Así es el heroico esfuerzo por rescatar a la osa Masha (y otros animales) de Ucrania

A medida que la invasión rusa supera su primer mes, las organizaciones siguen aunando esfuerzos para salvar a personas. Y también a animales.

Masha llega al santuario de osos Libearty, en Zarnesti (Rumanía), tras 30 horas de viaje desde el oeste de Ucrania. Masha es uno de los miles de animales que también han sido desplazados por la invasión rusa.

Fotografía de Jasper Doest
Por Natasha Daly
fotografías de Jasper Doest
Publicado 28 mar 2022, 14:19 CEST

Cuando Masha, una osa parda euroasiática, llegó la semana pasada a Halmeu, en el lado rumano de la frontera con Ucrania, el cruce estaba abarrotado de refugiados: madres e hijos, abuelas y abuelos, mujeres jóvenes que viajaban solas.  

Masha descansaba en la parte trasera de la furgoneta que su cuidador, Lionel de Lange, había alquilado para evacuarla del país. Mientras esperaba para cruzar la frontera, abrió la puerta trasera para que tomara un poco de aire fresco. El viaje había sido largo, de 20 horas. 

Pronto empezó a acercarse gente, curiosa por el animal salvaje. De Lange estaba nervioso por cómo reaccionarían. "Cuando hemos hecho rescates de animales en el pasado, la gente suele decir: "¿Por qué ayudáis a los animales y no a las personas?", dice. Cuando vio que la gente se acercaba, "realmente pensé que nos iban a echar la bronca por esto".

Izquierda: Arriba:

Masha se asoma a su recinto temporal en el santuario poco después de su llegada. Al principio se negaba a comer y se paseaba en círculos, un signo común de angustia en los animales cautivos.

Derecha: Abajo:

En su primer día en el santuario, Masha espera sobre el cemento antes de pisar el suelo boscoso de su nuevo hábitat. Los 117 osos que hay aquí han pasado la mayor parte de su vida en cautividad y no están familiarizados con la sensación de tener suelo bajo sus pies. Cuando llegan, algunos tienen miedo de abandonar el hormigón durante meses, dice Cristina Lapis, fundadora y directora del santuario.

fotografías de Jasper Doest

Pero nadie lo hizo. "Ella hizo sonreír a algunos rostros muy, muy tristes", dice. "Creo que comprendieron que ella estaba pasando por lo mismo que ellos: no tenía dónde ir ni nadie que la cuidara".

La historia de Masha y de Lange pone de relieve no sólo a las víctimas no humanas de la brutal guerra de Rusia, sino también a los cuidadores de Ucrania que arriesgan sus vidas para salvar a los animales. Algunos, como de Lange, fundador y director de Warriors of Wildlife, una organización de rescate con sede en Ucrania, emprenden peligrosos viajes para acompañar a los animales a un lugar seguro. Otros se quedan en casa, cuidando de las mascotas o de los animales salvajes cautivos en zoológicos y santuarios, en medio de la disminución de los suministros de alimentos y la tensión de los constantes bombardeos. 

(Relacionado: Guerra y racismo: así discriminan a los migrantes de Ucrania en las fronteras europeas)

Todos están asustados, dice de Lange, "porque no sabemos lo que va a pasar". 

El 21 de marzo, Masha llegó por fin al Santuario de Osos Libearty, en Zarnesti (Rumanía), hogar de 117 osos pardos rescatados de circos, monasterios, hoteles y atracciones turísticas, casi todos en Europa. Masha fue una de las primeras osas evacuadas de Ucrania tras la invasión rusa. Se ha unido a los leones, tigres y otros animales cautivos que han encontrado refugio en Rumanía, Polonia, Alemania y otros países europeos.

(Relacionado: España alberga el centro de rescate de animales salvajes más grande de Europa

Un largo viaje del circo al santuario

De Lange salvó a Masha en 2018 de un circo ambulante. Ahora tiene 22 años, de los cuáles 18 los había pasado haciendo trucos en espectáculos después de que se la arrebataran a su madre cuando era un bebé. Cuando no la hacían caminar por cuerdas flojas, montar en bicicleta o hacer equilibrios con pelotas, dice, vivía en una pequeña jaula en la parte trasera de un camión. Su equipo creó un gran recinto para ella en unas tierras de cultivo en Sambir, cerca de Leópolis. Pero el año pasado, el propietario del terreno puso fin a su contrato. De Lange tuvo que buscar un nuevo hogar para Masha. 

