Un informe filtrado sobre la cría de tigres desata polémica

Los expertos en tigres afirman que el documento, que es un borrador de un manual financiado por Estados Unidos para inspeccionar centros de tigres cautivos, legitima la cría comercial de tigres.

Publicado 15 jul 2021 13:11 CEST
Turistas observan a los tigres en el Parque del Tigre Siberiano de Heilongjiang

Unos turistas observan a los tigres en el Parque del Tigre Siberiano de Heilongjiang en 2017, en Harbin, China. Se cree que el parque es la mayor operación de cría de tigres en cautividad del mundo.

Fotografía de Kevin Frayer, Getty Images

Más de 8000 tigres viven en cautividad en China, Laos, Tailandia y Vietnam, donde se mantienen y se crían para usos comerciales, como para que los turistas se saquen selfis con ellos y para el comercio ilegal de sus huesos, pieles y otras partes. Los huesos de tigre se convierten en una pasta medicinal o en un vino que, según se cree, hace más fuerte y viril a quien lo bebe, mientras que las pieles y los dientes se utilizan como decoración y joyas.

Se ha documentado que las instalaciones de tigres en cautividad hacen que las hembras se reproduzcan a gran velocidad, mantienen a los felinos en recintos inadecuados, los drogan para que las interacciones con los turistas sean más seguras y los alimentan con malas dietas que los dejan demacrados u obesos. También se han documentado vínculos con empresas delictivas.

Muchos conservacionistas afirman que estas «granjas» de tigres desestigmatizan el uso de los tigres como mercancía y, por lo tanto, también suponen una amenaza para los 3900 tigres que quedan en el medio natural, que corren el riesgo de ser asesinados por cazadores furtivos. Durante años, los expertos internacionales en tigres y en el comercio de fauna silvestre han trabajado para desalentar las granjas de tigres y evitar que las partes de tigres cautivos acaben en el mercado negro.

Pero ahora, un borrador de un documento financiado por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos y compartido con National Geographic parece legitimar la cría de tigres, según expertos en el comercio ilegal de tigres. El documento, cuyo título preliminar es «Manual de inspección de instalaciones de cría de tigres en cautividad», se basa en la premisa de que parte de la cría comercial de tigres es aceptable. Esta premisa contradice las normas acordadas a nivel internacional y mina los esfuerzos para eliminar este tipo de instalaciones. Asimismo, varios expertos en tigres afirman que no se les consultó hasta después de redactar el borrador y que los científicos que dirigen el proyecto tienen poca experiencia en la cuestión de la cría de tigres.

Gabriel Fava, asesor político de la Born Free Foundation, que revisó el documento, contó a National Geographic que su contenido es «extremadamente inadecuado» y «tiene sesgos inherentes».

«El informe promueve la cría comercial de tigres como estrategia de conservación válida y eso está mal», afirma Debbie Banks, responsable de la campaña sobre tigres y delitos contra la fauna y flora silvestres de la organización sin ánimo de lucro Environmental Investigation Agency, con sede en Londres. «Este documento se acerca peligrosamente a fomentar la cría de tigres».

Banks señala que ninguna de estas instalaciones ha reintroducido nunca tigres en la naturaleza, ni podría hacerlo, debido a los problemas de endogamia, el hecho de que están acostumbrados a los humanos y la falta de capacidades de supervivencia. «Esas instalaciones no contribuyen a la conservación», afirma.

El Servicio de Pesca y Vida Silvestre tomó nota de varias solicitudes de entrevistas y declaraciones, pero no respondió a tiempo para la publicación.  

Una premisa errónea 

El documento fue encargado por la Secretaría de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES, por sus siglas en inglés), un tratado global firmado por 183 estados miembros que regula el comercio transfronterizo de especies amenazadas de plantas y animales. Se trataba de «una guía/manual de inspección fácil de usar para verificar [que] las instalaciones de cría en cautividad de tigres» cumplen las normas internacionales, según las instrucciones que se dieron los autores, que también fueron compartidas con National Geographic.

Aunque los tigres se crían en cautividad con fines comerciales, la cría con fines de conservación es la única meta aceptable, según una norma adoptada en 2007 por los países miembros de la CITES.

En cambio, el borrador del documento se basa en la idea de que la cría de tigres con fines comerciales es aceptable, según cinco expertos entrevistados por National Geographic. La primera frase reza: «La cría de tigres para su exhibición al público o para su conservación son ampliamente reconocidos como fines legítimos».

Eso no es cierto, dice Sue Lieberman, vicepresidenta de política internacional de la Wildlife Conservation Society, con sede en Nueva York. «La CITES ha declarado firmemente que los tigres solo deben criarse con fines de conservación», dice, «pero este documento sostiene que la exhibición está bien y que si el público quiere ver más tigres, está bien criar más», dice Lieberman, que trabajó en cuestiones de la CITES en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre estadounidense durante más de una década, llegando a ser la jefa de la oficina responsable de las cuestiones científicas relacionadas con la aplicación de la CITES.

