Planean perforaciones petroleras en la región del Okavango, el último bastión de los elefantes

Una vasta extensión de Namibia y Botsuana podría acabar cubierta de cientos de pozos de petróleo en el que se ha descrito como posiblemente «el mayor complejo petrolífero de la década».

Thursday, October 29, 2020,
Por Jeffrey Barbee, Laurel Neme
Delta del Okavango desde el espacio

Unas franjas verdes definen el delta del Okavango de Botsuana, visto desde el espacio. El humedal de aproximadamente 18 000 kilómetros cuadrados, ubicado en el desierto de Kalahari, recibe las lluvias de las tierras altas de Angola. El delta, que está plagado de animales y plantas silvestres, «es el motivo por el que se acuñó el término “punto crítico de biodiversidad”», afirma Marion Hammert, presidenta del Global Nature Fund. Los expertos sostienen que, si la producción de petróleo a gran escala sigue adelante en una zona enorme al norte y al oeste del delta, este frágil ecosistema se vería perjudicado.

Fotografía de Satellite Earth Art, Getty

Los conservacionistas y los líderes comunitarios de la región del delta del Okavango en Namibia y Botsuana están alertando por la exploración y la posible producción de gas natural y petróleo que temen que ponga en peligro los recursos hídricos de miles de personas y especies silvestres amenazadas.

ReconAfrica, una empresa de exploración de petróleo con sede en Canadá, ha adquirido la licencia de más de 35 000 kilómetros cuadrados de tierra en ambos países. La página de inicio de la web de la empresa dice que su intención es abrir «una cuenca sedimentaria nueva y profunda»; en otras palabras, un nuevo campo de petróleo y gas natural. La cuenca del Kavango, como los geólogos denominan esta zona, tiene más superficie que Bélgica y ReconAfrica dice que podría albergar hasta 31 000 millones de barriles de crudo, más de lo que utilizaría Estados Unidos en cuatro años si su consumo fuera igual al de 2019. Es posiblemente el «mayor complejo petrolífero de la década» y del mundo, declaró en septiembre Oilprice.com, una página de noticias de energía.

La meta inicial de ReconAfrica, que ya ha sido aprobada por el gobierno de Namibia, es perforar pozos de prueba de casi 2,4 kilómetros de profundidad en el nordeste del país a partir de diciembre de 2020 para determinar si hay petróleo y gas natural explotables. Los expertos que han revisado la evaluación del impacto ambiental de los pozos de prueba han advertido que existen problemas graves en la forma en que se ha llevado a cabo. Por otra parte, está en marcha la aprobación de un permiso de perforación en la zona autorizada en Botsuana.

Lugares donde ReconAfrica podría perforar pozos de prueba en Namibia y Botsuana.

Según una presentación para inversores de febrero, si ReconAfrica halla petróleo, su fin último es perforar «cientos de pozos» en la zona y abrir algunos de ellos mediante «estimulaciones modernas de fracturación», una referencia al fracking o fracturación hidráulica, la práctica polémica en la que se inyectan fluidos a alta presión en el esquisto subterráneo para abrir la roca y liberar el gas natural y el petróleo.

La amenaza que supondría la perforación petrolífera para uno de los ecosistemas más diversos del planeta y para las más de 200 000 personas que viven en esta región desértica «me deja atónito», declaró Willem Odendaal, excoordinador de proyectos de tierras, medio ambiente y desarrollo del Legal Assistance Centre de Namibia, una empresa de derecho de interés público con sede en la capital, Windhoek. Las zonas donde quiere perforar ReconAfrica se solapan con un parque de conservación que abarca varios países, seis reservas de especies silvestres gestionadas a nivel local y un lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco (y podría afectar a otro, el delta del Okavango, no muy lejos). La región del Okavango alberga la mayor manada de elefantes africanos del mundo y una miríada de fauna —licaones, leones, leopardos, jirafas, anfibios, reptiles y aves— y flora poco común.

