Astrónomos identifican las estrellas desde las que cualquier alienígena podría tener vistas de la Tierra

Si compartiéramos la galaxia con extraterrestres, no serían capaces de ver la Tierra pasando frente al Sol, a no ser que vivieran en uno de estos sistemas estelares.

Publicado 24 jun 2021 12:58 CEST
Kepler-186f

Kepler-186f fue el primer exoplaneta rocoso hallado dentro de la zona de habitabilidad, la región alrededor de una estrella hospedadora donde la temperatura es adecuada para que un mundo albergue agua líquida en la superficie. Si la vida inteligente existe en planetas como Kepler-186f, quizá haya descubierto nuestro planeta empleando medios similares.

Fotografía de NASA Ames/SETI Institute/JPL-Caltech

Miles de mundos alienígenas han revelado su presencia a los astrónomos al bloquear ligeramente la luz estelar mientras orbitan frente a sus estrellas, una simple consecuencia de la geometría celeste. Observando estos tránsitos a lo largo de la última década, hemos aprendido que los planetas superan en número a las estrellas de la Vía Láctea y que la galaxia está plagada de mundos que podrían albergar las condiciones adecuadas para que la vida salga adelante.

Ahora, los astrónomos están planteándose el otro lado de esa ecuación.

«¿Qué estrellas podrían vernos como los alienígenas, como el planeta que transita cuando la Tierra bloquea la luz de la estrella?», pregunta Lisa Kaltenegger, de la Universidad de Cornell, que elaboró una respuesta a esa incógnita en un nuevo estudio publicado en la revista Nature.

La mayoría de los planetas fuera del sistema solar se han detectado observando cómo pasan frente a la faz de sus estrellas. Aunque el método del tránsito ha dado resultados prodigiosos, no capta los innumerables planetas que no pasan frente a sus estrellas desde la perspectiva de la Tierra. Del mismo modo, los observadores alienígenas necesitan encontrarse en el lugar adecuado para ver cómo la Tierra bloquea de forma periódica una fracción de la luz solar, y esto está sujeto a cambios a medida que las estrellas modifican sus posiciones relativas.

«El cosmos es dinámico, así que ese lugar de observación debería cambiar con el paso del tiempo y yo quería saber cuánto tiempo tenemos realmente para encontrar un planeta», cuenta Kaltenegger.

Junto con Jackie Faherty, científica del Museo Estadounidense de Historia Natural en Nueva York, Kaltenegger calculó que los alienígenas que orbitan 2034 estrellas cercanas podrían ver la Tierra pasando frente a la faz del Sol durante un periodo de 10 000 años extendiéndose 5000 años hacia el pasado o el futuro.

También calcularon que unos 29 planetas potencialmente habitables pueden ver el tránsito de la Tierra y están lo bastante cerca como para detectar las transmisiones por radio de los humanos. Estudios como este proporcionan un conjunto de estrellas en las que podría centrarse nuestra búsqueda de inteligencia extraterrestre, o SETI por sus siglas en inglés.

«Estas estrellas recién identificadas deberían ser los objetivos principales de la SETI porque podrían ser fuentes de mensajes interestelares deliberados», reflexiona por correo electrónico René Heller, del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar. Si los observadores alienígenas saben que estamos aquí, quizá «nos manden saludos».

Un conjunto de estrellas arremolinadas constantemente

Para identificar las estrellas que tienen vistas de la Tierra cuando transita frente al Sol, Kaltenegger y Faherty peinaron los datos de la sonda Gaia de la Agencia Espacial Europea, que vigila de cerca los movimientos de más de mil millones de estrellas.

Todos los mundos que podían ver la Tierra orbitaban estrellas que están alineadas de forma precisa con el plano en que nosotros orbitamos alrededor del Sol, una pequeña franja de espacio conocida como eclíptica, y en este estudio, como zona de tránsito de la Tierra. Un poquito por encima o por debajo de la eclíptica, el rastro de la Tierra sería invisible. Identificaron 1402 estrellas que actualmente se encuentran en la eclíptica y están a unos 300 años luz de la Tierra. A continuación, retrocedieron y avanzaron en el tiempo, estudiando el movimiento de las estrellas con el paso del tiempo para encontrar aquellos que se encontraban en la posición adecuada para ver la Tierra.

Aunque puede que parezca que las estrellas no se mueven mucho, se desplazan constantemente las unas respecto a las otras. Dentro de 2000 años, por ejemplo, Polaris dejará de ser la estrella del norte, al igual que no lo era cuando los antiguos observadores egipcios, babilónicos y chinos cartografiaron el firmamento hace miles de años.

Por eso añadir el elemento del tiempo «resulta crucial para esta idea de observar la Tierra como planeta en tránsito debido a las grandes distancias involucradas», escribe Heller, que hizo un cálculo similar, por correo electrónico. «Hay que tener en cuenta el aspecto del cielo literalmente como una película, no como una imagen».

