Visita White Sands, el nuevo parque nacional de Estados Unidos

La pintoresca reserva de Nuevo México ha obtenido protección federal. Estos lugares podrían ser los siguientes.martes, 21 de enero de 2020

Es fácil pensar que los parques nacionales son lugares intocables, paisajes vastos e inamovibles de nuestro entorno natural. Pero la realidad es que van y vienen: algunos pierden su categoría, otros la consiguen.

El parque nacional de White Sands, en Nuevo México, llegó a las grandes ligas en diciembre de 2019, cuando se convirtió en el 62º parque nacional de Estados Unidos. Protege las mayores dunas de yeso del planeta, un remanente de lagos y mares desaparecidos. Se trata de una cuenca de 712 kilómetros que un blanco resplandeciente y fría al tacto. Aquí, los visitantes pueden circular por los 13 kilómetros de Dunes Drive, practicar senderismo por uno de los cinco caminos o admirar el brillo blanco azulado de la arena suave y traslúcida a la luz de la luna llena.

Pero los 600 000 visitantes anuales de White Sands podrían representar la calma antes de la tormenta. El nuevo nombre de este antiguo monumento nacional podría atraer a las mismas multitudes que inundaron el parque nacional de las Dunas de Indiana tras su nombramiento en enero de 2019. Marie Sauter, superintendente de White Sands, explica que las visitas aumentaron una media de un 21 por ciento en ocho monumentos nacionales en los cinco años posteriores a su recategorización como parques.

¿Qué significa esto para los viajeros? Pues que puedes visitarlo antes de que lleguen bandadas de turistas u optar por visitar sitios que podrían convertirse en parques en el futuro. Más de una docena de reservas y zonas prístinas han puesto en marcha campañas para obtener la categoría de parque nacional y, aunque el proceso no es precisamente sencillo, es probable que dentro de poco White Sands deje de ser un novato. Estos cinco lugares de Estados Unidos podrían convertirse algún día en parques nacionales, pero ¿por qué esperar si sus puertas ya están abiertas?

Reserva y monumento nacional de los Cráteres de la Luna

Este monumento, tan biodiverso como Yellowstone pero con un tercio de su tamaño, contradice su nombre extraterrestre. Rose Bernal, comisaria del condado de Butte, explica que sus cuevas, coladas de lava, conos de ceniza y artemisas conquistaron al presidente Calvin Coolidge, que fundó Cráteres de la Luna en 1916 y quien supuestamente quería que se convirtiera en un parque nacional.

Pero no ha terminado así. Aunque se aprobó unánimemente una medida en el senado estatal, «el portavoz de la cámara no la asignó a un comité para debatirla», afirma Bernal, que describe la oposición de la Oficina de Agricultura de Idaho. «Al final quedó reducido a un argumento ideológico y decidimos dejar de intentarlo».

Independientemente de lo que le depare el futuro, vale la pena visitar Cráteres de la Luna. Su paisaje de 1770 kilómetros excavado por la lava ofrece muchas oportunidades para practicar senderismo, espeleología y acampada «en la Luna».

Driftless Region, Wisconsin/Iowa/Illinois

Hace más de 10 000 años, una capa de hielo de 1,6 kilómetros de grosor arañó, recorrió y allanó gran parte de la región del Medio Oeste, pero algunas partes del alto valle del río Misisipi quedaron ilesas. Aquí, los riscos paleozoicos, las cuevas de caliza, las cordilleras forestadas y los humedales ribereños contrastan de manera inconfundible con las llanuras circundantes. Los 52 000 kilómetros cuadrados también preservan petroglifos del período silvícola, cientos de montículos-efigie que se remontan al 500 a.C., uno de los ríos más antiguos del mundo y partes de la inigualable carretera panorámica Great River Road.

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Si en algún momento se convirtiera en el parque nacional de Driftless Rivers —la ONG Driftless Rivers National Park Foundation dirige la lenta campaña—, millones de personas estarían viviendo cerca del territorio de un parque nacional. Por ahora, los senderistas serán bien recibidos en los 1900 kilómetros del Ice Age Trail de Wisconsin y sus restos glaciales.

Área patrimonio nacional de Atchafalaya, Luisiana

Robles antiguos y túneles en cipreses. Bagres, cangrejos de río y pantanos. Influencias nativas americanas, africanas, caribeñas y europeas. El mayor pantano ribereño del país es un universo en sí mismo.

Atchafalaya, que significa «río largo» en choctaw, abarca 14 parroquias de la región centro-meridional de Luisiana y alberga dos docenas de especies en peligro de extinción. Aunque no hay parques nacionales en Luisiana ni en la región del Golfo, los visitantes acuden en bandada a Atchafalaya para practicar remo, ciclismo, observación de aves y acampada.

Independientemente de si los parques nacionales se han diseñado para proteger ecosistemas valiosos, cultura y patrimonio o especies vulnerables, Atchafalaya encaja en todas las categorías. El Lafayette Sierra Club defiende la protección de la zona, aunque las medidas se consiguen a cuentagotas.

Bosque nacional de Allegheny, Pensilvania/Nueva York

La región de Allegheny —en las faldas de los Apalaches de Pensilvania y Nueva York— es una de las zonas con menor densidad de población al este del Misisipi. Muchos senderos atraviesan estas colinas y cursos de agua, como los más de 160 kilómetros del sendero panorámico nacional North Country, un camino que abarca de Nueva York a Dakota del Norte.

Las más de 200 000 hectáreas de bosque protegido pueden parecer tranquilas a primera vista, pero pocas zonas de bosque primario han sobrevivido a una historia de tala desenfrenada. «Allegheny es uno de los bosques nacionales donde más recursos se han extraído», explica Zack/Cora Frank, que fundó la campaña para nombrar Allegheny parque nacional. «Los lugareños dependen del petróleo, la madera y el gas natural que se extrae de la tierra». Con los avances tecnológicos, la campaña espera obtener la categoría de parque nacional en las próximas décadas.

Bosque nacional del monte Hood, Oregón

Un volcán cubierto de glaciares. Una garganta con un río y 90 cascadas. Son escenas que solo se pueden ver en los mejores parques nacionales del país. Este bosque de más de 400 000 hectáreas, al este de Portland, no necesita que lo suban de categoría para atraer a más de cuatro millones de visitantes cada año (una cifra que rivaliza con Yellowstone). En las faldas del monte Hood, las oportunidades de practicar senderismo, acampada, escalada y ciclismo —e incluso de darse un «baño de bosque»— son ilimitadas.

Hay quien dice que la categoría de parque nacional solo traería problemas a este paisaje prístino, ya que el aumento del turismo reduciría los recursos y el incremento de las pisadas perjudicaría la tierra. Otros —como quienes dirigen la campaña— sostienen que es algo lógico y quizá cuestión de tiempo.

Jacqueline Kehoe es una escritora, fotógrafa y geóloga histórica aficionada. Síguela en Instagram o descubre su página web.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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