La infraestructura de petróleo y gas natural implica «la construcción de carreteras, oleoductos y edificios» que «podrían afectar negativamente a un hábitat importante para los animales, a las rutas migratorias y a la biodiversidad», señala el World Wildlife Fund. La fracturación hidráulica es de especial preocupación ecológica, ya que exige grandes cantidades de agua y se sabe que provoca terremotos, contamina el agua, emite gases de efecto invernadero y provoca cánceres y defectos congénitos, entre otros problemas. Physicians for Social Responsibility, una organización estadounidense sin ánimo de lucro que trabaja por un medio ambiente más limpio, informa de que la fracturación hidráulica de gas y petróleo puede resultar desastrosa para la fauna y flora silvestres porque puede envenenar la cadena trófica, destruir el hábitat y provocar muertes masivas de peces y otras especies acuáticas. Sin embargo, el proceso a menudo se utiliza en formaciones de esquisto que contienen hidrocarburos, ya que es una forma eficaz de extraer más petróleo y gas natural de las rocas.

Respondiendo a las preguntas de National Geographic sobre los posibles daños resultantes de la perforación, Claire Preece, portavoz de ReconAfrica, declaró que «ReconAfrica garantizará que estos pozos no causen repercusiones medioambientales. Se están tomando pasos específicos que forman parte de nuestros planes y han sido verificados por auditores ambientales y especialistas técnicos. ReconAfrica se ciñe a las normas y políticas de Namibia, así como a las prácticas óptimas internacionales».

Odendaal señaló que la licencia de la cuenca del Kavango ha sorprendido a muchas personas que habrían esperado estar al corriente de ella. «No tenía ni idea de esto ni lo vi venir», contó.

Botsuana alberga las mayores manadas de elefantes africanos que quedan en el continente. Se estima que 18 000 de los 130 000 elefantes del país viven en la región del Okavango, muchos dentro del área donde ReconAfrica quiere explotar petróleo y gas natural.

Fotografía de Thomas Dressler, imageBROKER / Alamy Stock Photo

La empresa canadiense de exploración petrolífera ReconAfrica ha adquirido la licencia de más de 35 000 kilómetros cuadrados de terreno, casi un 70 por ciento en Namibia y el resto en Botsuana. La parte de Botsuana incluye las colinas de Tsodilo, un lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco denominado el «Louvre del desierto». Más de 4500 pinturas rupestres, algunas de ellas de hace 1200 años, fueron creadas por los indígenas san, que lo consideran un lugar sagrado.

Fotografía de Aaron Huey, Nat Geo Image Collection

De hecho, muchos de los habitantes de la región no estaban al tanto. «No sabía que había una empresa que va a venir a perforar el petróleo», dijo Jacob Hamutenya, presidente del área de conservación George Mukoya, ubicada a casi 80 kilómetros de los pozos de prueba. El área de conservación gana dinero con la caza sostenible y como destino turístico de observación de fauna silvestre. «Nuestros ingresos proceden de la fauna y los turistas, pero si viene esa industria petrolera lo destruirá todo», declaró Hamutenya mientras estudiaba atentamente un mapa de las ubicaciones de los pozos de prueba.

Sin embargo, el Ministerio de Minas y Energía de Namibia insiste en los posibles efectos positivos. El ministerio no respondió a las preguntas de National Geographic, pero en un comunicado de prensa del 18 de septiembre indicó que «las repercusiones socioeconómicas de la perforación exploratoria traerán empleos para los lugareños» y muchos beneficios más, como nuevos pozos de agua para las comunidades cerca de los sitios propuestos para la perforación. El gobierno de Namibia tiene un 10 por ciento de las acciones de las actividades de producción de petróleo y gas natural de ReconAfrica, pero aún se desconoce qué representa esa participación o a cuánto equivaldrá.

ReconAfrica sostiene que quiere llegar a un acuerdo con grandes compañías petrolíferas si los pozos de prueba de Namibia son productivos. «Podremos sentarnos con Exxon, Total, etcétera, porque es un conjunto petrolífero grande», declaró Craig Steinke, fundador y principal accionista de ReconAfrica, en una entrevista el 13 de julio. «Confiamos en poder llegar a un acuerdo con ellos».

El agua de la vida

El agua, que surge al borde del desierto de Kalahari, resplandece como un espejismo en el delta del Okavango. Este humedal de aproximadamente 18 000 kilómetros cuadrados se encuentra al este y al sudeste de la zona para la que ReconAfrica ha adquirido la licencia. Es uno de los deltas interiores más grandes del mundo, una zona silvestre prácticamente prístina donde los antílopes chapotean en llanuras aluviales donde crece la hierba, las cebras emergen entre bosquecillos de mopanes y los elefantes caminan por canales poco profundos. Cada año fluyen 7,5 billones de litros de agua y crean un mosaico exuberante de islas, canales y lagunas.

