La respuesta de Roma a la 'invasión' de jabalíes ¿podría pasar en España?

En Italia, estos herbívoros pueden causar hasta 22 millones de euros de daños agrícolas al año. Países como España, Alemania o Polonia se enfrentan a una amenaza inusitada que, debido a la peste porcina, podría tener consecuencias preocupantes.

Por Agostino Petroni
Publicado 10 nov 2022, 11:57 CET
Los jabalíes rebuscan en la basura en el barrio romano de Monte Mario en mayo de ...

Jabalíes rebuscando en la basura en el barrio romano de Monte Mario en mayo de 2022.

Fotografía de Francesco Fotia, Getty Images

En una noche fresca de finales de septiembre, el zoólogo Andrea Monaco camina en silencio por los matorrales arenosos de la finca presidencial de Castelporziano, una zona protegida a las afueras de Roma (Italia), rumbo hacia una familia de jabalíes atrapados. Al verle, los ocho cerditos erizados y su madre de 45 kilos intentan atravesar la red blanda de la trampa circular, pero rebotan hacia el centro.

Monaco y sus colegas liberan a la cerda y a un lechón, y luego entran en el recinto de 6 metros de ancho para capturar a las demás crías para estudiarlas. En medio del fuerte olor a jabalí mojado, barro y heces, uno de los investigadores anuncia con una sonrisa que la cría que sostenía se había orinado encima.

En esta finca de 60 kilómetros cuadrados prosperan varios ecosistemas mediterráneos, como humedales, densos bosques de pinos y robles, y dunas de arena. Su belleza atrajo en su día a emperadores y aristócratas romanos que construyeron elaboradas villas, que ahora se reducen a ladrillos que sobresalen del suelo arcilloso. En la actualidad, la zona alberga la población de jabalíes más antigua del país, una población que Mónaco y otros están investigando en una búsqueda urgente para controlar a este herbívoro aparentemente imparable.

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Se calcula que un millón de jabalíes, una especie autóctona que puede pesar hasta 136 kilos, vagan ahora por el país, destruyendo cultivos y causando al menos 2000 accidentes de tráfico cada año, estima Monaco. Y a principios de 2022 se descubrió la peste porcina africana en un jabalí italiano, lo que hace temer que los animales salvajes puedan contagiar el virus mortal a los cerdos domésticos criados para la industria cárnica. El problema tampoco es exclusivo de Italia.

En España, donde se cazan alrededor de 400 000 jabalíes al año, la población de este animal va camino de duplicarse de aquí a 2025, según datos del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos. Esto trae consigo consecuencias inusitadas que, en países como Polonia o Italia, ya están manifestándose en forma de invasión urbana. Si a la propia sobrepoblación le sumamos el peligro de las infecciones por peste porcina, lo que nos encontramos es con un problema de consecuencias imprevisibles.

Jabalíes cruzando la calle en Roma el 13 de mayo de 2022.

Fotografía de Antonio Masiello, Getty Images

Debido en gran medida a la urbanización y a la repoblación forestal, las poblaciones de jabalíes se están expandiendo por toda Europa, con avistamientos y encuentros cercanos en muchas metrópolis europeas, desde Berlín, Varsovia o Madrid, donde sólo en 2020 el Ayuntamiento capturó cerca de un centenar de jabalíes pululando por las calles de la ciudad.

"Es una especie excepcional desde el punto de vista ecológico, súper adaptable y con un enorme potencial reproductivo", explica Monaco, que lleva más de 20 años estudiando los jabalíes del país en el Instituto Italiano de Protección e Investigación Ambiental (ISPRA) de Roma.

Con él trabajan esta tarde otros 10 científicos y expertos en fauna salvaje de toda Italia, deseosos de conocer nuevas intervenciones para frenar el avance de los jabalíes. La trampa que atrapó a la cerda y los lechones, por ejemplo, acababa de llegar de Estados Unidos: llamada PigBrig, es ligera, se ancla al suelo como una tienda de campaña y puede atrapar hasta 60 jabalíes a la vez.

Estas redes podrían frenar el crecimiento de la población, sobre todo si se capturan muchas hembras reproductoras, dice Monaco. En muchos casos, los animales son eutanasiados en el acto y luego se venden o donan como carne.

