¿Cuánto trabajo se invierte en una lámina de pan de oro? 20.000 martillazos

El pan de oro, utilizado en rituales budistas y para decorar las pagodas, es unas 30 veces más fino que un pelo humano.

Publicado 15 feb. 2021 13:03 CET, Actualizado 15 feb. 2021 16:34 CET
Pan de oro

En el taller de pan de oro de King Galon, en Mandalay, Birmania, los granos de oro apilados entre láminas de fibra de bambú se martillean laboriosamente para formar láminas de pan de oro. Se utilizan en estatuas de Buda en templos de todo el país.

Fotografía de PAUL SALOPEK
Out of Eden Walkdel escritor y socio de National Geographic Paul Salopek, es una odisea narrativa de una década por todo el mundo. Sigue los pasos de la primera migración humana desde África hasta la punta de Sudamérica. Este es su último mensaje desde Birmania.

«Mira», dice Htet Htet. «¿Ves lo fina que es?».

Htet, una empresaria de 24 años, se encuentra en su taller de Mandalay, observando de cerca una lámina de oro del tamaño de un sello. Está extendida en un cuadrado de papel de bambú sobre la palma de su mano. La lámina resplandeciente se ondula cuando se mueve.

¿Cómo de fina es?

La piel humana tiene un grosor aproximado de 1,7 milímetros. El grosor medio de una hoja de papel es de 0,01 milímetros. En cambio, el pan de oro hecho a mano que Htet fabrica en su taller mide solo 0,0025 milímetros de ancho. Unos tres micrómetros, o 30 veces más delgado que un pelo humano. Es como una telaraña dorada. O como un rayo de sol materializado.

«Tenemos que dar unos 20 000 martillazos para que sea así de fino», dice Htet. «Son más de cinco horas martilleando».

La fabricación de pan de oro en Birmania es una industria secular con lazos estrechos con los rituales budistas. Pegar pan de oro a las estatuas de las pagodas es una forma de honrar las enseñanzas de Buda. Dorar esas figuras es, según los practicantes del budismo, «un acto de bondad» y el camino para «transferir buenos méritos». En el budismo, el oro representa el sol: una llama de pureza, sabiduría, iluminación.

La fabricación de estas láminas brillantes en el pequeño estudio de Htet, el taller King Galon Gold Leaf Workshop, es extrañamente hermosa y laboriosa.

Hileras de jóvenes descamisados golpean bolsas de piel de ciervo que contienen granos de oro apilados entre capas de papel de bambú con martillos de tres kilos. Primero martillean la bolsa en un patrón circular para aplanar el oro en un disco con forma de moneda. A continuación, aplastan la parte central para lograr la delgadez máxima. El oro se calienta debido a los miles de martillazos. El tiempo se calcula con una clepsidra, un reloj antiguo que consta de una cáscara de coco con un agujero que flota en un cubo de agua. Cuando se hunde cada hora, los hombres descansan 15 minutos.

 

Entre el toc toc toc constante de los martillos, el coco se llena a una lentitud dolorosa. No es una profesión para espaldas débiles.

«Cuando empiezas, duele mucho», afirma Min Min, trabajador veterano de 33 años. «El trabajo exige mucha comida: huevos, carne, de todo. Además, no puedes escuchar el ritmo del hombre que está a tu lado. Te distraería. Y te harías daño».

Un lingote diminuto del tamaño de una uña produce 200 láminas de pan de oro de casi 6,5 centímetros cuadrados. En una sala sin ventilación protegida del viento —ya que, de lo contrario, el pan de oro saldría volando—, las mujeres cortan las láminas utilizando cuchillos de cuerno de búfalo.

«El pan de oro también puede comerse. Es bueno para el corazón», dice Htet, la directora del taller. «Las mujeres también se lo ponen en la cara como cosmético».

Los turistas solían comprar el pan de oro de Htet como recuerdo. Pero los extranjeros han desaparecido de Mandalay debido al coronavirus. Durante la pandemia global, todos sus clientes han sido los tradicionales: peregrinos budistas.

Al observar a los hombres fibrosos y sudorosos martilleando en el taller, uno no puede evitar preguntarse cuánto tiempo llevamos haciendo esto.

El Vaticano está plagado de oro. La mezquita de Al-Aqsa, donde Mahoma subió a los cielos, está decorada con oro. Casi todos los templos hindúes de la India tienen su propia reserva de oro. (Según una estimación, hay más de 4000 toneladas de oro en los templos de la India, más que en las cámaras acorazadas de Fort Knox.) Desde el principio, hemos ofrecido oro para ensalzar a nuestros dioses y sabios, sí, pero también como una especie de garantía metafísica: un pago para un más allá agradable.

Parte del pan de oro fabricado en el taller de King Galon acaba en la estatua de Buda de seis toneladas y 3,6 metros de alto en el templo de Mahamuni, la mayor pagoda de Mandalay.

Fotografía de GODONG, ALAMY

Parte del pan de oro fabricado en el taller de King Galon acaba en la estatua de Buda de seis toneladas y 3,6 metros de alto consagrada en el templo de Mahamuni, la mayor pagoda de Mandalay.

La imagen, enorme, plácida y resplandeciente, está cubierta con una capa desigual de pan de oro que en algunos lugares tiene un grosor de 15 centímetros. Los peregrinos, ricos y pobres, van y vienen del santuario. A menudo, los fragmentos del producto de Htet brillan en sus manos.

Es muy difícil quitarse el pan de oro de la piel.

Este artículo se publicó originalmente en la página web de la National Geographic Society, dedicado al proyecto Out of Eden Walk. Ha sido traducido del inglés. Puedes explorar la página web aquí.

Paul Salopek ha sido galardonado con dos premios Pulitzer por su trabajo periodístico siendo corresponsal en el extranjero para el Chicago Tribune. Puedes seguirlo en Twitter @paulsalopek.

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