Acusan a la petrolera que explora en un hábitat de elefantes de ignorar las preocupaciones de la comunidad

Los namibios afirman que ReconAfrica ha desechado aguas residuales de forma insegura, sin permisos, y que ha ignorado las preocupaciones sobre las posibles repercusiones de la perforación petrolífera en el agua y la fauna silvestre.

Publicado 12 may 2021 12:19 CEST, Actualizado 13 may 2021 6:17 CEST
Fotografía del delta del Okavango

El delta del Okavango, un lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y foco de biodiversidad en Botsuana, se encuentra río abajo respecto a la región donde ReconAfrica explora en busca de gas y petróleo.

Fotografía de robertharding, Alamy Stock Photo

ReconAfrica, una empresa canadiense que explora gas y petróleo en Namibia cerca de un lugar Patrimonio de la Humanidad de la Unesco mundialmente famoso que alberga elefantes y otros animales salvajes, está desechando aguas residuales sin permiso, según un ministro del gobierno. La empresa también está ignorando las preocupaciones de los vecinos sobre las repercusiones de la exploración y la perforación en los suministros hídricos, las viviendas y los animales, según entrevistas y comentarios oficiales presentados por particulares.

Había poca concienciación pública sobre los planes de ReconAfrica de buscar petróleo en esta región de más de 200 000 habitantes hasta que National Geographic empezó a informar el pasado octubre sobre los posibles riesgos de la perforación para el agua y la fauna.

La superficie autorizada de la empresa, de más de 34 000 kilómetros cuadrados —aproximadamente un 70 por ciento en Namibia y el resto en Botsuana— abarca parte de la cuenca hidrográfica vital del delta del Okavango. Este humedal en el desierto de 18 000 kilómetros cuadrados, uno de los deltas interiores más grandes del mundo, se encuentra en el noroeste de Botsuana, a unos 257 kilómetros al sudeste del primer pozo de prueba de ReconAfrica. Atrae cada año a unos 100 000 turistas a alojamientos de lujo y alberga una diversidad de fauna y flora tan espectacular que en 2014 la Unesco lo añadió a su lista de lugares Patrimonio de la Humanidad. El delta es hogar de leones, jirafas, antílopes, licaones y águilas marciales. Los 130 000 elefantes de sabana en peligro de extinción de Botsuana —la mayor población que queda en África— recorren sus exuberantes islas, donde dependen de los billones de litros de agua que fluyen cada año desde el norte y el oeste.

Las zonas de perforación de ReconAfrica también se solapan con el parque de conservación multinacional más grande del continente —el Área de conservación transfronteriza Kavango-Zambezi (KAZA, por sus siglas en inglés), que incluye terrenos en Angola, Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue— y seis reservas de fauna gestionadas a nivel local en Namibia.

La amenaza que supone la perforación de gas y petróleo a uno de los ecosistemas más diversos del planeta «es inconcebible», contó Willem Odendaal a National Geographic el año pasado. Odendaal es el excoordinador de proyectos de desarrollo, medioambiente y tierras del Legal Assistance Centre de Namibia, un despacho de abogados de interés público en la capital, Windhoek. Las carreteras, tuberías y construcción que acompañarán la extracción de petróleo y gas podrían «afectar negativamente al hábitat importante para los animales, las vías migratorias y la biodiversidad», según el World Wildlife Fund. Además, para extraer el petróleo de las rocas del subsuelo se necesitan grandes cantidades de agua, que ya escasea en la región. La zona autorizada a ReconAfrica linda con el río principal que desemboca en el delta del Okavango a lo largo de unos 273 kilómetros. Hay pocas fuentes de agua alternativas disponibles para las personas y la fauna durante la larga estación seca en esta zona.

La perforación del primer pozo de prueba comenzó en enero y los fluidos residuales están almacenándose en un estanque que aparentemente no está revestido, donde podría filtrarse en el suelo y contaminar el suministro hídrico de esta región desértica, informó National Geographic el mes pasado.

Calle Schlettwein, ministro de agricultura, agua y reforma terrestre de Namibia, responsable de permisos hídricos, contó a National Geographic en una declaración escrita que aún no se han aprobado los permisos de ReconAfrica para extraer agua y utilizarla en sus operaciones de perforación ni desechar el agua residual, lo que sugiere que la empresa está actuando en contravención de la normativa del gobierno namibio. En su evaluación ambiental de 2019, ReconAfrica declaró que tendría todos los permisos en orden antes de empezar a trabajar.

Cuando preguntamos sobre el desecho de aguas residuales, la extracción de agua y la afirmación del gobierno de que ReconAfrica todavía no ha conseguido los permisos pertinentes, el portavoz Chris Gilmour, de Beattie Communications, una empresa de relaciones públicas con sede en el Reino Unido contratada por ReconAfrica, no respondió directamente, pero en un comunicado por correo electrónico declaró que la empresa «ha completado varios permisos necesarios para su actividad actual y seguirá completando todos los requisitos relacionados con la perforación y otros permisos».