Masha espera dentro de un recinto temporal en su hábitat de 371 metros cuadrados en Sambir, Ucrania, mientras los cuidadores se preparan para sedarla para su transporte a Rumanía. Fue rescatada hace cuatro años por Warriors of Wildlife de un circo ambulante, donde había pasado los primeros 18 años de su vida realizando trucos y viviendo en una pequeña jaula en la parte trasera de un camión.

Fotografía de LIONEL DE LANGE

El Santuario de Osos Libearty, el mayor para osos pardos del mundo, tenía un lugar para Masha. "Acordamos que la trasladaríamos el 28 de febrero", dice de Lange. "El jueves 24 por la mañana nos despertamos con un bombardeo y nos atacaron".

Dos días después, de Lange tuvo que huir de su casa en Jersón, ahora bajo ocupación rusa y en crisis humanitaria por la falta de alimentos y suministros médicos. Caminó e hizo autostop hasta Rumanía, donde empezó a buscar un vehículo que pudiera llevar a Ucrania para recoger a Masha. Tras ser rechazado por seis empresas de alquiler, consiguió una furgoneta y la llenó con 725 kilogramos de alimentos, suministros médicos y de higiene personal para llevar a la gente de Ucrania. De Lange cuenta que le dijo a la agencia de alquiler: "Voy a Ucrania con ayuda, ¡pero no les dije que iba a traer un oso!".

A través del vallado de Libearty, Masha ve (por primera vez en su vida) a otros osos pardos. Separada de su madre cuando era un bebé, había pasado su vida aislada. "Cuando vio a los otros osos y empezó a olerlos, todos lloramos", dice Lapis.

Fotografía de Jasper Doest

De vuelta a Sambir el 20 de marzo, donde Masha estaba al cuidado de un empleado de Warriors of Wildlife, de Lange sedó a la osa para meterla en su jaula de transporte y comenzó el viaje de 20 horas de vuelta a Rumanía. Cuando llegaron a Libearty, a otras 10 horas de la frontera con Ucrania, Masha se paseaba frenéticamente en círculos, negándose a comer o a salir de su jaula. "Le trajo recuerdos, creo, de estar de nuevo en el circo ambulante", dice de Lange. 

"Por la noche, cuando llegó, fue terrible para todos nosotros", dice Cristina Lapis, fundadora y directora del Santuario de Osos Libearty. "No quería beber ni comer ni nada. Rechazaba la miel. Sólo temblaba". 

A la mañana siguiente, Masha estaba un poco mejor. Tímidamente, pisó la hierba. Descubrió su piscina, mirando su reflejo en el agua. Y a través de la valla de su recinto, vio a otros osos. "Imagínate 22 años sin ver a otro oso", dice Lapis. "Cuando vio a los otros osos y empezó a olerlos, todos lloramos".

Masha disfruta de un momento de tranquilidad en su recinto temporal en el santuario. Permanecerá aquí mientras la supervisa un veterinario, pero finalmente se trasladará a un hábitat boscoso de más de 177 000 metros cuadrados con otros 40 osos pardos.

Fotografía de Jasper Doest

Mientras la guerra continúa, Lapis recibe llamadas sobre osos en toda Ucrania. La semana que viene, el santuario va a recibir un oso pardo de 15 años abandonado y encontrado en una jaula frente a un restaurante bombardeado. "No podemos dejar atrás a los animales que quedan allí", dice.

Ayudando a los animales de Ucrania

Casi 3,9 millones de ucranianos han huido del país, según las Naciones Unidas. Y Masha es sólo uno de los muchos animales que han sido evacuados. Siete osos del refugio White Rock Bear, en Kiev, fueron llevados a un santuario en el oeste de Ucrania el 6 de marzo. Varios leones y tigres de Wild Animal Rescue, también en Kiev, fueron transportados a un zoológico en Polonia. Muchos refugiados ucranianos han llevado sus gatos, perros, conejos, hámsters y otros animales de compañía a países como Rumanía, Polonia y Hungría. Los tres han renunciado a los requisitos estándar de vacunas o controles de salud para muchas mascotas.

