De las Dolomitas al lago de Garda: cinco experiencias épicas en el norte de Italia

Te proponemos las aventuras definitivas que puedes vivir en el norte de Italia.

Wednesday, January 29, 2020,
Por Stephanie Pearson
Dolomitas
Un sendero de ciclismo de montaña extremo en las Dolomitas es uno de los muchos que pueden encontrar los aventureros en el norte de Italia.
Fotografía de MARKUS GREBER, SKYSHOT

Si te van más los viajes remotos y arriesgados, quizá Italia no sea tu primera opción. Pero la región de las Dolomitas, en el norte del país, sorprende a los viajeros más aventureros con una belleza llena de adrenalina.

A continuación, te proponemos un itinerario lleno de acción para la región —elaborado por una aventurera experimentada— que te llevará por las Dolomitas, las colinas de Valdobbiadene, la artística Venecia y el ventoso lago de Garda. En este viaje practicarás senderismo, ciclismo y navegación a vela, probarás los mejores proseccos y conocerás a algunos de los artesanos más dedicados de Italia.

Escalada en roca en las Dolomitas

El pie de la cordillera de Tofane está rodeado de paredes verticales de roca roja con decenas de rutas de escalada. A 16 kilómetros al este, por el paso de Falzarego, se encuentra la aldea de Cortina d’Ampezzo. En 1956, el elegante complejo hotelero alpino fue el emplazamiento de las Olimpiadas de Invierno, gracias a las que artistas de fama mundial —de Frank Sinatra a Brigitte Bardot— conocieron las Dolomitas. En junio de 2019, el Comité Olímpico Internacional eligió a Milán-Cortina como sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026.

La Alta Via 1, de 120 kilómetros, es uno de los senderos más populares de las Dolomitas. El tramo en torno al paso Falzarego (a casi 2130 metros de elevación) es un sendero trepidante.
Fotografía de Patitucci Photo

Quiero escalar 30 metros por Ra Bujela, una vía ferrata que comienza en Cortina. Las vías ferratas son las rutas de escalada que construyeron los soldados de la Primera Guerra Mundial martilleando escaleras de hierro en la roca para escalar picos que, de lo contrario, serían insalvables.

Las rutas históricas son tan populares entre los escaladores aficionados que los resorts de esquí y las asociaciones de alpinistas de las Dolomitas siguen construyendo vías nuevas, como la ruta que estamos a punto de escalar.

Me acompaña Carlo Cosi, guía de alpinismo profesional originario de Padua. Ha escalado picos de todo el mundo y fue nominado al Piolet de Oro, el mayor honor que puede recibir un alpinista, por una ruta que abrió en Perú. Pero el lugar que más le gusta a Cosi son las Dolomitas.

Las tres personas de mi grupo vamos atadas como medida adicional de seguridad, además de estar conectadas individualmente con dos mosquetones que sujetan nuestros arneses a la ruta de cables. Escalamos el primer largo por una pared vertical hasta un puente estrecho suspendido entre dos pináculos. La fiabilidad de los agarres y la presencia perpetua del cable proporcionan a escaladoras oxidadas como yo la oportunidad de volver a sentir la euforia de llegar a cimas de una altitud aparentemente inalcanzable.

«Lo bonito de las Dolomitas es que son para todos», explica Cosi.

Dónde alojarse: Cristallo Resort & Spa, una propiedad de cinco estrellas en Cortina d’Ampezzo, construida en 1901 con vistas a la cordillera de Tofane.

Dónde comer: El Brite de Larieto, un rifugio pintoresco en medio de un pasto bovino en Cortina d’Ampezzo, que sirve platos clásicos del norte de Italia.

Dónde encontrar guías: Dolomite Mountains, el equipo de expertos en escalada de Agustina Lagos Marmol organiza excursiones personalizables.

