¿Por qué trabajamos cinco días a la semana?

El Congreso de Estados Unidos está debatiendo la reducción de la semana laboral oficial a cuatro días. Te contamos cómo la jornada laboral de ocho horas diarias (cinco días a la semana) se convirtió en la norma.

Por Erin Blakemore
Publicado 27 mar 2023, 13:17 CEST
Cadena de ensamblaje de coches de la empresa Ford en 1927.

Trabajadores de la cadena de ensamblaje de carrocerías de coches en la fábrica de Ford Motor en Detroit (Estados Unidos), hacía 1927. El industrial Henry Ford fue un firme defensor de la implantación de la semana laboral de cinco días en Estados Unidos, algo que desde entonces se ha convertido en norma en los países occidentales.

Fotografía de Popperfoto, Getty Images

Valencia se dispone a probar, durante un mes, un modelo laboral con tres días de descanso y cuatro de trabajo; inspirado por un ensayo británico, el País Vasco también ha mostrado interés por poner a prueba un modelo laboral que, en España, es practicado por al menos 13 empresas. Pero, ¿es la semana laboral de cuatro días un escenario realista y posible? La cuestión ha sido un tema candente durante años y ahora, en Estados Unido, los legisladores han vuelto a presentar recientemente una posible ley que reduciría la semana laboral estadounidense de un máximo de 40 a sólo 32 horas.

¿De dónde viene la obligación de trabajar 40 horas a la semana? ¿Cómo surgió la idea de descansar sábados y domingos? A continuación te explicamos cómo estos conceptos se convirtieron en normas laborales.

(Relacionado: Cómo desconectar del trabajo cuando estás de vacaciones)

Por qué trabajamos cinco días a la semana

Comparada con Estados Unidos, España ha sido un alumno aventajado en lo que se refiere a legislación laboral: ya en 1919, fue el primer país europeo en promulgar la reivindicación de la semana laboral de 40 horas (que logró en el Real decreto de 3 de abril de 1919). En Estados Unidos, el panorama fue un poco más sombrío. Y lento.

Durante siglos, los empresarios estadounidenses esperaban que sus trabajadores emplearan un alto número de horas de trabajo cada semana. Sábados y domingos incluidos. Pero a principios del siglo XIX muchos empezaron a hacer una excepción: el domingo. Esto se debió en gran parte a la presión ejercida por los sabatarios, cristianos que presionaron con éxito para que se promulgaran leyes que obligaran primero a las oficinas de correos y luego a otros negocios a cerrar en sábado. Argumentaban que el Sexto Mandamiento obligaba a los cristianos a abstenerse de viajar, trabajar o incluso divertirse en este día sagrado.

Pero los trabajadores judíos observaban su Sabbath el sábado, no el domingo, y esto creaba conflictos en los lugares de trabajo. A principios del siglo XX, algunas fábricas empezaron a cerrar tanto el sábado como el domingo para adaptarse a las creencias religiosas de sus trabajadores.

El 31 de julio de 1952, los trabajadores de los servicios de saneamiento de Nueva York recorren las calles en camiones que rodean el Ayuntamiento para protestar por sus condiciones de trabajo. La manifestación era un esfuerzo para obtener una semana laboral de cinco días y 40 horas en lugar de la semana de seis días y 48 horas que trabajaban en ese momento.

Fotografía de Bettmann, Getty Images

Pero tuvo que llegar Henry Ford para llevar a cabo el primer ensayo generalizado del concepto. En 1922, el industrial comunicó a sus empleados que iba a instaurar una semana laboral de 40 horas y cinco días y que sus fábricas de automóviles cerrarían sábados y domingos. La semana más corta no iría acompañada de la misma paga, sino que Ford fijó un salario diario que constituía un recorte salarial para los trabajadores acostumbrados a trabajar semanas más largas.

El plan provocó una controversia nacional sobre los fines de semana y mucha oposición por parte de empresarios y periódicos como el New York Herald, que en 1922 se mofaba de que "El plan Ford es una noticia alegre para todos aquellos a los que les gusta pensar en reducir el trabajo al mínimo irresistible". Pero el experimento de Ford fue un éxito: se jactaba de que sus fábricas seguían siendo igual de productivas, mientras que la reducción de horas permitía a los trabajadores gastar más en sus comunidades el dinero que tanto les había costado ganar. Incluso afirmó que el cambio llenaba los bancos de las iglesias. Pronto, otras grandes empresas siguieron su ejemplo, empujadas por el movimiento obrero, y en la década de 1930 la semana laboral de cinco días era la norma.

Por qué trabajamos 8 horas diarias

En los albores de la Revolución Industrial, a finales del siglo XVIII, se preveían largas jornadas laborales en los países europeos cuyas economías estaban siendo transformadas por las fábricas y el progreso tecnológico. El resultado fue más trabajo y más explotación laboral.

"Se podía ver a los niños de las fábricas, levantándose por la mañana mucho antes que el sol o el amanecer, algunos sin zapatos ni medias, arrastrando sus cansados cuerpos bajo la lluvia y la nieve por las calles de la Manchester cristiana", escribió Samuel H.G. Kidd en una historia del movimiento obrero británico de 1857.