Además de la disputa sobre los permisos y el desecho de aguas residuales, los particulares —tanto en entrevistas como en comunicados presentados oficialmente a representantes de la empresa— afirman que ReconAfrica no se ha tomado en serio el requisito de informar y consultar al público sobre sus planes. Garantizar que se escuchen las voces de las personas que más afectadas se verán por el proyecto es tanto una exigencia legal como algo fundamental, señala Annette Hübschle, científica social y ambiental criada en Namibia e investigadora del Global Risk Governance Programme en la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica.

Permite que «las personas juzguen por sí mismas si la prospección de gas y petróleo es el tipo de desarrollo socioeconómico que buscan para ellas y sus hijos», afirma. Tal y como ha ocurrido en el delta del Níger de Nigeria, en Ecuador y en otras partes, las empresas suelen «fracasar estrepitosamente a la hora de informar a los pueblos indígenas y a las comunidades locales sobre las repercusiones a largo plazo de la extracción de recursos y de la limpieza una vez finalizados los procesos de extracción».

Para evitarlo, la legislación de Namibia exige a las empresas que garanticen que el público conozca el proyecto propuesto, que lo entienda y que tenga la oportunidad de plantear sus inquietudes. Esto puede lograrse mediante anuncios en los periódicos, avisos en tablones de anuncios comunitarios y reuniones públicas. (Los anuncios de ReconAfrica en los periódicos se publicaron en inglés, el idioma oficial, pero la mayoría de los namibios de las comunidades rurales afectadas por el proyecto no leen ni hablan inglés.) Muchas personas y organizaciones de defensa de los derechos humanos han manifestado su preocupación por las deficiencias del proceso a los representantes de ReconAfrica.

Por ejemplo, las restricciones de viajar y las preocupaciones sanitarias debido a la pandemia impidieron que algunos asistieran a las reuniones públicas y, en dichas reuniones, se limitó el número de asistentes, según dice un comentario oficial de Natural Justice, una organización sin ánimo de lucro de derechos humanos y derecho medioambiental que apoya a las comunidades africanas indígenas. La escasez de infraestructura de banda ancha en África, sobre todo en las zonas cubiertas por la licencia de exploración de ReconAfrica, también ha supuesto una barrera a la hora de informar a comunidades indígenas y rurales y darles una oportunidad de compartir su opinión, señalaron otros.

Por su parte, en las reuniones públicas, entre ellas una audiencia polémica en Windhoek, los representantes de la empresa eludieron las preguntas de los asistentes. La empresa también canceló otras reuniones en comunidades rurales remotas sin dar explicaciones.

Gilmour, portavoz de ReconAfrica, no respondió a las preguntas sobre el proceso de consulta pública, los avisos y las reuniones, pero declaró que había habido «consulta[s] detallada[s] con las comunidades locales y otras partes interesadas» y que ReconAfrica «seguirá manteniendo una relación activa y colaborativa con todas las partes interesadas».

Pruebas sísmicas

Más recientemente, ReconAfrica ha declarado que comenzará las pruebas sísmicas si obtiene la aprobación, otra forma de confirmar depósitos de gas y petróleo. El proceso consiste en enviar ondas de choque a la tierra golpeando el suelo con equipo móvil que el fabricante describe como «mejor que la dinamita».

Algunos temen que las vibraciones puedan dañar sus pozos y las viviendas de barro y ladrillo, y dicen que ReconAfrica no se toma en serio sus preocupaciones.

Antes de que la empresa comience el estudio sísmico, necesita realizar una evaluación de impacto ambiental que analice cualquier posible problema que las pruebas puedan causar, entre otras cosas. Conforme a la ley namibia, los proyectos de gas y petróleo deben solicitar las opiniones del público y las preocupaciones planteadas deben abordarse en el informe final de la evaluación para obtener la aprobación del gobierno. El 26 de marzo, ReconAfrica publicó un borrador de la evaluación de más de mil páginas, preparado por la empresa de asesoría namibia de Sindila Mwiya, Risk-Based Solutions.

Risk-Based Solutions también realizó una evaluación ambiental en 2019 para los pozos de prueba de ReconAfrica que fue criticada por ser incompleta y carecer de rigor científico por expertos medioambientales que la revisaron para National Geographic. La criticaron porque, entre otras cosas, no incluía evaluaciones sobre el terreno de fauna y flora para medir los posibles efectos en la fauna, las comunidades locales, los yacimientos arqueológicos y el agua.

ReconAfrica invitó a comentar el proyecto durante un periodo de revisión pública del 7 de enero al 12 de febrero y se celebraron varias reuniones públicas durante dicho periodo. El periodista namibio John Grobler dijo que una reunión programada en Mbambi el 23 de enero nunca llegó a celebrarse. Al día siguiente, cuando se dirigía a una reunión programada en la circunscripción de Ncamakora, un representante de ReconAfrica le avisó de que se había cancelado. Pero según el borrador de la evaluación del estudio sísmico, la reunión de Ncamakora se celebró el día anterior en Mbambi, donde, según Grobler, un centenar de personas esperaban la oportunidad de plantear sus inquietudes a ReconAfrica.

