De la dehesa a la plaza: vida, venta y muerte del toro de lidia después del COVID

El año de resurrección de la tauromaquia en España tras la pandemia arranca con una temporada taurina marcada por el exceso de oferta: demasiados ganaderos. Bajan las corridas en plaza y suben los festejos populares.

Corrida inaugural de la feria de San Isidro 2022 en la plaza de toros de Las Ventas, en Madrid, el 8 de mayo.

Fotografía de Anthony Coyle
Por Anthony Coyle
Publicado 7 jul 2022, 15:10 CEST

Tarde de domingo caluroso en Madrid. A excepción de la zona de asientos bañados por el sol, la plaza de toros más importante del mundo está a rebosar. Tres años después, el 8 de mayo Las Ventas acoge la corrida inaugural de la fiesta taurina más prestigiosa de España, San Isidro. Junto con los Sanfermines de Navarra, el festejo taurino más importante del país. El primer toro ha salido malo, y la paciencia es débil. “¡Pero mátalo ya!”, braman desde el tendido 7, el de los puristas, pasados apenas 15 minutos desde que hiciera su entrada al ruedo Calabrés, un toro castaño bocidorado listón de 566 kilos de la ganadería Montalvo.

El torero, Daniel Luque, ni se inmuta y, llegado el último tercio, hunde su hierro hasta la empuñadura en la espalda del animal. En su siguiente toro volverán a acompañarle los truenos del público, pero por motivos diferentes: la práctica totalidad de los 15 438 espectadores, pañuelo blanco en mano, exige al presidente que le conceda la oreja y éste se la niega. Sólo uno de los tres matadores regresará a casa con tan ansiado laurel: como premio a su destreza, Álvaro Lorenzo recibe el visto bueno del presidente para cortarle la oreja a Negro, el último de la jornada. Por delante, 28 tardes consecutivas de faena: 178 toros. A tenor de lo visto en Las Ventas, uno podría pensar que la tauromaquia en España vive un momento dulce. Pero, adentrándote en el mundo del toro te das cuenta de que hay muchas más aristas. 

El 8 de mayo, fuera de Las Ventas (además de un estand del partido político Vox) se concentran puestecillos que venden almohadillas, mantillas, imanes de nevera y banderas, entre otros objetos. En la imagen, detalle de la fachada de la plaza de toros de Madrid.

Fotografía de Anthony Coyle

La ganadería: el lugar donde empieza todo

A pesar de que es obligatorio que las empresas dedicadas a la cría de toros bravos se inscriban en el Registro de Empresas Ganaderas de Reses de Lidia, lo cierto es que el número de explotaciones en España varía en función de la institución o asociación a la que se le pregunte (existen cinco agrupaciones de ganaderos de toros de lidia, un número “llamativo”, según el veterano periodista taurino Antonio Lorca). En diciembre de 2019, el Ministerio de Agricultura las cuantificaba en 895 y el de Cultura aseguraba que son 1339. Para que se considere ganadería la empresa ha de disponer de al menos 25 hembras reproductoras y un semental. De una cosa sí que no hay duda alguna: no todas están en condiciones de poder llevar sus toros a alguna de las ocho plazas de toros de primera división.

¿Cuáles son las plazas de toros de primera en España?

La consideración de plaza de toros de primera categoría también baila según el año y el encuestado. Aunque la mayoría de las fuentes señalan que son ocho, hay listados que sólo incluyen siete y otros que suben hasta nueve o 10. La madrileña de Las Ventas es la líder indiscutible, seguida por La Maestranza en Sevilla, la Monumental de Barcelona (clausurada desde la prohibición de corridas en Cataluña de 2012), la plaza de toros de Valencia, la bilbaína Vista Alegre, la de Ronda en Málaga, la Misericordia en Zaragoza, y la de Los Califas en Córdoba.

El torero López Simón durante la Feria de San Isidro de 2022 en Madrid.

