El iceberg más grande del mundo se dirige hacia Georgia del Sur y hacia su fauna

Los científicos temen que el iceberg sea «una muestra de lo que está por venir» cuando la Antártida empiece a calentarse.

Publicado 18 dic 2020 10:42 CET
Iceberg antártico A-68A

Las imágenes por satélite del 14 de diciembre muestran el iceberg antártico A-68A (izquierda) acercándose a la isla de Georgia del Sur (derecha). Georgia del Sur es un refugio marino en el Atlántico Sur y alberga especies en peligro de extinción como elefantes marinos, pingüinos rey y ballenas azules. Los científicos están vigilándolo para observar cómo repercute el iceberg en la fauna de la isla.

Fotografía de NASA

El iceberg más grande del mundo amenaza con detenerse muy pronto en un refugio prístino para la fauna silvestre antártica donde viven pingüinos, elefantes marinos y una pequeña población de ballenas azules en peligro de extinción.

El iceberg, llamado A68, se desprendió de la barrera de hielo Larsen C, en la costa este de la península antártica, en 2017. Se había desplazado al norte poco a poco hasta este año, cuando una corriente oceánica lo impulsó rápidamente hacia el Atlántico Sur.

El iceberg, de unos 153 kilómetros de largo y 48 de ancho en su punto más grueso, ocupa una superficie de aproximadamente 3900 kilómetros cuadrados y se extiende a una profundidad de entre 150 y 180 metros. Las imágenes por satélite muestran que tiene la forma de un puño con el dedo índice señalando hacia delante.

El A68 se desprendió de la barrera de hielo Larsen C en julio de 2017. Esta fotografía se sacó durante un sobrevuelo del iceberg el 12 de noviembre de ese mismo año. Durante tres años, el enorme iceberg se desplazó al norte lentamente hasta que una fuerte corriente oceánica lo empujó al océano Atlántico.

Fotografía de John Sonntag, NASA

Los científicos prevén que el iceberg, que se encuentra a unos 50 kilómetros de Georgia del Sur, se quedará anclado en las aguas poco profundas que rodean la isla o pasará de largo en los próximos días. Si se detuviera, tampoco está claro cuánto tiempo permanecerá intacto e inmóvil.

«Siempre cabe la posibilidad de que se desplace al norte o de que se quede anclado donde está durante un tiempo», afirma Chris Readinger, analista antártico principal del Centro Nacional del Hielo de Estados Unidos. «Parece que la principal probabilidad es que se desvíe al sur de la isla».

Señala que las recientes imágenes demuestran que el iceberg está empezando a descomponerse y los científicos están observándolo con impaciencia para ver qué hace.

«No tenemos tanta información científica para icebergs como estos», afirma Geraint Tarling, ecólogo del British Antarctic Survey. Describe el génesis del A68 como un fenómeno natural, pero apunta que, debido al cambio climático, sobre todo en la región donde nació, podría ser «una muestra de lo que está por venir».

La línea de tiempo del A68

La península antártica es una de las regiones del planeta que más deprisa se calientan y las barreras de hielo de su costa oriental están rompiéndose. La barrera de hielo Larsen A, cerca de la punta septentrional de la península, colapsó en 1995; su vecina meridional, Larsen B, hizo lo mismo en 2002, un fenómeno capturado en imágenes por satélite.

La Larsen C es la siguiente barrera de hielo de la lista y la más grande de las tres, con diferencia. En 2010 apareció una gran grieta que siguió creciendo hasta julio de 2017, cuando se rompió. Así nació el iceberg A68, un trozo de hielo cuya masa es casi un 10 por ciento de la masa de la barrera.

Durante la mayor parte de 2017, el iceberg apenas se movió. Pero en 2018 empezó a desplazarse hacia el norte y rotó varias veces, según los registros de seguimiento de la Universidad Brigham Young. Durante todo el 2019, vagó hacia el norte por el mar de Weddell, en la Antártida, hasta que lo atrapó la fuerte corriente circumpolar antártica, una corriente oceánica que circula en sentido antihorario y rodea el continente.

Los icebergs del tamaño del A68 son tan grandes y llegan a tal profundidad en el mar que suele hacer falta una corriente intensa para impulsarlos. Durante 2020, el A68 se desplazó al norte y al este, zigzagueando y rotando de vez en cuando, pero acercándose a Georgia del Sur a un ritmo constante.

«Probablemente no podrá acercarse más», afirma Readinger. «El océano tiene unos 150 metros de profundidad y el iceberg anda por ahí».

El iceberg podría pararse en la plataforma submarina poco profunda que rodea la isla y no colisionará con tierra seca. Readinger señala que se encuentra en aguas más cálidas de las que pueden sustentarlo y es probable que ya haya empezado a descomponerse.

«Hay icebergs diminutos de casi kilómetro y medio de largo desprendiéndose de él», afirma Readinger. «No me sorprendería que se rompiera un fragmento grande y lo llamáramos A68d».

Una imagen del A68 de noviembre de 2017 muestra los bordes escarpados y abruptos del iceberg. Los científicos estiman que los acantilados miden casi siete pisos, o unos 30 metros de alto. A medida que el iceberg se adentraba en las aguas más cálidas del Atlántico en 2020, empezó a descomponerse y a producir icebergs más pequeños, erosionándose lentamente.

Fotografía de IceBridge Digital Mapping System

En los tres últimos años se han desprendido fragmentos del A68, llamados A68b y A68c.