La empresa está «confundida, mal organizada o está siendo engañosa a propósito», afirma Grobler.

Ni la portavoz de ReconAfrica, Claire Preece, ni Gilmour respondieron a las preguntas de National Geographic sobre las reuniones públicas.

Max Muyemburuko, presidente del área de conservación comunitaria de Muduva Nyangana, ubicada dentro del área de exploración de ReconAfrica, indica que se utilizó tanta jerga del sector en la audiencia a la que asistió el 22 de enero en Rundu que «nadie puede entender los términos técnicos que está empleando Recon. Salimos de la reunión sin información alguna. Es muy preocupante».

Muyemburuko cuenta que la reunión, que duró dos horas, «no es una consulta adecuada», una preocupación repetida por muchos en los comentarios presentados a Risk-Based Solutions. Solo dejaron 15 minutos al final para preguntas, «pero ignoraron las preguntas de la comunidad y se dieron prisa».

Ese mismo día, Muyemburuko envió a Mwiya, el asesor de la empresa, un correo electrónico con una lista de inquietudes sobre las pruebas sísmicas que no había podido plantear en la reunión. Muyemburuko citó las preocupaciones sobre los posibles daños a las casas, «muchas fabricadas con barro o ladrillos ligeros y hormigón», cerca de las carreteras que se utilizarán para el estudio sísmico. Más de cien se encuentran a lo largo de las líneas del estudio, según muestran imágenes por satélite de Google Earth.

La respuesta por correo de Mwiya fue displicente.

«Estás intentando sacar protagonismo de la nada y de un proyecto que no entiendes en absoluto», escribió Mwiya. «Es muy triste ver el nivel tan bajo de ignorancia que estás mostrando en la defensa del medio ambiente». Mwiya continuó: «Estupidez y tontería del más alto nivel... ¿qué te pasa?».

«Al principio me enfadé», dice Muyemburuko sobre la respuesta de Mwiya. «Pero después vi que eso me había dado la motivación para luchar por las personas en el Okavango».

Muyemburuko dice que le preocupa que la región cercana a su casa acabe pareciéndose al contaminadísimo delta del Níger, en Nigeria, donde la perforación petrolífera causó una catástrofe ambiental y social, y provocó la ejecución de Ken Saro-Wiwa y otros activistas nigerianos que se opusieron a un proyecto de Shell Oil en la década de 1990.

Muyemburuko afirma que la gente le ha advertido que no se meta en esta polémica y contó a National Geographic que tiene miedo. «Mi vida corre peligro», cree.

Una consulta polémica

En la acalorada reunión pública del 2 de febrero en Windhoek, Mwiya y Preece esquivaron las preguntas de los asistentes.

Cuando les preguntaron acerca de los posibles daños a las viviendas y los pozos provocados por camiones golpeadores, por ejemplo, Preece indicó que los camiones «no son algo que se quede ahí», pero no abordó la pregunta.

Preece y Mwiya insistieron en que el proyecto es un proceso que va paso a paso y que las preocupaciones serán abordadas a medida que progrese. La producción de petróleo está «muy muy lejos», dijo Mwiya. Para intentar tranquilizar al público, cuya frustración aumentaba por momentos, dijo que «ni siquiera sabemos si existe una cuenca [petrolífera]».

El comentario contradice las propias declaraciones y presentaciones para inversores de la empresa. ReconAfrica ha descrito la zona autorizada en Namibia y Botsuana a sus inversores como «una de las cuencas de hidrocarburos terrestres e inexplotadas más grandes del mundo».

Ina-Maria Shikongo, coordinadora de Fridays for Future en Namibia, un movimiento juvenil por el clima inspirado por la activista sueca Greta Thunberg, declaró que la confusión de los responsables en la reunión y los correos electrónicos era insultante. En un momento durante la reunión, declaró: «el Dr. Sindila [Mwiya] nos intimidó». (En comentarios presentados a Risk-Based Solutions, otros señalaron experiencias similares con Mwiya.)

Mwiya no respondió a las preguntas de National Geographic sobre el proceso de consulta ni a las acusaciones de parcialidad e intimidación.

Es «muy triste ver que personas como tú, que tienen cero experiencia y formación en la exploración petrolífera, ahora quieren ser expertas de la noche a la mañana», escribió al director del área de conservación Muyemburuko. «La solicitud [de pruebas sísmicas] va a salir adelante».

Ahora que ha terminado el periodo de comentarios, el comisario ambiental de Namibia, Timoteus Mufeti, revisará la evaluación y decidirá si conceder a ReconAfrica un permiso para su estudio sísmico.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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