La búsqueda del próximo posible huésped animal de coronavirus

Algunos científicos advierten que existe una posibilidad pequeña pero real de que el virus se refugie en un nuevo huésped animal que pueda contagiarlo a los humanos en el futuro.

lunes, 6 de abril de 2020,
Por Anthony King
Murciélago Rhinolophus affinis

En 2013, un equipo científico descubrió que el murciélago Rhinolophus affinis puede ser portador de un coronavirus muy similar al SARS-CoV-2, el virus responsable de la pandemia.

Fotografía de Fletcher & Baylis, Science Source

Mientras la COVID-19 avanza por el mundo, gran parte del esfuerzo para combatirla se ha centrado en detener la propagación del virus y tratar a los enfermos. Sin embargo, los virólogos afirman que debemos prestar atención a otro aspecto: la búsqueda de futuros huéspedes animales. Los expertos afirman que es posible que el virus se afiance en una nueva especie y construya un reducto para reinfectar a la gente en el futuro.

«Conforme el virus se propaga por todo el mundo, podría encontrar nuevos huéspedes que sirvan de reservorios [fuera de] China. No lo sabemos. Es algo que cada país debería tener en cuenta cuando la epidemia se reduzca paulatinamente», afirma el virólogo Ralph Baric, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill.

Los coronavirus son muy promiscuos. Los murciélagos son portadores de miles de tipos sin sucumbir a la enfermedad y los virus tienen la posibilidad de saltar a nuevas especies. A veces, mutan por el camino para adaptarse al nuevo huésped; otras, saltan sin cambiar.

Los coronavirus infectan a mamíferos y aves como perros, pollos, vacas, cerdos, gatos, pangolines y murciélagos. Es probable que la crisis sanitaria internacional comenzara en un murciélago de herradura en China. A partir de ahí, es posible que el germen saltara a una especie intermediaria y después a los humanos.

Los virólogos están trabajando para predecir qué especies son los reservorios potenciales más probables. Según Lin-Fa Wang, virólogo del Instituto Duke de Salud Global de Singapur, el riesgo de que el virus arraigue en una nueva especie y de que después dichos animales lo porten durante un tiempo antes de transmitírselo a los humanos es reducido. Con todo, vale la pena prepararse porque la consecuencia podría ser un recrudecimiento de la pandemia.

Cómo predecir qué especies pueden ser portadoras

Por experiencia, sabemos que el virus que provoca la COVID-19 puede infectar a algunas mascotas. Los titulares han hablado de un pomerania y un pastor alemán de Hong Kong que se infectaron y, más recientemente, de un gato doméstico de Bélgica.

A los investigadores les interesa cualquier animal que pudiera infectarse de coronavirus, independientemente de si provoca enfermedades o no. Esto importa porque el virus podría propagarse de forma desapercibida entre animales y saltar a las personas justo cuando decaiga la pandemia actual.

Un pangolín de Temmick bebe de un charco en un centro de rehabilitación de Zimbabue Los pangolines son portadores de varios coronavirus y se ha descubierto que los pangolines malayos (autóctonos del Sudeste Asiático) son portadores de una cepa del virus que tiene una similitud genética de un 92,4 por ciento con el nuevo coronavirus.

Fotografía de Brent Stirton, Getty/National Geographic

Para tratar de predecir especies huéspedes en potencia, los virólogos usan modelos informáticos en 3D. Según un descubrimiento reciente, para que el virus entre en una célula y se replique, una proteína S (spike) que tiene debe unirse con un receptor de enzimas en la superficie de determinadas células animales. El receptor, llamado proteína ECA2, es el picaporte y la proteína S, la llave que abre la puerta. Los modelos informáticos tridimensionales pueden ser de gran ayuda para averiguar qué animales poseen una ECA2 que la proteína S del virus puede «abrir».

Un estudio de marzo de 2020 que comparó los receptores ECA2 identificó una serie de especies a las que podría afectar el virus, como pangolines, gatos, vacas, búfalos, cabras, ovejas, palomas, civetas y cerdos.