Fotografía de Anthony Coyle

Una ganadería se compone de vacas madres y sementales que se reproducen de forma natural pero controlada, para así poder controlar el pedigrí de los toros. La finca se divide en cercados de machos y cercados de hembras de nueve meses de gestación que dan a luz de forma natural y sin ayuda. Las crías viven pegadas a las madres en sus ocho o nueve primeros meses, hasta que son separadas (destete). Aunque las reses pueden llegar a vivir 15 años, poquísimos toros alcanzarán dicha edad, ya que a los cuatro o cinco años ya se los considera listos para ser toreados.

Todas fuentes taurinas consultadas para este reportaje coinciden en señalar que hay un exceso de oferta por parte de las ganaderías. “La situación está fatal. Mucho animalista y mucha prohibición”, me comenta Felipe Garrigues, ganadero de la Dehesa de Guadarrama, con 200 cabezas y especializada en novillos, animales de uno o dos años que se usan en las fiestas populares de toda España. La de Garrigues es una humilde explotación madrileña con más sementales de lo habitual. Mantener a cada toro le cuesta alrededor de 2000 euros al año (aunque algunas fuentes consultadas para este reportaje llegan a duplicar y triplicar esa cifra).

En su finca de Brunete (Comunidad de Madrid), Garrigues organiza cursos de tauromaquia, bodas, bautizos, comuniones y tours guiados. Días antes de mi visita a Las Ventas, el ganadero me recibe junto a un autobús con 18 jubilados austríacos. Mientras ancla su tractor a un remolque techado, los turistas acuden prestos, cámara en mano, al tentadero, la plaza de toros en miniatura donde se pone a prueba la bravura de las "bestias" (como se denomina a veces a las reses en el mundo taurino). Los que no demuestren suficientes dotes (agresividad, resistencia, grado de distracción/enfoque en el capote...) irán al matadero y de ahí a la carnicería.

Toro de la ganadería de la Dehesa de Guadarrama

Fotografía de Anthony Coyle

Parco en palabras, Felipe Garrigues monta en su tractor y arranca. El guía (y también periodista) Gonzalo Bienvenida, se coloca sobre el enganche del remolque, manos agarradas a la barandilla, con el cuerpo totalmente expuesto a las reses. Pienso en el mayoral (pastor principal de una ganadería) que murió corneado este año en Valencia. Le pregunto a Gonzalo que si no tiene miedo, y responde tranquilo: “a mí no me hacen nada”. El terruño es inestable y el traqueteo de la máquina, constante. Mientras el techo del remolque deshoja a su paso algún que otro olivo, Gonzalo Bienvenida susurra frases en español que la intérprete del tour traduce a viva voz para el público. Recorremos la finca y vemos las vacas, las eralas (vacas de dos años), los novillos (toros de dos a tres años), y los becerros. También vemos una pequeña finca ocupada por 30 vacas a disposición de un solo semental, cuyo pedigrí es tan bueno (tan bravo) que se tomó la decisión de dejarle vivir sus correspondientes 15 años. 

La de Garrigues es una de las 20 ganaderías que pertenecen a la iniciativa Ruta del toro impulsada por la Comunidad de Madrid (CAM). “Me medio salva de la ruina total”, comenta su dueño, en alusión a los más de dos años de ausencia de fiestas populares. En España las ayudas a los ganaderos para paliar la pandemia han variado en función de la Comunidad Autónoma. Madrid, por ejemplo, le ha dado a los ganaderos 500 euros por cada vaca madre mayor de 18 años (en total, 4,5 millones de euros en 2020). En Navarra, célebre por la fiesta de los Sanfermines, la cifra total de ayudas en 2020 rondó el millón de euros.

En un escalafón por encima encontramos ganaderías como la de Aurelio Hernando, que desde primavera ya tenía vendidos ocho toros para las Fiestas del Ángel de Teruel que se celebran a partir del 11 de julio. Consciente de su posición (Teruel no es Las Ventas, sino una plaza de segunda), Hernando comenta por teléfono las claves para llegar la Champions League: “Yo creo que el 90% de los ganaderos aspiramos a lidiar en plazas de primera, pero es muy complicado. Sucede como en el fútbol: tenemos una pirámide con una base muy amplia que se va estrechando. Es necesario que los toros sean del gusto del torero, del empresario y del aficionado". Hernando, dueño de tres fincas repartidas por Madrid con un total de 500 cabezas, se declara artista: “No he pintado cuadros, pero siempre me he sentido un creador de arte, he criado vidas”.