A pesar de las normas de 2007, las granjas de tigres de algunos países han crecido, dice Banks.

Reconociendo esto, en 2016 y de nuevo en 2019, los países miembros de la CITES aprobaron una decisión para llevar a cabo misiones de investigación a «instalaciones que mantengan grandes felinos asiáticos en cautividad que puedan ser preocupantes». El objetivo era determinar si la CITES debía tomar medidas más contundentes, como la imposición de sanciones comerciales, para fomentar que ciertos países cerraran sus granjas comerciales de tigres. En 2018, un informe identificó siete países con 66 instalaciones preocupantes de este tipo, unas que parecían criar tigres con fines comerciales sin beneficio aparente para la conservación y otras ya involucradas en el comercio ilegal.

Para apoyar las misiones de investigación, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre donó 30 000 dólares, pero cuando la pandemia impidió las visitas en persona, el servicio acordó que sus fondos podrían ser utilizados para otras actividades, como el desarrollo de pautas de inspección de las instalaciones de cría de tigres, según Francisco Pérez, funcionario de apoyo al programa de la CITES. La secretaría de CITES contrató a la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés) para investigar y redactar la guía.

La UICN no respondió a las preguntas acerca del contenido de la guía.

Cuando el 2 de julio se compartió un borrador de las pautas de inspección con varias organizaciones sin ánimo de lucro, entre otras partes interesadas, para que dieran su opinión, estas enseguida plantearon su preocupación. Al menos dos de ellas, la Environmental Investigation Agency y la Born Free Foundation, pidieron que se eliminaran sus nombres del apartado de agradecimientos.

Seis días más tarde, Pamela Scruggs, que dirige la oficina del Servicio de Pesca y Vida Silvestre responsable de la aplicación de la CITES en Estados Unidos, reconoció a varias organizaciones sin ánimo de lucro que «teniendo en cuenta las inquietudes sobre el proceso que ustedes y nosotros hemos observado, estamos explorando nuestras opciones para remediar o mejorar la situación», según un correo electrónico enviado en su nombre, compartido con National Geographic. El correo electrónico no especificaba qué «remedios» podrían explorarse.

Dejan fuera a los expertos

Los altos cargos del Departamento de Estado de Estados Unidos, que se opone desde hace ya tiempo a las granjas de tigres, solo fueron informados de la existencia del informe después de que se compartiera con los grupos sin ánimo de lucro, según contó un portavoz a National Geographic por correo electrónico.

«El borrador del texto compartido con las ONG tiene defectos y errores fácticos graves que contradicen los esfuerzos de Estados Unidos y de la comunidad internacional para combatir el tráfico de tigres», dijo el portavoz.

Otros, entre ellos científicos especializados en tigres y expertos en tráfico de tigres, afirman que también se les excluyó del proceso. Estos expertos suelen participar en la elaboración de políticas y directrices desde el principio, en lugar de ser consultados para que den su opinión una vez que ya se ha preparado un borrador. La falta de transparencia en la concepción y creación del informe es preocupante, afirma Lieberman: «Siendo generosa, puede que se haya hecho por ingenuidad e ignorancia, pero es un proceso imperfecto».

El Grupo de Especialistas en Felinos de la UICN, formado por científicos centrados en la conservación de las especies de felinos silvestres, tampoco fue consultado durante el proceso inicial de redacción, ni se invitó a sus miembros a ser coautores, cuenta Kristin Nowell, que forma parte del Grupo de Especialistas en Felinos de la UICN y es una de las autoridades principales en materia de tigres y su comercio. De hecho, la experiencia principal de tres de los cuatro autores encargados de realizar el proyecto es en reptiles.

Daniel Natusch, autor principal del informe y presidente del Grupo de Especialistas en Boas y Pitones de la UICN, explicó en un correo electrónico a las organizaciones sin ánimo de lucro con las que se compartió el borrador que antes había desarrollado una guía de inspección más genérica para instalaciones de cría en cautividad para la UICN, en nombre de la CITES. «No me dedico personalmente a los tigres, por lo que no tengo ningún vínculo emocional con el animal ni con el tema», escribió. «Creo que eso es una ventaja».

El informe fue dirigido por Kirsten Conrad, miembro del Grupo de Especialistas en Uso Sostenible y Medios de Subsistencia de la UICN, que fomenta el uso y el comercio sostenibles de la fauna y flora silvestres. Conrad ha expresado opiniones a favor del comercio y la cría de tigres durante más de una década. Conrad ha argumentado que las prohibiciones comerciales han hecho que los tigres valgan más muertos que vivos, por lo que la legalización de la venta de partes de tigres criados en granjas debería estudiarse como medio para aliviar a los tigres salvajes, una opinión con la que Banks y otros no están de acuerdo.