La Strada del Prosecco, de 50 kilómetros, conecta las regiones vinícolas de Valdobbiadene y Conegliano.
Fotografía de ANTONELLO NADDEO

Ciclismo de montaña en Alta Badia

Solo estoy a 25 kilómetros al noroeste de Cortina, en el universo de Tirol del Sur, un enclave austriaco hasta que se anexionó a Italia tras la Primera Guerra Mundial. Aquí, el 70 por ciento de los residentes hablan alemán, el 26 por ciento, italiano y menos del 5 por ciento, ladino, un idioma de una cultura que ha existido en los valles de Tirol del Sur durante 2000 años. Matthias Thaler, nuestro guía de ciclismo de montaña y exesquiador del equipo nacional italiano, es uno de los 30 000 ladinos que quedan en la zona.

Para abarcar más terreno, he alquilado una bici de montaña electrónica para pedalear hasta la meseta de Pralongià, un espacio abierto que se encuentra a casi 2130 metros y es un mirador natural al glaciar de la Marmolada, a 3343 metros de altura, el pico más alto de las Dolomitas; Sella Ronda, un circuito de esquí legendario; y Sasso di Santa Croce, un macizo montañoso en el que Reinhold Messner abrió una famosa ruta de escalada en 1968.

Bajo la meseta se encuentra Piz Arlara, un refugio con una terraza con vistas al Sella Ronda. Aquí disfrutamos de una comida larga, bebemos unas radlers y disfrutamos de las vistas antes de bajar por un flow trail hasta el pie de la montaña. Antes de partir, pregunto a Thaler si las cruces que hay en casi todas las cimas son monumentos conmemorativos de la Primera Guerra Mundial.

«No, son una señal de que estamos más cerca de Dios», responde.

Las escarpadas colinas de Farra di Soligo, en la mitad de la Strada del Prosecco, albergan uvas que producen el vino más popular de Italia.
Fotografía de COLIN DUTTON

Aunque Tirol del Sur esté más cerca del cielo, los residentes aún adoran sus vinos italianos. La familia Costa, dueña del Hotel La Perla en la aldea de Corvara, posee una de las mayores colecciones europeas de Sassicaia, un apreciadísimo vino italiano. El Hotel Ciasa Salares, en el pueblo de San Cassiano, alberga una bodega con 24 000 botellas que se especializa en variedades biodinámicas de lotes pequeños. El 60 por ciento proceden de Italia.

Durante la cata de vino en el restaurante de la bodega del hotel, no me sorprende descubrir que mi favorito es un Barolo de 2005 producido en Piemonte. Con notas ahumadas que recuerdan al café y al cuero, este varietal es «el rey de los vinos italianos», según Jan Clemens, cuya familia es dueña del hotel. «Esta es la parte elegante de Italia», añade.

Dónde alojarse: El Hotel Ciasa Salares, en San Cassiano, que ha sido propiedad de una familia durante tres generaciones; el Hotel La Perla, en Corvara, un alojamiento ladino de elegancia clásica y con cinco restaurantes, entre ellos uno con una estrella Michelín.

Dónde comer. El Rifugio Gardenacia, un refugio de montaña idílico en el parque natural Puez-Geisler/Puez-Odle, que sirve radlers y polentas.

Entre los restaurantes de la Strada del Prosecco figura La Locanda, en Col San Martino, que sirve sorpressa (salami) con castañas.
Fotografía de COLIN DUTTON, SIME
La bodega de Bisol elabora cinco variedades de Prosecco Superiore.
Fotografía de COLIN DUTTON, SIME

Ciclismo por la región del prosecco

Un domingo soleado, a la mitad de un recorrido circular de 51 kilómetros en bicicleta, el prestigioso prosecco de la finca de Sorelle Bronca que pruebo tiene un sabor refrescante y vigorizante. Lo elaboran Antonella y Ersiliana Bronca, dos hermanas que asumieron el mando de la bodega de su padre en 1988. Las mujeres y sus familias cultivan sus uvas en un entramado de 27 hectáreas repartidas por toda la región de Valdobbiadene. Esta y la región vecina de Conegliano se convirtieron en el 55º lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco de Italia el 7 de julio de 2019 gracias en parte a su paisaje en tablero estéticamente agradable.

