¿Por qué a la ciencia española le cuesta tanto ganar un premio Nobel?

Nuestro país tiene talento de sobra, pero también importantes carencias a la hora de trabajar en equipo. Los expertos consultados afirman que el 'lobbying' es la gran asignatura pendiente de España para ganar el nobel de Física, Química o Medicina.

Por Anthony Coyle
Publicado 11 feb 2022, 11:31 CET, Actualizado 11 feb 2022, 13:30 CET
La obtención de un premio Nobel es una gesta mucho más compleja de lo que mucha ...

La obtención de un premio Nobel es una gesta mucho más compleja de lo que mucha gente podría pensar: “Esto no es tan sencillo como pensar que uno, por haber hecho un experimento estupendo, va a ser leído y considerado para el Nobel”, comenta Lluís Montoliu, que fue firme defensor de la candidatura de Francis Mojica.

Fotografía de Pexels

El microbiólogo alicantino Francis Mojica se ha negado hasta en dos ocasiones a participar en este reportaje. Su sombra, sin embargo, lo invade todo y está presente en cada uno de los testimonios de los expertos consultados. Haciendo gala de una educación y humildad exquisitas, el español que más cerca ha estado (en la historia reciente) de ganar un premio Nobel de ciencia nos ha trasladado por correo electrónico los motivos de su negativa: “Si de edición genética sé poco, de política científica aun menos, y del Nobel no tengo realmente nada relevante que decir”.

“Hay que decir que su respuesta fue impecable. Felicitó a las ganadoras y se alegró de haber contribuido a las fases iniciales del desarrollo de la herramienta de edición genética que fue premiada en Estocolmo”, comenta el biólogo e investigador del CSIC Lluís Montoliu en referencia al desarrollo del denominado CRISPR (Clustered Regularly Interspaced Short Palindromic Repeats, o Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas). Aunque quienes se llevaron la distinción de la academia Sueca del año 2020 fueron la estadounidense Jennifer A. Doudna y la francesa Emmanuelle Charpentier por sus tijeras genéticas, Lluís Montoliu se muestra categórico al afirmar que esto no habría sido posible sin la contribución, 25 años antes, de Francis Mojica, padre del CRISPR: una técnica de edición genética que permite modificar con gran precisión el ADN de todo tipo de seres vivos, desde personas hasta microorganismos. 

España ha ganado siete premios Nobel, de los cuáles dos son de ciencias: Santiago Ramón y Cajal obtuvo el de medicina en 1906 por sus estudios sobre las conexiones entre neuronas, y Severo Ochoa hizo lo propio en 1959 gracias a sus investigaciones sobre el código genético.

Y eso es todo.

Lobbying: la importancia de darse a conocer

La obtención de un premio Nobel es una gesta mucho más compleja de lo que mucha gente podría pensar. “Esto no es tan sencillo como pensar que uno, por haber hecho un experimento estupendo, va a ser leído y considerado para el Nobel”, comenta Lluís Montoliu, que fue firme defensor de la candidatura de Francis Mojica. El investigador, que afirma que “las buenas ideas están en todos los lados”,  añade dos elementos más a la ecuación en la carrera al Nobel: el apoyo del país en el cual se desarrolla la investigación (“no tengo tan claro que estemos recibiendo todo el apoyo necesario”) y una buena red de lobbies (“en el sentido anglosajón de la palabra, que creo que es algo que aquí en España no terminamos de entender del todo bien y que tenemos que mejorar mucho”).

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El investigador español Severo Ochoa en una imagen de 1959. Manuel De León se muestra esperanzado con el reconocimiento internacional que se están granjeando los centros Severo Ochoa gracias, en parte, a sus eficientes gabinetes de comunicación a la hora de darle visibilidad a todos los papers con avances importantes. La acreditación de Centro de Excelencia Severo Ochoa (o Unidad de Excelencia María de Maeztu) es una distinción otorgada por el Ministerio de Ciencia e Innovación a “los mejores centros y unidades que destacan por la relevancia e impacto, a nivel internacional”.

