Descubren un cachorro de lobo de 57.000 años en el permafrost del Yukón

La cría, preservada en muy buen estado, ayuda a los investigadores a entender cómo migraron los lobos por Europa, Asia y Norteamérica.

Publicado 22 dic 2020 10:58 CET
Cachorro de lobo conservado en el permafrost

Se ha hallado un cachorro de lobo conservado en el permafrost en el territorio del Yukón, en el norte de Canadá. Esto revela detalles nuevos sobre cómo se extendieron los lobos antiguos por Norteamérica y Eurasia.

Fotografía de Gobierno del Yukón

En el verano de 2016, un minero de oro encontró un tesoro inesperado en el Yukón canadiense. Mientras disparaba con un cañón de agua una pared de permafrost para liberar las riquezas que ocultaba en su interior, Neil Loveless vio algo que se derretía en el hielo. No era un mineral precioso, sino la momia de lobo más antigua y completa que se ha descubierto hasta la fecha.

Loveless enseguida colocó al cachorro en un congelador hasta que los paleontólogos pudieran echarle un vistazo. Descubrieron que el animal, muy bien conservado, era una hembra joven y formaba parte de un ecosistema desaparecido que data de una época en la que el noroeste de Canadá estaba habitado por mastodontes estadounidenses y otra megafauna del Pleistoceno. El pueblo local de Tr’ondëk Hwëch’in llamó al cachorro de 57 000 años Zhur, que significa «lobo» en el idioma de la comunidad.

Se han recuperado mamíferos excepcionales de la tundra siberiana que también se remontan a la época del Pleistoceno, un período que transcurrió hace entre 2,6 millones y 11 700 años y que a veces se llama la Edad de Hielo, porque los casquetes polares eran mucho más grandes que en la actualidad. Sin embargo, el hallazgo de un lobo en tan buen estado en el Yukón no tiene precedentes.

La joven loba gris, que tenía solo siete semanas cuando murió, pertenecía a una población que llegó a la región del Yukón migrando desde Siberia por el puente terrestre de Bering.

Fotografía de Gobierno del Yukón

«En Siberia, una preservación como esta es bastante habitual debido a la forma en que el permafrost preserva las cosas en la región, algo mucho menos común en el Yukón, Alaska y otras partes de Norteamérica», afirma Julie Meachen, paleontóloga de la Universidad de Des Moines y autora principal de un estudio que describe a Zhur, publicado en la revista Current Biology. Gran parte de Zhur se ha mantenido intacta tras decenas de miles de años, como su pelaje y las delicadas papilas de la lengua.

«La preservación es increíble», dice Ross Barnett, paleontólogo de la Universidad de Copenhague que no participó en el estudio. Pero hay más en Zhur que lo que se puede ver a simple vista. Meachen dice que «nos revela mucho», como la edad que tenía cuando murió, siete semanas, o lo que estaba comiendo. La investigación ofrece una instantánea de un intervalo entre períodos helados de la historia de la Tierra.

Una población de lobos perdida

Zhur vivió durante un interglaciar, cuando los vastos glaciares árticos retrocedieron de forma temporal y los bosques superaron a los pastizales más fríos. Esta fue la época de mastodontes, camellos, castores gigantes y, como documenta Zhur, lobos grises.

«Preservar un carnívoro de forma tan extraordinaria nos ofrece una oportunidad única para analizar los ecosistemas de la Edad de Hielo desde el punto de vista de un depredador», indica Tyler Murchie, paleogenetista de la Universidad McMaster que no participó en el estudio.

Una ilustración de un lobo gris cazando peces con su cachorro en el noroeste de Canadá hace casi 60 000 años.

Fotografía de Julius Csotonyi

Si bien son elementos icónicos de los lugares salvajes de la Norteamérica moderna, los lobos grises no evolucionaron en las Américas. Estos cánidos aparecieron en Eurasia y cruzaron el puente terrestre de Bering a finales del Pleistoceno, hace más de 500 000 años.

«Zhur data de un período de tiempo que no es muy conocido en el Yukón en materia de momias», dice Barnett. Cuando examinaron los restos del ADN del cachorro de lobo, Meachen y sus colegas descubrieron que este animal documenta un grupo de lobos que ya no existe en la región.

Zhur pertenecía a una población que tenía vínculos genéticos con los lobos de Alaska y Eurasia; en cambio, los lobos que viven en el Yukón hoy en día tienen una firma genética diferente. Los hallazgos sugieren que los primeros lobos grises del Yukón fueron aniquilados y luego remplazados por otras poblaciones que ya habían llegado mucho más al sur.

La asombrosa preservación del cachorro de lobo Zhur permite a los científicos estudiar las características físicas del animal y su ADN.

Fotografía de Gobierno del Yukón

«El ADN antiguo demuestra una y otra vez lo complejas que son las historias evolutivas y la paleoecología de lo que podríamos sacar de los estudios de huesos y fósiles», afirma Murchie. Sin los genes de Zhur, esta extirpación y reemplazo habrían sido invisibles para los científicos.

Una corta vida prehistórica

El cuerpo de Zhur también nos habla de su vida. El cachorro, que tenía unas siete semanas cuando murió, acababa de superar la edad de destete y habría comenzado a comer alimentos más sólidos. Las firmas geoquímicas de sus dientes indican que subsistió a base de alimentos de ríos y arroyos, tal vez de peces como el salmón Chinook, que aún desova en los ríos cerca de donde la encontraron. Muchos lobos modernos del interior de Alaska tienen dietas similares y se alimentan del pez más a menudo que de animales grandes.

Lamentablemente, la vida de Zhur se truncó. Parece que murió cuando su madriguera se derrumbó y el entierro rápido facilitó la preservación excepcional de su cuerpo. Otros mamíferos de esta época —como suslics árticos y hurones de pies negros— se han conservado de la misma forma.

Zhur existió en una intersección antigua, no solo entre períodos glaciales fríos, sino entre poblaciones de lobos que ahora están separadas. Al estudiar los genes del cachorro, los científicos pueden comprender mejor su lugar en el mundo antiguo y lo que ha cambiado desde entonces. «El ADN antiguo está dando vida al dinamismo del Pleistoceno tardío que en gran medida era invisible al solo estudiar los huesos», afirma Barnett.

Todavía está desentrañándose cómo se desplazaron las poblaciones de animales durante el Pleistoceno a partir de fragmentos de ADN antiguo hallado en especímenes conservados, pero los restos de Zhur ofrecen pistas importantes. Al combinar huesos y genes, los investigadores obtienen un nuevo panorama de los mundos perdidos de la Edad de Hielo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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