Delitos contra la fauna y violaciones de los derechos humanos: la lacra de los buques de pesca taiwaneses

«Le pedí a Dios que me dejara sobrevivir». Los tripulantes de la flota de pesca taiwanesa describen la captura ilegal de delfines, el cercenamiento de las aletas de los tiburones y el maltrato físico y verbal.

Publicado 26 nov. 2020 14:38 CET
Fotografía de un buque pesquero taiwanés

La flota de pesca en aguas distantes de Taiwán es una de las más grandes del mundo, con más de mil embarcaciones. Las tripulaciones informan de violaciones generalizadas de los derechos humanos y prácticas de pesca ilegales.

Fotografía de EJF

Supri, un trabajador indonesio, conserva el recuerdo indeleble de los tres meses y medio que pasó a bordo de un buque atunero de Taiwán en 2019: «Le pedí a Dios que me dejara sobrevivir», cuenta, describiendo cómo fue el blanco de los abusos del capitán del barco, supuestamente porque Supri era nuevo en la tripulación.

Supri, que como muchos indonesios solo tiene un nombre, contó en una entrevista telefónica con National Geographic que el capitán lo atacó cinco veces. Estos ataques, cuenta Supri, incluían encerrarlo en un congelador cuando aún estaba mojado tras darse una ducha, darle palizas, mojarle la cara con una manguera y darle descargas con una pistola eléctrica.

Recuerda que tras 15 minutos suplicando que le dejaran salir del congelador, escuchó a otro miembro de la tripulación decirle al capitán que Supri podía morir. Supri dice que la respuesta de capitán fue: «Pues que se muera».

«Creo que disfrutaba torturándome», cuenta Supri. «Tenía miedo constantemente».

La Environmental Justice Foundation (EJF), una organización sin ánimo de lucro con sede en el Reino Unido que investiga las violaciones de los derechos humanos y medioambientales, afirma que el relato de Supri es una ventana a lo que el grupo tacha de violaciones generalizadas de los derechos humanos, medioambientales y pesqueros en muchos buques de pesca taiwaneses.

En un informe reciente, la EJF declaró que el maltrato a los miembros de la tripulación —así como la pesca ilegal de tiburones y delfines, entre otras especies— es habitual en la flota pesquera de aguas distantes de Taiwán, que con más de mil embarcaciones es una de las más grandes del mundo. China y Taiwán representan casi el 60 por ciento de los buques de pesca de aguas distantes del mundo.

El alcance y la persistencia de estos problemas apuntan a la falta de aplicación eficaz de las protecciones de los derechos humanos internacionales y las leyes sobre la fauna y la flora por parte de Taiwán, señaló la EJF en el informe. Sus hallazgos se basan en entrevistas con exmiembros de la tripulación de decenas de buques taiwaneses, la mayoría de los cuales se dedican a la captura de atún. Pero la EJF dice que los buques también capturan ilegalmente especies protegidas y cita pruebas como fotografías de cadáveres de delfines y tiburones e informes de vigilancia por satélite de prácticas pesqueras.

Los buques pesqueros suelen estar muchos meses en alta mar. Esto hace que las tripulaciones sean vulnerables al maltrato, señala Irina Bukharin, analista del Centro para Estudios de Defensa Avanzados (C4ADS, por sus siglas en inglés), una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington D.C. que analiza cuestiones de seguridad transnacional.

Bukharin es la autora de un informe de agosto del 2020 acerca de los trabajos forzosos en el sector pesquero. «Al final queda a criterio del dueño del buque cómo tratarlos, cómo pagarles», afirma.

Supri dice que cuando el buque en el que estaba abandonó Singapur, no regresó durante tres meses y medio. Dice que pidió volver a casa por miedo a morir si no se marchaba y que le pagaron solo 300 de los 500 dólares del salario mensual. Aún se siente traumatizado; cuenta que grita en sueños, ha empezado a tartamudear y tiene problemas de audición, que atribuye al maltrato. Dice que nunca volverá a trabajar en un buque de pesca extranjero.

Los buques pueden pasar meses en el mar, lo que dificulta supervisar las actividades ilegales de los capitanes y los dueños. «Nos frena la falta de ojos en el océano», afirma Max Schmid, vicedirector de la Environmental Justice Foundation, una organización sin ánimo de lucro que informó de las violaciones de los derechos humanos y medioambientales por parte de los operadores de pesca taiwaneses.

