Miles de millones de personas podrían sufrir escasez de agua y alimentos en los próximos 30 años

Un nuevo modelo muestra qué zonas de la Tierra podrían verse más afectadas por los cambios provocados por la actividad humana y revela posibles soluciones.viernes, 11 de octubre de 2019

El primer modelo que examina cómo pueden sobrevivir en conjunto la naturaleza y los seres humanos determina que es probable que hasta 5000 millones de personas —sobre todo las que viven en África y Asia meridional— sufran escasez de agua potable y alimentos en las décadas venideras ante el deterioro de la naturaleza. Cientos de millones más podrían ser vulnerables a un mayor riesgo de tormentas costeras graves.

«Espero que nadie se sorprenda por que miles de millones de personas puedan verse afectadas para 2050. Sabemos que dependemos de la naturaleza para muchas cosas», afirma Rebecca Chaplin-Kramer, ecóloga del paisaje en la Universidad de Stanford y autora principal del estudio «Global Modeling Of Nature’s Contributions To People», publicado en la revista Science.

La primera evaluación global sobre la biodiversidad, publicada a principios de año, dejó patente que naturaleza sufre un deterioro pronunciado. La actividad humana ha provocado alteraciones graves en más del 75 por ciento de la superficie terrestre del planeta y en el 66 por ciento de los mares y ha puesto a un millón de especies en peligro de extinción, según la evaluación mundial sobre diversidad biológica y servicios de los ecosistemas.

La relación entre los humanos y la naturaleza

El bienestar humano depende de las aportaciones de la naturaleza, denominadas servicios de los ecosistemas. El nuevo modelo analizó tres de los servicios o aportaciones de la naturaleza: proporcionar agua potable, protección costera y polinización de cultivos. Chaplin-Kramer ha declarado en una entrevista que el modelo revela que el deterioro futuro de estos servicios afectará más a los habitantes de África y Asia meridional, ya que dependen de la naturaleza de forma más directa. Las personas en países más ricos pueden amortiguar las consecuencias mediante la importación de alimentos e infraestructura.

Para analizar el agua potable, el modelo cartografió las plantas que crecen cerca de lagos y ríos. Según la topografía, el clima, la escorrentía y otros factores, puede calcularse la cantidad excesiva de fertilizante con nitrógeno procedente de los campos de cultivo que permanece en los cursos de agua. Cuando se superponen con los mapas de los recursos de agua potable para el consumo humano, se puede estimar la exposición potencial a la contaminación por nitratos. Chaplin-Kramer explica que emplearon otros estudios que miden los niveles reales de contaminación para validar el modelo.

Igualmente, superpusieron los mapas de arrecifes de coral, manglares, praderas marinas y marismas saladas —que protegen las costas de la erosión y las marejadas— con los mapas de los lugares costeros habitados por personas.

Los polinizadores silvestres necesitan un hábitat natural para sobrevivir, de forma que los mapas donde se cultivaban alimentos se superpusieron en áreas existentes de hábitat natural.

Cambio climático 101 con Bill Nye

A continuación, el modelo cartografió nuestras necesidades sociales en términos de escorrentía de nitrógeno total, riesgos costeros y producción de cultivos que dependen de los polinizadores. Lo compararon con los lugares donde la naturaleza proporciona estos servicios actualmente para revelar vacíos en las necesidades de la humanidad y las aportaciones de la naturaleza.

Los investigadores analizaron tres hipótesis futuras diferentes respecto al uso de tierras, el clima y los cambios demográficos hasta 2050, según un análisis de Carbon Brief. Se trata de hipótesis estandarizadas que incorporan cambios sociales, demográficos y económicos.

El estudio pinta «un panorama muy preocupante de las cargas sociales de la pérdida de naturaleza», escribe Patricia Balvanera, ecóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México en un artículo complementario en Science. «Lo que más miedo da es que el modelo solo ha analizado tres de las 18 aportaciones al bienestar humano que hemos identificado», declaró Balvanera en una entrevista.

Analizando el planeta franja por franja

Según Balvanera, el deterioro de la naturaleza es evidente —por ejemplo, hemos perdido el 85 por ciento de los humedales—, pero las consecuencias de dicha pérdida no lo son. El nuevo modelo hace tangibles ese tipo de impactos al mostrar cuánta gente se verá afectada y dónde. También tiene una escala lo bastante refinada para revelar los efectos de la pérdida de la naturaleza por cada franja de terreno de 300 por 300 metros. Indica que muestra los lugares donde restaurar la naturaleza o impedir su pérdida aportará los mayores beneficios.

Asimismo, explica que la magnitud de dichos impactos no será mitigada por la tecnología ni la infraestructura. Asia meridional tendría que construir miles de plantas depuradoras de agua para proporcionar el agua potable necesaria, pero la naturaleza puede hacerlo gratis. Madagascar no puede permitirse construir malecones para proteger su litoral, pero podría restaurar sus comunidades costeras de manglares y praderas marinas.

Sir Robert Watson, exdirector de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) que llevó a cabo el informe, explica que la evaluación mundial concluyó que se necesitan cambios radicales en los sistemas de gobierno, economía, producción de alimentos y energía, entre otros.

«Este es el tipo de herramienta que analiza los posibles futuros basándose en la ciencia que puede ayudar a los gobiernos a evitar consecuencias perjudiciales», afirma Watson.

El modelo está disponible en Internet para que cualquiera pueda explorar los posibles efectos de decisiones políticas diferentes e incluye consecuencias imprevistas. Por ejemplo, Watson cita que si la sociedad hace hincapié en la bioenergía como medida para combatir el cambio climático, el modelo puede mostrar las posibles consecuencias de dicha decisión para la biodiversidad y la seguridad alimentaria.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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