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Viajar en avión de forma más limpia podría ser posible gracias a estas tecnologías emergentes

Los motores eléctricos, los combustibles alternativos y la mejora de la navegación podrían reducir las emisiones y mitigar las repercusiones de un retorno global de los viajes en avión.

Publicado 26 ene 2021 14:18 CET
Fotografía de las estelas de condensación de los aviones

El cielo sobre Colonia, Alemania, atravesado por las estelas de condensación de los aviones. Como los contaminantes de estas estelas contribuyen al cambio climático, se están estudiando formas de eliminarlos, una de las muchas iniciativas en marcha para que volar sea más sostenible.

Fotografía de Federico Gambarini, AP

En el 2020 hay algo que muchos no hemos sentido: flygskam, el término sueco que significa vergüenza de volar. En un año en el que los viajes en avión han disminuido un 66 por ciento frente al 2019, quizá pienses que la flygskam ha desaparecido.

Pero con un reciente repunte del tráfico aéreo —y la expectativa por la recuperación de los viajes gracias a las vacunas anti-COVID-19—, la flygskam ha resurgido. El término apareció en 2017 dentro de la campaña para cambiar cómo volamos, desde la frecuencia de nuestros vuelos hasta la tecnología de las aeronaves. El fin es mitigar las emisiones de dióxido de carbono que, según los expertos, podrían triplicarse para el 2050.

La aviación representa una proporción relativamente pequeña de las emisiones globales: el 2,5 por ciento. Aunque los principales culpables, como la producción de electricidad y la agricultura, representan una mayor parte de las emisiones, también benefician a miles de millones de personas. En cambio, la mayoría de las emisiones de los aviones se deben a los viajeros ricos de los países más ricos: los pasajeros de clase preferente producen seis veces más carbono que los que viajan en turista y el uno por ciento de los voladores más frecuentes son responsables de la mitad de las emisiones de carbono de la aviación.

¿Será suficiente la ralentización causada por la pandemia para cambiar la industria de la aviación y producir beneficios duraderos para el medioambiente? Es probable que el descenso del tráfico aéreo en 2020 redujera las emisiones de carbono varios cientos de millones de toneladas. Algunos instan a hacer permanentes estas reducciones eliminando las estelas de condensación, utilizando nuevos combustibles y mejorando la navegación, entre otras medidas. El cambio climático podría alcanzar un punto de inflexión en 2035, así que habrá que actuar con rapidez.

Por supuesto, volar menos tendrá mayores repercusiones y se ha instado a que los viajeros vuelen solo una vez al año, no vuelen durante un año o asistan a conferencias de forma virtual. Con todo, los viajes en avión están aquí para quedarse, así que cuanto más limpios sean, mejor. A continuación te contamos algunas mejoras con las que la aviación podría ser más verde en los próximos años.

Reducir las estelas de condensación

La aviación no solo emite dióxido de carbono; también produce vapor de agua, aerosoles y óxidos de nitrógeno. Estos contaminantes absorben más energía entrante de la que se irradia hacia el espacio, lo que provoca el calentamiento de la atmósfera terrestre. Esto significa que los efectos de la aviación en el calentamiento podrían representar una proporción aún mayor de su huella de carbono.

Las turbinas de una aeronave comercial, como esta en un centro de mantenimiento de Singapur, funcionan con carburantes a base de queroseno. Las empresas están experimentando con biocombustibles y combustibles sintéticos que puedan reducir las emisiones de dióxido de carbono.

Fotografía de Justin Guariglia, Redux

Un Airbus A300-600R a punto de aterrizar. La empresa planea tener un avión que funcione con hidrógeno para el 2035.

Fotografía de Aviation Images/Getty Images

Además del carbono, las peores consecuencias se derivan de las estelas de condensación, esas líneas nubosas que se forman a partir de las emisiones del motor de un avión. Un pequeño número de vuelos son responsables de la mayoría de las estelas de condensación. Se debe a que estos rastros solo se forman en franjas atmosféricas estrechas donde el tiempo es lo bastante frío y húmedo.