«Agua limpia: eso es el petróleo y el oro», escribió David Quammen en un reportaje de 2017 para la revista National Geographic que documentaba el Okavango Wilderness Project, una iniciativa respaldada por la National Geographic Society en colaboración con otras organizaciones sin ánimo de lucro y el gobierno de Namibia. El proyecto ha llevado a cabo expediciones científicas para documentar la biodiversidad y la presencia humana en la región y amasado una montaña de datos para demostrar por qué esta región vital a nivel global, con su importantísimo suministro natural de agua, debería recibir una protección del máximo nivel. Si retiramos esa agua, «el delta del Okavango dejaría de existir. Se convertiría en otra cosa, en algo que no incluiría hipopótamos, sitatungas ni pigargos vocingleros», escribió.

Los rastros de animales señalan la abundancia del delta del Okavango. Las rutas migratorias se extienden más allá del delta, por un paisaje prácticamente sin divisiones. Si la región interconectada es perforada con pozos petrolíferos y las carreteras, la infraestructura y los campamentos de los trabajadores que los acompañan, será inevitable que el hábitat se degrade y se fragmente.

Fotografía de BEVERLY JOUBERT, Nat Geo Image Collection

Este oasis del desierto es tan extraordinario —y frágil— que en 2014 la Unesco lo añadió a su lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. El delta también está protegido por la convención Ramsar, un tratado internacional para proteger los humedales del que Namibia y Botsuana son signatarios. Una ley del Congreso de Estados Unidos y otros tratados también reconocen el delta del Okavango.

La mayor parte del agua del delta procede de las lluvias estacionales de las tierras altas centrales y forestadas de Angola, desemboca en el río Okavango y serpentea en un viaje de tres meses por la franja de Caprivi hasta expandirse en un abanico en el rincón noroeste de Botsuana. El área de exploración autorizada de ReconAfrica linda con el río principal que desemboca en el delta del Okavango a lo largo de más de 270 kilómetros. Durante la larga estación seca se disponen de pocos recursos hídricos más.

«Es ese pulso anual lo que yo comparo con un latido», dijo Anthony Turton, profesor de la Universidad del Estado Libre en el Centro para la Gestión Ambiental de Sudáfrica que se especializa en la gestión de recursos hídricos.

Actualmente, muy pocas vallas dividen la región silvestre del Okavango, así que con el regreso anual de las aguas, los antílopes eland se dispersan por las zonas circundantes para encontrar alimento y, con esta dispersión, los depredadores —como las manadas de licaones y leones y los leopardos y guepardos solitarios— los siguen. Los animales salvajes utilizan toda la región, por eso Angola, Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue han creado el Área de Conservación Transfronteriza Kavango-Zambeze, o KAZA por sus siglas en inglés. Con una superficie mayor a la de Italia, es el área de conservación más grande del continente. Las zonas autorizadas de ReconAfrica se solapan con este gigantesco parque internacional.

La licencia de prospección y exploración de ReconAfrica en Botsuana también abarca las colinas de Tsodilo, un lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco al que llaman «el Louvre del desierto» por su conjunto de más de 4500 pinturas rupestres, algunas de hace 1200 años, creadas por los indígenas san. El pueblo san de las comunidades Khwe y Ju/'hoansi de Namibia y Botsuana venera este lugar sagrado.

La llegada de trabajadores petroleros a este paisaje remoto —y el dinero, las carreteras, el alcohol y la contaminación que traerán— pondría en peligro la forma de vida tradicional de los san, señala Jennifer Hays, profesora de antropología social de la Universidad Ártica de Noruega. Hays lleva más de 20 años trabajando con las comunidades san de la región.

La producción de petróleo comenzó en la década de 1950 en el delta del Níger, en Nigeria, donde la contaminación por petróleo obligó al pueblo ogoni a abandonar la pesca. Aún continúa la lucha para limpiar el agua y la tierra ensuciadas en la parte meridional del delta. La explotación de petróleo en la región del Okavango supondría «una amenaza para nuestros medios de vida, así que tenemos que sentarnos con ellos, con esta empresa, y organizar una consulta adecuada», dice Diphetogo Anita Lekgowa, organizadora comunitaria del asentamiento de Khwai, en el delta del Okavango.