Aurelio Hernando, ganadero de toros de lidia de Madrid: “Yo creo que el 90% de los ganaderos aspiramos a lidiar en plazas de primera, pero es muy complicado".

Fotografía de Ganadería Aurelio Hernando

“En muchas de ellas, el 40% de sus ingresos procede de Europa, que les paga por hectáreas de terreno y por algunos derechos adquiridos como son las primas a las vacas nodrizas y los nacimientos”

por José Enrique Zaldívar
Presidente de AVATMA

¿De qué vive un ganadero?

En 2019, justo antes de la pandemia, se celebraron en España 1425 festejos taurinos en plaza, según la última Estadística de asuntos taurinos disponible, publicada por el Ministerio de Cultura. Si tenemos en cuenta que el dato más generoso de número de ganaderías de toro bravo en España las cifra en menos de 1400, las cuentas no salen. Además, las corridas de toros sólo supusieron el 24,5% de un pastel ocupado por novilladas, rejoneos, becerradas y otros festejos mixtos con toros y vaquillas como protagonistas. Ese año, solo 290 ganaderías de lidia vendieron algún toro o novillo para festejos en plaza en España, según denuncia la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal (AVATMA).

La mayoría de los entrevistados coinciden en señalar a la Comunidad de Madrid como una de las regiones más generosas con el sector. En los últimos años, Madrid se ha erigido en el bastión español del toreo. Según los presupuestos de la CAM, la región gastó entre 2020 y 2021 casi 16 millones de euros en ayudas al toro (incluida la mencionada partida de 4,5 millones de 2020 con motivo de la COVID.19). 

El presidente de AVATMA, José Enrique Zaldívar, destaca el “importante sostén” para el sector que suponen las ayudas de dinero público que reciben los ganaderos en forma de ayudas o subvenciones de CCAA, ayuntamientos y diputaciones y por parte de la Unión Europea en lo que respecta a las ganaderías de lidia: “En muchas de ellas, el 40% de sus ingresos procede de Europa, que les paga por hectáreas de terreno y por algunos derechos adquiridos como son las primas a las vacas nodrizas y los nacimientos”. En este sentido, la opacidad y la falta de transparencia son manifiestas. Según un detallado estudio de dicha asociación, en total unas 600 ganaderías han recibido 442 millones de euros procedentes de fondos europeos de la Política Agraria Común (PAC) en los periodos comprendidos entre 2002-2013 y 2018-19.

Aunque de forma oficial Europa no subvenciona ningún tipo de actividad taurina, podría decirse que las ayudas de la PAC destinadas a los ganaderos de toros de lidia ocupan una suerte de vacío legal en el que se ven beneficiados por fondos destinados a todo el ganado vacuno en su conjunto. Las subvenciones europeas son concedidas en función de la superficie de tierra o por el mantenimiento y cuidado de los terrenos en buenas condiciones agrícolas y medioambientales. En octubre de 2020, la Eurocámara votó a favor de dejar de financiar corridas de toros con fondos agrarios europeos de cara a la inminente reforma de la PAC prevista para el periodo 2023-2027.

Consultado por teléfono, Zaldívar destaca la existencia de una tercera fuente de ingresos además de las ayudas nacionales y comunitarias: “Muchas ganaderías de lidia están en manos de terratenientes y oligarcas de diversas CCAA, muy vinculados con otros tipos de explotación agrícola y ganadera, el mundo de la construcción y de grandes empresas”.