Se nos une Giovanni Zanon, dueño de Villa Abbazia, un palacio del siglo XVIII convertido en hotel de cinco estrellas en la aldea de Follina. Villa Abbazia también alberga el único restaurante con estrella Michelín de la región. La noche anterior, su chef apuliano, Donato Episcopo, nos preparó una comida elaborada y extravagante de cinco platos que incluía trucha marinada con cítricos como entrante y que acabó con un tiramisú —la misma receta que la familia de Zanon ha usado desde 1955—, todo ello regado con demaisado grappa.

Esta mañana ha salido a la luz la faceta de fanático del ciclismo de Zanon y me ha acompañado en una ruta que ha diseñado él mismo y que asciende 490 metros por colinas que huelen a jazmín. El terreno resulta estimulante, con subidas potentes, bajadas largas y amenas y poco tráfico. Paramos cada pocos kilómetros para comer y beber con los amigos de Zanon.

En la Pasticceria Villa dei Cedri pruebo tette delle monache, tradicionales del sur de Italia. Su nombre, como descubro después, quiere decir «tetas de las monjas». Pese a este recordatorio de que Italia se ha quedado rezagado en la corrección política del #MeToo, es un dulce exquisito perfecto para acompañar un expreso.

Me da energías para la subida final hasta la nueva sala de cata de la bodega de Garbara, en Cartizze. Cartizze Zero es un prosecco ligero y suave célebre por sus bajos niveles de azúcar residual. Lo bebemos mientras admiramos las colinas cubiertas de viñedos exuberantes.

Dónde alojarse: El Hotel Villa Abbazia, una propiedad ecléctica en Follina con un restaurante de estrella Michelín, La Corte.

Dónde encontrar guías: Italy Cycling Tour, el operador de Alessandro Da Re y asociados, ofrece bicis de alta calidad y expertos encantadores.

Descubre los secretos de las góndolas en Venecia

Saverio Pastor es uno de los cinco remèri —o artesanos de remos— que quedan en Venecia. Las paredes de su tienda, Le Fórcole, están plagadas de remos de madera que ha fabricado y el suelo está lleno de escálamos, o fórcole, que parecen esculturas.

El puente de los Suspiros, que une el Palacio Ducal y el otro lado del canal, demuestra que la belleza de Venecia acelera el pulso tanto como cualquier otra excursión al aire libre.
Fotografía de COLIN DUTTON, SIME

La parada en la tienda de Pastor es solo una de las muchas en la excursión a pie que he organizado con Luca Zaggia, un científico marino, en la que quiero comprender la compleja relación de los venecianos con el agua. A su vez, Zaggia invita a Giovanni Caniato, un académico y experto en la historia de la navegación en Venecia.

«La morfología costera es el problema principal en Venecia, sobre todo las repercusiones de los barcos de gran tamaño», me cuenta Zaggia mientras recorremos calles adoquinadas que se están hundiendo bajo el peso del sobreturismo. Se estima que Venecia recibe más de 20 millones de visitantes al año, mientras que la población de 55 000 residentes desciende. Asumo erróneamente que el crucero monstruoso que vi ayer amarrado en el canal es el peor de todos, pero Zaggia me corrige.

«Los cruceros suelen generar menos daños que los buques de carga», cuenta. Añade que, aunque los cruceros no son los barcos ideales para Venecia, una de las mejores formas para que los turistas mitiguen los futuros daños es no usar los taxis acuáticos privados de alta velocidad. Sus olas provocan más erosión que los ferris de movimiento lento.

La localidad de Saló, en la orilla occidental del lago de Garda, fue fundada originalmente por los romanos.
Fotografía de Simon Bray
El lago de Garda, el lago más grande de Italia, mide 48 kilómetros de largo y 16 de ancho.
Fotografía de Simon Bray

En Squero San Travaso, un astillero recóndito del siglo XVII, el dueño Lorenzo Della Toffola construye la quilla de una góndola de madera bajo la potente luz del sol. Tardará 500 horas en terminar un barco. Brian observa que el duro ferro, el punto alto en la parte trasera del barco, es abatible.