Fotografía de George Osodi/Bloomberg via Getty Images

El petróleo oscurece el litoral de un estuario del delta del Níger. Según los conservacionistas de Namibia y Botsuana, podría producirse una crisis similar en el delta del Okavango si sale adelante la perforación de petróleo y gas natural río arriba.

Fotografía de George Osodi/Bloomberg via Getty Images

Mensajes contradictorios

Algunos datos sobre el proyecto de ReconAfrica son turbios, pero están saliendo a la luz detalles importantes.

Los diversos comunicados de los directivos de ReconAfrica, así como estudios técnicos como el Informe de investigación de la cuenca del Kavango de mayo de 2020 y las presentaciones a inversores, respaldan la probabilidad de que la exploración incluya fracturación hidráulica. Entre los miembros del equipo directivo de ReconAfrica en la cuenca del Kavango figuran expertos en fracturación hidráulica. Scot Evans, el consejero delegado de ReconAfrica, es el ex vice presidente de Halliburton y tiene décadas de experiencia técnica y operativa en la fracturación hidráulica de petróleo de esquisto en Estados Unidos. Por su parte, a Nick Steinsberger, el vicepresidente de perforación y terminación, se le conoce como uno de los padres del fracking por su fomento del uso de agua a alta presión mezclada con productos químicos para abrir las rocas.

En febrero de 2020, en una entrevista en un podcast de inversión financiera, Evans declaró que «creemos que este conjunto petrolífero no convencional tiene muchas probabilidades de éxito». En jerga industrial, «no convencional» significa que se necesitará «una combinación de perforación horizontal y fracturación hidráulica».

El 21 de octubre, respondiendo a las preguntas de National Geographic, la portavoz de ReconAfrica Claire Preece señaló que «la fracturación hidráulica es un método de producción de petróleo y gas natural en yacimientos no convencionales». Asimismo, reiteró que la fracturación hidráulica no es aplicable a la licencia de exploración de ReconAfrica e insistió en que la empresa se centraba en «hidrocarburos en yacimientos convencionales» que no necesitan ser fracturados.

El gobierno de Namibia sostiene que no ha concedido un permiso de fracturación a ReconAfrica. Señala que ReconAfrica tiene un permiso para perforar dos pozos de prueba iniciales, pero que no se le ha concedido una licencia de producción de petróleo en tierra.

Con todo, en la sección «Operaciones» de página web de ReconAfrica, la empresa afirma que tiene derecho a una licencia de producción de 25 años. Aunque ReconAfrica dice que la fracturación hidráulica no forma parte de su plan de perforación exploratoria, la presentación para inversores de la empresa dice que su idea, si hallan petróleo, es abrir un nuevo campo de petróleo y gas natural enorme que probablemente incluiría fracturación hidráulica. Sin embargo, la portavoz Claire Preece contó a National Geographic que la empresa pretende centrarse en el petróleo de yacimientos convencionales, que no requieren fracturación hidráulica.

La posibilidad de terremotos causados por la fracturación hidráulica es una cuestión de gran preocupación para Turton. Le preocupa que, como esta zona tiene mucha actividad geológica, los movimientos sísmicos puedan alterar la circulación del río Okavango, el sustento de las personas y las especies silvestres de la región. «La cuestión estratégica que surge es si los posibles beneficios del [petróleo] compensan el posible coste de la alteración de la única agua superficial que fluye de forma permanente» en la región.

En un informe sobre la fracturación hidráulica, el Transnational Institute, un grupo internacional de investigación y fomento con sede en los Países Bajos, plantea dudas sobre la pérdida del control comunitario de las tierras y el agua en las zonas donde se produzca fracturación hidráulica, «sobre todo mediante el desvío, el agotamiento y la contaminación del agua».

«Esta es una de las peores formas de robo de tierras y extracción de recursos neocolonial», declaró Annette Hübschle, científica social medioambiental criada en Namibia e investigadora del Global Risk Governance Programme de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica. Tras examinar la propuesta para inversores de ReconAfrica de septiembre de 2019, que describe la perforación, la posible fracturación hidráulica y la excavación de cientos de pozos en la zona, señaló que «o el gobierno de Namibia no leyó la letra pequeña o está negando lo que ha autorizado».

