Viaje y Aventuras

Contempla el palacio de Potala, el corazón del budismo tibetano

El palacio de Potala es uno de los santuarios espirituales más famosos del mundo. Miércoles, 5 September

Por Clarissa Wei

A 3.700 metros sobre el nivel del mar, Potala es el palacio más alto del mundo. La estructura de 1.300 años de antigüedad se construyó originalmente como gesto de amor, encargado por el rey tibetano Songtsen Gambo para conmemorar su matrimonio con la princesa Wencheng, de la dinastía china Tang. Finalmente, los monjes acabaron gobernando el Tíbet y el palacio se expandió y se convirtió en la residencia de invierno del Dalái Lama. Pero cuando el Dalái Lama se exilió a la India en 1959, el gobierno chino se apoderó de él y convirtió el terreno en un museo.

Sin embargo, el palacio de Potala sigue siendo una parte emblemática de la región y una Meca para budistas de todo el mundo. El nombre de Potala es un guiño a la montaña sagrada de la India, donde se dice que habita el Buda de la compasión. Durante todo el año, miles de peregrinos religiosos recorren el perímetro del palacio con ruedas de plegaria y cuentas, pidiendo bendiciones. Muchos han viajado miles de kilómetros a pie solo para presentar sus respetos.

Con más de 1.000 habitaciones, 10.000 pergaminos pintados, 698 murales y miles de estatuas exquisitas hechas de joyas y aleaciones preciosas, la estructura se ha convertido en uno de los santuarios espirituales más famosos del mundo. Alberga las tumbas de ocho Dalái Lamas, cientos de pergaminos budistas sagrados y numerosos altares. Las lámparas de mantequilla iluminan los pasillos y los monjes vigilantes están destacados en casi cualquier sala pública para garantizar que se mantenga el decoro.

El edificio se divide en dos partes: el Palacio Rojo y el Palacio Blanco. El primero sirve como sección religiosa y el segundo, como área administrativa. Están pintados literalmente de rojo y blanco; cada otoño se aplica una nueva mano de pintura hecha de leche, miel y azúcar.

El palacio de Potala fue nombrado lugar Patrimonio de la Humanidad en 1994 por la Unesco, y el vecino templo de Jokhang y Norbulingka se añadieron como extensiones en el 2000 y el 2001, respectivamente. El templo de Jokhang se considera el templo más sagrado del Tíbet y Norbulingka era la antigua residencia estival del Dalái Lama. Las tres estructuras son encarnaciones espectaculares de la cultura tibetana y, pese a los daños provocados por los humanos, son iconos internacionales que han conservado la importancia de su valor espiritual, que ha permanecido intacto durante siglos.

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