Fotografía de EJF

Cestas de aletas de tiburón esperan a ser procesadas en el puerto del municipio taiwanés de Donggang. El enjuiciamiento de delitos como la pesca ilegal de delfines para utilizarlos como cebo para tiburones y el cercenamiento de aletas de tiburones ha sido poco común en el pasado. Esto se debe en parte al «régimen roto de aplicación de la ley» de Taiwán, según el informe de la Environmental Justice Foundation.

Fotografía de EJF

La EJF indicó que, de los 62 buques taiwaneses evaluados para su informe, el 92 por ciento retenían el sueldo a los miembros de la tripulación y el 82 por ciento los obligaban a trabajar turnos excesivamente largos de hasta 20 horas al día. El informe explicó que los miembros de la tripulación de casi un cuarto de los buques habían detallado incidentes de maltrato físico.

Dicho maltrato es «muy difícil de documentar», señala Max Schmid, vicedirector de la EJF, haciéndose eco de Bukharin. «Están en medio del océano».

Según el C4ADS, las flotas pesqueras taiwanesa y china tienen los mayores índices de trabajos forzosos del mundo. Utilizan principalmente a trabajadores migrantes —a menudo de Vietnam, Filipinas e Indonesia— que pueden firmar contratos de trabajo que no entienden y que son vulnerables a la violencia y el maltrato a manos de los capitanes. De los 228 casos de trabajos forzosos identificados por el C4ADS, 53 eran en buques taiwaneses y 57, en buques chinos.

Por otra parte, este año el Departamento de Trabajo de Estados Unidos añadió el pescado capturado por buques taiwaneses y chinos a su informe que enumera bienes producidos por el trabajo infantil o el trabajo forzoso.

Chih-Sheng Chang, director general de la Agencia de Pesca de Taiwán, dice que están investigando muchos de los casos documentados por la EJF. Los representantes del Ministerio de Asuntos Agrícolas y Rurales de China, la agencia responsable de la supervisión pesquera, no respondieron a nuestras preguntas.

Pesca ilegal

El maltrato a la tripulación no es lo único que pueden esconder las flotas en aguas distantes, como señala la EJF. La organización informó a la Agencia de Pesca de Taiwán de buques que supuestamente pescaban delfines y otros cetáceos y utilizaban su carne y sus cadáveres ilegalmente como cebo para capturar tiburones ilegalmente, entre ellos tintoreras, marrajos, tiburones zorro, tiburones martillo, tiburones oceánicos y tiburones macuira. Algunos de estos tiburones se encuentran en peligro de extinción. Los tiburones sienten especial atracción por la carne de delfín debido a su alto contenido de sangre y grasa.

Muchos de los casos enviados por la EJF a la Agencia de Pesca aún están en espera, pero en el pasado las acusaciones han sido más bien raras.

La mitad de los miembros de las tripulaciones taiwanesas con los que contactó la EJF hablaron del cercenamiento rampante de aletas de tiburones, que es ilegal conforme a la Ley de Conservación de la Vida Silvestre de Taiwán. Las aletas se cortan cuando los tiburones siguen vivos y luego tiran a los animales al océano, donde se hunden hasta el fondo y se ahogan, mueren por la hemorragia o los devoran otros depredadores.

La carne de tiburón es menos valiosa que las aletas de tiburón, que se utilizan en la sopa de aleta de tiburón, un manjar chino que suele servirse en los banquetes nupciales. La mayoría de las aletas del mercado proceden de tiburones pescados en aguas territoriales y decenas de países han prohibido de forma total o parcial el cercenamiento de aletas de tiburón, la pesca de tiburones o la sopa de aleta de tiburón.

Schmid estima que más del 90 por ciento de los delfines documentados en buques taiwaneses fueron captura incidental. Estos delfines también se han utilizado ilegalmente como cebo para tiburones. Se supone que la captura incidental de especies protegidas tiene que notificarse y tirarse por la borda.

Resulta «ridículo desde una perspectiva medioambiental que para conseguir aletas de tiburón utilizadas en una sopa de una ceremonia maten a dos depredadores clave que son fundamentales para el ecosistema», afirma Schmid.

Donggang es el puerto de origen de gran parte de la flota pesquera de aguas distantes de Taiwán.