El estudio La ganadería de lidia en España. Historia, geografía y empresa, de Antonio Luis López Martínez, pone de manifiesto este fenómeno: “La ganadería de lidia ha estado íntimamente asociada a otras actividades agrarias, ya sea a la agricultura, ya sea a otras explotaciones ganaderas. En estos casos, la cría de toros de lidia es una actividad complementaria de dichas explotaciones agrarias, siendo su finalidad la de aumentar la rentabilidad de las mismas. Sólo cuando el incremento en el precio de los toros lo permite, la cría de toros de lidia aparece como una actividad especializada y dedicada casi exclusivamente a la obtención de animales para la lidia”.

En este sentido, en el documental de La Dehesa y el Toro dedicado al hierro Salmantino Montalvo (propietario de los toros que inauguraron este año la temporada en Las Ventas) vemos que los ganaderos de toro bravo aseguran que “la rentabilidad del cerdo ibérico es muy superior y más segura que la que proporciona el ganado de lidia”. El propio José Ignacio Pérez Tabernero (responsable de la ganadería), ya avisó en una entrevista a finales del 2020, en plena vorágine de restricciones pandémicas, que estaba pensando en dedicarse por completo al ganado manso y a la cría del cerdo ibérico.

(Relacionado: Las macrogranjas: ¿nos podemos permitir ese lujo climático?)

Traslado de vacas mansas de la ganaderia de Aurelio Hernando. "Tenemos 50 vacas berrendas en colorado, raza autóctona. Como se aprecia en la foto, para nosotros es muy importante el manejo de los animales a caballo".

Fotografía de Aurelio Hernando

Conservación de la dehesa: ¿cómo de importante es el toro de lidia?

La dehesa española es un sistema agrosilvopastoril con un ecosistema y biodiversidad únicos en el mundo, caracterizados por la abundancia de terreno de pastoreo (17 entidades de España y Portugal trabajan por su inclusión en la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad). El sistema de uso y gestión de la tierra está basado principalmente en la ganadería extensiva, según la Ley 7/2010 para la dehesa de Andalucía. El que, según el ministerio de Cultura, es el “el paisaje más extendido en España con una extensión de unos 3 millones de hectáreas, frente a los 2,4 millones de hectáreas del olivo”, es una de las puntas de lanza esgrimidas por María Jesús Gualda, presidenta de la Asociación de Ganaderías de Lidia, para defender la importancia de la ganadería taurina, que asegura es “la más extensiva del mundo con entre 1,5 y 2 hectáreas por cabeza de ganado”.

Existen 25 000 explotaciones de dehesa en España, de las que, 895, son de ganado de lidia, según cifras de AVATMA. La presidenta de la Asociación de Ganaderías de Lidia defiende que la cría del toro de lidia “ha ayudado muchísimo a conservar y mantener” este ecosistema único en el mundo. “Al ser un espacio protegido, no podemos hacer ninguna actuación en la dehesa, como por ejemplo cortar leña de una encina. Hace 50 o 60 años, la dehesa no sólo no estaba protegida, sino que se fomentaba el uso agrícola de estos territorios con subvenciones para poner olivos”.

AVATMA niega la mayor. “Las dehesas, para su conservación, no necesitan ni han necesitado la presencia de ganaderías de lidia. La biodiversidad (que se refiere a especies y no a razas), las iniciativas contra el cambio climático y [el freno a] la desertificación, dependen en cierta medida de las dehesas, pero no de esta raza”, puede leerse en su exhaustivo informe Dehesa Vs. Ganadería de lidia. AVATMA contrapone la “gran repercusión cultural y turística” de la cría de toros de lidia a la mayor importancia del cerdo, en términos de producción alimentaria: “El único animal que rentabiliza la dehesa y costea las labores que se tienen que realizar para conservarla es el cerdo ibérico de bellota”. 

La ganadería de la Dehesa de Guadarrama cuenta con 200 cabezas de ganado entre toros, vacas, novillos, eralas, becerros y becerras.