Fotografía de Wikimedia Commons / AP

Montoliu nos lo traduce y opta por “red de apoyos” para referirse a esa especie de campaña de relaciones públicas que tan bien parece dársele a los investigadores estadounidenses, británicos, franceses y alemanes, pero no a los españoles: “En España tenemos un espacio de mejora, sobre todo a la hora de ponernos de acuerdo para decidir a qué investigador tenemos que apoyar (y con qué argumentos) en cada categoría”.

Las candidaturas al premio Nobel las presentan los anteriores premiados junto a una serie de personalidades, centros de investigación e instituciones (universidades y sociedades científicas, entre otras) que han sido identificados por el comité de los Nobel y que son de las cuáles se nutre el comité de Estocolmo para elegir a los premiados. “Tenemos que ser capaces de aunar esfuerzos para remar todos en la misma dirección y presentar un buen candidato o candidata que tenga el máximo número de apoyos”.

Para hacerlo más difícil todavía, todos estos procesos son confidenciales durante 50 años. “Aquí todos decimos alegremente que Francis Mujica no lo ganó, pero no nos consta que fuera nominado. Pero asumimos que lo fue y que hubo instituciones que lo nominaron, pero las instituciones no lo pueden explicitar porque están sometidas a un proceso de confidencialidad”. Tendremos que esperar hasta el 2070 para saber si Mujica estuvo entre los candidatos.

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Científicos obligados a hacer las maletas

Hoy, con motivo del Día Internacional de la mujer y la niña en la ciencia, Montoliu ofrece una conferencia online en el Centro Nacional de Biotecnología sobre Katalin Karikó, la investigadora húngara cuyo trabajo posibilitó las vacunas de ARN Mensajero (sueros que, en lugar de introducir un germen debilitado o inactivo, enseñan a las células a fabricar una proteína que despierta una respuesta inmunitaria si la persona se infecta). Como tantos otros investigadores, Karikó desarrolló su trabajo en Estados Unidos. “No sabemos, si se hubiera quedado en Hungría, si hubiera podido desarrollar el mismo tipo de investigación”, comenta Montoliu.

España ha ganado siete premios Nobel, de los cuáles dos son de ciencias: Santiago Ramón y Cajal (en la imagen) ganó el de medicina en 1906 por sus estudios sobre las conexiones entre neuronas, y Severo Ochoa hizo lo propio en 1959 gracias a sus investigaciones sobre el código genético.

Fotografía de Wikimedia Commons / Clark University

Llegados a este punto, se hace inevitable introducir en la conversación al apellido más importante de la ciencia española (con permiso de Ramón y Cajal”): “Hay muchos países que se nutren de premios nobel adoptados, y el primero de ellos es Severo Ochoa: nosotros lo contabilizamos como español, pero Estados Unidos lo contabiliza como suyo también porque desarrolló su trabajo en la universidad de Nueva York”, afirma Montoliu.

El matemático y también investigador del CSIC Manuel de León no alberga dudas, pero es cuidadoso con sus palabras: “Severo Ochoa es un español que ganó un Nobel, pero no es un Nobel de la ciencia española". De León también incide en la asignatura pendiente española: “No es lo mismo decir que soy un profesor de la universidad de Berkeley, Oxford o Cambridge a decir que soy de la Complutense o de la Autónoma. No tienen la misma presencia internacional”.

("A partir de los cinco o seis años muchas niñas ya no se ven como científicas o ingenieras. Hay que empezar a trabajar desde primaria")

Apoyo institucional de cara al Nobel: la asignatura pendiente de España

Un candidato puede ser presentado por una universidad o por un conjunto de instituciones. “Si lo presentamos entre todos, podemos hacer más presión”, comenta De León, volviendo a la asignatura pendiente de España en materia institucional. El matemático pone de relieve que no se ha cuidado mucho nuestra presencia en el Consejo Internacional de la Ciencia (que cuenta con 200 uniones y asociaciones científicas internacionales) ni en las otras sociedades internacionales de uniones científicas divididas por materias (como por ejemplo, la Unión Internacional de Física Pura y Aplicada (IUPAP), fundada en París en 1922): “hay dificultades económicas, no se pagan las cuotas y hay que sacar el dinero de donde sea…”

Una buena noticia es que España tiene un sillón en un sitio importante: en la Organización Europea para la Investigación Nuclear, o CERN (de hecho, hace unos meses incrementó su dotación en 12 millones de euros). Una mala noticia: según De León, “hay que estar en todos los sitios, porque se trata de hacer lobby y que te conozcan”, para después llamarle la atención a la Real Academia de Ciencias, presente en la red europea de academias European Academies' Science Advisory Council (EASAC). “Nuestra representación en el EASAC no es todo lo buena que podría ser porque simplemente no hay fondos. Se paga la cuota y poco más”.