Fotografía de EJF

Métodos de pesca

Según la EJF, la tripulación del buque taiwanés recibió la orden de pescar delfines con arpones, arrastrarlos junto al barco hasta que estuvieran exhaustos y después subirlos a bordo. Si los animales seguían con vida, los electrocutaban con una batería de coche.

Un trabajador indonesio que pasó dos años en un atunero taiwanés contó a National Geographic por teléfono que se negó a pescar y electrocutar delfines, aunque otros miembros de la tripulación lo hicieron. Afirma que mataban a más de una docena de delfines en 90 minutos. (La EJF pidió que el trabajador no fuera nombrado por su seguridad y sus futuras posibilidades laborales.)

Un trabajador de otro buque contó a la EJF que capturaron y mataron a más de cien delfines en dos viajes. Gran parte de la carne de delfín se tiraba por la borda; «casi seis sacos, cada uno con 500 trozos de carne de delfín», dijo otro miembro de la tripulación.

Ula Yu, directora ejecutiva de la Sociedad de Cetáceos de Taiwán, una organización sin ánimo de lucro que crea conciencia sobre la conservación de delfines y ballenas, dice que los testimonios de los miembros de la tripulación demuestran lo que había sospechado durante años: que las flotas pesqueras taiwanesas cometen delitos contra la fauna silvestre. Pero dice que la Agencia de Pesca de Taiwán no «quiere afrontar este problema. La Agencia de Pesca dice que no hay caza ilegal».

Chih-Sheng, de la Agencia de Pesca, dice que desde que recibió los informes de la EJF, la agencia ha «abierto investigaciones de dichos casos» mediante inspecciones portuarias y entrevistas. «Como todas las acusaciones del informe de la EJF se hacen basándose en testimonios de oídas de tripulantes extranjeros, creemos que la mayoría necesitan más evidencias para aclarar si estos buques incumplen las normas o no», escribió por correo. «Una vez se confirme la infracción, se impondrán sanciones, sin duda».

Hasta la fecha, Chih-Sheng dice que la agencia ha enviado 14 casos de supuesta caza de delfines y un supuesto caso de violación de los derechos humanos notificados por la EJF a la oficina del fiscal para su investigación.

Cadáveres de delfines esparcidos sobre la cubierta de un buque vigilado por la Environmental Justice Foundation. Los miembros de la tripulación a bordo de este buque contaron que habían matado casi cien delfines, utilizados como cebo para tiburones.

Fotografía de EJF

«Un régimen roto de aplicación de la ley»

La EJF describe «un régimen roto de aplicación de la ley» en Taiwán que se traduce en pocos enjuiciamientos. Los buques taiwaneses desembarcan pescado en 32 puertos extranjeros, pero los inspectores de pesca taiwaneses solo revisan los barcos en siete de ellos. «Nos frena esta falta de ojos en el océano», afirma Schmid.

Y cuando se realizan inspecciones, dice que no siempre son un indicador fiable de que un buque se haya «portado bien». Como los delfines se utilizan como cebo, los cadáveres no se llevan a puerto, como indican los miembros de la tripulación. Por su parte, las aletas de tiburón suelen subirse a buques de carga en el mar, muchos de ellos dirigidos a China, donde las inspecciones pueden ser infrecuentes o descuidadas, según la EJF.

Los dueños o los capitanes de los barcos pueden ocultar los cargamentos de aletas de tiburón etiquetándolos de forma fraudulenta, según el C4ADS. «Los identifican como algo más general, como vejigas natatorias», afirma Austin Brush, analista del C4ADS y colaborador del informe sobre los trabajos forzosos. De esa forma, «ocultan lo que hay realmente en un contenedor».

Quizá los testimonios de las tripulaciones de los buques no sean suficientes para procesar a un capitán o un dueño. En 2018, la EJF entrevistó a tres miembros de la tripulación de un buque y todos afirmaron que se cazaban delfines ilegalmente. Cuando la EJF informó de esto a la Agencia de Pesca de Taiwán, la respuesta fue que el capitán había negado haber cazado delfines.