Fotografía de Anthony Coyle

"Por amor al toro"

Gualda cifra en 4000 euros el coste anual de criar un toro (“aunque depende de las lluvias”) y asegura que “en muy pocas ocasiones se llega al precio de coste” cuando se vende. Gualda, responsable de la ganadería jienense El Añadío, (que cuenta con 300 cabezas de ganado y un hotel rural que busca fomentar la pedagogía sobre la tauromaquia), se muestra generosa a la hora de destacar la faceta romántica del oficio: “Hay que entender que la inmensa mayoría estamos en esto por vocación. Esto no es un negocio. Las ganaderías que obtienen beneficios son las menos, y si esa empresa invirtiera el dinero que le cuesta la ganadería en otro sector, seguro que ganaría mucho más. Los ganaderos se dedican esto por amor al toro y a la tauromaquia”.

“El mundo rural en España está agobiado, no, lo siguiente”, asegura Trinidad Gómez Vadillo, secretaria general de la Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas. Trinidad destaca que los ganaderos son gente “muy peculiar y resiliente” y dice conocer varios casos de familias que, durante el 2020, tuvieron que pedir préstamos al banco para subsistir. “Los políticos dan mucho bombo y platillo a las subvenciones que dan y luego se quedan en nada”, dice Trinidad, quien no duda en señalar que “el sector más afectado con diferencia durante la COVID-19 fue el de ganado bravo”. También tiene críticas para el inminente paquete de ayudas de 193 millones de euros que va a destinar la Unión Europea, con motivo de la guerra en Ucrania, a los ganaderos de leche y, próximamente, de vacuno de carne: “Como máximo una explotación va a recibir 7000 euros. Son muchos millones, pero hay muchos ganaderos y no es suficiente. Es una ayudita para un camión de pienso, que a lo mejor les dura 10 días”.

¿Cómo (y por cuánto dinero) llega el toro a la plaza?

Cual ojeador futbolístico en busca de futuros talentos, un veedor se recorre España en busca de los toros que conformarán el cartel de dentro de unos meses. Su labor es silenciosa y discreta, pero fundamental dentro de la compleja logística de las empresas taurinas, el eslabón que une a los ganaderos con el espectáculo taurino. En el caso de las ocho grandes plazas españolas, se paga un canon que sale a subasta en forma de licitación. El pliego de condiciones, exigente, indica el número de espectáculos que han de celebrarse; Las Ventas, por ejemplo, organizó 67 festejos en 2019, todos de la mano de su adjudicataria, Simón Casas Production. Las empresas cargan con toda la responsabilidad: desde seleccionar toros y toreros, hasta ejecutar la logística de todos los espectáculos de esa plaza que se celebren durante los próximos cuatro años.

Más misteriosa aun que la figura del veedor es la cantidad de dinero que percibe un matador por corrida. Como sucede con ganaderías y plazas, de nuevo se impone la jerarquía en función de calidad y el prestigio: “En una plaza de primera, un torero de grupo A cobra, como mínimo (y rara vez van a mínimos) 22 000 euros. Un torero de grupo B, 17 000, y un grupo C unos 15 000 euros”, me comenta por teléfono Mar Gutiérrez, secretaria general de la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET). Las cifras se negocian entre empresa y apoderado, y luego es el matador el encargado de repartir el salario entre su cuadrilla, compuesta por dos picadores, tres banderilleros, un mozo de espadas, un ayudante y el propio apoderado, el representante del matador. Con los grandes nombres, la cosa cambia: “Si se trata de un torero de grupo A, que son los que conoce todo el mundo, olvídate, puede llegar a ser algo astronómico. Con ellos pasamos a hablar de cifras de cuatro ceros”, señala Mar Gutiérrez.

Bajan los festejos en plaza pero suben los callejeros

La secretaria general de la principal agrupación de empresas taurinas en España dice que 2022 se presenta ilusionante. Asegura que, comparado con 2019, en marzo se han celebrado un 60% más de espectáculos taurinos en España, y en abril, un 100%. Contando los eventos taurinos fuera de las plazas, en España se celebran cerca de 20 000 festejos populares con toros, vacas, becerros o novillos. En base a los informes suministrados por ANOET, se observa una ligera reducción de festejos en plaza al tiempo que un ligero aumento de los callejeros. “Son más baratos y hay muchos pueblos que tienen mucha afición a este tipo de fiestas”.