«Está muy cerca de inmovilizarse, lo que significa que chocará contra la plataforma submarina. Si hace eso, se quedará atascado o rotará», afirma David Long, director del centro de teledetección de la Universidad Brigham Young, un laboratorio que rastrea los movimientos de los icebergs. Long dice que podría chocar «con el extremo puntiagudo por delante», lo que haría que se descomponga más rápidamente, y las corrientes oceánicas podrían hacer que el resto del iceberg se dirija al norte, pasando de largo frente a Georgia del Sur. Él prevé que rotará hacia el este antes de continuar hacia el norte.

¿Una muestra de lo que está por venir?

Las barreras de hielo como Larsen C son los extremos flotantes de los glaciares terrestres. A medida que el glaciar fluye hacia el mar, se desprenden icebergs del extremo de la barrera de hielo que da al mar. En un mundo que no se calienta, estos procesos naturales pueden estar equilibrados. Larsen C ha existido durante al menos 10 000 años.

Su colapso a manos del calentamiento global se predijo hace más de 40 años, pero eso no significa que el calentamiento global engendrara el A68. «Cuando intentas decir algo sobre el cambio climático, no puedes decirlo sobre un fenómeno», afirma Kelly Brunt, geofísico de la Universidad de Maryland. «El cambio climático es un juego estadístico».

Los elefantes marinos pueden medir seis metros de largo y pesar hasta 4000 kilos. Casi un 50 por ciento de la población mundial de elefantes marinos del sur se reproduce en Georgia del Sur, según el British Antarctic Survey.

Fotografía de Macduff Everton, National Geographic Image Collection

Pero ¿es probable que envíe más icebergs hacia Georgia del Sur en el futuro?

Casi un 90 por ciento de los icebergs que se desprenden de la Antártida viajan en sentido antihorario alrededor del continente, recorriendo la costa hasta el mar de Weddell. Desde ahí, se mueven hacia el norte, hacia Georgia del Sur, por una región llamada «iceberg alley» o «pasillo de icebergs».

En 2002, Long rastreó todos los icebergs que pudo identificar desde 1978 hasta el presente. El resultado fue un aumento exponencial del número de icebergs, lo que podría ser un indicio de cambio climático. En cambio, al rastrear los icebergs hasta sus lugares de origen, descubrió que el incremento que había medido podría haber formado parte de un ciclo natural de crecimiento y decaimiento de la barrera de hielo. Así que, aunque por aquel entonces no podía culparse al calentamiento en la región con los datos disponibles, «no descartaba que el calentamiento estuviera contribuyendo», afirma.

Cuando el A68 se separó de Larsen C en 2017, el British Antarctic Survey llegó a conclusiones similares, determinando que el cambio climático podría haber estado implicado, pero que el ciclo natural de la barrera de hielo también había sido un factor a tener en cuenta.

Sin embargo, el colapso de Larsen B en 2002 demostró cómo el calentamiento de la atmósfera puede provocar el fin repentino de ese ciclo vital. Se formaron estanques de agua de deshielo en la superficie de Larsen B y el agua que se filtró por el hielo ayudó a romper la barrera en una armada de icebergs.

Un trabajo más reciente de Long y los científicos del Centro Nacional de Datos de Nieve y Hielo sugiere que las barreras de hielo que quedan en la península antártica podrían ser muy vulnerables a ese mecanismo de «hidrofractura». Basándose en eso, Long dice que «podemos prever que habrá más icebergs a medida que el calentamiento continúa».

Otra incógnita es cuántos llegarán hasta Georgia del Sur. Aunque los icebergs sean más habituales en la región, aquellos de gran tamaño, como el A68, podrían seguir siendo raros. Readinger afirma que la cantidad de estos gigantes en el pasillo de icebergs no ha aumentado ni disminuido de forma considerable desde los años setenta.

Y los icebergs más pequeños suelen romperse antes de alcanzar la zona de Georgia del Sur.

«Tienen que ser bastante grandes para llegar [hasta Georgia del Sur]», explica Long. «Cuesta saber si habrá un aumento».

Una amenaza para la fauna

Por ahora, el A68 representa un grave peligro para la fauna y la biodiversidad marina de la región.

Los icebergs grandes y profundos «erosionan el fondo marino», explica Tarling. «Lo importante de Georgia del Sur es que sus fondos marinos son increíblemente diversos. Es una diversidad casi equivalente a la de las Galápagos».

En los fondos marinos que rodean Georgia del Sur se han descubierto muchas comunidades de ofiuroideos, erizos de mar, gusanos y esponjas. También albergan una gran cantidad de peces y kril antártico, una parte fundamental de una cadena trófica que alimenta a focas, pingüinos y a varias especies de ballenas.

Los carismáticos pingüinos y focas de la región también sufrirán si el iceberg se detiene, ya que crearía un muro entre la tierra y sus zonas de alimentación en el borde de la plataforma continental.

Una gran colonia de pingüinos rey anida en un valle montañoso en la isla de Georgia del Sur. Si el iceberg se quedara paralizado en la costa, podría ser un muro mortal entre los pingüinos y sus zonas de alimentación.

Fotografía de Andrew Coleman, National Geographic Image Collection

«Es una época muy importante en el ciclo vital, cuando los adultos crían a los polluelos y los cachorros y necesitan hacer viajes breves y frecuentes a las zonas de alimentación», afirma Tarling.

Indica que, aunque el iceberg se desintegre, la flota resultante de icebergs podría bloquear las vías de alimentación de los animales.

El A68, que contiene cientos de millones de toneladas de agua dulce, acabará fundiéndose, lo que dificultará las condiciones en las que viven criaturas como las algas y el plancton, que se han adaptado a la vida en agua salada.

A finales de enero, un equipo de científicos dirigido por el British Antarctic Survey saldrá de las islas Malvinas hacia el iceberg para estudiar sus efectos en el ecosistema. Esa información será crucial para entender cómo cambiará el ecosistema si el calentamiento produce más icebergs en el futuro.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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