Animales

Exclusiva: Las «granjas de tigres» alimentan el comercio ilegal de tigre en Asia

Nuevas investigaciones sugieren que los centros de tigres cautivos tanto legales como ilegales alimentan el comercio ilegal de tigres en Asia de forma brutal. Lunes, 30 Julio

Por Rachael Bale - National Geographic

En el salón de una casa que se encuentra al final de un estrecho camino rural de la región central de Vietnam, muy lejos de la carretera principal, el esqueleto de un tigre yace expuesto en el suelo. Es el único esqueleto completo a la venta, según cuenta la encargada a un par de visitantes.

Era una oferta atractiva para quien quisiera elaborar vino de hueso de tigre, una codiciada bebida hecha a partir de huesos remojados en vino de arroz. Pero, en realidad, a los visitantes les interesaban los tigres vivos.

Tras hablar un poco, les condujeron a una casa cercana. No cabía duda de que, quienquiera que fuera el dueño, tenía dinero. Estaba pintada de manera impecable, con un gran patio delantero de cemento, numerosos árboles y carísimos SUV aparcados delante. Además, la custodiaba una alta valla de acero.

El grupo atravesó el salón y se dirigió hacia la parte trasera de la casa. Allí, una mujer retiró una parte del muro, revelando una puerta oculta. Tras ella había tigres, cada uno en una jaula, encerrados en plena oscuridad. Cerca de ellos había una cesta donde se acumulaban cientos de cabezas de pollo. Podía oírse el gruñido de uno de los tigres, que daba vueltas de un lado al otro en su jaula.

La mujer dijo que había más tigres en el patio trasero e invitó a los visitantes a sentarse a tomar el té en el salón, donde hizo su oferta. Podían comprar uno de los tigres, cuyo precio se fija por kilogramo, más un cargo adicional por procesar la piel. La entrega a cualquiera de las numerosas ciudades de China estaba incluida en el precio básico, y por el mismo importe, los compradores también podían llevarse los huesos, dientes, genitales y garras, si lo deseaban.

Dijeron a la mujer que se lo pensarían, y se fueron.

Los visitantes eran investigadores encubiertos de la Wildlife Justice Commission (WJC). Esta organización sin ánimo de lucro con sede en la Haya trabaja para destapar las redes criminales dedicadas al comercio ilegal de animales salvajes, y desde 2016, la Operación Emboscada (Operation Ambush) de la WCJ se ha centrado en los centros de tigres en cautividad del Sudeste Asiático. Han compartido con National Geographic varios informes, fotografías y vídeos, un compendio que sirve de inusual ventana al interior de una de las industrias tras el multimillonario mercado negro de animales salvajes y sus partes.

Tigres cautivos

Desde el marfil de elefante a las orquídeas, el comercio ilegal de animales salvajes afecta a decenas de miles de especies de todo el mundo. Es cada vez más sofisticado, con redes organizadas que obtienen, transportan, venden y sobornan para conseguir beneficios. El tráfico de tigres cautivos y sus partes es solo una pequeña parte.

Se estima que quedan menos de 4.000 tigres en la naturaleza, pero hay más de 8.000 cautivos en centros de China, Laos, Tailandia y Vietnam. Algunos cuentan con licencias de gobiernos nacionales y están abiertos al público, promocionándose como zoos, centros de conservación y lugares de ocio turístico. Un ejemplo de ello es el famoso Templo de los Tigres de Tailandia, que funcionaba bajo el disfraz del turismo. Muchas instalaciones son similares a las granjas industriales, criando rápidamente a los tigres como ganado para satisfacer la demanda de sus partes, principalmente en China y Vietnam. Otros son negocios a pequeña escala en sótanos o patios traseros que operan al margen de la ley.

Los huesos de tigres cautivos suelen emplearse para elaborar vino o una pasta medicinal; la piel se emplea para tapizar muebles y a modo de elemento decorativo, como alfombras o tapices, y los dientes pueden bañarse en oro y convertirse en joyas. Poder llevar, exponer o consumir productos de tigres es un codiciado símbolo de posición social entre algunos chinos y vietnamitas.

Los centros de cría de tigres despegaron en China a mediados de los 80 como una iniciativa para reducir la caza furtiva de tigres salvajes, pero los conservacionistas señalan que no han hecho más que exacerbarla. «La existencia misma de estas instalaciones podría invitar a la caza furtiva en la naturaleza para contar con reservas», afirma Kanitha Krishnasamy, directora en funciones de la oficina de TRAFFIC en el Sudeste Asiático, la organización que supervisa el comercio de animales salvajes. Además, añade que su existencia ayuda a eliminar cualquier estigma asociado al uso de partes de un animal tan amenazado.