Ni el Ministerio de Minería ni el de Medio Ambiente de Namibia han respondido a las preguntas sobre los planes a largo plazo de ReconAfrica. El Ministerio del Medio Ambiente de Botsuana tampoco respondió a nuestras preguntas.

Violaciones de la evaluación de impacto ambiental

Expertos del sector, grupos comunitarios y activistas medioambientales han expresado su preocupación por que los planes de ReconAfrica para sus pozos de prueba no hayan sido aprobados de forma adecuada mediante el proceso de evaluación ambiental de Namibia. National Geographic pidió a tres expertos independientes que examinaran la evaluación de impacto ambiental (EIA) de ReconAfrica sobre sus operaciones en Namibia.

Los expertos indicaron la falta de evaluaciones físicas de la fauna y la flora y de las posibles repercusiones para las comunidades locales y otras personas, para los yacimientos arqueológicos y para el agua subterránea y el agua en superficie. Señalaron que la evaluación, que solo consta de estudios teóricos sin trabajos sobre el terreno, no es suficiente para justificar la perforación propuesta. (A pesar de nuestras peticiones, ni el gobierno ni la empresa han puesto a disposición de National Geographic los estudios ni otros documentos.)

La licencia de ReconAfrica abarca los territorios de al menos cuatro animales en peligro crítico de extinción —como el rinoceronte negro y el buitre dorsiblanco africano—, siete especies clasificadas en peligro de extinción y otras 20 vulnerables, como el pangolín de Temminck y el águila marcial, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Fotografía de BEVERLY JOUBERT, Nat Geo Image Collection

La legislación de Namibia contempla una garantía ambiental sólida que permite que cualquier persona, organización o agencia participe de forma activa en el proceso de evaluación de proyectos como este registrándose como partes interesadas y afectadas. En teoría, hay que informar y consultar a las partes interesadas conforme avanza la evaluación. Aparentemente, Sindila Mwiya, profesional de evaluaciones ambientales privadas a cargo de la evaluación de impacto ambiental de ReconAfrica, ha incumplido esta protección legal para el medio ambiente y las comunidades.

En un email del 12 de octubre a Annette Hübschle y otras personas que habían solicitado la lista de partes interesadas y afectadas, copiado a National Geographic, Mwiya admitió que no había seguido el proceso legal de registro de las partes interesadas y afectadas.

La Ley de Gestión Medioambiental de Namibia estipula que debe realizarse una evaluación «de forma objetiva». A lo largo de todo el EIA, Mwiya destaca los beneficios del proyecto e insta al gobierno a que lo apruebe.

La evaluación de ReconAfrica «incumple las normas de la investigación científica imparcial y exhaustiva requerida», declaró Jan Arkert, geólogo ingeniero y asesor que vive en Uniondale, Sudáfrica, y lleva décadas trabajando en proyectos de perforación.

«Es desconcertante que esta EIA se haya autorizado», afirma Avena Jacklin, exconsultora ambiental del sector minero. Ha confirmado que la evaluación no incluyó a las partes interesadas y afectadas y «omitió evaluaciones fundamentales y estudios de especialistas... y no ha identificado alternativas a la fracturación hidráulica», como la energía eólica y solar. «No se ha explicado nada de esto en la EIA».

Arkert señaló que las fosas para almacenar el barro y el agua de la perforación descritas en la evaluación son tan grandes que los planes de ReconAfrica para sus pozos de prueba podrían incluir fracturación hidráulica y podrían no haber sido revelados al completo al gobierno de Namibia. (ReconAfrica niega que pretenda utilizar la fracturación hidráulica durante la fase de exploración y el gobierno de Namibia no respondió a nuestras preguntas sobre los posibles planes de fracturación hidráulica.)

Sean cuales sean las intenciones de ReconAfrica, sus pozos de prueba necesitarán grandes cantidades de agua. También producirán grandes volúmenes de «ripios», rocas contaminadas retiradas del agujero perforado. La evaluación de ReconAfrica sostiene que la fuente del agua será el río Omatako, que fluye principalmente bajo tierra. Jacklin y Arkert, dos de los expertos independientes que revisaron la evaluación de impacto ambiental para National Geographic, afirmaron que los detalles sobre el agua necesaria para los pozos de prueba, que deberían abordarse, se omiten en la EIA. Esto incluye los volúmenes de agua necesaria, la cantidad de pozos de sondeo, de qué zonas del río Omatako sacarán el agua, cómo afectará la extracción de agua a los pozos cercanos o las comunidades circundantes y la eliminación y tratamiento del agua residual resultante de la perforación.

