Las dos especies de elefante africano se encuentran en peligro de extinción

Por primera vez, una de las principales organizaciones de conservación ha reconocido al elefante de sabana y al elefante de bosque como dos especies separadas, y ambas corren un grave peligro.

Publicado 26 mar 2021 10:29 CET
Elefantes africanos

Las poblaciones de elefantes africanos han disminuido principalmente por la caza furtiva de sus colmillos.

Fotografía de Ronan Donovan

Muchas personas piensan que hay dos tipos de elefantes: africanos y asiáticos. Pero en realidad existen dos especies de elefante africano. El elefante de sabana es más grande, tiene colmillos curvos y recorre las llanuras abiertas del África subsahariana. El elefante de bosque, más pequeño y oscuro y de colmillos rectos, vive en los bosques ecuatoriales de África Central y Occidental.

Ahora, por primera vez, un equipo de científicos ha evaluado de forma independiente la situación de cada especie y sus hallazgos son desalentadores.

Los elefantes de sabana se encuentran en peligro de extinción y los elefantes de bosque, en peligro crítico de extinción, según concluye una evaluación oficial publicada por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) para su Lista Roja de especies amenazadas, el inventario más exhaustivo del mundo del riesgo de extinción.

«La caza furtiva aún es el principal impulsor del declive de ambas especies», afirma Kathleen Gobush, que lideró las nuevas evaluaciones y forma parte del Grupo de Especialistas en Elefantes de la UICN, un grupo de expertos técnicos dedicados a la conservación y gestión de los elefantes. 

«Esperamos que estas evaluaciones recaben una atención renovada para que el mundo redoble los esfuerzos para detener el asesinato, el tráfico y la demanda de marfil».

Desde principios de la década del 2000 se han ido acumulando pruebas de que los elefantes de bosque y de sabana deberían dividirse taxonómicamente en dos especies. En 2008, cuando la UICN publicó su última evaluación de los elefantes africanos, aún los consideraba una sola especie, entonces descrita como vulnerable a la extinción. En los años transcurridos desde entonces, los científicos han reconocido que los elefantes de bosque y de sabana son diferentes.

Desde la evaluación de 2008, África también ha sufrido una crisis de caza furtiva de elefantes. En 2016, un equipo de investigadores informó en la revista PeerJ que, entre 2007 y 2014, las poblaciones de elefantes de sabana habían disminuido un 30 por ciento en 18 países africanos. Un informe de 2013 en PLOS ONE desveló que las poblaciones de elefantes de bosque se habían desplomado un 62 por ciento en menos de una década.

La caza furtiva alcanzó un pico en 2011 y, desde entonces, ha disminuido en algunos lugares, sobre todo en partes de África Oriental. Con todo, persiste y está empeorando en otras regiones, sobre todo en África Central y Occidental. Por su parte, el hábitat de los elefantes sigue degradándose o desapareciendo debido a la actividad humana.

«El posible impacto positivo en la conservación de dividir a los elefantes de bosque y de sabana en especies separadas es gigantesco», afirma Bas Huijbregts, director de especies africanas en World Wildlife Fund, que no participó en la nueva evaluación. «Los problemas de cada especie son muy diferentes, así como las rutas para su recuperación».

En particular, el nuevo informe debería atraer más atención hacia los elefantes de bosque. Al ser menos visibles y más difíciles de vigilar que los elefantes de sabana, gobiernos y donantes suelen pasarlos por alto y sus necesidades se ven eclipsadas por las de sus parientes de mayor tamaño, señala Gobush.

A nivel burocrático, se ha seguido agrupando a ambas especies, lo que puede dificultar las campañas de conservación para ambas, explica Sue Lieberman, vicepresidenta de política internacional en la Wildlife Conservation Society, con sede en Nueva York. «Desde una perspectiva legal o normativa, los gobiernos tienen que ponerse al día».

Una conjetura

Para llegar a los nuevos hallazgos, Gobush y sus colegas evaluaron todos los datos disponibles para ambas especies en cientos de sitios sobre el terreno, retrocediendo hasta los años sesenta para los elefantes de sabana y hasta los setenta para los de bosque.

