Los turistas podrían transmitir la COVID-19 y otras enfermedades a los gorilas salvajes

Un equipo de investigadores analizó selfis con gorilas publicados en Instagram y descubrió que la mayoría transgredía las normas de distanciamiento social destinadas a mantener a salvo a estos grandes simios amenazados.

Publicado 22 feb. 2021 9:32 CET
Fotografía de un gorila de montaña en el parque nacional de los Volcanes

Un gorila de montaña fotografiado en el parque nacional de los Volcanes, Ruanda. Estos animales pueden contraer enfermedades humanas, así que el distanciamiento y otras medidas son importantes para protegerlos.

Fotografía de Christophe Courteau, Nature Picture Library, Alamy Stock Photo

La COVID-19 no es solo una enfermedad humana: los animales también pueden contraerla. Las especies infectadas hasta ahora incluyen gatos, leones, tigres, visones y perros. En enero, tres gorilas del San Diego Zoo Safari Park dieron positivo, los primeros casos en un primate no humano.

Los gorilas —que probablemente fueron infectados por un empleado infectado— se recuperaron, en parte con ayuda médica. Winston, el líder del grupo, que tiene 49 años y una cardiopatía preexistente, desarrolló neumonía y le administraron antibióticos, medicación para el corazón y terapia con anticuerpos monoclonales.

Que los grandes simios sean susceptibles al coronavirus no sorprende a los investigadores, debido a la similitud entre humanos y primates, entre ellos gorilas, chimpancés y orangutanes. Ahora, se teme que estos animales puedan exponerse a la COVID-19 en el medio natural.

Un nuevo estudio publicado en la revista científica People and Nature demuestra que este es un riesgo real.

Para hacerse una idea de cuánto se acercan los turistas a los gorilas de montaña salvajes en los tres países donde viven los primates amenazados —Uganda, Ruanda y la República Democrática del Congo—, un equipo de científicos analizó los selfis que se habían sacado los turistas con los animales antes de que arraigara la pandemia. Descubrieron que la mayoría de las personas que subían estas fotos se acercaban más de lo permitido a los gorilas, a menudo lo bastante para contagiarles enfermedades como el coronavirus.

«Lo que hemos visto es que no siempre se siguen las normas y que la distancia media entre turistas y gorilas se ha ido acortando cada vez más en los últimos siete años», afirma Magdalena Svensson, profesora de la Universidad Oxford Brookes en el Reino Unido y coautora del estudio de People and Nature.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que determina la situación de especies de fauna y flora silvestres, publica pautas sobre prácticas óptimas para el turismo con grandes simios, en las que recomienda mantener una distancia de al menos siete metros de los animales y llevar mascarilla. Uganda, Ruanda y la RDC habían adoptado la norma de los siete metros antes de la pandemia; el uso de mascarillas solo era obligatorio en la RDC.

Ahora mismo hay turismo de gorilas, aunque a una capacidad limitada y con medidas preventivas más estrictas que antes de la pandemia. Pero Svensson advierte que los animales podrían correr un grave riesgo de contraer la COVID-19 si no se refuerzan y se aplican las normas en adelante.

«No queremos detener el turismo de gorilas ni impedir que las personas observen a estos animales asombrosos, pero sí queremos hacer que sea lo más seguro posible para todos», afirma.

Expuestos a la infección

El turismo genera grandes beneficios para la conservación de los primates, ya que trae los fondos necesarios para mantener las iniciativas de protección y las economías locales. El turismo también ayuda a mantener alejados a los furtivos, ya que atrae a visitantes y a guardabosques a las zonas donde viven los animales y demuestra a los vecinos el valor de mantener sanos y salvos a los grandes primates.

Pero debido a nuestra similitud genética con los simios, los humanos les transmiten con regularidad una serie de enfermedades, como la E. coli, la sarna, la giardiasis o la neumonía.

Las enfermedades respiratorias suponen una gran lacra. Varios patógenos que en general solo provocan síntomas similares al resfriado en humanos pueden resultar letales para los grandes simios; dichos virus son la principal causa de muerte para algunas poblaciones. En 2016 y 2017, por ejemplo, el brote de una enfermedad respiratoria humana en chimpancés del parque nacional de Kibale, en Uganda, mató a 25 animales de un solo grupo e infectó al 44 por ciento de los 205 miembros del grupo.  

Los gorilas del zoológico de San Diego fueron los primeros primates con una infección documentada de COVID-19 fuera de un entorno de laboratorio. Experimentalmente, los científicos han confirmado que los cercopitecos verdes, los macacos Rhesus y los macacos cangrejeros pueden contraer el virus y mostrar síntomas graves.

