Estas cobras practican canibalismo con una frecuencia sorprendente

Aunque se sabía que las cobras comían otras serpientes de vez en cuando, nuevas investigaciones sugieren que la conducta es habitual y que canibalizan a su propia especie.

Por Christie Wilcox
Publicado 4 oct 2018, 13:32 CEST
Coba del Cabo
Las cobras del Cabo (Naja nivea) alcanzan el metro y medio de largo, tienen un veneno muy fuerte y se ha descubierto que practican el canibalismo, devorando a miembros de su propia especie.
Fotografía de Joël Sartore, National Geographic Photo Ark

El canibalismo es una conducta extendida en el reino animal. Pero los ofidios suelen considerarse una excepción a esta norma, siendo un conjunto de especies que rara vez devora a uno de los suyos, a excepción de durante épocas de extremas dificultades.

Dicho paradigma parece estar desmintiéndose, a medida que estudio tras estudio ha hallado pruebas de canibalismo entre serpientes En un nuevo artículo científico, un equipo de investigadores informa de que una de las serpientes más famosas del planeta —la cobra— consumen con regularidad a su propia especie.

Cuando el herpetólogo Bryan Maritz oyó la llamada por radio que decía que había «dos enormes serpientes amarillas luchando», se puso en acción. Maritz, investigador de la Universidad del Cabo Occidental en Sudáfrica, estaba en el desierto de Kalahari en busca de cobras del Cabo (Naja nivea) y boomslangs o culebras arborícolas del Cabo (Dispholidus typus) para su investigación en curso sobre su utilización de recursos.

Cuando él y sus colegas descubrieron a las serpientes 15 minutos después, la más grande se estaba tragando a su rival más pequeña. «En lugar de capturar a dos posibles animales de estudio, encontramos a un animal de estudio muy bien alimentado», explicaron Maritz y sus colegas en su estudio, publicado esta semana en la revista Ecology. La cobra llevaba un transmisor por radio y la apodaban Hannibal.

Las cobras del Cabo son depredadoras generalistas que no tienen ningún reparo a la hora de devorar otras serpientes, incluidas las muertas. De hecho, muchas especies de serpientes cazan a otras serpientes de forma oportunista y algunas —como la famosa cobra real (Ophiophagus hannah)— han convertido a los ofidios en la mayor parte de su dieta. En general, se cree que estas serpientes se alimentan de otras especies, no de la suya propia. Por eso, tras observar este fenómeno supuestamente poco habitual, Maritz se preguntó si esta práctica no sería tan inusual, al fin y al cabo.

Sus colegas y él analizaron la literatura científica en busca de informes de ofiofagia —el término científico para referirse a alimentarse de serpientes— en las seis especies de cobras que habitan África meridional. También estudiaron informes de científicos ciudadanos locales en un grupo de Facebook.

«Sabíamos que comían serpientes», afirma Maritz. «Lo que no sabíamos es que las serpientes son un componente enorme de su dieta». Descubrieron que entre el 14 y el 43 por ciento de la dieta de cada especie se componía de serpientes. A las cobras parecen gustarles especialmente las víboras bufadoras (Bitis arietans); la víbora del Gabón representaba casi un tercio de las presas ofidias documentadas.

Y lo que resulta más sorprendente: observaron a cinco de las seis especies devorando a su propia especie. Las cobras del Cabo eran especialmente caníbales, ya que los miembros de su propia especie comprendían el cuatro por ciento de las observaciones de alimentación contadas en este estudio. Eso destacó, ya que un examen exhaustivo llevado a cabo 11 años antes no encontró evidencias de canibalismo en la especie.

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    Más raro aún fue el hecho de que todos los casos de canibalismo que documentaron Maritz y sus colegas en cobras del Cabo eran de un macho devorando a otro macho. Esto sugiere que la práctica podría haber sido secundaria a las luchas por los recursos y el apareamiento.

    «El vínculo posible entre el combate macho contra macho y el canibalismo es tentador», afirma Maritz. Cabe reconocer que el conjunto de datos es pequeño, por lo que resulta posible que las hembras también practiquen canibalismo. Simplemente no han descubierto ningún caso.

    La exclusividad de los machos también intriga a William Hayes, experto en ofidios y ecólogo conductual de la Universidad de Loma Linda en California para quien el estudio resulta «fascinante».

    «Puede ser tentador suponer que los efectos de la ofiofagia en este grupo son insignificantes, pero los fenómenos relativamente inusuales pueden tener implicaciones profundas», afirma. «Comerse a un solo competidor podría marcar la diferencia entre la supervivencia o garantizar el apareamiento».

    Una cobra del Cabo macho consume a un macho más pequeño de la misma especie en África meridional, una muestra de canibalismo que se consideraba inusual en la especie.
    Fotografía de Bryan Maritz

    Sin embargo, según Kate Jackson, herpetóloga del Whitman College en Washington que no participó en el estudio, no resulta necesariamente desconcertante que estas especies aprovechen la oportunidad para devorar a una serpiente más pequeña con la que se hayan tropezado o que hayan derrotado en una batalla. Señala que, si eres larga y delgada, el alimento más grande que te cabe en la boca es algo largo y delgado.

    Jackson, que ha estudiado los mecanismos de la ofiofagia en serpientes en las serpientes reales, dijo que le «encantó» comprobar que se lleva a cabo este tipo de estudio. «Gran parte de la información que tenemos sobre las dietas de las serpientes salvajes se basa solo en listas de presas obtenidas de guías de campo», y no de la investigación innovadora, explica.

    Jackson señala que el estudio es importante por el impacto que las cobras tienen en las personas. Las cobras son unas de las serpientes más peligrosas de África debido a sus potentes venenos. Pero las proporciones e incluso los tipos de toxinas en dichos venenos pueden variar según lo que coman las serpientes, de forma que, si las dietas de estas especies varían en zonas diferentes, ellas mismas podrían tener venenos diferentes. Esto podría significar que un antídoto que salve vidas en una región podría ser menos eficaz en otra.

    El estudio sugiere que el canibalismo en ofidios podría desempeñar un papel más importante a la hora de estructurar las comunidades de ofidios, determinando el tipo y el tamaño de las serpientes que habitan en un área determinada. Esto podría observarse a menor escala en su área de estudio, donde las cobras grandes asaltan los grandes nidos coloniales de los tejedores. «Visitar esos nidos podría ser peligroso para cobras más pequeñas si los nidos también atraen a cobras más grandes, posibles caníbales», explica.

    Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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