Cómo los ácidos grasos omega-3 reducen la inflamación

Un nuevo e importante estudio (el primero de este tipo) demuestra que los nutrientes que se encuentran en las nueces, las semillas y ciertos tipos de marisco pueden reducir la inflamación y mejorar la función pulmonar en declive.

Por Daryl Austin
Publicado 25 jul 2023, 12:38 CEST
El salmón es una de las fuentes más ricas en ácidos grasos omega-3

El salmón es una de las fuentes más ricas en ácidos grasos omega-3. Otras fuentes marinas son el atún, la caballa, las sardinas y el arenque. 

Fotografía de Erika Larsen, Nat Geo Image Collection

Fue necesaria una pandemia mundial. No fue hasta que los hospitales se llenaron por encima de su capacidad y comenzaron a escasear los ventiladores, cuando muchos por fin comprendieron lo devastadoras que pueden ser las enfermedades pulmonares.

Por desgracia, la función pulmonar no sólo se ve perjudicada por enfermedades respiratorias como la COVID-19, sino que también disminuye con la edad. La hinchazón o inflamación causadas por enfermedades, exposiciones ambientales o la edad avanzada también pueden obstruir parcialmente los conductos respiratorios y limitar el flujo de aire, según muestra la investigación. Ahora, un nuevo estudio ha mostrado cómo el consumo de unos nutrientes llamados ácidos grasos omega-3 o, simplemente, omega-3 puede reducir esa inflamación y ralentizar el deterioro de la función pulmonar. El informe se publicó en la revista American Journal of Respiratory and Critical Care Medicine.

"Ya se ha demostrado que los ácidos grasos omega-3 pueden ayudar a prevenir las enfermedades cardiovasculares, pero hasta este estudio se desconocían los efectos de los omega-3 en otras afecciones crónicas", afirma Ana Zamora-Martínez, neumóloga de la Clínica Mayo de Arizona (Estados Unidos), que no participó en el estudio. Califica sus hallazgos de "significativos" porque es "el primer estudio que demuestra la importancia de los ácidos grasos omega-3 para mantener sanos los pulmones."

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La importancia de los omega-3 en el organismo

Los omega-3 son una clase de ácidos grasos definidos por su estructura química. Se encuentran entre las grasas saludables conocidas por proporcionar energía al organismo, y se han relacionado con una mejor salud del corazón y el cerebro, un sistema inmunitario más fuerte, una presión arterial más baja y una mejora de los niveles hormonales, según la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud.

Los tres principales omega-3 son el ácido alfa-linolénico (ALA), el ácido eicosapentaenoico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA).

"Es importante saber que cada omega-3 es diferente tanto química como fisiológicamente", explica Jill Weisenberger, dietista titulada en Virginia (Estados Unidos) y autora de Prediabetes: Una guía completa. Como nuestro cuerpo no puede producir omega-3, es necesario obtenerlos como parte de una dieta equilibrada o mediante suplementos.

Las buenas fuentes alimentarias de ácidos grasos ALA son los aceites vegetales de origen terrestre que se encuentran en las nueces, las semillas, los huevos enriquecidos, la soja y los aceites de canola. Los ácidos grasos DHA y EPA se encuentran en fuentes marinas como el salmón, el atún, la caballa, las sardinas y el arenque. "Otros mariscos contienen ácidos grasos omega-3, pero en cantidades mucho menores", afirma Weisenberger.

Tanto los omega-3 terrestres como los acuáticos son importantes, pero Uma Naidoo, médico y director de psiquiatría nutricional y estilo de vida del Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos), afirma que los ácidos grasos de origen marino son más importantes. Y afirma que los vegetarianos o las personas a las que no les gusta el pescado no tienen por qué preocuparse, ya que también se pueden obtener estos omega-3 a través de suplementos derivados de algas o de aceite de pescado. "Curiosamente, los peces de los que dependemos para obtener estos nutrientes esenciales no producen EPA ni DHA, sino que los obtienen de las algas que comen, que también nosotros podemos comer", explica.

