Las abejas acumulan microplásticos presentes en el aire en sus cuerpos

Los científicos han descubierto una nueva forma de rastrear las partículas de plástico transportadas por el aire. Pero ¿perjudican a las abejas?

Por Matt Kelly
Publicado 25 may 2021 12:26 CEST
Una abeja obrera adulta

Una abeja obrera adulta, Apis mellifera, recoge néctar en la flor de un almendro. Los científicos están utilizando las abejas para medir los microplásticos presentes en el aire.

Fotografía de Anand Varma, Nat Geo Image Collection

Cuando las abejas se desplazan por el mundo, pueden recoger trozos de este por el camino. Las abejas están cubiertas de pelos desarrollados para retener pequeñas partículas que la abeja recoge intencionadamente o con las que se topa en sus viajes diarios. Estos pelos se cargan electrostáticamente durante el vuelo, lo que ayuda a atraer las partículas. El polen es la sustancia más obvia que queda atrapada en estos pelos, pero también lo hacen los restos de plantas, la cera e incluso trozos de otras abejas.

Ahora se ha añadido otro material a esa lista: los plásticos. Específicamente, 13 polímeros sintéticos diferentes, según un estudio sobre las abejas y los microplásticos realizado en Dinamarca. El estudio se publicó a principios de este año en Science of the Total Environment.

Está comprobado que los microplásticos están muy extendidos por el planeta. Sin embargo, los científicos todavía están aprendiendo cómo se desplazan por la atmósfera. Tomar muestras es difícil y la mayoría de las investigaciones sobre los microplásticos presentes en el aire se han realizado en el suelo, por ahora.

Resulta que las abejas —y sus patas y cuerpos peludos— proporcionan un medio viable para evaluar mejor la distribución de las fibras y fragmentos de plástico transportados por el viento. Gracias a sus grandes poblaciones y a su amplia búsqueda de alimento, las abejas melíferas pueden servir de sondas vivas de cómo se reparten los microplásticos por el mundo.

«Este trabajo demuestra por primera vez la posibilidad de utilizar a las abejas como bioindicador de la presencia de MP (microplásticos) en el medioambiente», señalan los científicos.

Medioambientalistas en miniatura

Durante décadas, los científicos han utilizado las abejas como centinelas de la contaminación, rastreando metales pesadosplaguicidascontaminación atmosférica y e incluso la lluvia radiactiva. Pero la investigación sobre las interacciones de las abejas con los plásticos, que también se remonta a la década de 1970, se ha centrado más en los macroplásticos que en los micro.

Por ejemplo, se ha demostrado que las abejas megaquílidas, cuyo tamaño es similar al de las abejas europeas, pero son solitarias y se distribuyen por todo el mundo, utilizan sus enormes mandíbulas para cortar el plástico en forma de media luna, al igual que hacen con las hojas y los pétalos.

Científicos de ChileArgentinaCanadáEstados Unidos han observado abejas recogiendo estos fragmentos de bolsas, envases y otros materiales plásticos para construir sus nidos con ellos. En Estados Unidos, un estudio sugería que las abejas también cortan material para sus nidos de las banderas de plástico utilizadas en la agrimensura o para marcar los lugares en obras.

En el estudio de Dinamarca, los científicos capturaron miles de abejas obreras, todas hembras, de 19 colmenares, nueve en el centro de Copenhague y 10 en zonas rurales y suburbanas fuera de la ciudad. Los investigadores capturaron a las abejas directamente en el interior de sus colmenas en primavera, cuando las colonias estaban construyéndose. Como las abejas interactúan con las plantas, el agua, el suelo y el aire —áreas donde se acumulan los microplásticos— tuvieron muchas oportunidades de encontrar plásticos. El equipo de recolección llevaba ropa hecha con fibras naturales y tomó otras medidas de precaución para evitar la contaminación de las abejas de la muestra.

Las abejas fueron congeladas para sacrificarlas y luego las lavaron para retirar las partículas adheridas a sus patas y cuerpos. Con un microscopio y luz infrarroja, clasificaron las partículas por tamaño, forma y tipo de material.

El 15 por ciento de las partículas eran microplásticos. De ellas, el 52 por ciento eran fragmentos y el 38 por ciento, fibras. El poliéster era la fibra dominante, seguida por el polietileno y el cloruro de polivinilo. Las abejas también recogían fibras de algodón natural.

Las abejas de la ciudad presentaban los mayores recuentos de microplásticos, como cabía esperar, ya que se sabe que las zonas urbanas contienen las mayores densidades de microplásticos. La sorpresa fue que los recuentos de microplásticos en las abejas suburbanas y rurales no eran mucho más bajos. Los científicos concluyeron que esto sugiere que la dispersión del viento iguala la concentración de microplásticos en grandes áreas.

«Habría esperado que hubiera más abejas “limpias” en el campo que en el centro de Copenhague», dijo por correo electrónico Roberto Rosal, profesor de ingeniería química de la Universidad de Alcalá, en Madrid, y coautor del estudio. «Pero la alta movilidad de los pequeños microplásticos lo explica».

¿Perjudica la contaminación por plástico a las abejas?

La cuestión de cómo afecta a las abejas la exposición a los plásticos sigue abierta. Los científicos están divididos respecto a si el hecho de que las abejas construyan nidos con trozos de plástico es solo una prueba de que las abejas se están adaptando a la presencia de un nuevo material o si, a la larga, puede resultar perjudicial.

En un estudio publicado a principios de este año en la revista Journal of Hazardous Materials, un equipo de científicos chinos trató de evaluar los posibles riesgos de los microplásticos para las abejas. Alimentaron a las abejas con microplásticos de poliestireno durante dos semanas y descubrieron que su tasa de mortalidad no cambiaba. Sin embargo, sí alteró el microbioma de las abejas —el conjunto de bacterias intestinales esenciales para las funciones biológicas básicas— de tal forma que el equipo concluyó que podría presentar «riesgos considerables para la salud».

En concreto, el equipo descubrió que la tasa de mortalidad de las abejas se disparaba de menos del 20 por ciento a en torno al 55 por ciento cuando las abejas consumían una combinación de poliestireno y tetraciclina, un antibiótico común utilizado en la apicultura para prevenir una enfermedad larvaria. «Aislados, los microplásticos podrían no ser el contaminante más tóxico, pero la existencia de otras sustancias químicas podría aumentar su toxicidad», concluyeron los investigadores chinos.

Illaria Negri, investigadora de la Università Cattolica del Sacro Cuore, en Italia, que no participó en los estudios de Dinamarca y China, expresó inquietudes similares. Los efectos tóxicos de los microplásticos «podrían intensificarse cuando se combinan con otros contaminantes, como los plaguicidas, los medicamentos veterinarios o los aditivos plásticos», explicó en un correo electrónico.

Determinados pesticidas pueden ser absorbidos por los desechos plásticos y podrían tener «efectos devastadores» en la salud de las abejas y otros animales e insectos si se ingieren, señaló Negri.

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

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