El comercio internacional de tigres y las partes de sus cuerpos lleva prohibido desde 1987, después de la votación de los países que forman parte del Convenio sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES), un tratado internacional que regula el comercio de animales salvajes. En 2007, las partes de CITES aprobaron una medida que determinaba que los tigres no deberían criarse para su comercio.

Sin embargo, están apareciendo tigres cautivos junto a tigres salvajes en el comercio ilegal. La Environmental Investigation Agency (EIA), con sede en Londres y que rastrea las incautaciones de tigres y partes de tigres, estima que casi el 38 por ciento de los tigres vivos, congelados y disecados incautados por las autoridades entre 2010 y mediados de 2018 procedían de la cautividad, a juzgar por la condición de sus pieles y las circunstancias en las que habían traficado con ellos.

Sótanos y patios traseros

La casa de Vietnam con los tigres ocultos en la trastienda parecía ser una operación familiar. «Es una de las muchas casas familiares [de Vietnam] que mantiene unos cuantos tigres», afirma Doug Hendrie, director de la unidad de delitos contra la vida silvestre de Education for Nature - Vietnam (ENV), que lleva investigando el comercio de tigres cautivos en Vietnam desde 2007.

La mayoría de los tigres cautivos de Vietnam se encuentra en zoológicos autorizados, públicos y privados, pero la provincia de Nghe An, en la región centroseptentrional de Vietnam, se caracteriza por albergar una serie de operaciones de tigres ilegales en sótanos y patios traseros. Allí acudió WJC.

La hermana mayor de la mujer que hizo la oferta a los investigadores encubiertos había explicado que, como compradores, les invitarían a presenciar la matanza para garantizar que fuera el animal acordado. Antes debían hacer una transferencia del 30 por ciento del importe a su cuenta bancaria china, como fianza, y el 70 por ciento restante una vez las partes de los tigres llegaran a China.

«Ambas [hermanas] estaban muy tranquilas», afirma uno de los investigadores de WJC, que se hizo pasar por un comprador chino. «Para ellas es solo una forma de hacer negocio. Una forma de ganar dinero».

Aunque gran parte de la demanda de partes de tigre procede de China, Vietnam tiene su propia historia de consumo de tigre. La pasta de hueso de tigre, una medicina tradicional, es un producto puramente vietnamita, según Krishnasamy. El comercio doméstico de partes de tigre dentro de Vietnam es ilegal, y la pasta de hueso de tigre es uno de los principales impulsores del comercio ilegal dentro del país.

Hendrie explica que, normalmente, el proceso comienza con un intermediario que reúne un grupo de personas que acuerdan comprar un tigre entre todas. El intermediario encuentra a un comerciante de tigre, gestiona la transacción financiera y se encarga de la entrega. Los compradores se reúnen para la preparación.

El intermediario también está a cargo de contratar al «chef» de huesos de tigre, un especialista que elabora la pasta. Hendrie cuenta que esta persona hierve los huesos de tigre, probablemente junto a los huesos de otros animales, durante siete días. La sustancia marrón resultante, que tiene la consistencia de las gachas de avena, se vierte, se seca y se corta en bloques. Cada comprador obtiene un número determinado de bloques, que se quedan, venden o regalan. Se suelen cortar fragmentos de estos bloques para mezclarlos con vino y beber el brebaje resultante, según Hendrie.

La importación de tigres

Cuando los investigadores de la WJC viajaron por primera vez a Vietnam, la hermana menor les contó que «mi familia tiene el mayor número de pieles de tigre». Durante una reunión, les mostró una habitación oculta donde había cuatro pieles de tigre colgadas sobre palés de madera, dos pieles secas enrolladas y otras dos pieles sumergidas en una especie de líquido desinfectante. También había un noveno tigre, entero y disecado.

Para seguir el ritmo de la demanda, según ella, a veces importaban tigres de Laos. El vecino occidental de Vietnam es otro punto caliente de cría en cautividad y comercio ilegal de tigres, de forma que la WJC también envió investigadores allí.

Uno de los lugares visitados fue Muang Thong, una famosa granja de tigres laosiana cuyos vínculos al comercio internacional se remontan a hace años. En 2009, un director de Muang Thong contó a la revista Target, una publicación laosiana, que «empresarios extranjeros habían acudido a ver tigres en la granja, pero decidieron no comprarlos ya que los tigres no eran lo bastante grandes como para exportarlos». Las exportaciones comerciales habrían sido ilegales.

La revista también vinculó Muang Thong a Vinasakhone, una empresa laosiana que, según reveló The Guardian en 2016, fue uno de los pocos negocios autorizados por el gobierno para transportar cierto volumen de animales salvajes protegidos a través de determinados pasos fronterizos, violando tanto CITES como la legislación laosiana. En 2016, la Secretaría de CITES informó de una visita a la «granja de tigres de Vinasakhone» y un representante confirmó a National Geographic que las instalaciones también se conocen como Muang Thong.