«Las góndolas tienen graves problemas», afirma Caniato, que explica que debido al aumento del nivel del mar, los barcos ya no caben bajo los puentes durante los picos del acqua alta y tienen que modificarlas.

Nuestra parada final es un astillero del siglo XV que alberga la asociación privada Arzaná. Dentro hay timones y remos antiguos, la mayor colección de fórcole del mundo y uno de los 50 barcos antiguos de la asociación. Caniato nos sirve una copa de vino tinto y brindamos por esta preciosa ciudad, que ha sobrevivido catorce siglos. Pese a los problemas, «nunca abandonaría Venecia», dice.

Dónde alojarse: El Hotel Casa Verardo, un hotel de tres estrellas en un palacio del siglo XVII ubicado en un callejón tranquilo de Venecia.

Dónde comer: El Ristorante Al Giardinetto da Severino, un restaurante veneciano tradicional dirigido por la misma familia desde 1949.

Dónde encontrar guías: Context Travel Tours, una compañía de décadas de antigüedad con expertos que dirigen excursiones temáticas.

La fiabilidad de los vientos convierten el lago de Garda en un lugar perfecto para los windsurfistas.
Fotografía de Rasmus Kaessmann Photography
La localidad de Peschiera del Garda se encuentra en el extremo meridional, donde el lago se une con el río Mincio.
Fotografía de Simon Bray

Navegación a vela por el lago de Garda

Gracias a George Clooney y su pasión por el lago de Como, el lago de Garda, al sudeste, recibe menos visitas. El acceso al tercio septentrional de este lago de 57 kilómetros cuadrados está prohibido a las lanchas privadas.

Un Flying Phantom en el lago de Garda, uno de los mejores lugares del mundo para regatas. Se celebran competiciones internacionales durante todo el año. Los visitantes pueden aprender en las escuelas de navegación a vela del lago.
Fotografía de Martina T. B/Created for Team Masterlan

Los dos vientos principales del lago de Garda son el Pelèr y el Ora. El Pelèr, un viento matutino del norte, sopla desde las montañas y es conocido como el «viento del buen tiempo», ya que crea pequeñas olas ideales para windsurfisas y kitesurfistas. Normalmente, se extingue antes del mediodía, justo cuando el Ora llega desde el sur, en general a 15 o 20 nudos, el viento perfecto para los expertos.

Y claro, esta mañana el lago era lo bastante cristalino como para atravesarlo en tablas de paddlesurf, pero son las dos de la tarde y los vientos han arreciado. Es hora de subirse al catamarán. Mi instructor de vela, Ivan Pastor, de Sailing Du Lac, la escuela de windsurf y navegación a vela del Hotel Du Lac et Du Parc, lleva el timón. Navegamos hasta llegar a una parte del lago más al sur, vacía de windsurfistas. Allí, me da el timón y las escotas. De niña navegaba en catamaranes, pero ha pasado mucho tiempo.

«Lo más importante de navegar es aprender a interpretar el viento», me cuenta Pastor. Es un buen consejo, pero estoy en el limbo intentando asimilar la forma ilógica en la que tengo que alejar de mí el timón mientras manejo las escotas.

Finalmente, recupero la memoria de mi yo marinera y consigo manejar el barco a favor del viento. Empezamos a escorar, partiéndonos de risa, a un ritmo que parece peligrosamente cercano al vuelo.

Dónde alojarse: El Hotel Du Lac et Du Parc Grand Resort, una propiedad con grandes jardines cerca de Riva del Garda.

Dónde encontrar guías: Segnana Watersports, que ofrece varios días de clases de navegación a vela.

Stephanie Pearson es editora colaboradora de la revista Outside. Reparte su tiempo entre los lagos del norte de Minnesota y los desiertos del Sudoeste estadounidense. Síguela en Twitter.
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