Sin embargo, la evaluación reconoce que los ríos efímeros son de «especial importancia ecológica en Namibia debido a [su] riqueza biótica, los grandes mamíferos, el elevado valor para la subsistencia humana y el turismo».

Preece, de ReconAfrica, contó que la empresa «perforará un pozo de agua y después lo entregará a la comunidad local» y «colaborará con ellos para ofrecer oportunidades sostenibles continuas» para ganar dinero.

Preece señaló que ReconAfrica está llevando a cabo una «exploración, como se indica en la EIA, y si se necesitan más actividades de exploración se llevarán a cabo otras EIA de acuerdo con la legislación nacional de Namibia y las regulaciones sobre cuestiones relacionadas con el agua y otros componentes ambientales». Según el gobierno de Namibia, ReconAfrica necesitaría otra evaluación de impacto ambiental para comenzar a producir mediante fracturación hidráulica.

Respondiendo a las preguntas sobre otros efectos ambientales de los pozos de prueba, Preece declaró que «se reutilizarán los fluidos de perforación» y «se eliminarán de forma segura fuera del lugar», y que los ripios «se gestionarán en fosas revestidas, se limpiarán y se eliminarán fuera del lugar», conforme a los requisitos normativos y empresariales.

National Geographic preguntó en varias ocasiones a Timoteus Mufeti, comisario de medio ambiente de Namibia, por qué la evaluación de impacto ambiental no revelaba el uso de agua en las perforaciones de prueba y le pidió que hiciera comentarios respecto a los problemas que podría entrañar la perforación para los habitantes locales y el medio ambiente. Finalmente, indicó que estaba demasiado ocupado para hablar, pero que podíamos ir a su oficina en Windhoek para revisar la evaluación de impacto ambiental y todos los documentos justificativos que habíamos solicitado. Pedimos a Shinovene Immanuel, un periodista local, que aceptara la oferta, pero cuando Immanuel llegó a la oficina solo le entregaron una copia de la evaluación sin ninguna documentación justificativa.

Las consecuencias para las comunidades, la fauna y la flora

«Los habitantes de la zona obtienen agua de pozos excavados a mano y con pequeñas bombas manuales», señaló Arkert. «¿Qué pasa si la empresa reduce el nivel freático y la gente que vive ahí ya no puede acceder al agua de la que han dependido durante generaciones?».

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos estima que hacen falta aproximadamente 5,7 millones de litros para fracturar un solo pozo de petróleo y gas natural. Un camión cisterna con capacidad para 11 300 litros tendría que hacer unos 500 viajes por pozo. ReconAfrica ha declarado que su fin último es perforar cientos de pozos en la cuenca del Kavango.

El río Okavango, que serpentea entre la hierba, es el sustento de esta región. Más de un millón de africanos dependen de él para obtener agua y como medio de sustento. Los investigadores y los grupos comunitarios temen que la prospección de petróleo y gas natural en las zonas autorizadas contamine y fuerce los escasos recursos hídricos.

Fotografía de Frans Lanting/MINT Images / Science Source

La organizadora comunitaria Diphetogo Anita Lekgowa, una líder indígena del pequeño asentamiento de Khwai en el delta del Okavango, descubrió los planes de ReconAfrica hace solo un mes. Desde entonces, ha hablado con los miembros de su comunidad y con otros líderes locales y regionales acerca del proyecto y sus ramificaciones para quienes dependen del delta para obtener agua y alimento.

Está preocupada.

Lekgowa dijo que nadie le había comunicado los planes de uso de agua de ReconAfrica y se pregunta qué hará su comunidad si las aguas del delta no están protegidas de la posible contaminación por la explotación de petróleo y gas natural río arriba. «Del río sacamos peces y frutos, así que si la perforación contamina el río, no va a beneficiarnos, va a matarnos».

Según la ONU, Namibia no puede alimentarse. Sus plantaciones solo sustentan a un 70 por ciento de sus habitantes y los terrenos a los que accederá ReconAfrica albergan más de 600 plantaciones activas, algunas regadas con el agua del río Okavango. La perforación en la zona podría poner en peligro este precario suministro de alimentos.

