Un nuevo puerto comercial amenaza el reciente santuario de ballenas de Tenerife

El proyecto de construcción del macropuerto de Fonsalía, al suroeste de la isla canaria, amenaza el equilibrio del único santuario de ballenas europeo y tercero a nivel mundial, catalogado también como Zona de Especial Conservación.

Publicado 27 jul 2021 19:15 CEST, Actualizado 28 jul 2021 14:17 CEST
Ballena azul Puerto Fonsalia Santuario Ballenas

Al menos 74 especies marinas protegidas y 26 especies de cetáceos han sido registradas en la franja marina protegida amenazada por la construcción del puerto de Fonsalía (Tenerife). 

Fotografía de Elianne Dipp, Pexels

Las aguas oceánicas que bañan la costa del suroeste de la isla de Tenerife albergan una de las mayores concentraciones de biodiversidad y riqueza de cetáceos del territorio español. A pesar de considerarse una zona protegida a nivel mundial desde el pasado mes de enero, el corazón de este ecosistema ve con temor como el proyecto de construcción de un nuevo macropuerto comercial en Fonsalía y su futura actividad amenaza el equilibrio de la gran diversidad submarina que habita sus aguas.

Con el objetivo de proteger la biodiversidad de este ecosistema a largo plazo, la franja Teno-Rasca fue catalogada en 2011 como Zona Especial de Conservación (ZEC) dentro de la Red Natura 2000, un listado de áreas europeas protegidas para su conservación. Sin embargo, el mapa del diseño de la ZEC dejó un vacío en su centro, entre los pueblos de Alcalá y Playa San Juan, donde se planea la construcción del puerto, con el objetivo de que la protección de la Unión Europea no frenase la construcción de la infraestructura. 

Primer Lugar Patrimonio de Ballenas de Europa

A principios de este año, la Alianza Mundial de Cetáceos convirtió esta misma franja oceánica en el primer Lugar Patrimonio de Ballenas de un país europeo, tercero a nivel mundial después de Bluff, en Sudáfrica, y Harvey Bay, en Australia. 

La franja, que recorre los 22 kilómetros desde la punta de El Fraile hasta Punta Salema, es el hábitat de una de las pocas poblaciones residentes de calderón tropical del mundo, que conviven en el canal entre Tenerife y La Gomera con ballenas, delfines, tiburones y otras 26 especies de cetáceos.

En total, en las ZEC de la franja marina de Teno-Rasca y Cueva Marina de San Juan se han registrado al menos 74 especies marinas protegidas, según el estudio de impacto ambiental realizado por la Revista de la Academia Canaria de las Ciencias. Entre ellas destacan la tortuga verde (Chelonia mydas) y la tortuga boba (Caretta caretta), consideradas prioritarias a nivel europeo y catalogadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturalezas (IUCN en sus siglas en inglés) como en peligro de extinción y vulnerable, respectivamente. Además, esta zona es también crítica para la conservación de praderas submarinas, arrecifes costeros e invertebrados marinos. 

El impacto ambiental de Fonsalía

“La contaminación acústica, química y de residuos, el gran flujo de embarcaciones y, en general, la presencia humana constante en la zona afectaría a las poblaciones que residen ahí o que migran, condenando esta área rebosante de biodiversidad a una decadencia rápida e ineludible”, afirma la plataforma.

Dicho estudio de impacto describe cinco líneas de atraque para grandes buques, una dársena pesquera, 200 plazas de dique seco y 467 plazas en la zona deportiva, lo que también “incrementa la capacidad de los puertos limítrofes a la ZEC Franja Marina Teno-Rasca en un 250% para grandes buques y en alrededor de un 50% para los amarres en pantalán”.

Además, "se incrementaría proporcionalmente el tráfico marítimo en la ZEC, aumentando el riesgo de colisiones con cetáceos y tortugas, así como la contaminación química, lumínica y acústica del área", afirma el análisis del impacto presentado al Parlamento Europeo y a la Dirección General de Medio Ambiente de la Comisión Europea. Como ocurrió con el puerto de Granadilla, prácticamente en desuso desde su construcción según denuncian las organizaciones medioambientales, los intereses económicos se enfrentan a la sostenibilidad medioambiental en un litoral que ya soporta una gran presión turística. También “nos condenaría a nosotros a la pérdida de un paraíso natural que podríamos disfrutar en su máximo esplendor potenciando el ecoturismo y la investigación”, añade el estudio.

El tráfico marítimo, la principal amenaza

Si el proyecto portuario se lleva a término, cinco buques y más de 500 embarcaciones cruzarán día y noche las aguas protegidas para alcanzar el nuevo puerto y las consecuencias, según la Plataforma Salvar Fonsalía, serían devastadoras. 

A día de hoy, este ecosistema ya arrastra las consecuencias de que este singular espacio se extienda frente al litoral más turístico de Tenerife. La contaminación acústica y los vertidos al agua derivados de la actividad humana ya es muy alta. Embarcaciones particulares, motos de agua e incluso embarcaciones ilegales destinadas al avistamiento de cetáceos inundan estas aguas cada día debido al exceso de oferta a un turismo masivo no controlado.

Según informa Higinio Guerra, presidente de la Asociación de Cetáceos del Sur de Tenerife (ACEST), en declaraciones a elDiario.es, “son más las empresas de observación de cetáceos que llevan a cabo su actividad de forma irregular (62), que las que lo hacen con la debida autorización (44)”. Y además, “la inmensa mayoría no opera conforme a la legalidad en sus aproximaciones a los animales”.

Local hoy significa global

Tras viralizarse a nivel europeo a través de las redes sociales, la campaña de Movemos Europa que pretende frenar la construcción del puerto alcanza ya las 224.000 firmas y el apoyo de organizaciones como Oceana, Greenpeace, WWF, SEO Birdlife, ACEST y la Asociación Canarias Archipiélago Sostenible. 

“El motivo por el que se ha hecho viral es que ha llegado el momento”, afirma a National Geographic España Virginia López Calvo, responsable de campañas relacionadas con el clima de la organización Movemos Europa. “Tanto el cambio climático como la biodiversidad son temas que la sociedad exige en primera línea política, en las grandes cumbres y en las conversaciones". 

La federación de organizaciones no gubernamentales de Canarias Ben Magec-Ecologistas en Acción inició esta campaña hace dos años para frenar el proyecto, denunciando irregularidades en el procedimiento legalmente establecido, además de su impacto ambiental en una zona protegida.

Tras quedar parado temporalmente, “ahora se dice que las autoridades canarias podrían querer cubrir el coste de la obra con los fondos europeos de recuperación, y es por eso que se ha decidido reactivar esta petición”, explica Virginia López Calvo“No tengo la menor duda de que, con esta respuesta ciudadana y este nivel de movilización, van a tener que reaccionar. Esta es la década de la restauración de los ecosistemas”, concluye Virginia López Calvo.

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