Trabajadores preparando las vides en la finca Barone Ricasoli en Chianti, Italia, el 2 de marzo de 2016. Los jabalíes devoran tanto las vides como sus frutos, lo que crea problemas a la industria del vino.

Fotografía de Nadia Shira Cohen, Redux

Esta noche, sin embargo, toda la familia sobrevivirá a su encuentro, con siete de los lechones provistos de una marca en la oreja que permitirá a Mónaco rastrear a dónde van y cuánto tiempo viven, datos valiosos para entender la población de jabalíes de la finca.

Mientras el equipo regresa a sus coches en la oscuridad, Barbara Franzetti, coordinadora del programa de jabalíes en Castelporziano y bióloga del ISPRA, resume el reto:

"Si no cambiamos radicalmente la forma de gestionar [los jabalíes], la población seguirá creciendo", afirma.

Los jabalíes repuntan

Los jabalíes son originarios del sudeste asiático y empezaron a colonizar el continente europeo hace unos cinco millones de años, convirtiéndose en el alimento favorito de muchas civilizaciones. Los animales viven en grupos familiares de diversos tamaños, generalmente formados por una o más hembras emparentadas y sus crías, además de otros juveniles.

A principios del siglo XX, la presión humana por la deforestación y la agricultura llevó a la especie casi a la extinción en Italia. Sólo quedaban algunas poblaciones en la Toscana, el sur de Italia y los Alpes.

Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, con el auge de la economía italiana y la urbanización de su población, los bosques se fueron recuperando poco a poco y la fauna regresó. Los jabalíes, animales oportunistas que se alimentan de muchos alimentos, incluidos los cultivos humanos, se recuperaron, sobre todo en ausencia del lobo gris, su principal depredador.

Es más, a partir de finales de la década de 1950, los grupos de cazadores italianos presionaron a las ciudades y a los Gobiernos regionales para que trasladaran jabalíes desde zonas cercadas o protegidas como Castelporziano (y en algunos casos desde países de Europa del Este) para repoblar bosques vacíos. Los cazadores también repoblaron de forma privada sus cotos de caza.

Esta práctica continuó hasta 2015, cuando se prohibió. Pero para entonces, los jabalíes ya se habían convertido en un problema generalizado.

Cerdos en la ciudad

En Italia, los jabalíes causan ahora hasta 22 millones de euros en daños agrícolas cada año, y aunque los Gobiernos regionales compensan a los agricultores, a menudo el pago es parcial o llega demasiado tarde para preservar la cosecha.

Marco Massera, un agricultor de la ciudad de Génova que cultiva hortalizas como calabacines, berenjenas y pimientos, lleva 15 años luchando por disuadir a los jabalíes en su granja de siete hectáreas. Cuando los cerdos buscan raíces y larvas, cavan profundamente bajo tierra.

"Un jabalí no come; desintegra. Con su hocico, arranca las plantas. Así que una vez que el jabalí entra, la parte que arranca se pierde", dice Massera, que ha recibido fondos del Gobierno para crear vallas alrededor de sus campos.

En los últimos años, Massera también ha notado un fuerte aumento de los jabalíes que entran en sus campos cerca de la ciudad, tras recorrer las calles llenas de gente y coches.

Los jabalíes (fotografiados en mayo en Roma) se sienten cada vez más cómodos en los entornos urbanos de toda Europa, desde Berlín hasta Varsovia.

Fotografía de Antonio Masiello, Getty Images

De hecho, los jabalíes están adoptando las zonas urbanas gracias a la gran cantidad de basura sin recoger y a la gente que está dispuesta a alimentarlos, dice Monaco. Según su reciente estudio, los jabalíes son ahora una presencia familiar en 105 ciudades italianas, frente a sólo dos hace una década. Para mostrar lo cómodos que están los jabalíes en la ciudad, hace referencia a un vídeo viral tomado en Roma en marzo, que muestra a dos cerdas amamantando tranquilamente a sus lechones en medio de una carretera.

"El momento de la lactancia en la naturaleza es cuando los animales están más delicados y expuestos a la depredación y a los riesgos", dice Monaco.

(Relacionado: Los jabalíes: un problema creciente en las zonas urbanas de Hong Kong)

Carme Rosell, experta en gestión de fauna salvaje y directora de la consultora medioambiental Minuartia en España, ha observado un atrevimiento similar en los jabalíes españoles. Aquí, la población de jabalíes se ha duplicado en dos décadas hasta alcanzar el millón de animales.