Sin embargo, decenas de miles de animales permanecen en zoológicos, granjas, santuarios, refugios y en las calles de toda Ucrania. La comida, sobre todo en los lugares sometidos a un intenso fuego de artillería, escasea, y muchas zonas son inaccesibles a la ayuda exterior. Los zoológicos y santuarios informan de que sus animales están traumatizados por los bombardeos: se acobardan ante las sirenas de los ataques aéreos y las explosiones, corren hacia las vallas e incluso abandonan a sus bebés. Algunos santuarios informan de que los animales han muerto por el shock. En el zoológico de Kiev, un cuidador duerme todas las noches con un elefante aterrorizado para calmarlo. En el zoológico de Nikolaev, en el puerto de Mykolaiv, en el Mar Negro, tres miembros del personal murieron en un bombardeo. 

Lapis golpea la ventana de una cueva subterránea donde puede observar a los osos pardos del santuario. En 1998, se encontró con su primera osa parda cautiva, llamada Maya, que se encontraba en una pequeña jaula a las afueras del castillo de Bran, comúnmente conocido como el castillo de Drácula, en Transilvania. Maya se había mordido las dos patas por la extrema angustia. Lapis la visitó y alimentó durante años. "En el momento en que Maya murió, le prometí que ningún otro oso moriría así", dice. En honor a Maya, Lapis fundó el Santuario del Oso Liberal.

Fotografía de Jasper Doest

Valentina y Leonid Stoyanov, veterinarios de Odesa, han rescatado a decenas de animales, salvajes y domésticos, desde que comenzó la guerra. Con el apoyo de sus seguidores de Instagram y TikTok, han podido comprar comida para sus pupilos y los de varios refugios cercanos. 

"Nuestras vidas están completamente destruidas. Ahora ya no tenemos futuro", dice Valentina. "A pesar de ello, nos levantamos cada día y no nos rendimos. Miles de animales abandonados nos necesitan. Tienen hambre, miedo y no tienen la culpa de que la guerra haya estallado en nuestro país". (Descubre más del trabajo de los Stoyanov en este TikTok de National Geographic).

Esta semana, de Lange planea volver a Ucrania para evacuar a un león, que ahora se mantiene como mascota en Sambir. Tiene previsto trasladar al león al santuario de Warriors of Wildlife, en el Cabo Oriental de Sudáfrica. 

Sobre su viaje desde Rumanía para recoger a Masha, dice: "Conduciendo hacia Ucrania, estaba feliz. Estaba asustado, pero feliz. Hay que hacerlo. Es algo que hay que hacer". 

Los osos en Libearty viven en grupos de unos 40 en la propiedad de 687 966 metros cuadrados. Los osos buscan comida en el bosque e incluso aprenden a hibernar en invierno. "Al principio, no saben qué hacer con su libertad", dice Lapis. "Con el tiempo, empiezan a vivir exactamente como los osos salvajes".

Fotografía de Jasper Doest

Cómo puedes ayudar

Los siguientes son sólo algunos de los grupos que trabajan para ayudar a los animales de Ucrania. Visita sus sitios web para saber más sobre cómo participar.

- Warriors of Wildlife, el grupo ucraniano que rescató a Masha
- Libearty Bear Sanctuary, en Rumanía, donde ahora vive Masha
- Leonid y Valentina Stoyanov, veterinarios de Odesa (Ucrania), que ayudan a los animales abandonados
- Red Shed, que enumera los suministros que necesitan los refugios de animales y sus direcciones
- DIOZ, una organización benéfica polaca que lleva alimentos y medicinas a los animales de Kiev, Mariupol y otros lugares

Natasha Daly es redactora de National Geographic, donde cubre la intersección entre animales y cultura. Sígala en Twitter e Instagram.

Jasper Doest es un fotoperiodista holandés que explora la relación entre los seres humanos y la vida silvestre. Su historia sobre el entretenimiento de los monos en Japón apareció en el número de marzo de 2020 de National Geographic. Síguele en Instagram.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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