El cambio climático calienta la región del Himalaya y amenaza a millones de personas

Más de 200 científicos han colaborado en un informe que augura un futuro cálido en las altas montañas de Asia.martes, 5 de febrero de 2019

Los picos y valles del macizo montañoso de Hindú Kush, en el Himalaya, son algunas de las regiones más inaccesibles y remotas del mundo actual. Pero hasta los valles aislados han sufrido las consecuencias del cambio climático, según sostienen los autores de un nuevo informe integral sobre esta vasta región. Según los autores, los cambios ya han complicado la vida de 240 millones de personas que viven en los picos y valles y es probable que, en el futuro, los efectos se acumulen.

En toda la región de alta montaña, que abarca hasta Afganistán por el oeste y hasta Birmania por el este, las temperaturas del aire han aumentado casi 1,1 grados Celsius desde el comienzo del siglo XX y las temperaturas frías se han calentado más rápido que en el resto del mundo. En consecuencia, los glaciares se retiran, el permafrost se derrite y los patrones hídricos son cada vez más erráticos, alterando fuentes de agua que hasta ahora eran seguras para millones de personas e instigando más desastres naturales.

«Las montañas importan y es hora de que empecemos a prestarles atención», afirma Phillipus Wester, científico jefe del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD) en Katmandú y uno de los autores principales del informe, elaborado por más de 200 científicos y analistas.

El estudio advierte de que, sin una atención global inmediata para frenar el futuro calentamiento y el esfuerzo de los países de la propia cordillera para adaptarse, el cambio climático futuro podría introducir dificultades en la región de las que sería difícil, si no imposible, recuperarse.

Picos cálidos y nieves cambiantes

El Hindú Kush del Himalaya comprende cientos de las montañas más emblemáticas del mundo, alberga más de 77.700 kilómetros cuadrados de hielo glacial —más que ningún otro lugar del mundo además de los polos— y alberga 240 millones de habitantes en sus picos y valles. Las cordilleras también albergan las cabeceras de ríos como el Indo, el Ganges y el Brahmaputra, que aportan agua a miles de millones de personas en las tierras río abajo.

Las altas montañas ya están experimentando las consecuencias del cambio climático más intensamente que otras partes del mundo, aunque no se sabe exactamente por qué.

«Aunque el calentamiento global se limitara a 1,5° [Celsius, o 2,7° Fahrenheit] para finales de siglo —y, de ocurrir, sería un milagro—, es probable que las altas montañas se calienten más», afirma Arun Shrestha, uno de los autores principales del capítulo sobre cambio climático del informe y científico climático en el ICIMOD. Sostiene que esa cifra se disparará a 1,6° Celsius a mediados de siglo, «un calentamiento bastante significativo».

Algunas partes de la región —la meseta tibetana y gran parte del límite noroeste de la cordillera montañosa, incluida la del Karakórum— son aún más sensibles: según el objetivo de calentamiento de 1,5° C que sugirió el IPCC el pasado otoño, dichos picos prístinos podrían experimentar un calentamiento superior a 2° C.

Y sin un esfuerzo mundial coordinado para frenar las emisiones de gases de efecto invernadero, esa cifra podría aumentar más. Si seguimos en la trayectoria de emisiones actual, los autores afirman que las altas montañas experimentarán temperaturas más de 3° C superiores para finales de siglo. Y si las emisiones aumentan más, esa cifra podría sobrepasar los 5,5° C.

En el caso de los agricultores que cultivan manzanas o cereales en las escarpadas ladearas montañosas, significará que tendrán que colocar sus vergeles a más altitud en busca de las noches frescas y las estaciones necesarias para dichos cultivos. Para otros, los patrones cambiantes de nieve y lluvia secarán arroyos y manantiales que antes eran una fuente segura de agua o amenazarán con inundaciones desastrosas.

Los patrones de nieve y lluvia también han cambiado con el calentamiento del clima. La mayor parte de la nieve en alta montaña a lo largo de la franja oriental de la región cae en verano, cuando el intenso monzón se asoma en lo alto de las montañas. Pero en las últimas décadas, dicho monzón se ha debilitado, privando a las montañas de la nieve que alimenta los glaciares y que aporta un agua fundamental para muchos agricultores cuando se derrite lentamente durante la primavera, justo cuando necesitan agua para plantar sus cultivos. Se prevé que este monzón se debilitará en el futuro, lo que alterará aún más el suministro hídrico esencial para los agricultores que dependen de él.