El toro embolado es un festejo que se celebra en ciertas zonas de la Comunidad Valenciana, Aragón, Cataluña, Baleares y Andalucía.

Fotografía de Anima Naturalis

Aïda Gascón Bosch, directora de la organización sin ánimo de lucro Anima Naturalis, discrepa con dicho aumento de fiestas populares taurinas: “Nadie podría decir si los festejos están subiendo o bajando porque es un campo poco estudiado, en todo caso se mantienen o bajan a menor ritmo, porque son espectáculos gratuitos que pagan unos ayuntamientos que ofrecen muy pocas alternativas de ocio más allá de esto, la misa y el baile”. En cuanto a la afluencia de público a las plazas, se muestra tajante: “Es obvio que está bajando el interés por las corridas de toros”.

Amparada en la Ley de Transparencia de acceso a la información pública, hace dos años que Aïda Gascón y su equipo comenzaron una labor de investigación de todas las fiestas populares con reses que se celebran en España. Les faltan cuatro CCAA para concluir un estudio que ha puesto de manifiesto, por ejemplo, que en Cataluña se celebran 450 espectáculos en 30 de sus 947 municipios.

Gasto de dinero público y nueva mentalidad: ¿cambio a la vista?

Radicado en los Países Bajos (donde las corridas están prohibidas), el Comité Anti Stierenvechten (CAS, en español: Comité Antitaurino) lleva años radiografiando el mundo del toro en toda Europa. En La Rioja, denuncia la asociación, se destina cerca de un millón de euros al año sólo en fiestas populares taurinas, seguido de Cataluña con 850 000 euros y País Vasco con 300 000. Los toros son considerados Bien de Interés Cultural en Madrid, Murcia y Castilla-La Mancha mientras que, en otras CC.AA, aumenta cada vez más el rechazo popular. Ya son 99 los municipios españoles que se niegan a acoger festejos con toros, según un informe del CAS. 

““Se avecina una inflación, tendrán que cambiar los costos porque, sino, no sé esto quién lo va a mantener. [...] Casi todos los ganaderos están vendiendo en pérdidas. Algunos pueden resistirlo y otros han tenido que recoger velas””

por Joaquín Núñez
Ganadería Núñez del Cuvillo

Anima Naturalis no aboga por la eliminación total de todas las fiestas taurinas. Aunque creen que las corridas de toros “deberían ser prohibidas inmediatamente”, ponen el foco en primero eliminar “las prácticas más cruentas” y se muestran más flexibles con festejos como los Sanfermines de Pamplona: “Al toro no se le hace nada, aunque también sufre y estamos en contra, entendemos que es una tradición que está muy arraigada y que atrae a mucho turismo, y somos partidarios de un cambio más progresivo. Entendemos que los pueblos irán acabando con estas fiestas a medida que ofrezcan más opciones de oferta cultural".

Pero si hay un espejo al que se miran todos los antitaurinos, ese es el PACMA. Erigida en primera fuerza extraparlamentaria en España, el PACMA cosechó 226 376 votos en las últimas elecciones generales (de un total de 26 millones de votos emitidos), si bien esto no les valió para obtener un escaño en el Congreso. Fundado en 2003 como partido político antitaurino y después renovado a partido defensor de todos los animales, el Partido Animalista contra el Maltratro Animal es, salvando las distancias, lo que PETA es en Estados Unidos, y siempre ha tenido la erradicación del toreo por bandera. “Nosotros no queremos ninguna modificación del régimen taurino en la que no se pinche al animal: queremos la completa abolición. Ellos lo tildan con palabras lustrosas como 'arte' o 'inspiración', pero no deja de ser una crueldad fuera de la cabeza de todo aquel que no haya nacido y vivido en esa cultura”, dice por teléfono Javier Sanabria, vocal del partido.

