasivo. No encaja en las categorías normales de las plantas más populares o extendidas, dice Ferro, y sin embargo, "la historia del país sería muy diferente si no fuera por este árbol".

La historia del naranjo de Osage, y su peculiar mezcla de cualidades superlativas, hacen que esta extraña fruta siga fascinando a la gente. La mayoría de nosotros conoce poco el mundo de las plantas; sufrimos de "ceguera vegetal", como algunos la llaman. La manzana de seto saca a la gente de esa indiferencia.

El otro día caminaba por las calles de Georgetown llevando una manzana de seto que había encontrado por casualidad durante un paseo. Un joven que pasaba me paró. "¿Puedo preguntar qué es eso?", preguntó. "¿Es una semilla? ¿Un hongo? Siempre me lo he preguntado".

"Es una manzana de seto", dije, explicando -muy brevemente- la historia del árbol.

Nos intercambiamos los nombres de Instagram y le prometí que le enviaría este artículo. La manzana del seto había encontrado otra mente receptiva.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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