Medio Ambiente

El tráfico ilegal de pieles de asno: un mercado en auge en China que provoca prácticas crueles

Las pieles de asno se han convertido en una mercancía muy buscada en el mercado negro debido a su uso en la medicina tradicional china.jueves, 9 de noviembre de 2017

Por Kimon de Greef
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Para la inspectora de la Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales (SPCA) de Sudáfrica, Reinet Meyer, con una trayectoria de 27 años en rescate de animales, este ha sido el peor caso de tráfico con el que se ha encontrado jamás.

Setenta asnos acorralados en una pequeña granja a las afueras de Bloemfontein, una ciudad en el árido interior de Sudáfrica, olfateaban entre montones de basura en busca de comida o se encontraban tendidos sobre el suelo, incapaces de mantenerse en pie. Según un peón que vigilaba la propiedad, habían pasado una semana sin sustento. Según el hombre, a su jefe solo le importaban sus pieles y ni siquiera les había dado agua. Ya habían muerto diez animales.

Detrás de las instalaciones y extendidas bajo un techo bajo de metal, las pieles de asno se secaban al sol. Dos asnos habían sido despellejados esa misma mañana.

Las pieles de asno son el ingrediente básico del remedio tradicional chino conocido como ejiao, utilizado para tratar una serie de enfermedades de la sangre y cuyo uso como producto de belleza y salud está incrementando. En la última década, el valor de las pieles ha aumentado —alcanzando los 335 euros por unidad— a medida que la población de asnos de China disminuía. El resultado es un comercio sin precedentes a nivel mundial, gran parte del cual es ilegal.

Meyer no tenía ni idea del sector de pieles de asno cuando examinó a esa manada en junio de 2016. Los miembros del Highveld Horse Care Unit, un grupo que lucha por el bienestar equino, la habían avisado de lo que ocurría en la granja.

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Seis países africanos ya han cerrado mataderos en un intento por frenar el tráfico de pieles al extranjero. Sin embargo, otros locales, como el que vemos en esta imagen, siguen operando a gran escala.

Los asnos «habían empezado a comer cartón y a emitir rebuznos de desesperación», afirma Meyer. «Muchos de ellos tenían las pezuñas deformes y estaban infectados de herpes. Varias madres habían sufrido abortos debido al estrés. Encontramos al menos 19 fetos, pero fue difícil contarlos. Eran pequeños y estaban empezando a descomponerse».

Los animales fueron sacrificados al día siguiente, después de que un veterinario determinase que se encontraban demasiado débiles como para salvarlos. Para entonces, este caso de crueldad animal se había transformado en una investigación sobre el tráfico de animales provocada por el descubrimiento de quemadores de gas y ollas gigantes en un sucísimo edificio. Este equipo, que Meyer pensó en un primer momento que serviría para cocinar carne de asno, se estaba utilizando para procesar abulón. Toneladas de este molusco marino se transportan de contrabando desde Sudáfrica a China cada año.

«No habíamos pensado en la existencia furtivismo de abulón en Bloemfontein», afirma. «Eso suele ocurrir en la costa».

Pero las cadenas de suministro ilegales atraviesan fronteras e implican diversos productos que circulan por las vías del mercado negro. A medida que la demanda de pieles de asno aumenta en China, los traficantes de animales han empezado a entrar en el mercado.

Los productores de ejiao chinos, que se concentran en la provincia oriental de Shandong, consumen más de cuatro millones de pieles de asnos al año, extrayendo la gelatina siguiendo recetas que se remontan a 2.500 años atrás. La imagen del ejiao, considerado tradicionalmente como tónico para tratar males como la anemia, se renovó durante la década de 1990, cuando empezó a comerciarse como bien de consumo, lo que hizo que aumentasen tanto los precios como las ventas. Entre los productos derivados del ejiao se incluyen cremas faciales, licores y caramelos.

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Los trabajadores amontonan pieles de asno tratadas en un matadero con licencia en Kenia. En los últimos años, África ha empezado a enviar cada vez más pieles a China.

Durante ese mismo periodo de tiempo, la población de asnos en China se desplomó de 11 millones de ejemplares a menos de 6 millones. Debido a la escasez, los fabricantes de ejiao empezaron a depender cada vez más de la importación de pieles.

