Viaje y Aventuras

Así es el festival matrimonial más tradicional de Europa

Cada año, una diminuta comunidad de montaña en Macedonia celebra la unión de una pareja especial.miércoles, 6 de junio de 2018

Por Alex Crevar - National Geographic
Fotografías de Aleksandar Donev
El portador de la bandera, o bajraktarot, conduce a la novia y a su familia a la casa del novio durante el festival matrimonial anual de Galičnik, Macedonia.

La mañana del domingo, horas antes de la clausura del festival matrimonial anual de la aldea de Galičnik, Macedonia, el esposo y sus padrinos se dirigen al bosque para repartir las invitaciones finales de la ceremonia. Estamos a mediados de julio y el grupo lleva pesadas túnicas y pantalones de lana blanca, y van acompañados de músicos que hacen sonar cuernos de madera y tambores. Caminan en fila india por un sendero estrecho hasta el cementerio con una botella de rakija, el grappa local, y una bandeja con vasos de chupitos. Alrededor de una lápida colocada en un claro entre los árboles, el novio y su séquito —que ya llevan encima dos largas y calurosas noches de fiesta— beben el licor, echan un poco sobre la tumba, encienden velas religiosas y persuaden a sus parientes para que asistan a la consumación de la celebración.

Como casi cualquier ritual y costumbre de esta reunión de dos días y medio —celebrada este año el 14 y el 15 de junio—, invocar a los espíritus del pasado desafía la mayoría de parámetros de la lógica moderna. Pero para estos habitantes rurales, miles en la diáspora, y los viajeros que peregrinan a esta tranquila comunidad entre las montañas de la frontera occidental de Macedonia, revivir anualmente una tradición decididamente anticuada hace de la celebración una ocasión especial. La belleza está en tomarse un tiempo para reajustar y reafianzar un vínculo precario con la tradición y la cultura.

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El festival comenzó el siglo pasado, después de la migración de varias generaciones de Galičnik fuera de la aldea. Sin embargo, no olvidaron sus raíces. Cada verano, en torno a la celebración en honor al patrón del asentamiento, el día de San Pedro (12 de julio según el calendario ortodoxo), los residentes regresaban para encontrar a sus posibles compañeros de vida y medias naranjas. Hoy, multitudes viajan desde todos los rincones del mundo para unir a una nueva pareja —que puede casarse aquí por tener un vínculo familiar con la aldea— en matrimonio, al mismo tiempo que rinden homenaje a sus ancestros y al paisaje que los formó.

«La gente que disfrutaba de sus vidas y vivía una vida sencilla siempre tiene antojo de volver a sus raíces, ya sea para ponerse al día con los miembros de su comunidad, practicar sus tradiciones o recordar el lugar que trajo paz a sus corazones», afirma Tanja Lepcheska, cuyo abuelo paterno es de la aldea, donde hoy en día solo viven dos personas durante todo el año. «En el pasado, como contaba mi abuela, la boda duraba una semana y cada día había un protocolo diferente. Desde los años 50, hemos reunido las costumbres más importantes en 25 rituales para contar una historia y que la gente pueda entender qué ocurre».

El comienzo no oficial de las festividades es la noche del viernes, con el equivalente a una despedida de soltero para el novio (gran parte de la aldea —hombres y mujeres— está presente). Después, a partir del sábado y hasta la ceremonia eclesiástica del domingo, comienza un programa de espectáculos y eventos. El programa incluye danzas tradicionales por parte de la madre del novio, que la novia llene una jarra en tres fuentes, «ir a buscar» a la novia a su casa, recibir a los agentes matrimoniales y despedir a los músicos.

«Hoy, el ministerio de cultura, el presidente de Macedonia y sus embajadores apoyan la celebración», afirma Marko Bekrić, guía de senderismo y excursiones en bici desde Galičnik que echa una mano en el restaurante y el albergue familiares. «Pero también es importante para los visitantes, ya que la ceremonia y las costumbres son raras y únicas, y porque todos los turistas deberían escuchar gaitas y tambores, ver a los caballos y sentir la tradición espiritual».

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