Conoce el universo nocturno de estas criaturas marinas

Wednesday, July 22, 2020,
Por Amy McKeever

Los fotógrafos David Doubilet y Jennifer Hayes hablan de los seres vivos que han fotografiado durante sus inmersiones nocturnas, que describen como «una colección de animales salvajes que va más allá de lo imaginable».

Larva de galera o "mantis marina".

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Al caer la noche en alta mar, cuando el zooplancton asciende desde las profundidades para alimentarse, hay todo un mundo por explorar. Muchos de estos organismos son larvas, como la galera de la foto de arriba. Las galeras (o mantis marinas) son depredadoras voraces en sus fases de larvas y adultas, y el buceo nocturno ofrece la oportunidad de observarlas en las primeras etapas de vida. «Es la guardería del mar», dice el fotógrafo David Doubilet.

Medusa y larva de pez león.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Con la ayuda de luces, los fotógrafos se sumergen en las profundidades del mar en plena noche para avistar animales como esta medusa (izq.), que se mueve como una cortina al viento, o esta larva de pez león (dcha.) rodeada de anfípodos, unos crustáceos diminutos.

Doubilet y la fotógrafa Jennifer Hayes comparan nadar en el mar por la noche con flotar en el espacio. «La única forma de saber qué es arriba y qué abajo es ver en qué dirección van las burbujas», dice Doubilet.

Medusa inmortal.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Algunos avistamientos son menos comunes que otros, como el de esta medusa inmortal que Hayes fotografió en Anilao, Filipinas. Cuando se ve amenazado, este invertebrado brillante puede retroceder a la fase de desarrollo inicial, lo que básicamente es como reiniciar su vida. Es uno de los varios animales considerados el «santo grial» en el buceo nocturno. El animal que encabeza la lista de Doubilet y Hayes es el esquivo pulpo manta.

Salpas.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Doubilet y Hayes utilizaron objetivos macro para inmortalizar a organismos diminutos como las salpas, unos invertebrados gelatinosos cuya longitud oscila de la uña de un pulgar a los 30 metros. Las salpas pueden unirse y formar cadenas luminiscentes, y utilizan señales eléctricas para reconocer sus movimientos. «Se retuercen y forman patrones geométricos y después cambian ante tus ojos», cuenta Hayes.

Larva de carángido y medusa común.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Para viajar sanos y salvos de noche, algunos animales establecen alianzas inesperadas, como esta larva de carángido que se desplaza sobre la espalda de una medusa común. La seguridad también es una prioridad de los humanos, que están a merced de la corriente. Los buceadores echan una cuerda con luces en el mar, fijada a una boya en la superficie. Tanto los buceadores como su barco se orientan hacia la luz para no perderse.

Pez volador.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

«En una noche tranquila, la parte inferior de la superficie del mar es como un espejo», explica Hayes. En esta fotografía sacada por Doubilet, un colorido pez volador nada bajo la superficie del mar de los Sargazos, en las Bermudas. Estos peces pueden planear grandes distancias sobre la superficie extendiendo sus aletas pectorales como si fueran alas.

Mariposa marina y pez vaca juvenil.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

La noche otorga a los fotógrafos la oportunidad de inmortalizar una gran diversidad de seres vivos. A la izquierda vemos una mariposa marina (Thecosomata), un caracol nadador que puede ser tan diminuto como un grano de arena y cuyo pie se ha convertido en lóbulos similares a alas que mueve para desplazarse por el agua. A la derecha, un pez vaca juvenil se ve atraído por la luz del fotógrafo.

Calamar pelágico.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Un calamar pelágico libera una nube de tinta antes de desaparecer en las profundidades en Raja Ampat, Indonesia. Aunque es hipnótico, Doubilet dice que la fotografía nocturna en el mar puede resultar frustrante, ya que muchos de los animales son diminutos o huyen en cuanto ven a un humano. «Al cambiar el enfoque, la criatura puede girar a un lado o al otro y puede que no la fotografíes».

Pez aguja.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Algunos animales intentan camuflarse para protegerse, como este pez aguja que finge ser el palo que transporta por la noche en Anilao, Filipinas. A los buceadores nocturnos también les preocupan los depredadores, sobre todo los tiburones. Por desgracia, Doubilet dice que la pesca ha eliminado a los tiburones en la mayoría de los lugares donde bucean. «Te sientes relativamente a salvo, pero por motivos incorrectos».

Jurel juvenil y medusa.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Este jurel juvenil se ha escondido dentro de una medusa para que los depredadores no lo vean cerca de Moalboal, Filipinas. También es un medio de transporte bastante eficaz. Hayes dice que, mientras nadaba junto a él, se dio cuenta de que «el pez conduce a la medusa como si fuera una lancha motora».

Pámpano de hebra.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Un pámpano de hebra (Alectis ciliaris) nada arrastrando unos filamentos que parecen los tentáculos de una medusa. «Es el equivalente de un aprendiz de brujo marino», dice Doubilet. «Hay cosas muy raras nadando por la noche».

Especie sin identificar.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Aunque originalmente lo identificaron como radiolario —plancton unicelular con un esqueleto mineral—, es probable que lo que aparece en esta foto sea una masa de huevos depositados por una especie no identificada. Muchas criaturas nocturnas no son identificables de inmediato. Las fotografías circulan entre una comunidad activa de científicos y buzos que colaboran para descubrir este ecosistema singular.

«Para fotógrafos de todo el mundo, es una tribuna desde la que ver un desfile de las criaturas más extrañas y exóticas del mundo», dice Doubilet. «Es una colección de animales salvajes que va más allá de lo imaginable».

Argonauta.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Un argonauta macho —un tipo de pulpo pelágico— se sube de polizón a una medusa en Anilao, Filipinas. «Pocas veces te encuentras con algo que no te fascine», dice Hayes.

Anfípodo y medusa.

Fotografía de DAVID DOUBILET Y JENNIFER HAYES

Un anfípodo autoestopista se coloca sobre una medusa en el paso de Isla Verde, un estrecho importante en Filipinas. Bucear en las profundidades de estas aguas rodeados de islas y arrecifes permite vislumbrar todo tipo de seres vivos. Hayes dice que el buceo nocturno le resulta irresistible. «Lo mejor es que tenemos muchos santos griales ahí fuera», afirma. «Para nosotros, es una historia interminable».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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