La mayor parte de las importaciones proceden de países en vías de desarrollo donde los asnos han sido históricamente baratos, lo que ha transformado a los animales en un codiciado bien agrícola. En Níger, el precio medio de un asno aumentó de 28 euros a 121 euros entre 2012 y 2016. En Kenia, los precios se han duplicado desde febrero de 2017.

Esta inflación repentina ha dejado fuera a los agricultores que dependen de los asnos como animal de carga y, en algunos lugares, como alimento. Al mismo tiempo, el volumen de pieles vendidas —80.000 en solo nueve meses en Níger el año pasado, por ejemplo— ha suscitado el temor de que se extingan los asnos a nivel local.

Para evitarlo, desde 2016, seis países africanos han prohibido la exportación de pieles de asno y otros seis han clausurado mataderos de asnos. Sin embargo, estas medidas son un fracaso a la hora de contener el flujo de pieles y, en su lugar, han hecho que una gran parte del comercio se realice de forma clandestina.

«Todos estos países que se han posicionado todavía se enfrentan a exportaciones masivas ilegales o no reguladas», afirma Alex Mayers, de Donkey Sactuary, un grupo de bienestar animal con sede en Reino Unido que informó sobre este tráfico a principios de año. «El abastecimiento está teniendo lugar de varias formas muy imaginativas».

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Un nuevo objetivo para los traficantes

Aunque están destinados a mercados diferentes, los cargamentos de pieles de asno presentan problemas logísticos similares a otros bienes de contrabando, lo que sitúa su tratamiento y su transporte a Asia en los círculos de los traficantes de vida silvestre y de otros grupos acostumbrados a saltarse las leyes.

Los trabajadores preparan las pieles en un matadero con licencia en Kenia. El cierre de mataderos en otros países y la demanda creciente de pieles está estimulando el comercio clandestino.

 «Hemos estado vigilando de cerca el factor de delitos de vida silvestre», afirma Mayers. «Circulan muchos rumores, pero probar la conexión ha sido una tarea difícil».

Los casos como el de Bloemfontein ayudan a unir los puntos. El abulón seco, una delicatesen que en China puede llegar a venderse a 46 euros el kilo, se encuentra en el centro de una economía delictiva que genera millones cada año en Sudáfrica, con vínculos documentados al blanqueo de dinero y al tráfico de drogas.

La policía confiscó menos de dos docenas de abulones secos en la propiedad de Bloemfontein, una incautación pequeña teniendo en cuenta que las exportaciones ilegales desde este país son de más de 2.000 toneladas anuales, que equivalen a unos 500.000 moluscos. Sin embargo, el hallazgo ha añadido credibilidad a las sospechas de que las pieles de asno han ido introduciéndose en el mercado negro.

En mayo de 2017 obtuvieron confirmación adicional cuando se incautaron más de 800 pieles de asno en una granja a las afueras de Johannesburgo. También hallaron siete pieles de tigre, consideradas como un símbolo de estatus en China, escondidas entre fardos de pieles de asno. «Las pieles estaban todavía ensangrentadas, como si las hubieran procesado solo unos días antes», explicó Grace de Lange, inspectora de la SPCA. Sudáfrica no tiene tigres en estado salvaje, pero hay centenares de ellos en cautividad y el comercio de sus partes apenas está regulado. 

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Las pieles se secan al sol mientras un asno se protege a la sombra de un árbol en un matadero autorizado en Kenia. Por otra parte, en Sudáfrica, la mayor parte del comercio de piel de asno es clandestino, ya que los traficantes compran las pieles y las transportan de contrabando.

En la actualidad, es legal exportar hasta 7.300 pieles de asno al año desde Sudáfrica. Las regulaciones de seguridad alimentaria en lo que respecta a la carne obligan a que los asnos sean sacrificados en mataderos equinos aprobados y en la actualidad solo existe un matadero operativo, con licencia para procesar hasta 20 asnos al día. Recientemente, las autoridades han clausurado otros mataderos por no cumplir con las regulaciones.