“¿Por qué hay casi el mismo número de festejos que de ganaderías?”, se pregunta, antes de afirmar que el 90% de las ganaderías viven de las subvenciones y que el toreo supone, para casi todas, un simple sobresueldo. Aunque en Cataluña la prohibición de celebrar corridas de toros se anuló en 2016 por ser inconstitucional, la del 25 de septiembre de 2011 sigue siendo el último festejo en plaza registrado en la comunidad autónoma. En este sentido, la única prohibición en España ejecutada de forma fulminante ha sido la del Toro de la Vega (un "torneo", según el Ayuntamiento de Tordesillas, en el que los vecinos del pueblo, armados con lanzas, mataban al animal). Promulgada en mayo de 2016 y ratificada en 2019 por el Tribunal Supremo, la prohibición ha conseguido que sean ya seis los años que han pasado sin que ningún toro haya sido lanceado hasta la muerte en la localidad castellanoleonesa de Tordesillas.

Según José Enrique Zaldívar, presidente de AVATMA, "toda la legislación, tanto nacional, como autonómica, como europea, excepciona el maltrato animal que se ejerce sobre los bovinos de lidia, tanto en sus explotaciones como en los festejos en que se utilizan, reconociendo, por tanto, que existe ese maltrato". En la imagen, varios jóvenes preparan a un Toro embolado en un festejo de Cataluña.

Fotografía de Anima Naturalis

Por primera vez en la historia, este año la Generalitat Valenciana ha dejado sin presupuesto al tradicional festejo de los bous al carrer, en el cual, como indica el nombre, se sueltan varios toros por las calles de los pueblos que acogen esta tradición levantina y catalana. Aunque el anuncio ha recibido una buena acogida entre los defensores de los derechos de los animales, su relevancia es casi anecdótica: como sucede en el resto del país, el pago de dichos festejos locales seguirá corriendo a cargo de cada ayuntamiento. Sólo en la comunidad valenciana los ayuntamientos destinaron 37 millones de euros a dichos festejos taurinos en 2019.

La directora de Anima Naturalis asegura que la ONG lleva más de una década grabando y difundiendo “los espectáculos taurinos más crueles”, como el toro embolado (o correbous, una fiesta nocturna en la que se suelta un toro con las astas en llamas) o el toro ensogado (“atan por la cabeza a un toro con dos cuerdas y lo obligan a correr por la calle, y cuando va a embestir lo frenan y si se queda quieto porque no quiere correr, tiran de él”). Asegura que el principal motivo por el que hacen estas grabaciones es informativo. “Como sucede en pueblos muy pequeños del sur y casi limítrofes con Castellón, queda muy lejos del día a día de la mayoría de la gente y el desconocimiento es muy amplio”.

Sin abandonar la Comunidad Valenciana, los célebres bous a la mar han sido motivo de debate a mediados de junio en Dénia debido a la petición popular para prohibirlos (que fue desestimada por concejal de Fiestas, quien ha reconocido que, a pesar de haber "una sensibilidad" en contra de la fiesta, no es lo suficientemente representativa). El festejo, que considerado Fiesta de Interés Nacional en 1993 por el Ministerio de Turismo, tiene lugar en una semi plaza de toros habilitada de forma temporal en un puerto. Como sucede en el resto de festejos, el toro es perseguido y zarandeado por los vecinos del pueblo, pero con un giro: si se lo marea lo suficiente, el clímax se produce en forma de chapuzón del toro en agua salada.

El mes pasado, la plaza de toros más grande del mundo recibió un revés judicial inaudito: la plaza México, ubicada en Ciudad de México ya no podrá acoger corridas de toros después de que un juez federal decidiera suspender los eventos por el trato "degradante" que sufren los animales. En Portugal, por su parte, en 2018 se descartó prohibir las corridas de toros (el animal no muere en el ruedo). Otros países en los que se celebran corridas de toros son Francia (70 al año, siendo Nimes la plaza más célebre) y Colombia, cuyo próximo candidato electoral (y ex alcalde de Bogotá), Gustavo Petro, prometió hace pocos días la prohibición de la fiesta si resulta elegido.