Y no hablamos únicamente de grandes dispendios. Sino también de detalles. En la entrega cuatrienal, del premio más importante del mundo matemático, la Medalla Fields (organizada por la Unión Matemática Internacional), De León destaca cómo los franceses siempre hacen una recepción de bienvenida para los asistentes más importantes al congreso: “Aunque pueda parecer una tontería, no lo es, porque estás haciendo lobby, estás mostrando tu músculo. Y eso en España no se hace. Tenemos investigadores muy buenos, pero también hay que vender el producto".

(Vivir 150 años: ¿qué consecuencias tendrá la superlongevidad?)

De León siempre responde lo mismo cuando le preguntan si tendremos pronto un ganador español de la Medalla Fields: “Probablemente sí, pero estará trabajando en un centro extranjero”. Es el caso del físico especializado en computación cuántica (y premio Príncipe de Asturias en 2006) Juan Ignacio Cirac, que actualmente dirige el Instituto Max-Planck de Óptica Cuántica en Garching (Alemania). “Si le dan el Nobel, pasará lo mismo que con Severo Ochoa. Aquí el único nobel español que hemos tenido es Santiago Ramón y Cajal”, concluye.

“Si Mojica hubiera estado en una universidad como Harvard o Yale, habría tenido un reconocimiento inmediato de la importancia de su hallazgo.”

por Manuel de León

“España tendrá un nobel de Ciencia. Es una certeza”

Nazario Martin, ex presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) da por seguro que España va a tener un nobel en Ciencia, y usa términos como “es evidente”, “es una certeza” o “no me cabe la menor duda: “La pregunta clave es cuándo. La ciencia española es buena y tiene la calidad suficiente, pero está sujeta tanto a la financiación como a la gestión, y esos son las dos patas sobre las que camina la ciencia. La Agencia Estatal de Investigación (AEI) tiene mucho que hacer en los próximos años”.

Inevitable, Francis Mojica vuelve a la palestra: “El CRISPR [bautizado por el propio Mojica] es probablemente una de las patentes de edición de genes más caras que ha habido en la historia en el sentido de que es la patente que, según las posibilidades que tiene, podría producir mayor rédito económico de todas las que existen". Nazario Martín ubica la llegada de España a “la Champion’s League de la Ciencia” en el final de la dictadura franquista: “Salvo honrosas excepciones, han sido 40 años de perder el paso frente a otros países de nuestro entorno y eso cuesta recuperarlo”.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística de noviembre de 2021, España invirtió en Investigación y Desarrollo (más conocida como I+D) en 2020 el 1,41% de su producto interior (2930 millones de euros), mientras que la media europea se sitúa en el 2,19% de PIB, lo que comparado con los PIB de países como Francia o Alemania es una diferencia no solo porcentual sino, sobre todo, de cantidad bruta de euros. En términos globales, el ranking lo encabezan Israel y Corea del Sur con una inversión del 4,9% y 4,2% respectivamente, según datos del Banco Mundial. En 2022, España tendrá la mayor inversión en Ciencia de su historia (3843 millones de euros) gracias a la inyección de fondos de la Unión Europea destinados, en parte, a plantarle cara a la pandemia de COVID-19. Nazario Martín se muestra precavido: “Veremos qué continuidad tienen, no sé si se podrán sostener con el tiempo, se trata de uno de los retos importantes”.

¿Qué españoles podrían ganar un Nobel de Ciencia?

Antes de hacer sus quinielas, Nazario Martín incide en la injusticia que supone el ejercicio de ponerse a enunciar nombres y apellidos de potenciales futuribles al Nobel. “Se corre el riesgo de cometer errores importantes y dejar fuera a otros. Yo soy químico, por ejemplo, y conozco bien a químicos y físicos del ámbito bio, pero es evidente que una sola persona no puede conocerlos a todos”.