«Tener a una persona así como autora principal es sin duda como poner al zorro a cargo de inspeccionar el gallinero en busca de posibles brechas de seguridad», dice Nowell.

Otro coautor del informe, Hank Jenkins, también ha escrito en favor de comercio de tigres. Jessica Lyons, miembro del Grupo de Uso Sostenible y de dos grupos de reptiles de la UICN, fue la cuarta coautora.

Ninguno de los autores respondió a las solicitudes de declaraciones. La UICN no aclaró cómo seleccionó a los autores ni qué organismos de la UICN participaron en el proceso de toma de decisiones. «El borrador del manual de inspección no está terminado», escribió en un correo electrónico Matthias Fiechter, portavoz de la UICN, añadiendo que la UICN está colaborando con la secretaría de la CITES para determinar los próximos pasos.

Falta de experiencia

Cuando Natusch compartió el borrador el 2 de julio para recibir comentarios, lo envió a zoológicos selectos, especialistas de la UICN, funcionarios de los siete países con centros preocupantes de cría de tigres y cinco organizaciones sin ánimo de lucro: el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la Wildlife Conservation Society, la Born Free Foundation, la Environmental Investigation Agency y la Species Survival Network. No está claro cuáles fueron los criterios empleados para seleccionar esos cinco grupos y para excluir a otros que trabajan estrechamente con tigres, el comercio de tigres y las granjas de tigres.

Natusch invitó a los representantes de los cinco grupos a presentar comentarios en un plazo de seis días. «Apreciamos sus comentarios y sugerencias y queremos incorporarlos; sin embargo, no se garantiza su inclusión final», escribió Natusch en un correo electrónico que fue reenviado a National Geographic. Añadió que las aportaciones de expertos de otras organizaciones que no figuran en la lista «no se tendrán en cuenta».

Según Lieberman y otros expertos, además de discrepar con la premisa del informe de que la cría comercial de tigres para su exhibición al público es aceptable conforme a las normas internacionales, otros errores y omisiones indican una falta de conocimiento sobre los tigres y sobre la mejor forma de vigilarlos.

Por ejemplo, el documento pide a los inspectores que cuenten la cantidad de tigres presentes «para determinar cuántos tigres... tiene la instalación, y qué cantidad ha muerto o ha sido vendida/exportada desde la última inspección».

Pero tal y como plantearon Banks y otros expertos en sus comentarios a los autores, el simple hecho de contar los tigres no basta para rastrearlos. Si una instalación sacrifica un tigre por sus partes, podría sustituirlo por otro que tenga casi la misma edad y los inspectores que cuenten el número total de tigres podrían no darse cuenta. «Solo contar ejemplares es básicamente un manual sobre cómo blanquear tigres», afirma Lieberman. «Realmente demuestra falta de experiencia».

El documento sugiere que los microchips y las etiquetas de las orejas podrían evitar los intercambios de tigres no registrados, pero Scott Roberton, de la Wildlife Conservation Society, señaló en los comentarios enviados a los autores que las etiquetas de las orejas se arrancan con frecuencia cuando los tigres viven juntos. Algunas instalaciones también han sido sorprendidas retirando microchips de tigres muertos, probablemente con la intención de reutilizarlos.

Los análisis de ADN y los perfiles de patrones de rayas son fundamentales para controlar lo que ocurre con los animales. En marzo, por ejemplo, el Parque y Granja de Tigres de Mukda, en Tailandia —una instalación que los denunciantes llevaban tiempo diciendo que estaba involucrada en el comercio ilegal— fue clausurado después de que los análisis de ADN de seis cachorros revelaran que ninguno había nacido en cautividad.

Roberton insiste en que el ADN es de gran importancia para respaldar las investigaciones de las fuerzas del orden sobre animales y partes de animales cazados de manera furtiva, como demuestra el caso de Tailandia.

El informe también dice que los inspectores deben «ponerse en contacto con el propietario o los propietarios de las instalaciones o su gerente para confirmar la fecha y la hora de la inspección»; es decir, que los inspectores deben llamar con antelación para avisar a los propietarios de las granjas de tigres de su visita.

«Debido a la delincuencia y la corrupción asociadas a estas instalaciones, hay que asegurarse de que también haya inspecciones sin preaviso y no programadas», dice Banks.

Pérez, de la CITES, no respondió a las preguntas sobre si el borrador del manual se modificará para reflejar los comentarios y críticas de los expertos, o sobre cómo se procederá a su publicación, si es que se publica.

Repitiendo lo que han dicho otros, Lieberman concluye: «Espero que lo archiven y lo eliminen».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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