«Debemos esperar que, con el cambio climático, aumentará la variabilidad de los fenómenos meteorológicos», afirma Nina Bergan Holmelin, investigadora del Centro noruego de Investigación Internacional del Clima que estudia los agricultores y las comunidades de la región. «La coordinación es importantísima. Es mucho más difícil enfrentarse a sequías, inundaciones y lluvias intensas y, después, a nada durante mucho tiempo».

El derretimiento de los glaciares

Por otra parte, muchos glaciares de la región —sobre todo en la meseta tibetana y en los tramos orientales de la cordillera, como la cordillera central del Himalaya y la región de Khumbu, que albergan algunas de las montañas más famosas del mundo— se han retirado entre un 20 y un 47 por ciento desde el año 2000, según los estudios recopilados en el informe. «Si la situación no cambia, el 50 por ciento del volumen desaparecerá para finales de siglo», afirma Joseph Shea, uno de los autores principales del capítulo del informe sobre los cambios en el hielo de la región y glaciólogo en la Universidad del Norte de la Columbia Británica en Canadá.

Galería: El calentamiento global en acción

El derretimiento de los glaciares y la nieve alimenta los ríos y mantiene su caudal. Para el Indo, que obtiene el 40 por ciento del agua del derretimiento glacial, esto supondrá que, a corto plazo, habrá más agua bajando desde lo alto de la montaña.

Según Michele Koppes, científica climática de la Universidad de la Columbia Británica en Vancouver y que no participó en el informe, afirma que es probable que, a medida que los glaciares empequeñecen, dicho suministro de agua a ríos como el Indo menguará. «Los glaciares y los ventisqueros son como grandes bancos donde se almacena agua», afirma. Dicha agua puede liberarse poco a poco durante estaciones, décadas o siglos a medida que se derriten los glaciares y los ventisqueros. Pero el cambio climático hace que ese deshielo se produzca más rápido, de forma que «recurre a sus tanques de almacenamiento», dice, y deja vulnerables a las comunidades y sistemas ecológicos que dependen de esa agua.

Los cambios en los glaciares también tienen otro efecto, según Sudeep Thakuri, glaciólogo de la Universidad de Tribhuvan en Katmandú que no participó en el informe: más deshielo implica más acumulación de agua en lagos sobre los glaciares o en el frente glaciar. Desde 1977, sus colegas y él han determinado que la cantidad de lagos glaciales en el Himalaya nepalí se ha duplicado.

Pero dichos lagos suelen crecer tan rápidamente y contienen tanta agua que pueden atravesar —y ya lo han hecho— los montones de roca que los retienen, lo que provoca inundaciones abruptas y devastadoras.

Y como las laderas empinadas contenidas por suelos congelados se han derretido, los desprendimientos de rocas, los derrumbamientos de terrenos y las avalanchas son más habituales.

Desde los 80, las condiciones climáticas cambiantes han provocado un incremento del riesgo de desastres en la región que, según el informe, aumentará en el futuro.

Hora de actuar

La ciencia, en muchos casos, todavía se está poniendo al día con las experiencias que han vivido millones de residentes de las montañas. En 2007, una evaluación global del IPCC ponía de manifiesto la falta de conocimiento científico sobre cómo el clima había afectado y seguiría afectando a esta región vasta, fundamental y emblemática en el futuro. Al principio, el grupo de expertos sugería que los glaciares de la región desaparecerían por completo para 2035. Los glaciólogos sabían que la región estaba retrocediendo; sabían que la situación era mucho más compleja. Pero «lo que quedaba claro era que no contábamos con suficiente conocimiento científico sólido para afirmar qué era posible», afirma Shrestha. «Claro que sabíamos que estaban disminuyendo, pero no sabíamos cuánto».

Se había planteado un reto y científicos de todo el mundo se dedicaron a investigar este problema espinoso. Muchos de los glaciares de la región se encuentran en valles remotos o montañas de difícil acceso, áreas complejas cuyos cambios son difíciles de desentrañar a partir de imágenes por satélite. Los científicos tenían dificultades para encontrar datos adecuados y fiables en la vasta franja de la cordillera.

Ahora contamos con una imagen coherente. Según Wester, lo que vemos es una región que se enfrentará a retos enormes en los próximos años. Sostiene que la región, con millones de residentes y recursos importantes para los habitantes río abajo, no ha recibido la atención internacional que merece.

«Sabemos lo suficiente como para actuar», afirma Wester. «No podemos escondernos tras la excusa de que no tenemos los datos, de que se necesita investigar más. Ahora contamos con una evaluación de 650 páginas. Han colaborado 210 personas durante tres años para analizarlo minuciosamente. Sabemos que va a ser duro y sabemos lo suficiente como para actuar».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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