«Todos los simios y muchos monos son casi sin lugar a dudas susceptibles a la infección y la enfermedad de la COVID-19», afirma Tony Goldberg, epidemiólogo de la Universidad de Wisconsin, Madison.

Si los gorilas se infectaran de COVID-19, el virus seguramente sería más grave que en los animales cautivos del zoológico de San Diego, que tiene una «atención veterinaria excelente», añade Goldberg. «Probablemente se propagaría muy rápido dentro de las familias de gorilas, que pasan todo el tiempo juntas».

Investigación creativa

Svensson y sus colegas estaban interesados en comprobar hasta qué punto habían seguido las normas de la UICN las personas que intentaban observar gorilas. Debido a las actuales limitaciones de viaje, recurrieron a Instagram en busca de información sobre cómo se comportan los turistas sobre el terreno. «Intentamos ser creativas e investigar para poder ayudar a la conservación de los primates, incluso [de forma remota]», afirma Svensson.

Una búsqueda empleando los hashtags #gorillatrekking y #gorillatracking reveló 858 selfis con gorilas de montaña subidas entre el 2013 y el 2019. Svensson y un colega estimaron de forma independiente la distancia entre el gorila y el humano en cada foto. Si sus aproximaciones presentaban una diferencia considerable, pedían a un tercer colega que juzgara la distancia. 

Los resultados no presentan un panorama completo del comportamiento de todos los turistas sobre el terreno cuando están cerca de los casi 1000 gorilas de montaña que sobreviven en el medio natural actualmente, pero sí sugieren que hay una cantidad considerable de personas que no sigue las normas. De los 858 selfis, el 86 por ciento se sacaron a cuatro metros de un gorila. Por otra parte, solo el tres por ciento de las fotos se sacaron a al menos siete metros, según lo requerido. En 25 fotografías, las personas incluso estaban tocando a los animales.

Los turistas parecen haberse acercado cada vez más a los grandes simios: a lo largo del periodo de estudio de seis años, la distancia media entre personas y gorilas había disminuido casi un metro. 

Los investigadores también examinaron el uso de mascarillas en los selfis. En la RDC, donde las mascarillas son obligatorias, descubrieron que el 65 por ciento de las personas las llevaban. En Uganda y Ruanda, donde no son obligatorias, ninguna persona que se hubiera sacado un selfi las llevaba. Como la investigación sobre el terreno y el turismo de fauna silvestre está reanundándose poco a poco, tanto Ruanda como Uganda exigen el uso de mascarillas y han incrementado la distancia de seguridad de siete a casi 10 metros. No está claro si estos cambios serán permanentes. (Las expediciones de National Geographic que llevan a visitantes a observar grandes simios siguen los protocolos de salud y seguridad establecidos por las autoridades gubernamentales responsables de la fauna y la flora silvestres.)

«Habría que felicitar a los autores de este estudio por reconocer los selfis como una fuente de datos infrautilizada», afirma Goldberg, que no participó en la investigación. «Cuesta mucho obtener datos fiables sobre los encuentros con simios salvajes a partir de entrevistas con turistas o guías, y las fotos pueden revelar aspectos distintos de la experiencia turística que, de lo contrario, podrían no ser evidentes».

Una oportunidad para cambiar

Goldberg añade que los problemas revelados en el estudio de los selfis no son exclusivos de los gorilas. En el 2018, una de sus estudiantes de posgrado, Darcey Glasser, participó en 101 excursiones de observación de chimpancés en Uganda y documentó más de 900 casos de turistas que realizaban funciones corporales que pueden transmitir enfermedades —como toser, estornudar, orinar o escupir— en zonas donde vivían chimpancés. Glasser también observó miles de momentos en que los turistas tocaban troncos de árboles y ramas con las que podrían entrar en contacto los chimpancés. Aunque tocar árboles no viola ninguna norma actual, es una de las muchas formas posibles de transmisión de enfermedades que podría reducirse tomando medidas más estrictas, concluye Glasser.

Svensson dice que espera que la pandemia de coronavirus ayude a mejorar las normas del turismo con primates y la aplicación de las mismas. Señala que las mascarillas se han convertido en la norma y podrían incluirse fácilmente como accesorios obligatorios para la observación de todos los primates.

Gladys Kalema-Zikusoka, veterinaria y fundadora de Conservation Through Public Health, una organización sin ánimo de lucro con sede en Uganda que fomenta la coexistencia de personas, gorilas y otros animales salvajes, también espera que la COVID-19 impulse cambios positivos.

«Los resultados de esta investigación serán útiles para crear una cultura de turismo responsable con gorilas, chimpancés y orangutanes, y también pueden adaptarse a otros primates», afirma.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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