A lo largo de los últimos 5000 años, el equipo descubrió que otras 313 estrellas podrían haber observado el tránsito de la Tierra frente al Sol. En los próximos 5000 años, otras 319 tendrán esa misma perspectiva.

«Fue interesante averiguar cuánto tiempo dura ese asiento cósmico de primera fila», afirma Kaltenegger. Muchas estrellas tienen al menos mil años para encontrar la Tierra. «Y muchas más tienen más de 10 000 años», afirma. «Así que es bastante tiempo».

Siete de estas estrellas albergan exoplanetas conocidos. Algunas incluso tienen mundos que son supuestamente rocosos. Utilizando lo que sabemos sobre la incidencia de los planetas rocosos, Kaltenegger y Faherty estimaron que su muestra incluye al menos 508 mundos habitables, 29 de ellos lo bastante cerca para detectar las transmisiones por radio de la Tierra.

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Durante el último siglo más o menos, hemos emitido señales de radio al espacio. Algunas, como nuestras transmisiones televisivas, son demasiado débiles para ser distinguibles a lo largo de distancias cósmicas. Pero otras como las ráfagas concentradas de ondas de radio emitidas por potentes instrumentos de radar, son lo bastante intensas para ser detectables con facilidad.

En la actualidad, nuestras transmisiones por radio más potentes adoptan la forma de un radar planetario, empleado por los astrónomos para estudiar los objetos del sistema solar como asteroides rebotando sobre ellos ondas de radio. Hasta que se derrumbó en diciembre, el Observatorio de Arecibo era el radar planetario más potente del planeta y las señales de su transmisor —apuntadas principalmente a objetos de la eclíptica— estaban prácticamente enviando spam a los mundos alienígenas que estuvieran en su campo visual.

«Si te encuentras en la zona de tránsito de la Tierra, ves preferentemente grandes ráfagas de emisiones de radio cuando estudiamos nuestro propio sistema solar, ya que todo se encuentra en el mismo plano», afirma Sofia Sheikh, del SETI Research Center de la Universidad de California, Berkeley, que ha buscado inteligencia extraterrestre en un conjunto similar de estrellas. «Así que las estrellas que podrán vernos a nosotros en tránsito probablemente capten, por casualidad, el excedente de la astronomía radar».

Con los instrumentos adecuados, los observadores alienígenas en la zona de tránsito de la Tierra podrían incluso haber observado cómo los humanos alterábamos poco a poco la composición de la atmósfera del planeta, comenzando más drásticamente hace unos 200 años con la Revolución Industrial y continuando hasta la actualidad. Eso, dice Sheikh, es un ejemplo de tecnofirma, o una señal de que algo artificial afecta a la composición natural de los gases que envuelven un planeta.

Barcos que pasan en la noche

Con todo, como señalan Kaltenegger y Faherty, algunos de los mundos alienígenas que creemos que podrían tener los ingredientes necesarios para la vida todavía no pueden ver la Tierra como planeta en tránsito, aunque nosotros sí podamos verlos. Es como mirar por un falso espejo cósmico.

Estos mundos incluyen cuatro de los siete planetas del tamaño de la Tierra que orbitan una estrella llamada TRAPPIST-1, que será incapaz de ver la Tierra hasta dentro de 1642 años. Dos mundos con una masa similar a la de la Tierra que orbitan la estrella de Teegarden, a unos 12 años luz, no podrán vernos hasta el año 2050. Y Ross128, que alberga un planeta con la masa de la Tierra a unos 11 años luz, podría haber visto los tránsitos de la Tierra durante 2158 años, hasta hace 900 años, cuando dejamos de ser visibles durante la Alta Edad Media.

«Algunos observadores hipotéticos alrededor de estrellas cercanas a la eclíptica podrían no vernos en tránsito en la actualidad, pero podrían haber descubierto la Tierra como un planeta vivo hace milenios, o solo descubrirán nuestros tránsitos dentro de miles de años», escribe Heller.

¿Habrá reconocido alguien del planeta Ross128 una Tierra habitada hace casi mil años? ¿Se han perdido la oportunidad de avistar señales de una biosfera en evolución en este punto azul pálido? ¿Y cómo será la vida en la Tierra cuando los mundos de TRAPPIST-1 tengan la oportunidad de encontrar nuestro planeta? ¿Cómo podrían cambiar nuestras huellas?

«Tenemos que pensar más allá del aquí y el ahora», dice Sheikh. «Realmente limitamos nuestra búsqueda si buscamos cosas que se encuentren en la misma fase de la evolución. Ya sea biológica o tecnológica, creo que es necesario que pensemos en el futuro y el pasado lejanos».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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