La tauromaquia en el mundo

En junio de 2022, la plaza de toros más grande del mundo recibió un revés judicial inaudito: la plaza México, ubicada en Ciudad de México ya no podrá acoger corridas de toros después de que un juez federal decidiera suspender los eventos por el trato "degradante" que sufren los animales. En Portugal, por su parte, en 2018 se descartó prohibir las corridas de toros (el animal no muere en el ruedo). Otros países en los que se celebran corridas de toros son Francia (70 al año, siendo Nimes la plaza más célebre) y Colombia, cuyo próximo candidato electoral (y ex alcalde de Bogotá), Gustavo Petro, prometió hace pocos días la prohibición de la fiesta si resulta elegido.

Espectadores en Las Ventas sentados los tendidos soleados, los más económicos pero también los menos prácticos para observar la corrida.

Fotografía de Anthony Coyle

¿La mejor ganadería de toros España?

Hay que bajar hasta el sur, hasta Cádiz, para encontrar la gema. Si hay una ganadería célebre a la que no le faltan compradores y buena prensa es la de Núñez del Cuvillo, probablemente la más famosa de España, muy habitual en los encierros de San Fermín, y “la mejor o una de las tres mejores”, en opinión del ganadero-artista Aurelio Hernando. “Deben de estar confundidos, hay muchas como la mía”, dice al otro lado del teléfono fijo entre tímidas risotadas su responsable, Joaquín Núñez, una institución de 91 años (40 en el negocio) hijo, nieto y bisnieto de ganaderos, que se refiere a la COVID como una “plaga trágica” y que todavía habla en divisa antigua: “De toda la vida criar un toro ha costado un millón de pesetas [6000 euros]”.

Su voz se dobla al recordar la faena de hace unos días, cuando seis de sus astados protagonizaron una corrida mejorable en la Maestranza de Sevilla (para muchos, la mejor plaza de España junto con Las Ventas). “Esperaba que mis toros hubieran estado mejores, pero los toreros y su calidad suplieron sus carencias”, me dice, antes de entrar en una inusitada (y muy precisa) protesta, pues el último de la tarde despertó la exaltación popular; “el presidente actuó arbitrariamente, le negó a Roca Rey la segunda oreja y no le permitió la salida por la Puerta del Príncipe y, claro, el público tiró sus almohadillas al ruedo”.

El torero Daniel Luque se dispone a rematar a Calabrés, el primer toro de la tarde del 8 de mayo en Las Ventas, Madrid.

Fotografía de Anthony Coyle

El ganadero se muestra ilusionado con las cifras de espectadores que se están registrando este año en las plazas de España: “El ánimo es muy bueno y se ha demostrado que la plaga no ha podido con nosotros”. Pero también es consciente de que vienen tiempos difíciles. “Se avecina una inflación, tendrán que cambiar los costos porque, sino, no sé esto quién lo va a mantener. Hay que ir preparando la retirada, no te digo quemar las naves, pero sí plegar velas”. Hasta hace poco, Joaquín Núñez tenía 700 vacas (que le producían suficientes toros para 25 corridas al año), pero ha vendido 200 para carne porque el negocio se ha vuelto “antieconómico”: “Casi todos los ganaderos están vendiendo en pérdidas. Algunos pueden resistirlo y otros han tenido que recoger velas”.

A pesar de la fama, de las entrevistas en prensa y las fotos con celebridades, a pesar de los numerosos galardones y de suministrar con frecuencia toros para las grandes plazas de España, incluso este coloso del mundo taurino se tambalea. ¿Acaso no existe en España ningún ganadero de toros de lidia a salvo de los fantasmas de la economía? Le pregunto por el futuro del toro, y él me lo desgaja en dos: por un lado está el futuro de los ganaderos y, por otro, el del toreo. “Como afortunadamente pasa con la Iglesia católica, que no pueden terminar con ella y siempre existirá, con los toros pasa algo parecido”.

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