Otra forma de buscar huéspedes potenciales es exponer al virus las células de varios animales y comprobar qué especie puede infectarse. Esto es lo que hace el laboratorio de Baric, que se centra en un abanico de especies animales de Estados Unidos, entre ellas ganado. Un experimento reciente determinó que el virus puede infectar las células con proteínas ECA2 de humanos, murciélagos de herradura, civetas y cerdos, pero no las de los ratones.

Baric indica que una vez se conozcan qué especies que pueden infectarse en el laboratorio, será necesario hacer pruebas con animales vivos en un entorno controlado. Para dicho fin, el Instituto Friedrich-Loeffler, una organización de investigación del gobierno alemán centrada en la salud y el bienestar de los animales, está exponiendo a cerdos, pollos, murciélagos de la fruta y hurones al virus para determinar si estas especies pueden infectarse y si el virus puede replicarse en ellas. Si puede hacerlo, los animales podrían considerarse reservorios en potencia. Los resultados iniciales sugieren que los murciélagos de la fruta y los hurones son susceptibles, pero no los cerdos ni los pollos.

Razas tradicionales de cerdos domésticos vagan por Columbia, Carolina del Sur. Los cerdos han sido identificados como uno de los posibles huéspedes futuros del nuevo coronavirus.

Fotografía de Vincent J. Musi, Nat Geo Image Collection

Un estudio similar descrito este mes en un trabajo preliminar determinó que el virus se replica mal en perros, cerdos, pollos y patos, pero se replica bien en hurones y gatos. Estos últimos son capaces de propagar el virus mediante gotículas respiratorias. Wang aclara que este fue un estudio de laboratorio y, por consiguiente, no quiere decir necesariamente que ocurrirá en el mundo real.

Según Baric, también es importante salir y hacer test a animales en entornos naturales. «Los coronavirus cambian de huésped con frecuencia. En última instancia, tienes que salir a estudiar la fauna silvestre», afirma. Wang afirma que es difícil llevar a cabo estos tipos de estudios y actualmente la mayoría de los estudios de fauna silvestre se centran en hallar las posibles especies que contagian el virus, no qué especies podrían mantenerlo en el futuro.

De humanos a animales

Peter Daszak, ecólogo de enfermedades y presidente de EcoHealth Alliance, afirma que de los animales que eran susceptibles al virus, aquellos con los que pasaban más tiempo los humanos eran los que más probabilidades tenían de infectarse. Daszak participó en un equipo de rastreo de virus que advirtió en 2017 del hallazgo de varios virus similares al SARS en una cueva de murciélagos en el sur de China. Explica que más tiempo juntos se traduce en más oportunidades para que el virus salte de humano a animal.

Los virólogos aclaran que, aunque el virus salte a una nueva especie, no hay ninguna certeza de que vaya a colonizar y persistir en el animal. Hay muchos factores que deben funcionar de perlas para que un animal se convierta en el huésped y pueda reintroducir el virus en los humanos.

Si resulta que el virus puede infectar a un animal de granja, es posible que cause enfermedades graves o varias defunciones. En dicho caso, podría detectarse el virus y contenerse el brote. O el virus podría infectar a los animales y provocar síntomas inespecíficos, como diarrea, que están vinculados a enfermedades más comunes. O podría no causar síntomas. El virus podría circular desapercibido y no llegar a saltar a los humanos o, en cuestión de meses, saltar a los humanos y provocar un nuevo brote.

El mejor enfoque, según Daszak, es hacer pruebas de forma estratégica a especies clave en busca de anticuerpos del virus, una señal de que el animal ha logrado combatir el virus. Luke O’Neill, inmunólogo del Trinity College de Dublín, Irlanda, afirma que los test de anticuerpos son fáciles y baratos. «Es como una prueba de embarazo», afirma. «Una gota de sangre y puedes ver si tienes anticuerpos o no en cuestión de minutos».

Existe una «probabilidad reducida de que el virus pase de una persona enferma a un animal», afirma Daszak. Pero también es cierto que «había una probabilidad reducida de que apareciera», concluye.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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