Evitar dichas zonas podría suponer una gran diferencia a la hora de limitar la contaminación de la aviación. Un trabajo de investigación que modelizó el espacio aéreo de Japón descubrió que modificar un pequeño número de rutas de vuelo para que evitaran estas zonas podía reducir los efectos de las estelas de condensación en el clima en un 59 por ciento. El cambio sería de apenas 2000 pies por encima o por debajo de estas regiones. Aunque volar un avión a más o menos altitud puede reducir su eficiencia y gastar más combustible, el estudio descubrió que limitar las estelas de condensación compensaría las emisiones de carbono adicionales.

«Cada vez más, nos damos cuenta de que las repercusiones de las estelas de condensación son un componente muy importante del impacto climático de la aviación», afirma Marc Stettler, uno de los autores del estudio y profesor de transporte y medioambiente en el Imperial College London.

Los lugares donde pueden formarse estelas de condensación cambian según el día, así que las aerolíneas necesitan pronósticos meteorológicos fiables de varios días para evitarlos. En el futuro, los pilotos podrían informar de las estelas de condensación, como hacen con las turbulencias, para que otros aviones ajusten sus trayectorias de vuelo.

El año pasado, EUROCONTROL, la autoridad europea de aviación, empezó a prepararse para realizar ensayos de un proyecto para evitar las estelas de condensación. Stettler y sus colegas planean seguir investigando cómo aplicar cambios que puedan reducir las estelas de condensación.

«Hay una forma más rápida para que la aviación reduzca sus repercusiones climáticas», afirma.

Combustibles alternativos

Los aviones comerciales utilizan combustible a base de queroseno, pero algunas empresas están experimentando para convertir la biomasa, como el aceite vegetal e incluso los pañales usados, en carburante. Algunas investigaciones sugieren que estos biocombustibles podrían reducir la contaminación de carbono de los aviones hasta un 60 por ciento. Pero no todos los biocombustibles se crean del mismo modo.

Los que pueden transformarse en alimento son insostenibles debido a que la población está creciendo y necesita las calorías de estos cultivos. El aceite de cocina usado y la pulpa sobrante de la agricultura o la tala son caros y no se producen a una escala lo bastante grande como para crear un cambio significativo. Con todo, esto no significa que no puedan desarrollarse otros combustibles de aviación sostenibles.

«Se dice mucho que la aviación es un sector difícil de descarbonizar», afirma Andrew Murphy, director de aviación de Transport and Environment, una organización europea no gubernamental. «Esa es solo la mitad de la historia. La otra mitad es que no lo hemos intentado».

Las áreas más prometedoras incluyen los electrocombustibles o «combustibles sintéticos», cuya reingeniería no precisa motores. Para fabricar electrocombustibles, se utiliza electricidad —con suerte, renovable— para dividir el agua en hidrógeno y oxígeno. A continuación, el hidrógeno se combina con dióxido de carbono para fabricar carburante.

Otra iniciativa consiste en extraer carbono de la atmósfera y utilizarlo como ingrediente en el combustible. Aunque la tecnología todavía está en sus primeras fases, no quiere decir que esté muy lejos.

«La pandemia nos ha demostrado que la nueva tecnología puede acelerarse si queremos», afirma Murphy.

Aviones eléctricos o híbridos

Los coches no son el único medio de transporte que se ha sumado a la innovación eléctrica: según un recuento, actualmente hay cien proyectos de aeronaves eléctricas en marcha.

Los primeros vuelos eléctricos serán en aviones pequeños con un alcance limitado a pocos cientos de kilómetros. Noruega, un país con numerosas islas y un terreno montañoso, ha prometido que todos los vuelos de corta duración se realizarán en aeronaves eléctricas para el 2040. Algún día, las zonas desatendidas podrían abrir nuevas rutas en las que solo vuelen aviones eléctricos.

«Una flota enorme de estas [aeronaves] podría cambiar radicalmente los sistemas de transporte locales», afirma Ron Steenblik, exdirector del Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible de Global Subsidies Initiative.