Pero en la década de 1830 los trabajadores empezaron a exigir una legislación que limitara las horas de trabajo. Los "Short Time Committees" celebraron audiencias por toda Inglaterra, abogando por una jornada laboral de 10 horas, y finalmente se impusieron en 1847 con la Ley de Fábricas.

Estas victorias también inspiraron a los trabajadores estadounidenses. Muchos empresarios estadounidenses empezaron a pasar de jornadas laborales de 12 e incluso 14 horas a jornadas de 10 horas como los británicos.

La secretaria de Trabajo de Estados Unidos, Frances Perkins, declara ante la Comisión de Asuntos Navales de la Cámara de Representantes el 24 de marzo de 1942. Perkins, la primera mujer nombrada para un puesto en el gabinete, desempeñó un papel decisivo en la aprobación de la Ley de Normas Laborales Justas, que allanó el camino hacia la semana laboral de 40 horas.

Fotografía de Bettmann, Getty Images

Sin embargo, la Guerra de Secesión supuso el primer impulso masivo a favor de la jornada de ocho horas. A medida que los soldados regresaban de la guerra y los afroamericanos recién liberados buscaban trabajo, los defensores del trabajo temían que estos nuevos trabajadores redujeran los salarios y fueran explotados por empleadores que exigían largas jornadas y ofrecían salarios bajos. Así que los trabajadores formaron "Ligas de las Ocho Horas" y empezaron a presionar para conseguir "Ocho horas para el trabajo, ocho horas para el descanso y ocho horas para lo que queramos".

Una jornada de ocho horas daría empleo a más gente, argumentaban los defensores, y haría que las fábricas fueran más eficientes. Pero a muchos empresarios les preocupaba que un mayor ocio provocara pereza y el hundimiento moral de los trabajadores. "Los días ociosos engendran maldad", argumentaba el magnate inmobiliario James Carey Martien. "Los días son demasiado cortos para que los hombres de provecho del mundo realicen las tareas que se proponen".

A pesar de estos argumentos, los sindicatos organizaron paros, huelgas y otras manifestaciones a favor de la jornada de ocho horas. Sin embargo, aunque se promulgaron algunas leyes, la mayoría se limitaban a determinadas profesiones, como los ferroviarios, y contenían muchas lagunas y excepciones.

Hubo que esperar a la Primera Guerra Mundial, cuando aumentó la demanda de empleados, para que la jornada laboral se redujera a ocho horas para la mayoría de los trabajadores. Pero la duración de la semana laboral tardaría más en regularse a nivel federal.

En la década de 1930, las jornadas de ocho horas y las semanas de cinco días estaban ampliamente aceptadas, aunque distaban mucho de ser universales.

En 1938, los legisladores aprobaron la Ley de Normas Laborales Justas, una ley laboral histórica que estableció el primer salario mínimo y prohibió el trabajo infantil en Estados Unidos. Aunque la ley no fijaba un número específico de horas que un empleado podía trabajar al día o días a la semana, obligaba a los empresarios a pagar horas extraordinarias a los empleados por hora que trabajaban más de 44 horas semanales.

"Una democracia autosuficiente y que se respete a sí misma no puede alegar ninguna justificación para la existencia del trabajo infantil, ninguna razón económica para recortar los salarios de los trabajadores o estirar sus horas de trabajo", dijo el Presidente Franklin Delano Roosevelt en un discurso de apoyo a la ley en 1937.

Pero la semana laboral de 40 horas fue siempre la intención de la ley. Tal como estaba redactada, concedía a los empresarios dos años para adaptarse al pago de horas extraordinarias. Luego, en 1940, se programó la reducción del máximo obligatorio a 40 horas semanales, donde ha permanecido desde entonces.

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Por qué Estados Unidos es un "país sin vacaciones

En las décadas transcurridas desde entonces, la legislación laboral estadounidense se ha ampliado, abarcando desde la seguridad en el lugar de trabajo hasta la discriminación y la afiliación sindical. Pero los estadounidenses siguen careciendo de una reforma conseguida con éxito por los activistas laborales de otros países: las vacaciones pagadas.

Estados Unidos sigue siendo lo que los analistas del Center for Economic and Policy Research denominan una "nación sin vacaciones": la única economía avanzada sin días de vacaciones garantizados para sus trabajadores. En cambio, países como España, Francia y Australia garantizan hasta 30 días de vacaciones y tienen múltiples días festivos pagados. Estados Unidos ofrece 11 días festivos pagados a los empleados federales, menos de la mitad de los que disfrutan los camboyanos, por ejemplo, que celebran la friolera de 29 días festivos.

Las vacaciones pagadas o garantizadas que reciben los empleados estadounidenses dependen de los empleadores, no del Gobierno federal. Y el hecho de que un empleador pague las vacaciones no significa que los empleados estadounidenses las aprovechen: en una encuesta de 2017, el 54% de los encuestados estadounidenses dijo que no habían utilizado todas sus vacaciones. Pero si los legisladores se salen con la suya, los estadounidenses pronto podrían tener fines de semana más largos para compensarlo.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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