«¿Qué ocurrirá cuando nuestra agua se contamine?», se preguntó Ina-Maria Shikongo, coordinadora principal de Fridays for Future en Namibia, un movimiento climático, juvenil e internacional inspirado por la activista sueca Greta Thunberg. Para Shikingo, no se trata de si el agua quedará contaminada, sino de cuándo. «¿Qué harán los países vecinos cuando sus medios de sustento se vean afectados por una decisión que ha tomado Namibia por ellos?», preguntó.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la organización que mantiene un registro de las especies amenazadas del planeta, la licencia de ReconAfrica incluye los territorios de siete especies animales en peligro de extinción —entre ellas la grulla coronada cuelligrís y el licaón— y cuatro animales en peligro crítico de extinción, entre ellos el rinoceronte negro y el buitre dorsiblanco africano. También alberga otras 20 especies clasificadas como «vulnerables», como el pangolín de Temminck y el águila marcial.

La evaluación de impacto ambiental de ReconAfrica señala que las posibles consecuencias de la perforación de petróleo y gas natural para la fauna y la flora de la zona de prospección son «insignificantes». Según Preece, «el área de interés llamada cuenca del Kavango no está situada en una zona sensible y todas las actividades de exploración están muy localizadas».

Rosie Woodroffe, coordinadora del grupo de trabajo sobre licaones de la UICN, contó que hay más licaones en torno a la región donde explorará ReconAfrica que en cualquier otra parte del planeta. «Los licaones son muy sensibles a la pérdida de hábitat y es probable que cualquier actividad dentro del área de distribución de los licaones que destruya, degrade o fragmente su hábitat resulte perjudicial», explicó.

Extraer y transportar petróleo y gas natural fragmenta el hábitat y atraviesa rutas migratorias. Las nuevas carreteras también facilitan la caza furtiva de animales al facilitar el acceso a lugares silvestres. La llegada de trabajadores petroleros a África central provocó una demanda insostenible de carne de animales salvajes como duikers y búfalos e incrementó la caza furtiva de especies de gran valor, como elefantes, primates y leones. La caza furtiva puede persistir incluso cuando terminan las perforaciones y los trabajadores se marchan.

El ruido también puede resultar perjudicial. El Elephant Listening Project descubrió que los elefantes de sabana de África central habían pasado a un estilo de vida más nocturno debido al ruido de la exploración y producción de petróleo. Del mismo modo, la Sociedad Americana de Ornitología publicó un informe en 2018 en el que demostraba que el ruido de la producción de petróleo había hecho que las aves de Alberta, Canadá, cambiaran sus cantos.

«Hay estudios que demuestran que existen varias formas de dañar a las especies silvestres», contó al Revelator la bióloga y escritora Sandra Steingraber, que lleva muchos años estudiando los riesgos de la fracturación hidráulica. «La biodiversidad es un factor determinante de la salud pública. Sin estos animales salvajes y sus servicios ecosistémicos, no podremos sobrevivir». Por ejemplo, los elefantes fertilizan y expanden las semillas de los árboles con sus excrementos y excavan el suelo, abriendo fuentes de agua para otros animales.

La producción de petróleo «supone una amenaza para nuestros medios de vida», dijo Lekgowa. «Bebemos del río porque vivimos lejos de la ciudad y no tenemos agua potable, pero si esta gente viene con un sistema que dañe el agua, para nosotros esto es potencialmente mortal».

Jeffrey Barbee es un escritor científico, fotoperiodista y documentalista, cuyo documental sobre la fracturación hidráulica de petróleo y gas natural, The High Cost of Cheap Gas, se ha traducido a seis idiomas y ganado numerosos premios. Es el fundador de Alliance Earth, una iniciativa de periodismo científico y medioambiental independiente que colabora con medios de todo el mundo.
La Dra. Laurel Neme es colaboradora de la revista National Geographic. Trabajó en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y ha sido asesora de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional, centrándose en las repercusiones ambientales y sociales de proyectos de desarrollo. Ha escrito varios libros, entre elos Animal Investigators: How the World’s First Wildlife Forensics Lab Is Solving Crimes and Saving Endangered Species y The Elephant’s New Shoe .
Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.
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