The Guardian también informó de que había tenido acceso a pruebas concluyentes de que Vinasakhone había estado matando y vendiendo tigres ilegalmente a compradores de Vietnam, China y el «Triángulo Dorado», donde se unen Laos, Tailandia y Birmania y donde el tráfico de seres humanos, animales salvajes y drogas es rampante.

El director de Muang Thong que habló con los investigadores de la WJC explicó que los tigres se matan por encargo. Según dijo, un comprador potencial, normalmente vietnamita, organiza una visita con el dueño de la granja para escoger un tigre. Suelen matar al tigre mediante inyección letal. A continuación, un carnicero —los compradores suelen traer a su propio carnicero— lo procesa.

«Quieren supervisar todo el proceso», afirma Sarah Stoner, directora de la unidad de inteligencia de la WJC. «Compras al animal entero como materia prima y a partir de ahí puedes hacer todo lo que quieras con él».

Una de las hermanas vietnamitas también contó a los investigadores que a veces compran cachorros de tigre de África. Según un informe reciente de dos ONG sudafricanas, el país tiene al menos 56 centros de tigres cautivos. Vietnam ha informado de que ha recibido más de 50 tigres vivos de Sudáfrica desde 2010, según los datos de comercio de CITES. Sudáfrica también exporta huesos de león al Sudeste Asiático, que expertos como Krishnasamy creen que se hacen pasar por huesos de tigre y entran en el comercio ilegal. Desde 2008 hasta 2015, casi el 98 por ciento de los esqueletos de leones exportados desde Sudáfrica se destinaron a Vietnam o Laos, según el grupo de bienestar y conservación sin ánimo de lucro Born Free Foundation. Uno de los importadores en Laos es Vinasakhone.

Promesas del gobierno

En mayo, el primer ministro laosiano Thongloun Sisoulith anunció una orden que prohibía la creación de nuevas granjas de animales salvajes y recomendó que las existentes se convirtiesen en zoos y parques de safari. La orden llegó tras un compromiso en una reunión de CITES en 2016 en la que el gobierno afirmó que planeaba empezar a buscar formas de clausurar su industria de granjas de tigres.

«Esta [orden] es un grave problema, ya que indica que los dueños de [las seis] granjas [conocidas], todas ellas implicadas en el comercio ilegal, no serán enjuiciados», afirmó por email Debbie Banks, directora del programa de tigres de EIA. «En segundo lugar, si este es el modelo que hemos observado en Tailandia —donde los turistas pueden interactuar con los tigres, la cría continúa a un ritmo rápido y varias instalaciones se han visto implicadas en el comercio ilegal por la puerta trasera— nos preocupa mucho que continúen en Laos un comercio ilegal y una cría similares».

El gobierno laosiano no respondió a las peticiones de comentarios.

Muang Thong ya se ha dividido en dos, y una de sus nuevas empresas se convertirá en un centro de tigres orientado al ocio.

Vietnam, como parte de su nuevo código penal de este año, ha convertido la posesión de tigres en delito penal y ha aumentado las penas mínimas por el transporte, comercio y tráfico de tigres y otras especies en peligro de extinción. Sin embargo, según Hendrie, muchos zoos de Vietnam todavía cuentan con autorización para procesar y criar tigres, garantizando una fuente accesible en los próximos años. El gobierno vietnamita y la policía medioambiental no respondieron a las peticiones de comentarios.

Vietnam tiene una legislación lo bastante fuerte como para reprimir el comercio ilegal de tigres, pero, según Stoner, la aplicación de la ley suele ser escasa debido a los recursos limitados, la falta de experiencia a la hora de combatir el crimen organizado y, en ocasiones, la corrupción.

También existe otro obstáculo: «Según nuestra experiencia, los dueños y comerciantes de tigres vietnamitas suelen sospechar más de compradores vietnamitas que de compradores chinos, lo que ha dificultado que la policía vietnamita envíe agentes encubiertos», afirma el director de investigaciones de la WJC, que permanecerá en el anonimato por razones de seguridad. Según él, es mucho más improbable que una persona china sea un policía encubierto. Por eso la WJC siempre comparte informes de inteligencia con las fuerzas de la ley y se ofrece a colaborar con ellas, e incluso a «prestarles» agentes encubiertos.

La organización colabora con las fuerzas de la ley vietnamitas en este caso, y la Operación Emboscada sigue adelante. Normalmente, la WJC no hace pública mucha información antes de cerrar los casos, pero la comisión cree que es importante arrojar luz de inmediato sobre la brutalidad del comercio de tigres en el Sudeste Asiatico y la urgente necesidad de abordarlo.

«Todos [en esta aldea] saben lo que hacen», afirma el investigador que visitó la casa vietnamita y que habló con National Geographic. Sin embargo, estos negocios siguen operativos.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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