Obtener estos nutrientes, de una forma u otra, es vital, sobre todo porque la mayoría de la gente no consume lo suficiente. En España, a pesar de ser el cuarto país de Europa en cuanto a consumo de pescado (el 80% de los ciudadanos lo toman al menos una vez por semana), aún estamos lejos de la cantidad ideal recomendada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN): tres raciones de pescado a la semana.

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Primer estudio de este tipo

La Asociación Americana del Corazón sugiere incluir omega-3 en la dieta para "reducir el riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares", pero el nuevo estudio del American Journal demuestra por qué los omega-3 también son importantes para nuestros pulmones, que suministran oxígeno al organismo y eliminan gases de desecho como el dióxido de carbono, además de desempeñar un papel vital en la salud inmunitaria.

Estudios anteriores, entre ellos un análisis de 2022 sobre por qué algunos grupos étnicos sufren peores resultados en enfermedades pulmonares que otros, e investigaciones conjuntas que aportan datos importantes sobre enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores, ya habían medido antes la salud pulmonar de las personas. Otros estudios han analizado incluso cómo afectan los omega-3 a las inflamación en general, y diferentes investigaciones han demostrado que los omega-3 pueden reducir las infecciones pulmonares bacterianas.

Sin embargo, hasta ahora faltaban estudios sólidos que demostraran la relación entre las propiedades antiinflamatorias de los omega-3 y la mejora de la salud pulmonar.

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Cómo mejoran los omega-3 la salud pulmonar

En el nuevo estudio, los investigadores demostraron la relación entre las propiedades antiinflamatorias de los omega-3 y la mejora de la salud pulmonar de dos maneras. En primer lugar, analizaron los datos de las muestras de sangre de más de 15 000 estadounidenses cuyo bienestar se había seguido durante una media de siete años (aunque a muchos participantes se les hizo un seguimiento de hasta 20 años). Los participantes pertenecían a distintas razas, tenían una edad media de 56 años y eran ligeramente más mujeres. Al medir las muestras de sangre de todos los participantes, los investigadores pudieron identificar una conexión entre los omega-3 y la disminución de la función pulmonar relacionada con la edad, afirma Bonnie Patchen, nutricionista e investigadora de la Universidad de Cornell y una de las autoras del estudio.

Para corroborar sus hallazgos, el equipo también analizó datos genéticos del Biobanco del Reino Unido de más de 500 000 europeos. Al estudiar también determinados marcadores genéticos en las muestras de sangre de ese grupo, los investigadores "descubrieron que unos niveles más altos de ácidos grasos omega-3 protegían la salud pulmonar", afirma James P. Kiley, director de la División de Enfermedades Pulmonares del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre en Estados Unidos.

"El doble enfoque que adoptamos es una forma de añadir rigor a los hallazgos", añade Patricia Ann Cassano, directora de la División de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Cornell (Estados Unidos) y coautora del estudio.

Los resultados de ambos análisis muestran una clara correlación no establecida anteriormente. "Este estudio aporta las pruebas más sólidas hasta la fecha de una asociación entre los ácidos grasos omega-3 y la salud pulmonar, y subraya la importancia de incluir ácidos grasos omega-3 en la dieta", afirma Patchen.

En términos más generales, el estudio también sugiere que otros alimentos con propiedades antiinflamatorias (tomates, verduras como las espinacas y la col rizada, algunos frutos secos y frutas como las fresas, las cerezas y los arándanos) también pueden ser útiles para mantener la salud pulmonar.

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Más investigación en el horizonte

A pesar de sus puntos fuertes, el estudio del American Journal sólo incluyó a adultos sanos y no a todos los grupos, dice Patchen. Por lo tanto, el equipo está trabajando para evaluar los niveles de omega-3 en sangre de personas no sanas, incluidos los fumadores empedernidos y las personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) para ver si las mismas asociaciones observadas en el estudio actual se mantienen, dice.

Tal investigación podría, dice Kiley, "potencialmente conducir a recomendaciones dietéticas personalizadas para las personas con mayor riesgo de enfermedades pulmonares crónicas."

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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