Vuelve a aparecer el dirigente del Instituto Max-Planck, el experto en computación cuántica Juan Antonio Cirac. Nacido en hace 57 años, Cirac ganó en 2013 el premio Wolf en Física, un galardón instituido en Israel que por muchos medios de comunicación es considerado la antesala del premio Nobel. “La computación cuántica es uno de los temas que recibirán un premio algún día y su posición es muy buena”, comenta Nazario Martín.

Pablo Jarillo-Herrero recibió la Medalla de la Real Sociedad Española de Física 2020 (RSEF) por sus descubrimiento sobre el grafeno.

Fotografía de Universidad de Valencia

También tenemos a un físico español “bien situado” gracias a su trabajo con el grafeno (cuyo descubrimiento le valió a Rusia para el Nobel de Física en el 2010): el valenciano Pablo Jarillo. El grafeno (“lo llaman el material del futuro y en cierto modo ya lo está siendo”, comenta Nazario Martín) está compuesto por una agrupación de átomos de carbono que es 200 veces más fuerte que el acero, más duro que el diamante y un metro cúbico pesa menos de un gramo. Pablo Jarillo, también galardonado con el Wolf en 2020 "por ser pionero en el trabajo teórico y experimental sobre el grafeno de doble capa retorcida" tiene 46 años y trabaja en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Es el descubridor del denominado ángulo mágico del grafeno: al efectuar una rotación de dos láminas del que es considerado el material más delgado del mundo, Jarillo descubrió que presenta propiedades superconductoras. Esto facilitaría la obtención de superconductores a temperaturas más elevadas y, por tanto, un mayor número de aplicaciones.

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En cuanto al terreno de la Química, Nazario Martín asegura que “no hay duda que todos consideramos a Avelino Corma como el candidato dentro de la química española de cara a un premio Nobel”. Ganador del Príncipe de Asturias en 2014 y fundador en 1990 del Instituto de Tecnología Química ITQ en la Universidad Politécnica de Valencia, este especialista en química orgánica es el científico español más citado del mundo según la universidad de Stanford. El “Rey de las zeolitas” es un experto en catálisis de sólidos ácidos y bifuncionales aplicados al refino del petróleo: “Sus zeolitas han supuesto una barbaridad de dinero ahorrado. Tiene contratos prácticamente con todas las petroleras del mundo”, afirma Nazario Martín.

Y para terminar, Joan Massagué, el nombre que quizás menos presentaciones necesite de todos los citados: Premio Nacional de Investigación en 2014 “por sus contribuciones excepcionales al campo de la oncología”. Como muchos de los citados, Massagué también realiza su labor investigadora fuera de España: es el director del Instituto Sloan-Kettering de Nueva York.

¿Dónde están las científicas?

¿Quizás demasiados nombres masculinos? Se hace evidente que falta algo, más aun en tan destacada efeméride reivindicativa de la figura de la mujer en la ciencia. En el ámbito español, a lo Marie Curie, siempre surge el mismo nombre: Margarita Salas. “Fue discípula de Severo Ochoa y una magnífica investigadora entregada en cuerpo y alma a la ciencia”, culmina Nazario Martín.

Margarita Salas trabajó junto al Nobel en Nueva York y, cosa extraña vistos todos los precedentes citados, regresó a España en 1967, donde destacó en el desarrollo de la bilogía molecular y el estudio del funcionamiento del ADN. Falleció en 2019 y sus estudios del virus bacteriófago (o fago phi29) fueron de gran utilidad un año después en la búsqueda de un sistema de detección rápida del coronavirus. 

Si para la comunidad científica española el desafío se centra en la inversión y el fomento de las redes de presión, la lista de retos aumenta si la investigadora es mujer: la dificultad para conciliar vida laboral y personal, el techo de cristal o la discriminación son sólo algunos de los obstáculos para los que la ciencia (y la sociedad) también deberá descubrir una respuesta. Para así, de paso, intentar sumar más candidaturas españolas en la carrera hacia el Nobel.

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