También en 2018, la EJF documentó violaciones de los derechos humanos y el cercenamiento de aletas de tiburón a bordo de un buque taiwanés llamado Fuh Sheng No. 11. La tripulación habló de palizas, jornadas de trabajo de 22 horas y cucarachas en la comida. La EJF también recopiló pruebas fotográficas del cercenamiento de aletas de tiburón, entre ellas las aletas de tiburones martillo en peligro de extinción. Las autoridades sudafricanas detuvieron el barco en Ciudad del Cabo por violar las nuevas normas de trabajo digno de la Organización Internacional del Trabajo, que establece las normas laborales para 187 estados miembros.

La EFJ dice que cuando un agente de la Agencia de Pesca de Taiwán visitó el Fuh Sheng No. 11, cometió «una serie de errores básicos» que anularon la posibilidad de enjuiciamiento. El agente repartió un cuestionario a la tripulación frente al capitán —el hombre acusado de ser responsable de las supuestas palizas— y algunos miembros fueron incapaces de leer el cuestionario porque no disponían de intérpretes.

Más adelante, multaron al capitán y al operador del barco y se suspendió la licencia de la embarcación durante cinco meses, pero no se impusieron sanciones por el supuesto cercenamiento de aletas de tiburón.

La inspección chapucera es un «ejemplo excelente» de los fallos de la Agencia de Pesca de Taiwán, afirma la EJF. «El maltrato sufrido a bordo de este buque ha sido atroz y completamente inaceptable», dijo Schmid entonces. «Este caso muestra una serie de oportunidades perdidas por parte del gobierno taiwanés para tomar medidas y apoyar las prácticas éticas y legales en su flota».

Chih-Sheng, de la Agencia de Pesca, escribió por correo que la agencia había asignado un funcionario extranjero para que hablara con los miembros de la tripulación de otros países. Como no sabía cuándo zarparía el barco, tuvo que realizar su investigación «con poca antelación» y no pudo encontrar traductores inmediatamente para los 24 miembros extranjeros de la tripulación, que dice que eran de Filipinas, Indonesia, Birmania y Vietnam. En última instancia, los miembros de la tripulación «realizaron el cuestionario sin que interfiriera el capitán», dijo Chih-Sheng. «Taiwán hizo lo que pudo para abordar este caso».

Estos peces de un mercado de Keelung, Taiwán, probablemente se hayan conseguido con trabajo duro. De los 62 buques taiwaneses investigados por la Environmental Justice Foundation, el 92 por ciento retuvieron los salarios de los miembros de la tripulación y el 82 por ciento los obligaron a trabajar turnos excesivamente largos de hasta 20 horas al día. Los miembros de la tripulación de casi un cuarto de estos buques detallaron incidentes de maltrato físico.

Fotografía de EJF

Ojos en el océano

Bukharin, del C4ADS, dice que los países deberían exigir que los buques vuelvan a puerto con más frecuencia y que los puertos deberían contratar más inspectores, sobre todo aquellos que hablen el idioma de las tripulaciones.

Según Brush, también se necesita más transparencia. Eso se debe a que los buques culpables de delitos contra la fauna silvestre que pierden su licencia o se añaden a una lista de buques vinculados a la pesca ilegal —lo que debería disuadir a los países de hacer negocios con ellos— pueden seguir trabajando cambiando de nombre, repintando el barco, reasignando la titularidad u ocultando la titularidad tras empresas ficticias. Exigir más información sobre los dueños de las embarcaciones dará a los países «más visibilidad sobre quién pesca realmente en sus aguas», afirma Brush.

La tecnología puede ayudar, señala Schmid. Al igual que las cámaras corporales policiales, las cámaras que graben las actividades de los barcos podrían ayudar a las autoridades a comprobar qué capturan. De esa forma, «el gobierno taiwanés sabría de inmediato que el barco ha capturado tal número de tiburones», afirma. Asimismo, el rastreo GPS obligatorio las 24 horas proporcionaría un registro de dónde han pescado los buques.

Dice que debería ser obligatorio que los buques tengan conexión a internet para que las tripulaciones puedan comunicarse con sus familias y con el mundo exterior en caso de maltrato. «Si tienes una mano de obra conectada, es mucho menos probable que todos sufran maltratos o se vean obligados a hacer cosas ilegales».

El trabajador indonesio que pasó dos años a bordo de un buque pesquero taiwanés dice que le daban pena los delfines que capturaba la tripulación. «Antes no sabía que este buque de pesca capturaría delfines», dice, y añade que esperaba encontrar un empleo «con un buen sueldo» a bordo de un barco «que no hiciera cosas ilegales».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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