Medio Ambiente

Inundaciones

Por Redacción de National Geographic

6 de enero de 2010

Existen pocos lugares sobre la faz de la Tierra en los que el ser humano no tenga que preocuparse por las inundaciones. Cualquier lugar con precipitaciones es vulnerable, aunque la lluvia no es el único impulsor de las inundaciones.

Éstas ocurren cuando el agua se desborda o inunda tierra generalmente seca. Este fenómeno puede suceder en una gran cantidad de formas. La más habitual son aquellas en las que los ríos o arroyos desbordan sus riberas. Las lluvias excesivas, las presas o diques desbordados, la fusión rápida de glaciares montañosos e incluso los diques construidos por castores en ubicaciones no propicias, pueden bloquear los cauces e inundar los terrenos adyacentes, que reciben el nombre de planicies aluviales o vegas de inundación. La inundación costera ocurre cuando una gran tormenta o tsunami hace que el mar se adentre en tierra firme.

La mayoría de las inundaciones tardan horas e incluso días en formarse, lo que otorga a los residentes un amplio período para prepararse o evacuar. Pero otras se generan rápidamente y sin aviso. Estas ríadas repentinas o crecidas torrenciales pueden ser sumamente peligrosas, ya que convierten finos arroyos en torrentes inmensos de agua que arrasan todo a su paso al moverse corriente abajo.

Los expertos en desastres clasifican las inundaciones en función de su probabilidad de ocurrencia dentro de un período concreto. Una inundación centenaria es, por ejemplo, un evento natural extremadamente amplio y destructivo que en teoría sólo puede llegar a ocurrir una vez cada siglo. Pero ésta es un cifra teórica. En realidad, esta clasificación significa que hay un 1 por ciento de probabilidad de que tal inundación ocurra en un año cualquiera. En décadas recientes, posiblemente a causa del cambio climático global, las inundaciones centenarias han venido ocurriendo en todo el mundo con una regularidad escalofriante.

El agua en movimiento posee un formidable poder de destrucción. Cuando un río desborda sus riberas o el mar se adentra en tierra firme, las estructuras endebles tienen poca probabilidad de resistir los embates del agua. El agua puede levantar y transportar puentes, casas, árboles y coches como hojas. La fuerza erosiva del torrente de agua puede arrastrar la tierra bajo los cimientos de las edificaciones haciendo que se quiebren y derrumben cual castillo de naipes.

En los Estados Unidos, donde el sistema de pronóstico y atenuación de inundaciones está muy desarrollado, estos fenómenos pueden llegar a causar 6 mil millones de dólares en daños y matar cerca de 140 personas al año. En un informe elaborado por la OCDE en el 2007, se descubrió que las inundaciones costeras representan 3 billones de dólares en daños en todo el mundo. En el valle del río Amarillo de China, donde han ocurrido algunas de las peores inundaciones del planeta, millones de personas han fallecido por esta causa durante el último siglo.

Cuando las aguas remiten, las áreas afectadas quedan cubiertas de lodo y cieno. El agua y el paisaje pueden verse contaminados con materiales peligrosos como escombros punzantes, pesticidas, combustibles y aguas negras no tratadas. El crecimiento de moho potencialmente peligroso puede inundar las estructuras extremadamente húmedas. Los residentes de áreas inundadas pueden quedar sin suministro de electricidad ni agua potable, lo que puede propagar enfermedades mortales de transmisión por agua como la fiebre tifoidea, la hepatitis A y el cólera.

Pero las inundaciones, particularmente en las planicies aluviales son tan naturales como la lluvia y vienen ocurriendo desde tiempos inmemoriales. Planicies famosas por su fertilidad como el valle del Mississippi en el medioeste de Estados Unidos, el valle del Nilo en Egipto y el Tigris-Eufrates en Oriente Medio han sustentado la agricultura durante milenios ya que las inundaciones anuales han depositado millones de toneladas de cieno rico en nutrientes a su paso.

Gran parte de la destrucción de las inundaciones se puede atribuir al factor antropogénico por el ansia humana de vivir cerca de costas pintorescas o valles fluviales. Para agravar el problema está la tendencia de los constructores a rellenar y construir sobre humedales que de forma natural actuarían como amortiguadores naturales de las inundaciones.

Muchos gobiernos obligan a los residentes de áreas proclives de inundarse a suscribir pólizas de seguro y construir estructuras resistentes a las inundaciones. Los esfuerzos masivos para mitigar y redireccionar inundaciones inevitables han generado los proyectos de ingeniería más ambiciosos nunca vistos por el ser humano, incluso el amplio sistema de diques de Nueva Orleans y las represas de grandes dimensiones en los Países Bajos. Además, los sistemas informáticos actuales de generación de modelos de predicción permiten a las autoridades de defensa civil pronosticar con gran precisión los puntos donde ocurrirán las inundaciones además de su gravedad.

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