"Han accedido a una gigantesca despensa: nuestros campos de cultivo y los residuos orgánicos urbanos. Nada ha sido eficaz para frenar su crecimiento demográfico: no tienen depredadores; su hábitat natural, el bosque, se está expandiendo; y los inviernos son menos fríos", dice.

"Pero hay otro factor esencial: han perdido el miedo al ser humano".

¿Funciona la caza? Es complicado

En 2005, en un intento finalmente infructuoso de resolver la crisis de los jabalíes, los reguladores del Gobierno italiano llamaron a los cazadores. Aunque los cazadores italianos matan unos 295 000 jabalíes al año, los animales se reproducen a un ritmo más rápido:cada año, su población puede crecer hasta un 150%, según Monaco.

Parte del problema, dice, es que entre el 30% y el 40% de los 500 000 cazadores italianos practican la caccia in braccata, una suerte de montería en la que unos pocos cazadores con perros arrean a los jabalíes hacia otros cazadores en puestos concretos, donde los animales son abatidos. Es una oportunidad para reunirse con amigos, estar en la naturaleza y tomar una copa después.

Un cazador arrastra un jabalí muerto que mató en Córcega en 2014. En general, la caza no ha frenado la expansión de la especie.

Fotografía de Valérie Pinard, Hans Lucas, Redux

Sin embargo, esta tradición ha tenido un inconveniente: los cazadores persiguen sobre todo a los jabalíes más grandes, desintegrando el núcleo familiar y dispersando a las hembras más pequeñas que comenzarán antes su ciclo reproductivo.

En su lugar, el Gobierno debería contratar a cazadores para que persigan selectivamente a las hembras reproductoras, lo que reduciría drásticamente la población, afirma Monaco.

Pero muchos cazadores tradicionales se oponen a esta idea, tanto por su carácter solitario como porque limitaría los jabalíes disponibles para la tan apreciada braccata.

Massimo Buconi, presidente de Federcaccia, la asociación de cazadores históricos de Italia, es consciente de la importancia de la caza selectiva, pero dice que no sería suficiente. Cree que sólo los cazadores, que pueden capturar decenas de jabalíes a la vez durante una braccata, pueden resolver el problema, y que se les debería permitir más autonomía para intervenir en las zonas protegidas.

Izquierda: Arriba:

Cazadores alinean jabalíes abatidos durante una cacería de 2021 en Toulouse, Francia.

Derecha: Abajo:

Cazadores reunidos para disparar a jabalíes en Toulouse, Francia, en 2021. En la mayoría de las situaciones, la caza, o el control letal, no ha demostrado reducir la población del animal, e incluso puede estimular su reproducción.

fotografías de Francois Laurens, Hans Lucas, Redux

Antonino Morabito, etólogo de Legambiente, una organización medioambiental sin ánimo de lucro con sede en Roma, señala que los cazadores y los grupos de cazadores suelen tener influencia política en los Gobiernos locales.

"Para estas personas, la caza significa mucho, por lo que les afecta cuando tienen que elegir a quién votar", afirma Morabito. "Por eso, la administración pública italiana sigue estando claramente condicionada por esta elección".

En otros lugares, poco éxito

Otros países tampoco han visto muchos beneficios de la caza generalizada.

En Polonia, desde 2017, el jabalí se puede cazar todo el año. Según la Asociación Polaca de Caza, en 2021 hubo más de 4,6 millones de cacerías con 269 000 jabalíes abatidos. Sin embargo, el animal está invadiendo cada vez más las mayores áreas metropolitanas: se calcula que hay más de mil animales en Varsovia, por ejemplo.

Uri Shanas, biólogo de la Universidad de Haifa (Israel), creó recientemente un prometedor experimento que mantuvo a los jabalíes fuera de la ciudad de Kiryat Tiv'on.

"Como a los jabalíes les gusta revolcarse en el barro para refrescarse y deshacerse de los parásitos, y escarbar en el barro para alimentarse, instalamos piscinas para ellos en zonas naturales, y tuvo mucho éxito. Venían a las piscinas, chapoteaban, jugaban y se divertían, y sus excursiones a [Kiryat Tiv'on] disminuían".