Un avión desciende mientras sale el sol en Ciudad de México. La inteligencia artificial está utilizándose para mejorar la navegación aérea y reducir los retrasos que hacen que los aviones se queden parados en la pista o den vueltas al aeropuerto.

Fotografía de Marco Ugarte, AP

Llegar más lejos o volar en aviones más grandes que funcionen con energía eléctrica no será posible a corto plazo. Pero algunas empresas están explorando un híbrido de electricidad e hidrógeno que podría ampliar las rutas. Boeing y otras empresas también están estudiando el hidrógeno como medio de propulsión incluso sin electrificación. Recientemente, Airbus reveló tres aviones de hidrógeno diferentes y planea tener uno de ellos o algo similar en funcionamiento para el 2035.

«No solo queremos que sea técnicamente posible», afirma Glenn Llewellyn, vicepresidente del proyecto Zero-Emission Aircraft de Airbus. «Queremos que sea económicamente viable».

El desastre del Hindenburg de 1937 puso fin a la primera era del hidrógeno. El sector de la aviación intentó y abandonó otro proyecto con hidrógeno en 2010 tras ver que era demasiado caro. Pero Llewellyn señala que el hidrógeno ha sido mejorado por otras industrias, como la automovilística y la espacial, demostrando que es seguro, innovando en sus usos y reduciendo costes.

«El ecosistema está evolucionando de una forma muy distinta a hace 10 años», afirma Llewellyn. «Contamos con un mejor punto de partida».

Las mejoras en la navegación

Las aerolíneas han utilizado los ordenadores para optimizar la planificación y las rutas durante décadas, pero ahora están recurriendo a la inteligencia artificial (IA) para hallar nuevas formas de reducir las necesidades de carburante.

Air France, Norwegian y Malaysia Airlines ya están empleando una tecnología llamada Sky Breathe, basada en los macrodatos y la IA, para analizar millones de registros de vuelos para encontrar formas de ahorrar combustible. La compañía creadora de Sky Breathe afirma que ha ahorrado a sus clientes más de 150 millones de dólares en 2019 y reducido las emisiones de CO2 en 590 000 toneladas.

La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por sus siglas en inglés) ya se encuentra en mitad de un proyecto plurianual llamado NextGen, que consistirá en una serie de sistemas interconectados para mejorar las formas de ver, navegar y comunicar del control del tráfico aéreo. La FAA afirma que la tecnología posibilitará programar aterrizajes y despegues más cercanos y disminuirá los retrasos que hacen que los aviones permanezcan parados en la pista o dando vueltas al aeropuerto.

«La IA es ideal para buscar patrones», afirma Ashish Kapoor, investigador de IA en Microsoft que trabaja en proyectos de aviación. «Tenemos años de experiencia volando en avión, así que tenemos un montón de datos».

Se dispondrá de más datos a medida que se equipen los aviones con sensores, que generarán más información para aplicar mejoras. Todos estos datos significan que la próxima fase de la aviación podría ser diferente. Los algoritmos podrían desarrollar nuevos diseños de aviones y elaborar planes de vuelo que tengan en cuenta la velocidad, la comodidad y las emisiones.

«No tenemos que evolucionar como lo ha hecho la aviación en los últimos cien años», afirma Kapoor.

Para que esto ocurra, más tecnologías tendrán que evolucionar, los países tendrán que modificar la legislación y las aerolíneas deberán financiar investigaciones caras. Harán falta incentivos para fomentar que la industria de la aviación se vuelva sostenible. Janice Lao-Noche, científica ambiental y economista del desarrollo, afirma que hará falta mucha flygskam y quizá la pena de que el cambio climático altere más vuelos para que todas estas innovaciones salgan adelante.

«No creo que sea fútil», afirma Lao-Noche. «[Pero] este va a ser, y perdón por la broma, un viaje turbulento para la industria de la aviación».

Jackie Snow es una escritora de tecnología y viajes afincada en Washington D.C. Síguela en Instagram.
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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