Con esos datos, construyeron un modelo estadístico para calcular las reducciones de población con el tiempo. Lo que salió a la luz fue que los elefantes de sabana han disminuido más de un 50 por ciento en tres generaciones (75 años), lo que los sitúa en la categoría de «en peligro de extinción». Las poblaciones de elefantes de bosque, más longevos, han disminuido más de un 80 por ciento en tres generaciones (93 años), lo que los convierte en una especie en peligro crítico de extinción.

La UICN se basa en diversos factores para determinar la categoría de conservación de un animal, como cuánto han disminuido sus poblaciones o área de distribución.

«En este momento, no cabe duda de que la caza furtiva y la pérdida de hábitat han devastado las poblaciones de elefantes de toda África», afirma Scott Schlossberg, analista de datos en Elephants Without Borders, una organización sin ánimo de lucro con sede en Botsuana, que no participó en la nueva evaluación. «Unas cuantas poblaciones de elefantes se encuentran bien, pero las tendencias a largo plazo en el continente son malas».

Un nuevo vídeo sugiere que los elefantes lloran a sus muertos
Los elefantes tienen sentido del tiempo y viven largas vidas. Pero ¿piensan sobre la muerte? Las cámaras de Safari Live grabaron a tres jóvenes elefantes alrededor de un cadáver de elefante. Demuestran lo que los investigadores han observado de forma regular en un contexto similar: los elefantes expresan dolor y duelo. La experta en conducta de elefantes Joyce Poole de ElephantVoices explica algunas señales de dolor: "Montar el cuerpo", o subirse al cadáver; "retroceso", o retroceder hacia el cuerpo y tocarlo con la pata trasera; "explorar-tocar con el pie", o tocar el cuerpo con la pata trasera o delantera; "explorar-tocar con la trompa", o tocar el cuerpo con la trompa; y "silencio", una contemplación silenciosa. Estas conductas ocurren en otras situaciones, pero no tan habitualmente como con un cadáver. Si los elefantes transmiten y aprenden estas acciones dentro de su cultura es parte de un estudio en curso.

En todo caso, es probable que los hallazgos de la UICN se hayan subestimado, ya que escasean los datos cuantitativos sobre las poblaciones de elefantes pasadas en el continente, señala Iain Douglas-Hamilton, fundador de Save the Elephants, una organización sin ánimo de lucro con sede en Kenia, que tampoco participó en la nueva evaluación. «La evaluación actual no es absoluta ni pretende serlo», añade Douglas-Hamilton, explorador de National Geographic. «Es una conjetura sobre las tendencias».

Douglas-Hamilton sostiene que los elefantes pueden recuperarse si les damos la oportunidad de hacerlo. «Pueden pasar de índices elevados de matanzas y la práctica destrucción a una protección estricta y la recuperación», afirma.

El parque nacional de Tsavo, en Kenia, es un ejemplo de ello. Aunque en los años setenta albergaba unos 40 000 elefantes de sabana, la caza furtiva los redujo a solo 6500 en 1988. En la actualidad, las poblaciones de elefantes del parque han aumentado hasta los 17 000, una respuesta a las medidas contra la caza furtiva.

Las guerras del marfil

Schlossberg indica que, para reconstruir las poblaciones de elefantes, es necesario proteger su hábitat y seguir tomando medidas drásticas contra la caza furtiva y el tráfico de marfil. Estados Unidos, China, el Reino Unido y muchos países más han cerrado sus mercados legales de marfil.

«Permitir nuevas ventas de marfil podría amenazar el progreso que se ha conseguido recientemente en la lucha contra el tráfico de marfil», afirma Schlossberg.

De los países que no han cerrado sus mercados legales de marfil, Japón tiene ahora el más grande del mundo y los tallistas japoneses prefieren el marfil de los elefantes de bosque.

Según Lieberman, que los elefantes de bosque estén reconocidos como especie en peligro crítico de extinción solo recalca la factura que sigue pasando la caza furtiva de marfil. 

«Todos los países que todavía permiten mercados de marfil domésticos, Japón incluido, deben cerrar sus mercados de una vez por todas».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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