Sin embargo, una sola empresa de exportación, Anatic Trading, investigada este año por la policía de Johannesburgo, ha exportado más de 15.000 pieles de asno en un periodo de ocho meses entre julio de 2016 y mayo de 2017, superando el límite anual legal de todo el país, que entonces era de 5.000 pieles.

«Además de los problemas de crueldad animal, nos preocupa que estas pieles se empleen para esconder otros bienes», afirma Ockie Fourie, capitán de la unidad antirrobo de la policía sudafricana.

Esto ya se ha documentado en otros países: recientemente, la policía ha detenido a un grupo de traficantes que usaban las pieles de asno para pasar cocaína de contrabando a Bolivia y Colombia. Por su parte, se cree que los talibanes utilizan pieles de asno para ocultar minas terrestres en Afganistán.

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Las pieles se empaquetan para su exportación en un matadero con licencia. Serán hervidas para producir una gelatina que es un ingrediente esencial del ejiao, una medicina tradicional china que trata enfermedades de la sangre.

Los lucrativos beneficios en la industria del ejiao, además de la utilidad de las pieles para ocultar cargamentos ilegales, parecen estar atrayendo la atención de los traficantes de animales en África, especialmente a medida que los gobiernos intentan poner freno al comercio legal de asnos.

Según un exportador en Kenia, entrevistado a través de WhatsApp bajo condiciones de anonimato, los compradores chinos pagan hasta 40 euros por piel. Eso equivale a más de 109.000 euros por un contenedor estándar de 12 metros de largo lleno de pieles, si se excluyen los costes de envío.

«Los socios chinos que me introdujeron en el comercio de pieles de asno en 2015 me contaron que las vendían como churros», afirma el exportador, un hombre congoleño que vivió en China durante seis años. «El negocio va muy bien».

Donkey Sanctuary ha identificado empresas de Nigeria, Chad, y Camerún que anuncian las pieles de asno junto con pangolines en peligro de extinción, cuya compraventa está prohibida por CITES a nivel internacional.

«Para transportar cualquier producto ilegal, se necesitan redes sociales y comerciales fuertes», afirma Annette Hübschle, investigadora en el Institute for Safety Governance and Criminology de la Universidad de Ciudad del Cabo. «Es fundamental que los contrabandistas establezcan relaciones de confianza con la gente a lo largo de la cadena de suministro o que disfracen el estatus ilegal de sus productos».

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En la década de 1990, el ejiao se vendía como un producto de consumo y de belleza, haciendo que las ventas —y la demanda de pieles de asno— se disparasen.

Hübschle añade que «debido a nuestra dependencia de los informes de delincuencia y a la falta de datos de incautaciones, es difícil evaluar el nivel real de convergencia entre los diferentes tráficos de vida silvestre. Frecuentemente, las interfaces fluidas con mercados legales son igual de importantes». Con esto quiere decir que los traficantes suelen transportar productos ilegales usando empresas tapadera y otros canales legales.

Varias empresas de pieles de asno en África han sido ya vinculadas al robo de asnos y a las matanzas ilegales. Una empresa con sede en Zimbabue fue acusada recientemente por comprar miles de pieles en Botsuana y enviarlas a China a través de Mozambique. Una reciente investigación reveló que los mataderos de Kenia estaban abasteciendo a varios países vecinos con asnos en un contrabando transfronterizo «abundante».

Los traficantes estarán atentos a estos informes, que señalan oportunidades sin explotar en el sector del ejiao. «Un comprador de abulones que conozco empezó a comprar pieles de asno el año pasado», afirma un antiguo miembro de la mafia china de Sudáfrica, un grupo clandestino que controla el tráfico ilegal de abulón. «Ha participado en todo antes, desde la prostitución a la venta de pieles de leopardo y patas de león. Pero las pieles de asno son básicamente legales. En realidad es dinero fácil».

Esta historia contó con el apoyo de una subvención del Africa-China Reporting Project, dirigido por el departamento de periodismo de la Universidad de Witwatersrand.

Kimon de Greef es un periodista freelance de Ciudad del Cabo. Realiza reportajes sobre tráfico ilegal y actualmente está escribiendo un libro sobre la caza furtiva de abulón en Sudáfrica. Puedes seguirle en Twitter.

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