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Una nueva especie de pez baboso vive a una profundidad récord de 8.200 metros

Se ha identificado formalmente una nueva especie de pez baboso. Se cree que estos peces son capaces de soportar una presión equivalente al peso de 1.600 elefantes. miércoles, 29 de noviembre de 2017

Por Craig Welch
Este TAC revela el esqueleto de un pez baboso, la especie conocida que vive a mayor profundidad y que ha recibido un nombre científico formal.

Es rosado, de apenas 15 centímetros de largo y con un cuerpo tan traslúcido que se puede ver su hígado.

Un equipo de científicos ha documentado formalmente una nueva especie de pez, el Pseudoliparis swirei, un pequeño y raro pez baboso atrapado a 7.966 metros en la fosa de las Marianas, una distancia solo ligeramente inferior a la altura del Annapurna II.

Esta criatura de las profundidades gélidas del océano, o zona hadal, fue atrapada por primera vez en 2014 y de nuevo a principios de 2017, pero no se había descrito hasta ahora. Probablemente esta especie, el pez atrapado a mayor profundidad, no sea la primera en la que piensa la gente cuando se imaginan a las criaturas pelágicas.

«El público suele pensar en peces lofiformes o peces víbora», peces negros y de mandíbulas monstruosas con linternas colgantes que se suelen encontrar a unos cuantos miles de metros de profundidad, según explica Mackenzie Gerringer, investigadora posdoctoral en los laboratorios Friday Harbor de la Universidad de Washington. «Cuando llegas a esta profundidad, los peces adoptan una forma muy diferente. No tienen escamas, ni dientes grandes y no son bioluminiscentes, que sepamos».

La falta de certitud se debe, por supuesto, al territorio. Esta es una de las dos especies de pez baboso —existen más de 350 especies conocidas de pez baboso en el mundo— grabadas en vídeo durante expediciones recientes a la fosa. En varias expediciones, los científicos han logrado atrapar a 37 ejemplares de Pseudoliparis swirei. También han conseguido grabar en vídeo a uno a 8.178 metros.

Sin embargo, todavía no han atrapado a ningún ejemplar del otro pez, grabado aproximadamente a la misma profundidad. Ese aparece en el nuevo documental de la BBC Blue Planet 2. Tiene un cuerpo tan delicado que una vez un científico lo comparó con «un pañuelo de papel arrastrado por el agua». Es una especie que todavía no ha sido descrita y que no tiene nombre formal. Los científicos lo han bautizado, por ahora, como el «pez etéreo».

Sin embargo, pese a estos recientes hallazgos —y pese a que la parte más profunda del océano se extiende a unos 3.000 metros más, la friolera de 11.000 metros—, los científicos sospechan que es improbable que encuentren un pez que viva a más profundidad que estos dos.

«No es que no hayamos buscado», afirma Gerringer.

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La vida bajo presión extrema

El Pseudoliparis swirei fue bautizado en honor a un oficial del HMS Challenger, la expedición británica de la década de 1870 que descubrió miles de nuevas especies oceánicas y llevó al descubrimiento de la fosa. El oficial del Challenger Herbert Swire, un subteniente de navegación, publicó sus diarios de viaje. «Hemos nombrado al pez en su honor en reconocimiento de la tripulación que sirve en buques de investigación oceanográfica», afirma Gerringer. «Hace falta mucha gente para que un barco se mantenga en funcionamiento y queríamos agradecérselo de forma sincera».

Este pez baboso mide unos cuantos centímetros pero puede soportar una presión superior a la fuerza de 1.600 elefantes sobre su cabeza.

La especie es casi con total certeza endémica de la fosa de las Marianas y parece ser abundante, ya que los científicos observaron a varios ejemplares en cámaras transportadas por vehículos autónomos de inmersión profunda en 2014. Sus huevos son increíblemente grandes —de casi un centímetro de ancho— y basándose en las disecciones de los ejemplares capturados por los científicos, a estos peces babosos no les falta comida. Dentro de sus vientres, Gerringer encontró cientos de crustáceos diminutos parecidos a las cochinillas o bichos bola que se pueden encontrar en un jardín.

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Existe toda una serie de animales que pueden desarrollarse en las profundidades: foraminíferos, extraños crustáceos decápodos, pepinos de mar o microbios, entre otros. Sin embargo, es una vida difícil para los peces.

«Existen limitaciones reales para la vida en estas fosas», afirma Gerringer. Se cree que los peces babosos son capaces de soportar una presión equivalente al peso de 1.600 elefantes. «Se han adaptado a esa presión para mantener sus enzimas en funcionamiento y sus membranas en movimiento».

Esta presión, según sospechan los científicos, podría ser la razón de que los peces no se hayan encontrado en la zona más profunda del océano. Los peces podrían ser químicamente incapaces de soportar los efectos desestabilizadores que tiene la presión en las proteínas por debajo de los 8.200 metros, aproximadamente.

Pero, por supuesto, no podemos afirmarlo con seguridad.

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Conexiones con la superficie

«Hay fosas por todo el Cinturón de Fuego del Pacífico, pero no sabemos si son similares o si están conectadas», explica Gerringer. «No sabemos lo relacionadas que están con los entornos que hay sobre ellas. Todavía estamos en la frase de descubrir quién está ahí abajo», afirma Gerringer.

Aun así, no es como si no hubiéramos dejado nuestra huella. Ni siquiera estas fosas tan poco entendidas son inmunes a nuestra influencia. Hace poco, los científicos han descubierto cantidades asombrosamente altas de Contaminantes Orgánicos Persistentes (POPs, por sus siglas en inglés) en crustáceos en la parte más profunda de la fosa. Son casi sin ninguna duda subproductos de los pedazos de plástico que se degradan.

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