Una de las condiciones de Shanas para la duración del estudio fue la de no sacrificar a los jabalíes.

Además de las consideraciones éticas y de seguridad, "disparar a los jabalíes no resuelve el problema, y en muchos casos esta práctica aumenta la reproducción, un fenómeno que también se da entre los lobos", afirma.

El miedo a los virus provoca soluciones

En Italia se ha confirmado la presencia de más de 200 jabalíes con peste porcina africana, y los italianos están muy preocupados por la propagación del virus, afirma Mónaco. Cada año, los agricultores italianos crían 8,5 millones de cerdos que sostienen una industria porcina de 3000 millones de euros.

Después de un brote particularmente devastador en 2018, los agricultores de China se vieron obligados a matar cientos de millones de cerdos para detener la propagación del virus.

Este septiembre, Mónaco asistió al 13º Simposio Internacional de Jabalíes y Otros Suidos en Barcelona, donde, por primera vez, surgió un consenso sobre la necesidad de contener a los jabalíes en todo el continente.

"La gente no está preocupada; está aterrorizada por la peste porcina", dice Franzetti, que también asistió al simposio. 

Con máscaras de jabalí, miembros de la Asociación de Agricultores de Coldiretti, protestan por la concienciación y el control de los animales destructivos el 27 de mayo de 2022.

Fotografía de Tiziana Fabi, AFP via Getty Images

(Relacionado: Breve resumen de las enfermedades infecciosas más graves de la historia de la humanidad)

Los investigadores compartieron algunas victorias: el Gobierno alemán, por ejemplo, ha eliminado decenas de jabalíes utilizando 400 de las trampas americanas que los investigadores italianos probaron en Castelporziano. En Brandenburgo (Alemania), por ejemplo, "los daños causados por los jabalíes han disminuido, y los avistamientos de jabalíes en las cámaras también", afirma Carl Gremse, que forma parte de un equipo que trabaja para controlar la peste porcina africana en la ciudad.

Rosell y su equipo han colaborado en la elaboración de una guía de medidas disuasorias para los ayuntamientos españoles, como hacer que los cubos de basura y los comederos exteriores para gatos sean resistentes a los jabalíes, y poblar las zonas verdes urbanas con plantas que no les gustan.

En Roma, los responsables de la fauna silvestre han instalado redes alrededor de los cubos de basura o los han sustituido por modelos a prueba de jabalíes, con cierto éxito.

Algunos grupos de defensa de los animales abogan por esterilizar a las hembras en lugar de matarlas. Por ejemplo, Massimo Vitturi, activista de la Liga Antivivisección (LAV), con sede en Roma, sugiere que los responsables de la fauna salvaje inyecten a las cerdas un fármaco que las deje estériles.

Sin embargo, Vitturi admite que este enfoque está limitado por la logística y los costes de inyectar manualmente a todas las hembras de jabalí una por una. Además, Mónaco afirma que los efectos de estos tratamientos desaparecen al cabo de unos años, con lo que las cerdas vuelven a ser libres para reproducirse.

Reducir los daños

En Italia, Maria Luisa Zanni lidera un enfoque científico contra los jabalíes en la región septentrional de Emilia-Romaña, donde dirige el comité de planificación de la fauna salvaje.

Los jabalíes corren entre la hierba alta en los Abruzos, Italia. La especie autóctona se recuperó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los bosques empezaron a recuperarse.

Ella y su equipo subdividieron la zona en unos 100 kilómetros cuadrados, asignando a cada una un valor específico en función del impacto de los jabalíes. Al identificar los lugares en los que los jabalíes causaban más trastornos, el equipo podía sugerir dónde debían centrar los Gobiernos locales sus esfuerzos de erradicación y las compensaciones monetarias a los agricultores.

"Con este sistema, podemos reducir un poco los daños", dice Zanni. Sin embargo, se desconoce si esta estrategia está limitando la población de jabalíes en su región.

"Nos esforzamos, pero no sé si lo estamos consiguiendo", afirma. "Si hay soluciones mejores fuera de Italia, las acogeremos".

Con información adicional de Eva Van Den Berg en España, Slawomir Borkowski en Polonia y Adi Katz en Israel de las ediciones internacionales de National Geographic.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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