Historia

Esta máscara de 9.000 años desconcierta a los arqueólogos

Este insólito descubrimiento fue recibido con emoción, pero reavivó preocupaciones latentes acerca de la autenticidad de estos misteriosos artefactos del Neolítico.lunes, 3 de diciembre de 2018

Por Kristin Romey
Esta máscara de caliza de 9.000 años fue recuperada hace poco por las autoridades antisaqueo israelíes.

Con ojos vacíos y expresiones enigmáticas, las máscaras de piedra de 9.000 años halladas en torno al sur del desierto de Judea son unos de los artefactos más apremiantes y distintivos de la región. Y a ello se suma su rareza: solo se conoce la existencia de 15 ejemplos. De forma que, cuando la Autoridad de Antigüedades Israelí (IAA, por sus siglas en inglés) anunció el hallazgo de dieciséis máscaras de piedra, atrajo la atención de los arqueólogos y del público general por igual, pero también reavivó un debate latente sobre la autenticidad de estos objetos singulares.

La máscara de piedra fue recuperada hace unos años por la unidad de prevención de robo de la organización, según un comunicado de prensa de la IAA. Una investigación subsiguiente llevó a los arqueólogos al «probable yacimiento arqueológico en el que se encontró la máscara», cerca del asentamiento de Pnei Hever, en el sur de Cisjordania. Ronit Lupu, de la unidad de prevención de robo de antigüedades de la IAA, y Omry Barzilai, director del departamento de investigación arqueológica de la IAA, presentaron los resultados de un análisis inicial de la máscara a principios de esta semana en la reunión anual de la Sociedad Prehistórica Israelí.

La máscara recién descubierta comparte muchas características con otras halladas hasta la fecha. Entre ellas se incluyen rostros de tamaño humano tallados en piedra caliza blanda con grandes aperturas para los ojos, una boca definida y agujeros perforados en torno a su circunferencia. Los agujeros hacen que algunos investigadores sugieran que las máscaras se diseñaron para atarse a un rostro u objeto.

«Es impresionante, es hermosa», afirma Lupu, que participó en la recuperación de la máscara y la identificación del yacimiento asociado a su descubrimiento. «La ves y quieres llorar de felicidad».

Además de su encanto estético, las máscaras de piedra del Neolítico tienen importancia científica, creadas en un momento de la historia en el que los pueblos de la región empezaron a organizarse en comunidades asentadas, según Barzilai, que ha analizado el hallazgo.

Los agujeros perforados en la circunferencia de la máscara hacen que algunos investigadores sugieran que se diseñó para atarse a un rostro o un objeto.

«La transición de una economía basada en la caza y la recolección a otra basada en la agricultura y la domesticación de plantas y animales vino acompañada de un cambio de la estructura social y un notable aumento de las actividades rituales religiosas», señaló Barzilai en el comunicado de prensa.

Alan Simmons, profesor emérito de antropología en la Universidad de Nevada, Las Vegas, especializado en este periodo, está de acuerdo. «Cuando hay poblaciones más grandes y más gente que vive en un lugar, necesitas algún tipo de control social. Por eso se observan comportamientos rituales más formalizados». Entre otros indicadores de comportamiento ritual de este periodo se incluyen estatuillas humanas y cráneos enyesados.

«¿Material de fiesta elaborado?»

¿Qué propósito exacto tenían estas máscaras en la sociedad de hace 9.000 años? Sigue siendo un misterio. Hay quien sugiere que podrían estar vinculadas a una forma de culto a los ancestros.

«¿Servían para un ritual funerario o algún otro tipo de ritual, o eral solo material de fiesta elaborado? ¿Quién sabe?», afirma Simmons.

Gran parte del misterio tiene que ver con el hecho de que la mayoría de las máscaras del Neolítico conocidas proceden de colecciones privadas y tienen orígenes confusos, sin procedencia arqueológica clara. Hasta ahora, según el comunicado de la IAA, solo dos de las máscaras tenían un contexto arqueológico claro: una máscara hallada en una cueva en Nahal Hemar y una máscara adquirida por el general israelí Moshe Dayan.

Otro fenómeno que aparece en el Neolítico es el enyesado de cráneos humanos. En esta foto de 1953, la arqueóloga Kathleen Kenyon (derecha) examina cráneos de yeso neolíticos excavados en Tell es-Sultan, cerca de Jericó.

En este último caso, el descubridor de la máscara, cuyo nombre no se mencionará, condujo a Lupu hasta el lugar del hallazgo. Ante versiones contradictorias, no está claro si el artefacto se entregó de forma voluntaria a la unidad de prevención de robos o esta lo localizó. Un estudio superficial del yacimiento reveló herramientas de pedernal datadas de entre el 7.500 y el 6.000 a.C., según Lupu. Un análisis preliminar de isótopos y minerales demuestra que la máscara procede de esta zona.

Basándose en los orígenes confusos de la mayoría de las máscaras, Lupu entiende que se cuestione su autenticidad. Pero está segura de que la nueva máscara procede del lugar del hallazgo.

«Estoy segura de que este es el contexto de este descubrimiento», afirma. «Creo que cuando publiquemos [el análisis final de la máscara], será un caso cerrado».

La ubicación no basta

Algunos arqueólogos sostienen que no basta con solo saber la ubicación del descubrimiento. «Aunque pudiéramos encontrar el lugar del que procede [la máscara], eso no nos dice nada sobre cómo la usaban», afirma Yorke Rowan, profesor de arqueología en la Universidad de Chicago. «¿La habríamos encontrado en una tumba? ¿En un contexto ritual, como algún tipo de santuario? Son el tipo de preguntas que solo pueden responderse con el contexto arqueológico».

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Según Morag Kersel, profesor de antropología en la Universidad DePaul que prepara un estudio sobre la autenticidad de las máscaras, el hecho de que solo una de las 16 máscaras de piedra se excavaran científicamente también aumenta el riesgo de que otros ejemplos sean falsificaciones.

Los defensores de la autenticidad de las máscaras señalan un análisis de 2014 de la pátina superficial de una docena de las máscaras de piedra —entre ellas diez de colecciones privadas cuya procedencia se desconoce— que indican que todas habían sido descubiertas dentro de un radio geográfico pequeño en torno a las colinas y el desierto de Judea. La última máscara también se halló en la misma zona.

Sin embargo, Kersel recomienda cautela y señala que una pátina «auténtica» puede replicarse en artefactos falsificados. «Nunca sabremos si una máscara es falsa o de dónde procede a no ser que se excave científicamente», afirma.

Simmons también admite que la sombra que se cierne sobre el origen de otras máscaras ha influido en su reacción inicial al nuevo descubrimiento. «Es un hallazgo interesantísimo, pero me gustaría tener más pruebas», afirma. «Mi primera pregunta [cuando me enteré del hallazgo] fue si era real».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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